miércoles, 17 de julio de 2013

Las probabilidades de la resurrección de Jesús



            Los orígenes de la creencia en la resurrección de Jesús son misteriosos. Los apologistas suelen invocar una serie de hechos supuestamente firmes (es decir, aceptados por creyentes y escépticos): 1) Jesús fue crucificado; 2) su cadáver fue enterrado en la tumba privada de José de Arimatea; 3) unas mujeres acudieron al sepulcro y lo encontraron vacío; 4) los seguidores de Jesús alegaron tener encuentros con él; 5) los discípulos estuvieron dispuestos a morir por esta creencia. Los hechos 2) y 3) son cuestionables, pero por ahora, dejemos esto de lado.
            ¿Cómo explicar estos hechos? Hay muchas alternativas. Quizás bajó vivo de la cruz. O, si no, los discípulos pudieron haber robado el cuerpo. También es posible que Jesús tuviese un hermano gemelo (podría ser el tal Tomás que se menciona en los evangelios) y se hizo pasar por él después de su muerte. O, quizás, los discípulos tuvieron alucinaciones de Jesús resucitado. También puede ser que estas historias hayan tenido una intención alegórica desde el propio inicio.
            Todas estas alternativas presentan problemas. Si Jesús bajó vivo de la cruz, habría dificultad en explicar cómo movió la roca de la tumba, y en una condición tan débil, convenció a los discípulos de que no era un zombi, sino un resucitado. Si los discípulos robaron el cuerpo, habría que explicar por qué estuvieron dispuestos a sufrir el martirio (nadie está dispuesto a morir por un fraude), y habría que explicar las apariciones de Jesús. Si Jesús tuvo un hermano gemelo, habría que explicar por qué no hay referencia de él en los evangelios, y también habría que explicar cómo las mujeres encontraron vacía la tumba. Si los discípulos alucinaron con Jesús, habría que explicar nuevamente el sepulcro vacío, y también habría que enfrentar la objeción de que las alucinaciones no suelen ser colectivas. Si estas historias tuvieron una intención alegórica desde el principio, habría que explicar cómo y cuándo se empezaron a interpretar literalmente.
            A partir de estos problemas, los apologistas sostienen que, la única hipótesis que encaja sin dificultad los hechos incuestionables, es la hipótesis de que Jesús efectivamente resucitó. El problema que yo veo con este alegato es que, si bien las alternativas naturalistas enfrentan dificultades y tienen un bajo grado de probabilidad, todas son más probables que la hipótesis de la resurrección.
Amerita acá invocar el razonamiento del filósofo David Hume. ¿Cómo calculamos la probabilidad? A partir de experiencias previas. ¿Ha habido en el pasado hombres que, después de una crucifixión, fueron bajados vivos? Pocos, pero sí: Josefo documenta algunos casos que ocurrieron unos cuarenta años después de la muerte de Jesús. ¿Ha habido gemelos que, en conspiración, se hacen pasar por sus hermanos? Pocos, pero supongo que sí ha habido algunos en la historia. ¿Ha habido estafadores dispuestos a morir para perpetrar sus propios fraudes? De nuevo, supongo que son pocos, pero ciertamente ha habido algunos, como Joseph Smith. ¿Ha habido alucinaciones colectivas? No muchas, pero casos como el del milagro del sol en Fátima, o los raptos extraterrestres, pueden contarse. Ahora bien, ¿se ha documentado un caso de un hombre que muere y resucita al tercer día? ¡No! En función del cálculo de la probabilidad a partir de experiencias previas, cualquiera de las alternativas que he presentado es más probable que la hipótesis de la resurrección.
Los apologistas suelen quejarse de que, en este razonamiento, hay un prejuicio naturalista. El escéptico parte de una metafísica mecanicista que no acepta los milagros, y así, debe recurrir a hipótesis muy forzadas, con tal de no admitir la hipótesis de la resurrección. En vez, alega el apologista, si el escéptico aceptase la existencia de un Dios que interviene para realizar milagros, todo encajaría perfectamente, y la resurrección sería la mejor explicación de los hechos.
Hay varios problemas con este argumento. En primer lugar, estos apologistas también incurren en el prejuicio naturalista cuando se trata de evaluar los milagros de otras religiones, en muchas de las cuales, las hipótesis naturalistas son poco probables (pero, lo mismo que en el caso de la resurrección, siguen siendo más probables que el hecho milagroso en sí).
En segundo lugar, apologistas como William Lane Craig incurren en un monumental argumento circular al tratar este asunto. Craig presenta la resurrección de Jesús como prueba de la existencia de Dios. A juicio de Craig, al contemplar las historias sobre la resurrección y los hechos firmes que he mencionado más arriba, debemos concluir que Dios existe. Pero, para explicar por qué debemos aceptar las historias sobre milagros (como la resurrección) como hipótesis más probables que las explicaciones alternativas, Craig sostiene que debemos aceptar la premisa de que Dios puede intervenir con un milagro. Esto es manifiestamente un argumento circular que, sin ánimo caricaturesco, se puede reducir de esta manera: ¿por qué debemos favorecer la hipótesis de la resurrección, y no otra alternativa? Porque, al aceptar que Dios puede intervenir con milagros, la hipótesis de la resurrección es la más viable. Y, ¿por qué debemos aceptar que Dios existe? Porque la historia de la resurrección así lo prueba. Dios existe porque resucitó a Jesús, y Jesús fue resucitado porque Dios existe.
Este razonamiento circular puede evitarse si se logra concluir, por vía independiente, que Dios existe. Pero, está muy lejos de quedar claro que el probar la existencia de Dios por alguno de los argumentos clásicos (cosmológico, teleológico, ontológico, etc.), haga de la resurrección la hipótesis más probable para explicar los hechos. Aun si asumimos la posibilidad de los milagros, quedarían aún más vacíos explicativos que en las hipótesis alternativas. ¿Por qué Dios decidió resucitar a un oscuro predicador judío del siglo I, y no lo hizo en otras partes del mundo? ¿Por qué esperó más de cien mil años de existencia humana para hacer esta maniobra? ¿Por qué no se manifestó con otro medio más eficiente?
Por supuesto, siempre puede invocarse el misterio, el último recurso del apologista: El Señor obra de forma misteriosa, nuestra condición humana no nos permite saber por qué Dios hace lo que hace. Pero, si permitimos la invocación del misterio, ¿por qué no utilizarla para justificar las hipótesis alternativas? Si a misterio vamos, ¿no podríamos aceptar que Dios intervino para hacer que, aun contra las leyes de la física, Jesús moviera la roca de la tumba en la cual fue enterrado vivo? Si el Señor obra de forma misteriosa, ¿por qué no aceptar que Jesús tuvo un hermano gemelo, y Dios milagrosamente intervino para hacer que las crónicas de la época no mencionaran a este hermano? Los mismos motivos que hacen que la hipótesis del hermano gemelo sea implausible, deberían conducir a los apologistas a admitir que la hipótesis de la resurrección es aún más implausible.

6 comentarios:

  1. Toda la argumentación me parece impecable. Jesús no pudo resucitar.

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    1. Yo no lo veo como un evento imposible, pero sí altísimamente improbable...

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  2. Buenas, he leido el articulo, está muy interesante, y la forma en como lo tratas es muy sencilla.
    Es curioso que cuando Craig lo expone suena muy creible y dificil de refutar, ¿será su oratoria lo que confunde o el argumento tiene mas peso?

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    1. Hola Javier, gracias por tu comentario. Craig es un gran orador, y un escritor muy agudo. Su argumento tiene algo de peso, y Craig tiene una gran habilidad para hacer deducciones lógicas. Pero, por supuesto, su problema es que muchas veces parte de premisas erróneas.

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  3. veo un grupo de persona con el titulo de Doctor y no estoy en contra de eso pero me doy cuenta que entre mas tratan de estudiar algo y encontrar un error solo muestran su estado de debilidad, porque les cuesta creer en que lo imposible es posible si pudieran creer les seria mas facil, hay una mente mucho mas poderosa y mas grande que nuestra mente humana y es la de Dios, mejor creanle y veran cosas que ni siquiera pueden imaginar

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    1. ¿Podrías decirme dónde está la evidencia de que esa mente mucho más poderosa existe?

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