Tengo un amigo
nigeriano que es médico. Es una persona culta, y bastante competente en el
ejercicio de su profesión. Yo no tendría temor en confiarle mi salud y
someterme a sus tratamientos. Pero, quedé perplejo en una conversación
reciente. Me daba consejos razonables en asuntos sexuales. No obstante, al
final de la conversación, me dijo que si acaso yo tenía una relación sexual
adúltera, tuviera cuidado, porque podría ser víctima de magun.
¿Qué diablos es magun?, le pregunté. Me explicó que
entre los yoruba (su tribu), existe un procedimiento brujeril muy efectivo. Un
hombre acude al babalao (el tipo de brujo que también participa en la santería
cubana; vale recordar que esta tradición es originaria de los yoruba), y le
pide que le entregue un cordón. El hombre coloca en el suelo el cordón, y hace
que su mujer, inadvertidamente, pase por encima. Con eso, se consuma un
hechizo. La próxima persona con quien la mujer tenga sexo, sufrirá terribles
consecuencias.
Supuestamente,
inmediatamente tras la penetración sexual, la víctima del hechizo puede
repentinamente hacer una voltereta en el aire, y caer muerta. O, también puede
quedarse pegada a la mujer (como ocurre con los perros tras el coito), y ambos
necesitarán ir al babalao para deshacer el hechizo, de forma tal que toda la
aldea alcanza a ver el adulterio.
Obviamente yo no creo
semejante superstición, y veo con preocupación que un médico acepte estas
cosas. No está mal seguirle la corriente a un paciente y ajustarse a sus
creencias mágicas, con tal de que cumpla un tratamiento. Pero, sí está mal que
el propio médico crea en estas fantasías. Los progres, obsesionados con los
llamados “estudios poscoloniales”, quieren hacer creer que una forma de
resistir el imperialismo europeo y reafirmar el orgullo étnico, es valorando
creencias como magun. En opinión de
estos progres (gente como Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel o Walter
Mignolo), si un médico en Londres le dice a mi amigo médico yoruba que magun no existe, es culpable de “violencia
epistemológica” e imperialismo cultural. Estupideces.
Con todo, yo no me cerraría por completo a la
posibilidad de que magun existe. He revisado
fuentes, y no hay muchos datos firmes al respecto, pero según parece, algunas
personas en Nigeria sí han muerto inmediatamente tras tener sexo, como
consecuencia de magun.
¿Cómo explicar esto?
Un famoso psicólogo, Walter Cannon, ofreció una explicación bastante razonable
a mediados del siglo XX. Él se propuso investigar los casos de “muerte vudú”.
En esos casos, un brujo comunica a una persona que le ha lanzado un espíritu, y
la persona muere en menos de veinticuatro horas.
Cannon es famoso,
entre otras cosas, por haber detallado la fisiología de la reacción de “lucha o
fuga”. Cuando estamos ante un peligro, atravesamos cambios fisiológicos
notables. El corazón late más rápido, la glándula suprearrenal emite más la
hormona adrenalina, se eleva el nivel de glucosa, y se interrumpen funciones
fisiológicas no esenciales, como la digestión y las defensas del sistema
inmunológico. Esto fue una buena adaptación en la evolución de nuestra especie.
Nuestros ancestros, al ver a un tigre que se acercaba, o luchaban contra él, o
salían corriendo.
El problema es que si
constantemente vivimos en un estado de estrés, el sistema simpático (una
división del sistema nervioso) se activa constantemente (y a su vez, esto
activa una serie de reacciones en cadena que desemboca en la activación del
sistema endocrino y la emisión de hormonas específicas), y a la larga, esos
cambios fisiológicos son perjudiciales a la salud. La reacción de lucha o fuga
sirvió como adaptación para peligros inmediatos como el tigre, pero no para
constantes preocupaciones. Por eso, sí es cierto que el estrés, a largo plazo,
mata.
Pero, Cannon procuró
estudiar, no propiamente cómo el estrés mata a largo plazo, sino también cómo,
una experiencia extremadamente terrorífica, puede matar en el muy corto plazo.
Y, según su teoría, ante una información aterradora, puede activar
excesivamente el sistema nervioso simpático, y la persona muere por un evento
cardíaco.
Años después, otro
fisiólogo, Cut Richter, sugirió que no es el sistema simpático, sino el sistema
parasimpático, el que mata a la
persona en casos como ésos. El sistema parasimpático (otra división del sistema
nervioso) tiene la función opuesta al simpático: regular las funciones
alteradas una vez que ha pasado el peligro (con esto se alcanza la homeostasis, un concepto que Cannon
también formuló, y que es muy importante en la actual ciencia médica).
En la teoría de
Ritcher, no es tanto el estrés, sino más bien la indefensión, la que mata.
Cuando la persona se entera de que un peligro cunde sobre ella, y no hay nada
que pueda hacer al respecto, abandona la esperanza. En la reacción de lucha o
fuga, aún hay esperanza de sobreponer el peligro, y por eso, el corazón late
más rápido. En cambio, ante la indefensión, ya sin esperanza de sobreponer el
peligro, el sistema parasimpático actúa en una suerte de relajación extrema que,
paradójicamente, termina por matar a la persona. Ritcher trató de demostrar
esto estresando a ratas a las cuales les había extraído la glándula suprarrenal
(desde la cual se emiten las hormonas que acompañan al estrés). Las ratas morían,
aún sin esas hormonas. Ritcher concluía que no era el sistema simpático, sino
el parasimpático, el responsable.
Sea como sea, lo
cierto es que magun sí puede matar. El
babalao, con su hechizo, sabe cómo activar el sistema simpático (o
parasimpático) de la víctima, y acabar con su vida. Pero, por supuesto, la
víctima tiene que saberlo. La brujería es eficiente en la medida en que activa
la respuesta psicosomática que termina por hacer daño a la víctima. Sospecho
que una persona con suficiente educación científica, no sucumbirá ante la
influencia de un brujo. Pero, la mente ciertamente tiene varios niveles, y aun
si una persona muy ilustrada está consciente de que la brujería sólo funciona
con efectos psicosomáticos, aun así podría estar expuesta a la sugestión y a la
activación de las respuestas fisiológicas que Cannon y Ritcher expusieron.



