Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de octubre de 2017

Carta a Belén sobre la psicología evolucionista



Querida Belén:

¡Vaya historia la que me has contado sobre tu amiga Ramona! Yo sabía que ella era adoptada, pero jamás imaginé que tuviera una hermana gemela. Me da gusto saber que ahora, ya como adultas, se han conocido.
Te diré que no es tan extraño que, cuando dos gemelos separados al nacer se encuentran, descubren que tienen muchas cosas en común. Ha habido muchísimos casos así, sobre todo cuando se trata de gemelos unicigóticos. En ocasiones, una mujer puede producir dos óvulos, que son fecundados por dos espermatozoides distintos. En esos casos, se diría que son gemelos no idénticos, o bicigóticos (porque vienen de dos cigotos distintos). Pero, en otras ocasiones, una mujer puede producir un óvulo que es fecundado por un solo espermatozoide, pero al dividirse, genera dos embriones. De este proceso, nacen dos niños. A ésos se les llama gemelos unicigóticos (porque originalmente vienen de un solo cigoto). Ramona es una de ese tipo de gemelos.
A un psicólogo de inicios del siglo XX, Francis Galton, le interesó mucho estudiar los gemelos. Él se propuso investigar las semejanzas entre gemelos, y encontró muchas. Desde entonces, los psicólogos han hecho muchísimos estudios sobre la conducta de los gemelos. A ellos les da curiosidad saber cómo una persona como Ramona, aun sin jamás haber conocido a su hermana gemela, puede parecerse tanto en su personalidad.

Cuando se trata de la conducta, los gemelos unicigóticos se parecen más entre sí que los gemelos bicigóticos. Esto no sorprende. Los gemelos unicigóticos tienen exactamente los mismos genes. En cambio, los gemelos bicigóticos comparten genes, pero no más que con cualquier hermano que haya nacido en otro parto. Los genes son algo así como un conjunto de letras que todos llevamos en nuestras células desde el propio momento de la concepción (las heredamos de nuestros padres cuando el espermatozoide se une con el óvulo), y que sirven como códigos para determinar o condicionar muchas de nuestras características.
Algunas de nuestras conductas son genéticas. Esas conductas son instintivas: no necesitamos que nadie nos las enseñe, porque ya nacemos con ellas. Pero, muchas otras son aprendidas. Es difícil precisar cuáles conductas están en los genes, y cuáles conductas son más bien aprendidas. Los psicólogos llevan años discutiendo si la conducta está más regida por la naturaleza o la crianza. A decir verdad, la mayoría de nuestras conductas surgen de una combinación de los genes y el ambiente. Los genes pueden predisponernos a hacer ciertas cosas, pero la crianza las refuerza.
Cuando los psicólogos se encuentran con casos como los de Ramona, eso es una magnífica oportunidad para tratar de formarse una idea de cuáles conductas están en los genes, y cuáles no. Si, supongamos, Ramona y su hermana son ambas zurdas, aún sin haberse criado juntas o siquiera haberse conocido, entonces eso es motivo para pensar que el ser zurdo seguramente tiene una firme base genética. Además, si en algunos rasgos de la conducta, dos gemelos monocigóticos se parecen más que dos gemelos bicigóticos, entonces eso también es evidencia de que esa conducta tiene una base genética.
Los psicólogos llevan décadas estudiando a los gemelos, y han encontrado que muchos rasgos tienen bases genéticas, aunque por supuesto, algunos en mayor grado que otros. La orientación sexual, la agresividad, algunas emociones, varias enfermedades mentales, y el nivel de inteligencia, tienen bases genéticas. Además, los antropólogos han descubierto que muchas conductas son universales en la especie humana, incluso en casos de culturas que han estado aisladas. Eso, de nuevo, es evidencia de que esas conductas tienen bases en los genes.
Además de estos estudios, para entender mejor cuáles conductas tienen bases genéticas, los psicólogos también se imaginan cómo era la vida de nuestros ancestros en la sabana africana. Muchos de los genes que condicionan nuestras conductas, reflejan aquellas circunstancias. Aquellos individuos que tuvieran genes para conductas que no les permitieran sobrevivir en aquellas condiciones, morían sin dejar descendencia, y así, esos genes no se pasaban a la siguiente generación. Así pues, nosotros llevamos genes para conductas que permitían a nuestros ancestros sobrevivir en la sabana africana.
Ten presente, Belén, que la especie humana se originó en la sabana africana hace más o menos doscientos mil años. La vida en aquel entonces era muy distinta a la actual. Nosotros ahora vivimos en grandes ciudades, pero apenas llevamos viviendo en ambientes como éstos, tres o cuatro siglos. Y, esa disparidad entre el ambiente en el cual evolucionamos como especie, y el ambiente en el cual vivimos actualmente, hace que, muchas veces, nuestras conductas genéticas no se correspondan bien con nuestras actuales condiciones.
Piensa, por ejemplo, en la comida. ¿Te gustan las golosinas, los donuts, los helados, los chocolates, y demás delicias? ¡A mí me encantan! Con todo, como seguramente sabes, estas comidas no son muy saludables. ¿Por qué nos gusta tanto lo poco saludable? Te aseguro que no son tentaciones del demonio. Seguramente tenemos genes que hacen que nos gusten tanto estas comidas.
En la sabana africana, nuestros ancestros tenían que buscar comida, y era muy fácil morir de hambre. Las comidas dulces tienen muchas calorías. Así pues, a quien le gustara el sabor dulce, tenía más probabilidades de sobrevivir la hambruna, porque consumía más calorías. En cambio, a quien no le gustara lo dulce, consumía menos calorías, y moría. De ese modo, el gen que determina el gusto por lo dulce se pasa a la siguiente generación, mientras que el gen que determina la repulsión por lo dulce, muere con la persona.
El problema, por supuesto, es que a diferencia de lo que ocurría en la sabana africana, nuestra sociedad tiene la capacidad de producir calorías excesivamente, y eso hace que los genes que en aquella época nos salvaban la vida, ahora sean una amenaza. Pues, seguimos teniendo el gusto por lo dulce, y al consumir ahora excesivamente calorías, nos enfermamos.
Un aspecto genético de la conducta que a los psicólogos les interesa mucho estudiar, es el altruismo. ¿Por qué a veces somos muy caritativos, y otras veces somos muy egoístas? De nuevo, la respuesta tiene que ver con cómo los genes se pueden pasar a la siguiente generación. Si una persona es muy altruista y siempre se sacrifica por los demás, al final, los otros se terminarán aprovechando de él. Y así, el altruista a la larga sobrevivirá en menor proporción que el aprovechador. Charles Darwin, el biólogo del siglo XIX que describió cómo ocurre la evolución, decía que, en la naturaleza, existe una lucha por la supervivencia. Quien tenga genes para ser altruista no vencerá en esa lucha por la supervivencia. A la larga, esos genes desaparecen, pues no permiten sobrevivir.
Pero, es indiscutible que en el mundo hay personas altruistas. ¿Cómo, entonces, se pudieron preservar los genes que determinan la conducta altruista? El propio Darwin se planteó este problema muchas veces, y nunca lo pudo resolver. Pero, si lo piensas, Belén, no es tan difícil. No siempre el ayudar a otros hace que los demás se aprovechen de nosotros. Si ayudamos a los otros, eso a la larga puede hacer que los demás también nos ayuden a nosotros. Y, en ese sentido, el altruismo es muy ventajoso. Pero, por supuesto, es sólo ventajoso si el altruismo es recíproco. En la sabana africana, nuestros ancestros necesitaban ayuda. Nadie era capaz de sobrevivir por cuenta propia. Y así, si alguien tenía genes que promovían una conducta caritativa con los demás, eso podría aumentar sus probabilidades de sobrevivir, y pasar esos genes a la siguiente generación.
Mucha gente se pregunta si el altruismo realmente existe. No te negaré que, en el mundo, hay personas genuinamente desinteresadas, que hacen el bien a los demás sin esperar nada a cambio. Pero, francamente, son la minoría. En el altruismo, suele haber un interés propio. Rasco tu espalda, pero siempre con la expectativa de que, en un futuro, tú también rascarás la mía.
Con todo, no toda forma de altruismo es recíproca. En efecto, como te digo, hay personas que son caritativas, sin esperar nada a cambio. Tú misma, Belén, eres caritativa con tu hermana Victoria, sin necesariamente esperar que ella te devuelva el favor. Pero, ahí está la clave: el altruismo no recíproco ocurre mucho más entre parientes. Si te sacrificas por un extraño, y ese extraño nunca te devuelve el favor, entonces eso te coloca en una desventaja para pasar tus genes a la siguiente generación. Pero, si te sacrificas por un pariente y ese pariente nunca te devuelve el favor, eso todavía puede seguir siendo una ventaja para pasar tus genes a la siguiente generación.
Pues al sacrificarte por un pariente, puede ser que tú misma no pases tus genes a la siguiente generación. Pero, tu pariente sí lo hará. Tu pariente comparte contigo muchos genes, de forma tal que, en cierto sentido, tu pariente se encargará de transmitir tus propios genes. Así pues, los genes que determinan ser altruista hacia los parientes siguen presentes en la siguiente generación.
Los psicólogos han corroborado esto en muchas ocasiones. Por regla general, cuanto más cercana sea una persona en una relación de parentesco, más altruista somos hacia ella. Seguramente tú serás más altruista hacia tu hermana Victoria, que hacia tu primo Joaquín. Pero, a la vez, tú serás más altruista hacia Joaquín, que hacia cualquier otro chico de tu colegio, que no sea parte de tu familia.
Incluso, esta diferencia se nota en el trato a los hijastros. ¿Recuerdas la historia de la Cenicienta? La madrastra trataba muy mal a la pobre Cenicienta. Pues bien, no es muy común que los padrastros maltraten a los hijastros. Pero, sigue siendo cierto que un niño tiene muchas más probabilidades de ser maltratado si vive con su padrastro, que si vive con su padre biológico. En otros animales, esto ocurre a lo bestia. Por ejemplo, cuando un león conforma un harén y toma a varias leonas, mata a las crías que no son suyas, y se encarga de cuidar a las que sí son suyas. Desde un punto de vista genético, tiene sentido. El león elimina a quienes no llevan sus genes, y favorece a quienes sí llevan sus genes.
Así pues, Belén, los genes que llevamos son aquellos que permitieron a nuestros ancestros, o bien sobrevivir, o bien pasar esos propios genes a la siguiente generación. Y, en ese sentido, muchas de nuestras conductas sexuales tienen también firmes bases genéticas.
¿Por qué me gustan las mujeres con nalgas protuberantes? No creo que haya sido porque mis padres me llevaron al Museo del Prado a ver Las tres gracias (una pintura de Rubens, que muestra a tres mujeres con sendas nalgas) cuando era niño. Seguramente tengo genes que condicionan mi gusto por las nalgonas. Las mujeres nalgonas suelen ser más fértiles que las mujeres con el culo como una tabla lisa. Así, quien tuviera genes para el gusto por la nalgona y se apareara con ella, tendría más hijos que quien tuviera genes para el gusto por el culo como una tabla lisa. Naturalmente, pues, los genes para el gusto por las nalgonas se transmiten más, y eso hace que hoy los hombres tengamos esos genes.
La mayoría de los rasgos en las mujeres que los hombres encontramos muy sexy, tienen una relación con la fertilidad: labios rojos e hinchados, cabello radiante, senos levantados, cintura proporcionalmente más pequeña que la cadera, etc. Nuestro gusto por todo eso tiene una base genética, por el mismo mecanismo que te acabo de explicar. Por supuesto, cuando una mujer se coloca labial, eso no hace que aumente su fertilidad. Pero, nuestro cerebro, al ver el labio más rojo de lo normal, interpreta que la mujer está en período fértil, y eso hace que inconscientemente sintamos atracción por ella.
Hay hombres más promiscuos que otros. Pero, por regla general, los hombres tienen una inclinación a desear tener sexo con más de una mujer. De nuevo, piensa en la sabana africana. El hombre con genes que codifican gusto por una sola mujer, tuvo menos hijos que el hombre con genes que codifican el gusto por varias mujeres a la vez. El promiscuo, al tener sexo con más mujeres, tiene más hijos, y de ese modo, los genes de la promiscuidad se transmiten más fácilmente a la siguiente generación.
Pero, lo mismo no aplica a las mujeres. Las mujeres más promiscuas no necesariamente pasan sus genes más fácilmente. Pues, una vez que queda embarazada, una mujer no podrá tener hijos adicionales si copula con varios hombres más. Pero, en vista de que la promiscuidad no resulta ventajosa para pasar genes a la siguiente generación, quizás hay otras formas de hacerlo. En vez de tener genes para la promiscuidad, las mujeres tienen genes para ser más selectivas a la hora de elegir compañeros sexuales.
Puesto que el hombre tiene un período de fertilidad más prolongado, la mujer no busca tanto en el hombre señas de juventud y fertilidad (como sí lo hace el hombre al seleccionar a la mujer), sino más bien, señas de prestigio y poder económico. Pues, con crías vulnerables, como las humanas, se necesitan más recursos. Así, la mujer está dispuesta a aparearse, pero exige al hombre que provea recursos; de esa manera, esos recursos servirán para proteger a las crías, y así, éstas tendrán más chance de sobrevivir, permitiendo a la mujer divulgar más sus genes.
Es por eso común ver a hombres mayores y adinerados, con mujeres bellas y jóvenes. El hombre se siente más atraído por los signos de fertilidad, y éstos tienen una íntima relación con la juventud y lo que consideramos bello en una mujer. La mujer, en cambio, se siente más atraída por el poder y los recursos acumulados.
También es cierto que los hombres tienen más genes para ser celosos. El hombre nunca puede estar completamente seguro si, al esperar un hijo, es realmente suyo. Siempre es posible que la mujer le haya sido infiel. Por eso, los hombres celosos pasan sus genes con más frecuencia que los no celosos. Al ser posesivo con la mujer, el hombre celoso se asegura de que ella sólo tiene sexo con él, y el hijo que esperan realmente lleve sus genes. Al hombre no le interesa tanto la fidelidad romántica. Lo que realmente le hiere es la infidelidad sexual, pues a fin de cuentas, eso es lo que perjudica sus posibilidades de pasar sus genes.
La mujer, en cambio, siempre puede estar segura de que el hijo que espera es suyo. Por esa razón, el ser celosa no es tan ventajoso para pasar sus genes. Con todo, las mujeres pueden sentir celos, pero de otro tipo. Recuerda que la mujer se fija especialmente en un hombre que sea capaz de ofrecer recursos, porque los necesita para proteger a su cría. Y, sus celos precisamente tienen que ver con esto. La mujer no se molesta tanto cuando el hombre tiene sexo con otras mujeres. Pero, sí se altera mucho más cuando se entera de que el hombre tiene un apego romántico con otra mujer, pues a la larga, ese apego romántico implica una pérdida de recursos.
En muchos casos, la violencia doméstica está asociada con los celos. ¿Por qué es más común que el hombre dé palizas a la mujer, y no al contrario? Quizás los hombres sean más intrínsecamente violentos. Pero, también tiene mucho que ver el hecho de que el hombre es más celoso. La mayor parte de las veces, el maltrato surge como consecuencia de que el hombre sospecha (por lo general, sin evidencia) que la mujer le es infiel. Y, si el hombre sospecha de algún amante en particular, hay también riesgo de que intente agredirlo.
Estas cosas pueden parecerte muy exageradas. Quizás pienses que todo esto describe a Otelo (ya sabes, la famosa obra teatral de Shakespeare sobre un moro que se obsesiona con los celos, y termina matando a su esposa), pero no a la vida real. Pero, lamentablemente, estas cosas son más frecuentes de lo que puedes creer. Unos psicólogos, Martin Daly y Margo Wilson, escribieron un famoso libro sobre las estadísticas de asesinatos. Ellos descubrieron que los crímenes por celos son muchísimos más comunes que otros tipos de asesinatos.
Y, también es cierto, Belén, que los hombres tienen alguna propensión a violar mujeres. Hay algunos psicólogos que opinan que la violación en realidad no tiene nada que ver con el sexo. Según estos psicólogos, cuando un hombre viola a una mujer, lo hace porque quiere ejercer poder; su intención es humillar a la mujer, más que tener sexo propiamente. Quizás sea así en algunos casos. Pero, a mí me parece más razonable lo que dicen otros psicólogos: la violación sí tiene que ver con el sexo, y de hecho, los hombres llevamos genes de violadores. Piensa en ello: la violación es una forma de propagar genes.
Lamentablemente, algunas personas creen que los psicólogos que defienden esta teoría sobre la violación, en el fondo están justificando al violador, e incluso culpando a la propia víctima. No es así. La violación es terrible, y nunca la mujer es responsable de semejante suplicio. Pero, a mí sí me parece, que es importante conocer esta información para protegerse mejor frente a los violadores. Si, a la larga, la motivación de la violación es el sexo, entonces las mujeres que están en mayor riesgo de ser violadas son las más jóvenes, y aquellas que exhiban mayores rasgos de fertilidad. Jamás podría yo decir que una mujer merece su propia violación, por ir en minifalda. Pero, yo sí te diría, Belén, que con muchachos extraños, algunas vestimentas podrían colocarte en mayor riesgo. Usa esta información para cuidarte.
En fin, la violación no es la única forma de propagar genes. Quizás, a la larga, el ser caballeroso da más resultados, y se puede tener más sexo de esa forma. Por eso, seguramente los hombres también llevamos genes para ser dandis. Pero, parece bastante probable que cuando un hombre no consigue mujeres por la vía caballerosa, se activan más sus genes de violador, y esto a la larga lo vuelve más violento.

Te decía que seguramente los hombres llevamos genes de promiscuidad. Pero, a la vez, tenemos genes para ser celosos. Eso hace que queramos tener varias mujeres, pero no queremos que esas mujeres estén con otros hombres. Como comprenderás, esto a la larga genera problemas. Por cada mujer adicional que tenga un hombre, otro hombre se queda sin pareja. Y recuerda, Belén, que al quedarse sin pareja, ese hombre se vuelve más violento.
Es por ello que, por regla general, las sociedades que practican la poliginia (es decir, que un hombre se pueda casar con varias mujeres) terminan siendo más violentas. Y así, si bien los genes para la promiscuidad pudieron ser ventajosos, también resultaban desventajosos, pues hacía que los hombres se terminaran peleando entre sí. Por eso, si bien los hombres tenemos cierta inclinación hacia la promiscuidad, en líneas generales, nuestros genes nos condicionan más a formar relaciones de monogamia (es decir, con una sola mujer).
Hay otro motivo por el cual seguramente también tenemos una inclinación genética a la monogamia. A diferencia de otros animales, para nosotros los humanos, tener un bebé es muy difícil. Ya lo verás cuando seas madre. Los bebés humanos son muy vulnerables. Y así, requieren de la atención, no solamente de la madre, sino también del padre. Si el padre tiene muchas mujeres, no puede atender suficientemente bien a los bebés. El ser polígamo puede ser una ventaja para tener muchos hijos, pero no es tan ventajoso para asegurarse de que esos hijos sobrevivan.
Por supuesto, esto no se cumple estrictamente. Ya sabes que hay mucha gente que, como dirían en mi pueblo, echa una canita al aire. Pero, estos deslices son más bien ocasionales. Lo que sí es más común, es que el hombre, a pesar de tener un instinto que favorece a la monogamia, se termina aburriendo, y quiere otra mujer. Pero, recuerda que es difícil tener varias mujeres a la vez. A la larga, termina abandonando a la primera mujer, y toma a otra, para formar una nueva relación monógama. Los psicólogos llaman a eso monogamia serial, y yo te diría que es la condición más natural de la especie humana. Por eso yo me sorprendo tanto cuando me entero de que algún amigo se ha divorciado y se ha vuelto a casar.
Te he descrito varias conductas que tienen base genética. Pero, no son camisas de fuerza. Recuerda que la conducta humana probablemente se conforma como una combinación de los genes y el ambiente. Y, tampoco asumas que estás bajo la obligación de comportarte como tus genes te condicionan. Mucha gente se rebela contra sus genes, y no pasa nada. Si, en vez de tener un solo novio, quieres tener tres, eso es cosa tuya. Sólo te comento qué tipo de conductas son más probables en la especie humana. Tú decidirás qué hacer con esa información, y vivir como mejor te plazca. Por mi parte, siempre y cuando no hagas daño a otras personas, yo no te juzgaré.
Además, Belén, también debo advertirte que no todos los psicólogos están convencidos de estas teorías sobre los genes y sus influencias en nuestras conductas. A decir verdad, todo esto es más especulación, que verdadera ciencia. En otras cartas, te he comentado sobre varios experimentos en la historia de la psicología. Cuando se trata de estas teorías, no hay verdaderos experimentos. Yo no te diría que estas teorías son como los disparates de Freud. Las teorías sobre los genes y la conducta tienen sentido. Pero, aún faltan comprobaciones más firmes.
Deberías acompañar a Ramona en estos momentos. Un famoso psicólogo, Alfred Adler, decía que los hermanos menores terminan sintiéndose inferiores. Yo no sé si esto es verdad, pero el hecho es que Ramona es la menor de tres hermanas. Así, además de su posible sentimiento de inferioridad por ser la menor, puede ser que también tenga sentimientos encontrados al enterarse de que es adoptada y que, encima, tuvo una hermana gemela a quien no había conocido. Si quieres, piénsalo incluso en los términos del altruismo recíproco sobre lo cual te he escrito en esta carta: apoya a Ramona hoy, porque así, seguramente ella te apoyará cuando tú también tengas revoltijos emocionales. Se despide, tu amigo Gabriel.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Carta a Belén sobre la psicopatía



            Querida Belén:

            Disfruté ir contigo al festival de cine clásico. Había visto Psycho (o, Psicosis, como a veces se titula en lengua castellana) hacía muchos años, pero no recordaba los detalles de la peli. Por eso, cuando la protagonista toma una ducha, y de repente es asesinada, salté de la silla y mi corazón empezó a latir muy aceleradamente. Sin duda, es una de las escenas más famosas en toda la historia del cine.
            Supongo que Psycho inauguró un género en el cine: el de los asesinos o criminales perturbados mentalmente. Ya sabes, los hay de muchos tipos. Hay científicos locos que tienen ideas demenciales con sus proyectos, y están dispuestos a realizarlos, aún si eso implica destruir a la humanidad. Hay caníbales con gustos gastronómicos y artísticos exquisitos que usan su gran inteligencia para matar y comerse a sus víctimas. Hay freaks desfigurados que, por resentimiento contra la sociedad, matan sin ningún motivo aparente. En el entendimiento popular, a estos personajes se les llama psicópatas.


            De todo hay en la viña del señor. La psicología humana es muy variada, y ciertamente puede haber casos en la vida real que más o menos reflejen algunas de esas conductas que aparecen en el cine. Pero, en líneas generales, te diré que la mayor parte de las veces, esas representaciones de psicópatas son muy fantasiosas.
Piensa por ejemplo, en Psycho. Al final de la peli, resulta que el asesino es un joven perturbado que mató a su propia madre, pero al sentir culpa por ello, embalsamó su cuerpo, lo vistió, y asumió que seguía viva. Para colmo, ese mismo muchacho asume la personalidad de su madre vistiéndose como ella, e inventa conversaciones con su madre, cambiando su tono de voz para parecerse a ella, y luego de que el personaje de su madre habla, él mismo responde. Que yo sepa, nunca en la historia de la psiquiatría se ha documentado un caso como ése. Es curioso que en inglés, la palabra psycho no tenga una definición precisa: puede ser psicópata o psicótico. El personaje de Psycho parece más psicótico que psicópata (¿lo recuerdas?, los psicóticos son aquellos que han perdido contacto con la realidad), pero ni siquiera este caso encaja bien en la psicosis.

En realidad, a los psiquiatras no les gusta mucho usar la palabra psicópata. Ellos prefieren usar el diagnóstico del trastorno de personalidad antisocial. Ser antisocial no es no tener interés en interactuar con los demás. Recuerda que eso es más bien el tipo de personalidad esquizoide. Ser antisocial implica más bien no respetar las reglas sociales, y no sentir empatía por lo que los demás sienten. Los esquizoides rara vez se vuelven criminales. Los psicópatas sí delinquen con mucha frecuencia.
Las personas con trastorno de personalidad antisocial no se ajustan a las normas sociales. Pero, esto no es mera rebeldía contra el sistema. Los rebeldes sin causa sencillamente quieren sentirse libres, y por ello, van contra las convenciones sociales. Pero, estos rebeldes sin causa al menos sienten empatía, y no se proponen hacer daño a nadie. En cambio, los psicópatas no se ajustan a las normas sociales, sencillamente porque no sienten lo que otros sienten. A ellos les da igual si los demás sufren. Su frialdad es, valga la redundancia, escalofriante.
Este tipo de personas son muy manipuladoras. Ellos no son capaces de colocarse en el lugar de los demás cuando se trata de emociones. Pero, sí son muy capaces de adivinar lo que los otros están pensando, y aprovechar eso para manipular. Mienten constantemente, bien sea para conseguir lo que quieren, o sencillamente, porque les resulta divertido hacerlo.
Pero, no creas que los psicópatas tienen grandes planes y son mentes criminales muy brillantes. En Hollywood tienen la manía de presentarlos como si fueran personas inteligentísimas que organizan planes maestros con fines perversos. No suele ser así. Los psicópatas tienen problemas controlando sus impulsos, y se irritan fácilmente. Eso les dificulta planificar bien las cosas. Ellos no se plantean objetivos a largo plazo. No son personas muy disciplinadas. De hecho, los psicópatas se aburren fácilmente, y siempre están a la búsqueda de nuevas sensaciones. En los cerebros de los psicópatas, las regiones asociadas a sentir diversión (lo que los neurólogos llaman el sistema de recompensa), no son como en el resto de la gente. Los psicópatas se aburren fácilmente. Y así, continuamente inventan nuevas diversiones para estimular su cerebro y sentirse entretenido, y por eso, están a la búsqueda de nuevas sensaciones. Eso explica por qué son muy inestables, y por qué se divorcian con mayor frecuencia que el resto de las personas, se mudan, se cambian de trabajo, etc. Muchos psicópatas que se convierten en asesinos, terminan sintiendo gran excitación sexual con sus crímenes. Y, su vida sexual suele ser también bastante desenfrenada y abusiva.
En una época, se llegó a pensar que los psicópatas tenían una inteligencia superior al resto de las personas, en buena medida porque los psiquiatras quedaban asombrados con su capacidad para manipular a los demás. Pero, con exámenes de inteligencia más precisos, se ha descubierto que los psicópatas en realidad son menos inteligentes que el resto de la población.
El trastorno de personalidad antisocial no aparece de la nada. Los psiquiatras aplican este diagnóstico a adultos que son continuamente irresponsables, que nunca sienten remordimiento, y que les importa un comino el bienestar de los demás. Lo más destacado en la psicopatía, como te decía, es la ausencia de empatía. Pero, en la vida de los psicópatas, estos rasgos ya aparecen en la infancia. Puede ser que un niño aún no sea un asesino psicópata, pero sí puede empezar a exhibir conductas que, de seguir así, ya como adulto desarrollará el trastorno de personalidad antisocial. Ante estos niños, los psiquiatras diagnostican el trastorno de la conducta.
Los bullies en los colegios, suelen ser este tipo de niños. Se salen de la clase, molestan a los demás, roban pertenencias ajenas (pero, usualmente, lo hacen de un modo insidioso, sin necesariamente confrontar), maltratan a las mascotas, mienten, y tratan de abusar sexualmente a los compañeros.
Podrías decirme que tú has conocido muchas personas así. ¿Significa eso, entonces, que son psicópatas? Te sorprenderá saber, Belén, que el 1% de la población mundial es psicópata. De forma tal que, puedo asegurarte que, entre tus conocidos, al menos uno es psicópata. Pero, no deja de ser cierto que algunas de las descripciones que he usado son muy vagas.
Un psicólogo, Robert Hare, entendió este problema, y se propuso evaluar con más precisión a los psicópatas. Él hizo una lista de criterios para decidir si alguien es psicópata. El psiquiatra entrevista al posible psicópata, observa algunas de sus conductas, y al final, basándose en un puntaje, decide si merece o no ser diagnosticado como psicópata. Son en total veinte criterios, y se conocen como la Escala de Hare: encanto superficial, grandiosidad, necesidad de estímulo, mentiras continuas, manipulación, ausencia de remordimiento, falta de emocionalidad, falta de empatía, parasitismo, falta de control de la conducta, promiscuidad sexual, problemas conductuales en la infancia, ausencia de objetivos a largo plazo, impulsividad, irresponsabilidad, incapacidad para aceptar responsabilidad por actos propios, relaciones maritales de corto plazo, delincuencia juvenil, reincidencia criminal, versatilidad en el crimen.
Quizás el rasgo más peligroso es el encanto superficial. Los psicópatas encuentran la manera de que, al menos al inicio, los demás sientan simpatía por ellos. En EE.UU. ocurre un fenómeno extrañísimo: los asesinos en serie reciben cartas de admiración de muchos fans, e incluso, algunos se casan con ellos en las cárceles. ¡Qué asco! Pero, a decir verdad, todos sentimos alguna fascinación con estos personajes. Y eso precisamente los vuelve muy peligrosos, porque para ellos es bastante fácil envolvernos y manipularnos.
De hecho, no todos los psicópatas terminan siendo criminales. Ellos pueden usar su carisma para su ganancia personal, sin necesariamente violar las leyes. Por ejemplo, en el mundo de los negocios, los psicópatas son muchísimo más abundantes. Lamentablemente, Belén, en este mundo traidor, a veces, el malo acaba bien. En la jungla corporativa, el más cruel puede terminar imponiéndose y triunfando. Eso se logra con una mezcla de encanto y sangre fría.
Algunos economistas ultraliberales dicen que, a la larga, este tipo de conductas en el mundo de los negocios hacen que el sistema sea muy productivo, y como resultado, todos salimos ganando. La codicia es buena, decía otro de esos psicópatas que aparece en las pelis. Yo no estoy totalmente convencido de ello. Pero, sí existe la posibilidad de que la psicopatía sea un rasgo ventajoso en algunas profesiones que sí persiguen fines loables. Yo no quiero a una hermanita de la caridad como policía; para enfrentar a los delincuentes, yo quiero a un tipo con algunos rasgos psicopáticos y que en cierto sentido piense como el psicópata, pues así, logrará capturarlo mejor. Yo no quiero como cirujano a una persona ultrasensible que, al ver vísceras, se le revuelva el estómago pensando en el sufrimiento del paciente; yo quiero un tipo con sangre fría a quien no le tiemble la mano para hacer las cosas.
En la lista de Hare, se incluye la falta de emocionalidad. Pues bien, te diré que quizás la emoción más ausente en los psicópatas es el miedo. Esta gente no se asusta fácilmente. Y eso, de nuevo, los hace muy peligrosos. El sólo hecho de pensar en robar un banco, y pensar que si me atrapan, iré a la cárcel, me hace temblar de miedo. Pero, para el psicópata, esto no es un problema. Si hay que ir a la cárcel, pues se va. Esta ausencia de miedo hace muy difícil que el psicópata se frene ante conductas antisociales. La amenaza de castigo no disuade al psicópata de cometer crímenes.
¿Recuerdas, cuando te escribía sobre la ansiedad, la respuesta de lucha o huida? Pues bien, en los psicópatas, la reacción de lucha o huida es menor. Cuando las personas normales encuentran algo que les asusta, sudan más, su corazón late más rápido, se les hace más difícil concentrarse, etc. En sus cuerpos se activan una serie de hormonas que producen esos cambios. Esto es la base fisiológica del estrés. Los psicópatas no sufren tanto de estrés. De hecho, muchas veces se ha corroborado que los psicópatas tienen el pulso más bajo que el resto de la población, aún en situaciones que serían estresantes para los demás.
Una parte del cerebro relacionada con la reacción de lucha o huida es la amígdala. Esa región cerebral es en gran medida responsable de generar la emoción del miedo. Pues bien, no te sorprenderá saber que los psicópatas tienen amígdalas más pequeñas. También se ha descubierto que, en los cerebros de los psicópatas, los lóbulos frontales no están tan desarrollados. Prometo escribirte una futura carta sobre las regiones del cerebro, pero por ahora, te diré que los lóbulos frontales están asociados con el control de los impulsos. Como ya sabes, los psicópatas tienen dificultad en controlarse.
A algunos progres les dolerá aceptarlo, pero parece que el filósofo Rousseau no tenía razón cuando decía que el hombre nace bueno, y sólo la sociedad lo corrompe. Según parece, hay gente que sí nace mala. Además de estos fallos en sus cerebros, todo indica que la psicopatía tiene también bases genéticas. Si tienes una hermana gemela idéntica, y ella es psicópata, las probabilidades de que tú también lo seas es del 47%. En cambio, si tienes una hermana gemela no idéntica, y ella es psicópata, la probabilidad de que tú seas psicópata es sólo del 17%. Eso sugiere que, quizás, el ser psicópata sí esté en los genes.
Un grave problema, Belén, es que la psicopatía no se cura. Algunos jueces torpemente envían a los psicópatas a terapias con psicólogos o psiquiatras, ingenuamente creyendo que con psicoterapia, esos lobos se convertirán en ovejas. No funciona. De hecho, puede volver las cosas mucho peor. Uno de los psicópatas más populares en el cine y las tiras cómicas es Joker (o, el Guasón, como le llamamos en Hispanoamérica), el archienemigo de Batman. Pues bien, en muchas historietas, a Joker lo envían al psiquiátrico de Ciudad Gótica, y ahí recibe terapia de una psiquiatra, Harley Quinn. Joker logra atraparla con sus encantos, la seduce, y al final, logra que ella lo ayude a escapar, y además, abandone la psiquiatría para convertirse en su manceba y cómplice en sus crímenes.
Las historietas de Batman no reflejan el mundo tal como es, y el retrato de Joker como psicópata no es muy realista. Pero, sí ocurre con mucha frecuencia que los psicópatas manipulan a los psiquiatras, y al final, terminan haciéndoles daño. Con la psicopatía, las psicoterapias son prácticamente una pérdida de tiempo. La personalidad antisocial no cambia. Lo único que se puede intentar hacer, es tratar de modificar algunos aspectos puntuales de su conducta. Recuerda que el castigo no sirve de mucho, porque el psicópata no siente miedo. Pero, se puede tratar de estimular al psicópata ofreciéndole premios cada vez que adquiera un hábito deseable. ¿Recuerdas la técnica de la economía de fichas? Consiste en premiar con objetos a la persona, cada vez que haga algo positivo. Esto funciona bien con autistas y esquizofrénicos. Pues bien, también funciona relativamente bien con psicópatas, aunque por supuesto, a ellos hay que darles un premio real (cigarros, caramelos, revistas, etc.). Unas meras fichitas no les moverá el piso; ellos no sienten la emoción que las personas normales sentimos cuando un amigo nos regala algo, sin importar cuán inútil sea ese obsequio.
¿Se puede hacer algo más? En vista de que los psicópatas siempre representan una amenaza, aun cuando no han cometido un crimen, algunos psicólogos han planteado soluciones muy controvertidas, pero que no deberíamos desechar tan fácilmente. Un psicólogo, Adrian Raine, propone que si logramos detectar en los cerebros de algunas personas, características que están indiscutiblemente asociadas con la psicopatía, entonces deberíamos pensar en apartar a esas personas de la sociedad. En otras palabras, los enviaríamos preventivamente a algún campamento, para asegurarnos de que no cometan crímenes. Pues, recuerda, no hay nada verdaderamente efectivo que disuada al psicópata de cometer crímenes.
Naturalmente, esto atenta contra la más elemental noción de justicia. Debemos castigar a las personas por las faltas no cometidas, no por las faltas que podrían cometer. Pero, Raine ha dicho que el apartar a alguien de la sociedad no debería pensarse como un castigo, sino más como una forma de asegurarse de que los psicópatas convivan entre sí, y formen su sociedad aparte. Raine no propone que la persona con cerebro de psicópata vaya a la cárcel, sino más bien, que vaya a un campo en buenas condiciones, donde pueda ser más libre de tener una conducta con personas más afines, y así evitar que haga daño a quienes no son psicópatas.
Yo no me apresuraría a desechar esta alternativa, Belén, pues seríamos muy ingenuos al pensar que la psicopatía no tiene bases biológicas. Pero, por el momento, no creo que esto sería una buena solución. En la historia de la humanidad, los proyectos que consisten en apartar a un grupo de personas, para que formen su propia sociedad, siempre terminan siendo monstruosos. Por más que se les garantice buenos tratos, lo cierto es que a la larga, los apartados terminan siendo ciudadanos de segunda. Así ocurrió trágicamente en Sudáfrica con el apartheid.
Además, debo advertirte que, si bien hay muchos indicios sobre las bases biológicas de la psicopatía, no tenemos información definitiva, y esas investigaciones apenas están en sus fases iniciales. En el proyecto de Raine, hay un riesgo demasiado alto de apartar a alguien que no sea realmente psicópata.

Incluso, el propio Raine reconoce que la personalidad antisocial tiene también orígenes sociales, y no meramente biológicos. Si un muchacho cae en las redes de la pandilla del barrio, y los compañeros lo incitan a delinquir, eso puede terminar contribuyendo a que se convierta en un psicópata. Si los padres lo maltratan, o son excesivamente duros con él, también puede aumentar el riesgo de que adquiera una personalidad psicopática. Muchos psicópatas han sido abusados sexualmente en la infancia, y ya como adultos, ellos mismos se vuelven depredadores sexuales. Si la sociedad lo rechaza, también hay más posibilidades de volverse psicópata (supongo que acá las pelis que retratan a los psicópatas como freaks resentidos, no están tan lejos de la verdad). Te he dicho que la psicopatía es más común en el mundo de los negocios, pero con todo, los estratos sociales en los cuales más abundan los psicópatas (especialmente psicópatas que se vuelen criminales), son los más bajos.
Quizás, la biología condicione a muchas personas a ser psicópatas. Pero, si no están expuestas a estas circunstancias sociales, no desarrollarán personalidades antisociales. Y recuerda, Belén, que en algunos escenarios, los rasgos psicopáticos pueden ser beneficiosos y productivos. Es posible que el ladrón y el detective tengan cerebros muy parecidos, pero el primero recibió palizas de su padre, mientras que el segundo recibió abrazos de su padre. Ambos retienen rasgos psicopáticos, pero las circunstancias sociales propiciaron que el uno se convirtiera en una persona parásita, y el otro en una persona productiva.
El ser psicópata, entonces, se lleva en los genes, pero las circunstancias sociales determinan si muchos de esos genes se activan o no. Australia fue colonizada por prisioneros, y seguramente muchos de ellos eran psicópatas. Si la psicopatía fuese enteramente genética, entonces hoy Australia sería un país con muchísimos problemas sociales, pero no es así. Los genes de los australianos no han cambiado, pero las condiciones sociales sí.
Si te encuentras a alguien con estos rasgos, Belén, ten cuidado. Es demasiado fácil caer en sus redes. Los malos tienen un encanto, pero no olvides que son malos. Y, a tu edad, creo que debes estar especialmente alerta, pues ya empiezas a tener novios. La psicopatía es muchísimo más común en los hombres que en las mujeres, de forma tal que las chicas tienen más riesgo de encontrarse con psicópatas en sus aventuras románticas. Como parte de su encanto, los psicópatas pueden ser muy seductores, y recuerda que son bastante promiscuos, de forma tal que tienen más experiencia en asuntos sexuales. No quiero asustarte demasiado; no quiero que pienses que un novio con rasgos psicopáticos inevitablemente te violará o te matará. Pero, hay muchas formas de hacer daño. Y, ten presente que, en la psicopatía, las emociones son muy superficiales. Si un novio psicópata te rompe el corazón y lloras desconsoladamente, a él le resultará indiferente. Ellos manipulan con palabras, pero no aman verdaderamente. Se despide, tu amigo Gabriel.