sábado, 19 de septiembre de 2015

¿Era Bolívar racista?

            Uno de los hechos que más trata de esconder el culto a Bolívar, es la enorme preocupación racial que mantuvo toda su vida el Libertador. La religión bolivariana quiere hacernos creer que Bolívar no prestó atención a las diferencias raciales de los habitantes de los países que él liberó. En realidad, fue casi una obsesión para él.
            Sí, Bolívar tuvo ternura hacia algunos negros con quienes tuvo trato íntimo. Una esclava cubana lo amamantó, y según una crónica, ya adulto, en una entrada triunfal a Caracas, vio en la multitud a esta nodriza, y se bajó del caballo para abrazarla. Pero, eso no eclipsa el hecho de que Bolívar tuvo mucho temor y desconfianza a los pardos.

            La revolución independentista surgió en un inicio como un proyecto por y para los blancos criollos. Había muchos motivos de insatisfacción respecto a España (monopolio mercantilista, prohibición de que los criollos ejercieran cargos altos en la administración pública, etc.), pero uno de los más importantes era que los criollos se sentían amenazados por el creciente volumen de población parda, y sentían que España no podía proteger a los criollos adecuadamente frente a una eventual rebelión. A finales del siglo XVIII, la Corona había emitido leyes que regulaban las relaciones entre amos y esclavos, y los criollos veían esto con mucha alarma, pues estimaban que eso entregaba a los pardos un poder que luego no podría ser contenido. Una rebelión de esclavos en Coro en 1794 que fue suprimida, confirmó esas sospechas.
            Había algo de paranoia en esta preocupación, pero no era descabellada, teniendo en cuenta lo que había ocurrido en Haití: hubo en ese país una rebelión de esclavos que no dejó vivo a ningún blanco, fueran o no nacidos en la isla. Bolívar compartía con su congéneres criollos ese temor, y a lo largo de su vida, expresó preocupación frente a la posibilidad de que surgiera una “pardocracia”.
            En las primeras fases de la guerra de independencia, los criollos rebeldes, incluidos Bolívar, optaron por marginar a los pardos de sus ejércitos. Consideraban casi un suicidio colectivo el dar armas a los grupos sociales que, en cualquier momento, podían volverse contra ellos. En cambio, los realistas, aprovecharon y sí incorporaron a pardos con promesas de libertad, ascenso social y reparto de botín.
            Cuando en 1814, colapsó la Segunda República y Bolívar tuvo que huir de Caracas porque las hordas de pardos leales a la Corona se aproximaban a tomar la ciudad, el Libertador sometió a reflexión su estrategia en los años previos. Y, fue así como decidió dar un giro pragmático que fue la clave de su éxito militar: inevitablemente, había que incorporar a los pardos a su causa, aun asumiendo el riesgo de armarlos. El culto a Bolívar nos quiere presentar a un Libertador con firmes convicciones abolicionistas, pero hubo mucho más pragmatismo que verdadera convicción en esa decisión crucial. Bolívar sabía que, sin la incorporación de los pardos a sus filas, no podría cumplir el objetivo criollo de separarse de España. Otros criollos, como Santander, expresaron oposición a la decisión de Bolívar, pero el Libertador trató de convencerlos de que no había otra manera de vencer. Además, Bolívar había recibido apoyo financiero de Petion (uno de los presidentes que se disputaba el poder en Haití), bajo la promesa de que liberaría a los esclavos.
            Bolívar cumplió a medias su promesa a Pieton (nunca abolió por completo la esclavitud), pero en cambio, siempre mantuvo desconfianza con los negros. A lo largo de su vida enfrentó muchas conspiraciones en su contra, y en casi todas, actuó con benevolencia. Mariño y Santander, ambos blancos, conspiraron contra él, pero no fueron fusilados. En cambio, cuando los conspiradores fueron pardos, Bolívar no dudó en ejecutarlos. Ése fue el destino de Piar y Padilla.
            ¿Obedecía esto a un racismo intrínseco en la personalidad de Bolívar? En sus escritos y en las crónicas sobre él, hay poca evidencia de que Bolívar realmente atribuyera peligrosidad a los pardos en virtud de sus características biológicas. Lincoln, por ejemplo, sí decía explícitamente que los negros eran una raza inferior; Bolívar nunca dijo nada parecido. En ese sentido, Bolívar no parecía creer en la tesis racista de que hay razas inferiores y superiores.
            Pero, Bolívar sí dejaba entrever que no convenía el mestizaje. En una de sus cartas a Santander, era bastante explícito, lamentándose por la composición racial americana: “Nosotros somos el compuesto abominable de esos tigres cazadores que vinieron a América a derramarle su sangre y encastar con las víctimas antes de sacrificarlas, para mezclar después los frutos espurios de estos enlaces con los frutos de esclavos arrancados del África. Con tales mezclas físicas; con tales elementos morales, ¿cómo se pueden fundar leyes sobre los héroes y principios sobre los hombres?”.
            Si bien usaba las palabras “frutos espurios”, Bolívar no tenía en mente que una raza se degenerara biológicamente por mezclarse con otra. Su verdadera preocupación era que distintas razas no podían convivir armónicamente. Era exactamente la misma preocupación de norteamericanos como Lincoln quien, luego de liberar a los esclavos, propuso enviarlos a colonizar Liberia, precisamente porque no veía viable la convivencia con los blancos en EE.UU.
Seguramente, a diferencia de  Lincoln, Bolívar tampoco pensaba que las diferencias raciales intrínsecamente impidieran la coexistencia. Fue más bien los siglos de esclavitud lo que alimentó el resentimiento entre pardos, y eso los hacía muy peligrosos. Pero, Bolívar opinaba que ya el daño estaba hecho, y no se podía cambiar el pasado. En virtud de eso, había que mantener el poder de los pardos siempre limitado. Esa actitud de Bolívar fue muy parecida a la de los sudafricanos blancos que, aun si ya no creían en la inferioridad racial de los negros, opinaban que no podía entregárseles el poder mayoritario, pues el resentimiento de siglos anteriores podía convertirlos en genocidas. Con eso, justificaban el apartheid. Bolívar nunca propuso ningún apartheid, pero hizo todo lo posible por excluir a la mayoría parda del poder.
Los sueños megalomaníacos de Bolívar, de una América unida y próspera, jamás se cumplieron. Los países que Bolívar liberó fueron un caos en el siglo que siguió a la independencia, y hasta el día de hoy, nuestra región sigue siendo un fracaso. Teniendo en cuenta el buen estado que goza la sociedad española, amerita preguntarnos si valió la pena el habernos independizado. Pero, lo irónico es que, al mismo tiempo, el gran temor de Bolívar no se materializó. Al menos en comparación con otros países multirraciales, los países bolivarianos no han vivido las tensiones raciales apocalípticas a las que tanto temió Bolívar, y es una región relativamente armónica en sus relaciones raciales. Parece, pues, que Bolívar se equivocó por partida doble: no alcanzamos la gloria a la cual él aspiró, pero tampoco caímos en la confrontación racial que tanto temió.


1 comentario:

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