sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Es la recursividad lingüística universal? A propósito de Chomsky y Everett

            Hay en la lingüística contemporánea una gran disputa. ¿Hay alguna propiedad que todas las lenguas del mundo (unas seis mil) compartan? Noam Chomsky es célebre por postular que sí. Existe, según Chomsky, la “gramática universal”: la capacidad para emplear lenguaje, con unas características específicas, está en nuestros genes. Y, de ese modo, si bien el mundo puede ser una gran torre de Babel, todas las lenguas tienen un mínimo de características en común.
            La más importante de esas características, opina Chomsky, es la recursividad. Esto es la habilidad de construir frases prácticamente infinitas, a través de conjunciones. Tomemos, por ejemplo, la frase “Juan es vecino de Pedro”. Esa frase puede expandirse “Juan es vecino de Pedro y María”; a ésa se le pueden añadir aún más elementos, “Juan, el primo de José, es vecino de Pedro y María, los esposos que son de Caracas”. Eso es recursividad, y aparentemente, todas las lenguas del mundo tienen ese atributo.

            El lingüista Daniel Everett alega haber encontrado una lengua que no tiene recursividad. Y, si en efecto esa lengua existe, entonces eso falsearía la hipótesis de Chomsky según la cual, existe una gramática universal asentada en nuestros genes. La lengua que, según Everett, supuestamente no tiene recursividad es el piraha, empleada por una tribu de alrededor de 300 personas en la amazonia de Brasil.
            Antes de Everett, algunos lingüistas ya defendían la idea de que, quizás no existan características universales del lenguaje, y que más bien, las particularidades culturales de cada pueblo pueden conformar estructuras muy distintas, e incluso, pueden influir en la forma de pensar. Benjamin Whorf destacó por adelantar esa hipótesis, y hay algunos casos que parecen confirmarla. Por ejemplo, los hablantes de lenguas que no distinguen entre colores, tienen dificultades para identificar esos colores a efectos prácticos. Everett documenta esto entre los piraha, y también su precariedad a la hora de emplear números: la lengua piraha no tiene números, y los miembros de esta tribu parecen tener dificultad en aprender conceptos numéricos.
            Desde hace tiempo se sabe que estas particularidades culturales existen, pero habitualmente se ha postulado que eso no altera la hipótesis de la gramática universal, pues ni los colores ni los números han sido postulados como características definitorias de la gramática universal. La recursividad, en cambio, sí es una característica central. Everett opina que los piraha no tienen capacidad de decir “Juan es vecino de Pedro y María”; ellos sólo dicen: “Juan es vecino de Pedro; Juan es vecino de María”.
            A mi juicio, los alegatos de Everett tienen algunas dificultades. Ningún piraha habla portugués, y Everett es la única persona ajena a los piraha que habla su lengua. Hasta ahora, dependemos de la buena fe de Everett, y hasta que otro estudioso no domine la lengua piraha, no hay posibilidad de verificar si lo que él alega es verdadero o no. He visto documentales y entrevistas en los cuales Everett interactúa con los piraha, y en efecto, parece dominar esa lengua.
Pero, hay conocidas dificultades a la hora de traducir las lenguas de gente con quienes no se ha tenido contacto previamente. El filósofo W.O. Quine mencionaba algunas. Por ejemplo, si se oye la palabra gavagai cuando el nativo apunta a un conejo, podemos creer que gavagai significa “conejo”. Pero, podría también significar “vayamos de cacería”, “mira, ¡comida!”, o “¡algo está saltando!”. Es perfectamente posible que Everett haya caído presa de estas dificultades, y así, él podría creer que la lengua piraha no tiene recursividad, cuando en realidad sí la tiene. Para despejar las dudas, sería necesaria la labor de más estudiosos, y hasta ahora, ningún lingüista aparte de Everett ha aprendido la lengua de los piraha.
Chomsky ha sugerido que, aun si la lengua piraha no tuviese recursividad, eso no pondría en peligro su hipótesis, pues sería meramente una aberración. Everett discrepa, pues postula que, a la manera popperiana, un solo caso es suficiente para falsear una hipótesis con pretensiones universalistas.
En este punto, me parece que, en rigor, tiene razón Everett: basta un cisne negro para falsear la idea de que todos los cisnes son blancos. Pero, con todo, yo creo que aun si la lengua piraha no tuviese recursividad, la hipótesis de Chomsky se mantendría. Pensemos, por analogía, en el tabú del incesto. Ésta es una prohibición que está en todos los pueblos del mundo. Y, según una teoría muy plausible adelantada por el antropólogo Edward Westermack, el tabú del incesto debe estar asentado en nuestros genes, pues es una óptima adaptación para evitar los peligros del apareamiento con parientes cercanos. Pero, en algunas sociedades, como el antiguo Egipto o los inca, algunos miembros de la aristocracia se casaban con sus hermanas. ¿Refutan estos casos la hipótesis de que el tabú del incesto está en nuestros genes? No lo creo. Sencillamente, algunas condicionantes culturales (como, por ejemplo, nociones sobre pureza de sangre en la aristocracia) los hacía aberrantes respecto al resto de la humanidad. Quizás algo parecido pueda ocurrir entre los piraha: está en sus genes la habilidad de construir frases con recursividad, pero por alguna razón, el entorno cultural ha inhibido esa habilidad.
De ese modo, en esta disputa, yo simpatizo más con Chomsky que con Everett. No obstante, la disputa en cuestión se ha empañado de sesgos ideológicos, y eso revela el lamentable estado de la academia en todo el mundo. Chomsky es conocido por sus posturas políticas izquierdistas. Y, las universidades occidentales, lamentablemente, están repletas de académicos izquierdistas que ejercen coerción frente a las voces disidentes. En ese sentido, todo lo que el gran gurú Chomsky postule es santa palabra, y quien ose retarlo, se enfrenta a monumentales adversidades. No creo que Chomsky personalmente sea un inquisidor que ordene suprimir a quien se le oponga. Pero, el dominio izquierdista en las universidades propicia insultos y amedrentamientos.
Así, ha resultado demasiado común acudir a chantajes políticos a la hora de rechazar los alegatos de Everett. Se le ha acusado, por ejemplo, de ser un racista (la acusación que siempre se arroja desde la izquierda amedrentadora). Supuestamente, su hipótesis de que los piraha no tienen recursividad lingüística degrada a esa tribu. Ciertamente, el hecho de  que una tribu no tenga recursividad lingüística, la coloca en un nivel inferior de desarrollo cognitivo respecto a los otros pueblos del mundo. Pero, ¿acaso para no ofender a una tribu, debe suprimirse la evidencia?

Esas acusaciones de racismo han servido para que el gobierno de Brasil impida a Everett el acceso a las aldeas piraha (un caso muy parecido al de Napoleon Chagnon, quien fue injustamente acusado de ser racista contra los yanomami, y por ello, también se le impidió el acceso a las aldeas de esa tribu). La izquierda, me temo, tiene mucho temor a la discusión de ideas y la consideración de evidencia.

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