viernes, 31 de julio de 2015

¿Es la esclavitud el origen del racismo?



En mi libro Las razas humanas ¡vaya timo!, defendí la idea de que el racismo es un fenómeno muy reciente, y que obedece a circunstancias históricas muy precisas. En concordancia con historiadores marxistas, yo atribuí a la esclavitud el origen del racismo. Puesto que los poderes europeos coloniales necesitaban esclavos, pero a la par, surgían en la Europa moderna ideas igualitarias, se empezó a concebir a los esclavos procedentes de otras regiones, como grupos infrahumanos, para así legitimar más su esclavitud.
            Sigo sosteniendo esa tesis, pero quisiera matizarla. La esclavitud ciertamente contribuyó al fortalecimiento de ideas y prácticas racistas, pero ahora empiezo a simpatizar con la idea de que las ideas sobre distinciones raciales, y el privilegio por la raza propia, no son meras construcciones sociales, sino que pueden estar inscritas en nuestros genes. En esto, sigo de cerca al antropólogo Pierre Van Den Berghe (a quien menciono en mi libro, pero a quien debí haber dedicado más atención).

            Como yo, Van Den Berghe opina que las razas humanas no existen. Hay ciertamente diferencias en frecuencias de alelos en distintas poblaciones, pero es imposible hacer una distinción nítida y agrupar a la humanidad en razas humanas. Las divisiones de la humanidad en torno al color de piel no coinciden con las divisiones en torno al tipo de sangre.
Con todo, eso no impide que la mente humana tenga mucho interés en dividir el mundo en unidades discretas, favorecer a quienes se estime que son de los “nuestros”, y discriminar a los “foráneos”. El nepotismo es un fenómeno ampliamente estudiado en el mundo animal. A partir de la teoría de la “selección del parentesco” (originalmente formulada por William Hamilton), sabemos que los individuos son más altruistas con aquellos con quienes compartan una mayor proporción de genes. Van Den Berghe opina que esto se extiende mucho más allá de la familia. Así como un individuo favorece a su hijo por encima de su sobrino, y a su sobrino por encima del vecino en la comarca, así también favorece al miembro de su raza por encima del que no es miembro de su raza.
¿Cómo sabe un individuo cuán cercano es un individuo genéticamente? Los zoólogos han identificado varias maneras: la impronta desde el nacimiento, el olor, y quizás también características visuales. Estas formas de reconocimiento de parientes no son certeras, pero debieron ser lo suficientemente eficientes como para que permitieran la selección de parentesco.
El parecido visual puede activar el nepotismo. Es de sobra sabido, por ejemplo, que un jefe tendrá más inclinación a favorecer a un empleado con quien tiene un parecido físico, aun si no son parientes. El mecanismo de reconocimiento de parientes se activa, y funciona mal (pues el empleado en cuestión no es pariente), pero no por ello su malfuncionamiento reduce su efecto.
Del mismo modo, sabemos que las razas no existen. Contrario a las apariencias, un neoguineano está más próximo genéticamente de un búlgaro, que de un senegalés; es por ello que los críticos del concepto de razas humanas, solemos decir que la raza no tiene profundidad más allá de la piel. Pero, al contemplar a un senegalés, el neoguineano se sentirá más próximo a él (debido a sus semejanzas físicas), y probablemente tendrá más inclinación innata a favorecer al senegalés que al búlgaro. En la sabana africana, nuestros ancestros necesitaban algunas pistas para distinguir entre parientes y no parientes. Esas pistas se ubicaban en rasgos muy visibles, fundamentalmente el color de la piel y características faciales. Hay muchos otros rasgos cuya distribución invalida el concepto de raza, y que sirven mucho mejor para determinar la cercanía genética. Pero en la sabana, nuestros ancestros no contaban con los recursos para examinar esos rasgos. Por eso, la selección natural favoreció la detección de diferencias en rasgos que se emplean en la clasificación racial.
Bajo esta hipótesis, cabe esperar que los niños, desde una muy temprana edad, estén conscientes de las diferencias raciales. Esto, en efecto, es así. Los niños pequeños tienen conciencia racial, y esto no parece deberse meramente a la cultura. Sobre esto, se han hecho múltiples estudios.
Partiendo de esa base genética para dividir el mundo a partir de diferencias biológicas visibles, el tribalismo y el nacionalismo ciertamente añaden un componente cultural, pero insisto, no debe perderse de vista que todo esto tiene una base biológica. Si un grupo quiere separarse de otro, pero no es lo suficientemente fácil establecer distinciones biológicas, tratará de reforzarlas con distinciones que imitan a las diferencias biológicas. Así, por ejemplo, en Europa, no fue fácil distinguir a los judíos en virtud de sus rasgos: para separarlos, se les impuso la estrella amarilla. En países en los que hay un claro contraste físico entre poblaciones (como, por ejemplo, Sudáfrica), no es necesario acudir al refuerzo cultural de las distinciones.
En este sentido, con o sin esclavitud, me temo que tenemos una tendencia a dividir al resto de los humanos en función de sus diferencias biológicas, y a privilegiar a los que consideramos más parecidos a nosotros. Y, esto será más intenso cuanto más evidentes sean esas diferencias. Es por ello que, si bien tenemos genes racistas, el racismo realmente vino a alcanzar su apogeo a partir del siglo XVI, cuando poblaciones con rasgos marcadamente distintos, se empezaron a encontrar.
Esta forma de dividir el mundo es, por supuesto, acientífica. Asumir que dos personas que tienen el mismo color de piel, forman parte de un mismo grupo genético con el mismo nivel de inteligencia, es erróneo. Vale insistir en que las razas humanas no existen. Pero, así como la religión está en nuestros genes (seguramente como un producto colateral de otras adaptaciones), el racismo también está en nuestros genes, en parte como un producto colateral de la selección de parentesco.

4 comentarios:

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  2. Muy interesante artículo, había encontrado referencias a Van Den Berghe en artículos, pero no había buscado sus libros. ¿Podría decirme en qué libro de aquel autor habla sobre el tema de este artículo?
    P.D. 1: Haré mi tesis sobre el racismo y me parece que en sociología ese es un autor muy poco tratado.
    P.D. 2: Me parece que a todas esas hipótesis genéticas se le podría añadir algo psicológico como los famosos ‘heurísticos’ de la teoría de la cognición social.

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    1. El famoso libro de Van den Berghe es "The ethnic phenomenon". Me parece muy bien que hagas tu tesis sobre el racismo y uses a Van Den Berghe. Yo escribí "Las razas humanas ¡vaya timo!", ahí hay también información. Sí, ciertamente los heurísticos de la psicología social son valiosos en este asunto, porque en efecto, la mente humana tiene una tendencia a organizar en categorías, y el racismo puede ser derivado de ello.

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    2. Muchas gracias por el dato, y claro que incluiré "Las razas humanas ¡vaya timo!" en mi bibliografía.

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