domingo, 6 de septiembre de 2015

Julian Jaynes y su teoría de la mente bicameral

            Las líneas de Nazca fueron hechas por extraterrestres. El planeta Venus chocó con la Tierra en tiempos bíblicos. Los chinos llegaron a América antes que Colón. Hitler huyó en submarino a Argentina. Todos éstos son alegatos estúpidos, y debidamente refutados.
            En apariencia, deberíamos colocar a Julian Jaynes junto a los charlatanes que han dicho esas tonterías. La teoría de Jaynes es la siguiente: hace apenas tres mil años, los seres humanos eran zombis sin conciencia. Actuaban como si fueran robots, autómatas sin voluntad propia. No tenían una noción de “yo”, sino que hacían las cosas mecánicamente, sin deliberar en su fuero interno.

            Cuando leí por primera vez sobre esta teoría (recuerdo que fue en El espejismo de Dios, de Richard Dawkins), pensé que el tal Jaynes era otro idiota más, de los tantos que abundan en los círculos conspiranoicos que elaboran revisionismos históricos ridículos. Pero, a medida que he ido conociendo mejor la teoría, y he leído directamente el libro de Jaynes, El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral, admito que he cambiado de opinión, y si bien no estoy convencido de ella, me parece una de las teorías históricas más fascinantes con las cuales me he encontrado.
            Jaynes postula que, hasta hace tres mil años, había poca conexión entre los hemisferios de nuestro cerebro; la mente operaba de forma “bicameral”, es decir, como si constara de dos cámaras inconexas entre sí. El hemisferio derecho producía imágenes, y éstas se transmitían al hemisferio izquierdo. Pero, puesto que no había mucha conexión entre ambos hemisferios, esas imágenes se interpretaban como si viniesen de un agente externo. Así, antiguamente, los humanos no sabían distinguir las voces externas y sus pensamientos, y en ese sentido, interpretaban los pensamientos como voces divinas que les emitían órdenes. No había una noción del “yo”, precisamente porque los seres humanos no concebían pensamientos propios; no tenían conciencia. Cuando los humanos oían una voz interna, no comprendían que esa voz era su propio pensamiento, muy similar a la forma en que los esquizofrénicos de hoy alucinan oyendo voces.
            Según Jaynes, a medida que fue creciendo la complejidad social y se necesitó más deliberación para realizar tareas básicas de supervivencia, la humanidad fue asumiendo una forma de pensamiento que integraba ambos hemisferios, y así nació la conciencia. Los humanos empezaron a comprender que esas voces que oían venían de su fuero interno, y nació en ellos la idea de un “yo” que tiene la capacidad de deliberar consigo mismo.
            El tipo de videncia que Jaynes trató de presentar para respaldar su hipótesis, fue fundamentalmente textual. En los textos más arcaicos, como la Ilíada, se hace mucha mención de protagonistas que oyen las voces de los dioses. En la Biblia, en los textos más arcaicos hay una comunicación directa de Dios con los profetas (como, por ejemplo, en el libro de Oseas), mientras que en los textos más recientes (como Eclesiastés), hay mucha más deliberación interna, y se comprende mejor que esas voces que se oyen en la mente no vienen de un agente foráneo.
            La antropología contemporánea es marcadamente relativista, y le resulta incómodo postular que hay sociedades más civilizadas que otras. Yo, en cambio, simpatizo más con los antropólogos de antaño, quienes postulaban que sí existe el progreso, y que sí hay sociedades más civilizadas que otras. Pues bien, me parece que, si Jaynes tiene razón, uno de los más importantes criterios para distinguir una sociedad civilizada de una no civilizada, es su capacidad para consolidar la noción de conciencia individual.
            En los pueblos más primitivos, quedan más vestigios del modelo bicameral que propuso Jaynes. En los pueblos primitivos prospera mucho más la idea de que los contenidos mentales no forman parte del “yo”, sino que pueden proceder de agentes externos. Las nociones de posesión espiritual (o demoníaca) son más comunes en sociedades más arcaicas. Pero, también la idea de que distintas emociones o contenidos mentales no proceden de nuestro fuero interno, sino de geniecillos externos (el amor viene de Cupido, la inspiración poética viene de las musas, la ira viene de Ate, etc.), es muy propia de las sociedades más primitivas.
            En las sociedades modernas, por supuesto, hay vestigios de estas cosas. Algunos de estos fenómenos suelen ocurrir más en las fases más tempranas de desarrollo cognitivo. Así por ejemplo, los niños suelen confundir los sueños con la realidad, y no comprenden que los personajes que aparecen en los sueños no son agentes externos, sino que son creados por su propia mente (Piaget llamó a esto “realismo conceptual”). Eso puede ser evidencia de que esa conciencia pobremente desarrollada sea nuestra condición natural, y que la complejidad cultural fortaleció la noción del “yo”.

Hoy también existe la hipnosis, y este estado mental aparentemente desprovisto de conciencia podría ser indicativo de que en realidad, ésa es nuestra condición natural, y que la civilización más bien nos ha hecho salir de la hipnosis colectiva en la cual nos encontrábamos hace tres mil años.
Y, por supuesto, hoy hay mucha gente que sigue oyendo voces, sin tener la capacidad de comprender que proceden de su fuero interno: los esquizofrénicos. La teoría postula que, en cierto sentido, todos éramos esquizofrénicos. Y así, en realidad, la esquizofrenia no es propiamente un desorden mental (o, al menos, el oír voces), sino la condición natural del hombre antes de las grandes transformaciones culturales. No obstante, en este punto, creo que la teoría de Jaynes cojea un poco, pues una estadísticamente firmemente establecida es que la esquizofrenia es más común en las grandes ciudades (es decir, en centros más civilizados) que en las aldeas.

La teoría de Jaynes a primera vista parece descabellada. Pero, vista con cierto detenimiento, merece más consideración. Pues, no está tan alejada de la valiosa tradición antropológica y psicológica de Levy-Bruhl, Piaget, Vygotsky, Luria, Elias y Hallpike, entre otros, quienes han destacado las radicales transformaciones mentales que la civilización trajo consigo. Todos estos psicólogos antropólogos han documentado cómo, entre niños y primitivos, ocurren algunos fenómenos similares a los que Jaynes atribuía a la mente bicameral. 

4 comentarios:

  1. de acuerdo a esta especie de autarquía queda desautorizada la historia abierta, que en los recientes años ha adquirido auge entre los historiadores heterodoxos...

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    1. Bueno, yo no me opongo a estar abierto a nuevas teorías, pero siempre y cuando haya evidencia que la sugiera. Decir que hubo una conspiración para matar a Bolívar no es descabellado. Decir que machu pichu es obra de extraterrestres, si lo es

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  3. usted no tiene ninguna idea de psicología, deje de escribir estupideces

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