lunes, 8 de julio de 2013

¿Quién inventó el monoteísmo?



David Hume célebremente postuló que la primera forma de religión fue el politeísmo, y sólo después apareció el monoteísmo, a pesar de que Hume pronosticaba que, en algún momento, se regresaría al politeísmo, en un proceso que él llamó “flujo y reflujo”. A inicios del siglo XX, el antropólogo Wilhelm Schmidt trató de refutar esta teoría, alegando que la forma primordial de religión en la especie humana fue el monoteísmo. La tesis de Schmidt es, grosso modo, aquella aceptada por la piedad religiosa convencional: en un inicio, Dios dio la religión monoteísta a los hombres, pero éstos, en desobediencia, rindieron culto a otros dioses, y fue necesaria una nueva revelación para hacer regresar a los hombres al monoteísmo primordial.
 
Hoy, la teoría de Schmidt se considera errónea y sospechosa de pretender servir como respaldo doctrinal de las religiones monoteístas contemporáneas. Pero, al margen de esto, el común de la gente acepta la historia piadosa de que, si bien no fue la religión primordial del hombre, el monoteísmo empezó con Abraham, y luego fue ratificado por Moisés. No obstante, desde un punto de vista académico, esta versión también es muy sospechosa.
En primer lugar, no sabemos si Abraham o siquiera Moisés son personajes históricos. Fuera de la Biblia no hay ninguna referencia a estos personajes procedente de la época en la cual supuestamente vivieron. En el caso de Moisés y su travesía por el desierto, cabría esperar encontrar algún registro arqueológico, pero jamás se ha encontrado el menor indicio que respalde esas historias.
Lo más probable es que la religión original de los antiguos israelitas fuera una variante del politeísmo que practicaban los pueblos vecinos en Canaán. Los libros históricos de la Biblia (Josué, Jueces, I y II Samuel, I y II reyes) hacen mención de que, en ocasiones, algunos reyes y algunos sectores del pueblo israelita se apartaban de Yahvé y rendían culto a los dioses foráneos. Pero, desde la perspectiva de esta historia, siempre se trataba de una abominación que los piadosos no compartían. No obstante, hay textos en la misma Biblia hebrea que sugieren que, incluso los propios autores bíblicos tenían inclinaciones politeístas. Hay referencias a Dios acompañado por otros dioses en la corte divina (Salmos 82: 1); se exalta a Dios entre otros dioses (Éxodo 15:11; Salmo 95: 3; 99: 2);  se habla de los “hijos de los dioses” (Deuteronomio 32: 8-9), entre otros.
La teoría que mejor explica esto es la siguiente: los israelitas eran originalmente politeístas, igual que sus vecinos canaanitas. Eventualmente, fueron concentrando su atención en el culto exclusivo a un solo Dios, pero sin dejar de reconocer la existencia de otros dioses. Los especialistas llaman a esto ‘henoteísmo’ o ‘monolatría’. Finalmente, asumieron la doctrina de que los otros dioses son inexistentes, y Yahvé es el amo y señor del universo.
¿Cómo ocurrió esto? No está muy claro cómo ocurrió el paso del politeísmo al henoteísmo, pero sí es más claro cómo se pasó del henoteísmo al monoteísmo. La conjetura más razonable es la siguiente: en el siglo VII antes de nuestra era, el rey Josías promovió una reforma política que pretendía centralizar el poder en su reino, y para ello, promovió una suerte de centralización religiosa: quiso asegurarse de que los sacrificios a Yahvé se realizasen sólo en el templo de Jerusalén, y cesasen en los santuarios que estaban distribuidos en toda la región.
Para ello, Josías proclamó la historia de que, al hacer unos arreglos al templo de Jerusalén, se encontró un rollo supuestamente antiguo que recapitulaba la ley de Moisés. Este nuevo rollo decía que sólo se podía sacrificar en Jerusalén, y hacía énfasis en el monoteísmo, algo que probablemente estaba ausente en las escrituras previamente (probablemente, este texto es una versión primitiva del actual libro de Deuteronomio). Hay motivos para sospechar que ese rollo fue forjado por Josías para justificar su reforma política y religiosa. Y, cabe sospechar también que Josías se valió de escribas que compilaron y editaron las antiguas historias de Israel bajo un lente monoteísta (y así dar la impresión de que Israel, desde sus inicios, había forjado con Dios una alianza que requería el monoteísmo, y que Abraham fue el padre de esta doctrina religiosa), pero por supuesto, no pudieron hacerlo a la perfección, pues quedó un remanente politeísta que se expresa en varios textos bíblicos. Si las hazañas de Moisés no existieron (en virtud del nulo registro arqueológico), cabría sospechar que estas hazañas fueron inventadas por los escribas de Josías en su compilación de los textos originales que sirvieron como fuente de la Biblia en su forma actual.
Así pues, ni Abraham ni Moisés son los fundadores del monoteísmo israelita, sino probablemente, Josías apenas en el siglo VII antes de nuestra era. Pero, además, cabe también colocar en duda que le monoteísmo haya sido originario de los judíos. Unos setecientos años antes de la reforma de Josías, ya en Egipto se había intentado un intento similar por negar la existencia de otros dioses e imponer el culto exclusivo a un solo dios. El faraón Amenotep empezó su reinado consagrando el culto a Amón, pero a la vez aceptando la existencia de otros dioses. No obstante, seguramente por influencia de los sacerdotes de Atón (en algo seguramente muy similar a los lobbies contemporáneos), Amenotep asumió el culto a este dios de forma exclusiva, cambió su nombre a Akenatón (reflejando su preferencia por el nuevo dios), y suprimió violentamente el culto a los otros dioses.
El monoteísmo que hoy practica la mayoría de la humanidad, concentrada en tres grandes religiones (judaísmo, cristianismo e Islam), procede de los judíos. Pero, los judíos no fueron los pioneros en esta doctrina religiosa. Su origen estuvo en Egipto. No hay continuidad entre el monoteísmo de Akenatón y el monoteísmo actual, en buena medida porque, después de la muerte del faraón, los egipcios hicieron caso omiso a su reforma religiosa y regresaron al politeísmo. Algunos autores se han aventurado a especular que la reforma de Akenatón sí sirvió de enlace con el monoteísmo hebraico (Freud, por ejemplo, en Moisés y el monoteísmo postuló que Moisés era un sacerdote del culto a Atón), pero esta hipótesis no cuenta con ningún respaldo empírico; valga repetir, por lo demás, que ni siquiera hay seguridad de que Moisés existió.

3 comentarios:

  1. Fascinante este tema. Me parece muy plausible la explicación relacionada con Josías, dado que en ella se dan dos elementos que suelen ser los motores de la Historia: la lucha por el poder y la búsqueda de la riqueza (de hecho, el templo de Jerusalén, junto con los santuarios de Delfos y Olimpia, llegó a ser uno de los lugares más opulentos del mundo antiguo).

    Modestamente, creo que esa tendencia al monoteísmo, junto con las encarnizadas luchas libradas entre la ortodoxia y las herejías a lo largo de la historia cristiana, revelan su raíz política y económica: una de las mejores formas de mantener cohesionado un territorio es aglutinar a la población en torno a una creencia unificada, a un solo e inequívoco Dios.

    En cuanto al henoteísmo, también se dio, aunque más tarde, en el mundo griego, empezando por Jenófanes de Colofón en el siglo VI y terminando por los filósofos estoicos y otros en época helenística. Ese henoteísmo, se dice, preparó el terreno en el mundo grecorromano para la aceptación del monoteísmo cristiano.

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    1. Sí, quizás ese henoteísmo preparó al mundo helénico para aceptar el cristianismo. Aunque, yo también diría que el hecho de que el cristianismo no es el más intransigente de los monoteísmos (al menos si lo comparamos con el islam y el judaísmo) también hizo fácil que los politeístas helénicos aceptaran a un Dios que a la vez es tres, y luego el catolicismo explotase esto aún más con su legión de santos y manifestaciones marianas.

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  2. Sí, desde luego, la Trinidad, los santos, las advocaciones marianas y el culto a las imágenes sólo pudieron desplegarse en un mundo como el grecorromano, muy diferente al judaísmo. Y también el gusto por la controversia, la teología misma, con todas sus (absurdas) disquisiciones (γεννητός οὐ ποιητός "engendrado, no creado", etc.) son muy propias de la mentalidad griega.

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