sábado, 26 de octubre de 2013

¿Puede un libertario creer en Dios?

            Las figuras más resaltantes de la ideología libertaria suelen tener poquísimo compromiso con la vida religiosa. Murray Rothbard, Ayn Rand y Robert Nozik eran ateos o agnósticos. Penn Jillette y Michael Shermer son figuras mediáticas reconocidas tanto por su ateísmo como por su ideología libertaria. Allí donde la derecha conservadora y tradicional enaltece a la religión como garante del orden social (y no suele abrazar a plenitud el Estado laico), los libertarios suelen tener cierta desconfianza frente a la religión organizada (debido a las inclinaciones coercitivas de las instituciones religiosas).

            En EE.UU. y otros países, hay una firme animadversión (yo diría que, incluso, persecución) contra los ateos. Y, en este sentido, es comprensible que, aquellos que quieren promover la ideología libertaria entre las masas, traten de quebrar el vínculo entre el ateísmo y las tesis libertarias. Así, suele postularse que el ateísmo es una postura religiosa, y los libertarios participan de una ideología política; se trata de dos esferas distintas que no se contradicen.
            A simple vista, estos libertarios tienen razón. El ateísmo es la doctrina que niega la existencia de Dios. El libertarianismo es la doctrina que postula que, si una acción no genera daños a personas (y si genera daño a algunas personas, éstas han dado su consenso), entonces no hay motivo para interferir sobre ellas. Siempre y cuando la creencia en Dios no conduzca a ejercer coerción sobre nadie, es perfectamente admisible.
            Pero, yo sí detecto una incompatibilidad lógica entre la creencia en Dios y el libertarianismo. Los libertarios, en su oposición a las medidas estatales para regular el mercado y redistribuir la riqueza, opinan que existe, en palabras de Margaret Thatcher, un “derecho a la desigualdad”. No todos tenemos los mismos talentos o los mismos méritos, y en función de eso, es justo que unos recibamos más que otros. La justicia requiere igualdad de oportunidades, pero no igualdad de condiciones. No es injusto que haya ricos y pobres, pues con sus habilidades y esfuerzos, unos justamente merecen más que otros.
            El problema con esto está en que, es muy difícil conseguir la verdadera igualdad de oportunidades. Los libertarios suelen identificar la igualdad de oportunidades con la igualdad frente a la ley. Pero, en realidad, la igualdad de oportunidades es un concepto mucho más profundo. No todo el mundo ha tenido la misma suerte de nacer en familias adineradas con mejor acceso a la educación, el color de piel que los haga más socialmente aceptable, etc.
Los libertarios suelen ser reacios a aceptar el papel que la suerte desempeña en el posicionamiento en la escala social. Algunos libertarios sí aceptan el papel de la suerte, pero argumentan que, sencillamente no tenemos la capacidad de corregir la naturaleza. Hay gente que ha nacido con un solo riñón, y para colmo de males, defectuoso; pero con todo, no podemos pretender obligar a quien tenga dos riñones a entregar uno. Así pues, como bien señala el libertario Thomas Sowell, es ilusorio (y peligroso) pretender corregir las injusticias cósmicas.
Yo estoy de acuerdo con Sowell. Es injusto que vengamos al mundo con talentos muy desiguales, y que unos tengamos más suerte que otros, pero en realidad no hay nada que podamos hacer para corregir esto. Cualquier intento de corregirlo sería más catastrófico aún. Pero, no debemos dejar de lado el hecho de que, al menos a nivel cósmico, sí hay una injusticia. El ser humano no es responsable de esta injusticia cósmica. ¿Quién, entonces, podría ser el responsable de esta injusticia?
Si el cosmos tiene un arquitecto, entonces, ese arquitecto sería responsable de la injusticia cósmica. Dios sería reprochable por haber creado un mundo en el cual hay gente con un solo riñón defectuoso, y gente con dos riñones sanos. Pero, si Dios es bueno y omnipotente, entonces no pudo haber creado un mundo con injusticia cósmica. Es evidente que sí hay injusticias cósmicas, por lo tanto (por la regla lógica modus tollens), Dios no es bueno y omnipotente. Y, si Dios no es bueno y omnipotente, entonces no sería Dios. Así pues, la existencia de la injusticia cósmica es incompatible con la existencia de Dios.
El libertario está dispuesto a aceptar que hay una injusticia cósmica. La implicación de esto es que, el libertario no puede aceptar la existencia de Dios. Los libertarios populistas con tufo religioso-conservador del Tea Party (como Sarah Palin) seguramente no han pensado en esto. Pero, la razón debería conducir hacia esa conclusión.

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