jueves, 6 de agosto de 2015

Las mentiras del indigenismo: a propósito de Rigoberta Menchú y Sabino Romero



El indigenismo en América Latina tiene una agenda política preestablecida: presentar a los indígenas como víctimas, y a los demás como victimarios. Y, ¿quién puede negarlo? ¿Acaso Pizarro, de la forma más vil, no obligó a Atahualpa a llenar una habitación con oro, sólo para matarlo inmediatamente después? ¿Acaso no se dio inicio a un genocidio en 1492?
            El problema, no obstante, es que cuando gente sensata coloca matices al victimismo indigenista, las reacciones son aireadas. Si hay datos inconvenientes para el maniqueísmo indigenista (indios buenos vs. blancos malos), se exige que esos datos sean suprimidos.
            El caso de la guatemalteca Rigoberta Menchú es uno de los más patéticos. Menchú fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1992, sin duda, una fecha muy propicia, pues se esperaba que el premio sirviese como símbolo de protesta en contra de la llegada de Colón cinco siglos antes.
 
            Menchú había hecho renombre con su autobiografía (escrita en colaboración con la antropólogo venezolana Elizabeth Burgos), Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. El libro causó conmoción en todo el mundo. A finales de la década de los ochenta, las universidades norteamericanas, deseosas de lavar sus culpas colonialistas, se propusieron incluir libros tercermundistas en sus programas de formación, y así, incorporaron la autobiografía de Menchú en muchos cursos universitarios. La fama de la luchadora indígena creció aún más.
            Pero entonces, años después, salieron a la luz muchas mentiras con las cuales Menchú adornó su autobiografía. El antropólogo norteamericano David Stoll hizo trabajo de campo en Guatemala, y desenmascaró varias de las mentiras de la líder indígena. Menchú alegaba, por ejemplo, que aprendió el español sólo en su adultez, porque nunca pudo ir a la escuela. En realidad, Menchú sí tuvo educación primaria. Ella alegaba que uno de sus hermanos había muerto de hambre; en realidad, ese hermano estaba vivo y coleando. También decía que ella había visto cómo su hermano fue incinerado; en realidad, ese hermano murió de un disparo, y Menchú no fue testigo.
Quizás el alegato más importante de Stoll fue que, al menos en la zona en la cual operaba Menchú, los campesinos e indígenas no apoyaban la lucha armada guerrillera. Esos indígenas estaban mejorando progresivamente sus condiciones de vida, y no les interesaba unirse a la guerrilla. Más bien, eran reclutados forzosamente, y en ocasiones, atacados por los mismos guerrilleros, para hacerles creer que estaban al acecho del gobierno.
La propia Elizabeth Burgos admitió después que Menchú inventó muchos detalles de su vida. Burgos se reunió con Menchú en París para grabar varias horas de conversación, y básicamente la labor de la antropóloga consistió en transcribir aquellas conversaciones. Años después, Burgos constató que Menchú había mentido en varias cosas. Frente a esto, los representantes del Premio Nóbel, Burgos, y el mismo Stoll, dijeron que, a pesar de las mentiras de Menchú, su labor era estimable, pues logró mostrar al mundo la cruda realidad de Guatemala.
No lo dudo. Pero, insólitamente, empezaron a pulular indigenistas y antropólogos que reprocharon a Stoll por haber revelado las mentiras de Menchú. Estos indigenistas empezaron a decir que, en la tradición oral indígena, las cosas no se cuentan tal como ocurrieron, y que es un acto de etnocentrismo que un hombre blanco occidental pretenda que los indios cuenten las cosas verazmente. Es decir, ¡a la mierda la verdad! (por parafrasear un infame libro de Gianni Vattimo, Adiós a la verdad): el indio, por el mero hecho de ser indio, puede decir algunas mentirillas, y nosotros no debemos reprocharlo.
Esto mismo está ocurriendo en Venezuela, con otro caso patético, el del cacique yukpa Sabino Romero. Este personaje fue asesinado en 2013. Los indigenistas quieren hacer de él un mártir, supuestamente asesinado por terratenientes criollos, porque el cacique era un luchador por las tierras. 
 
Es cierto que los yukpa han sufrido, y que Sabino luchó por sus derechos. Pero, el caso de su asesinato no está nada claro. Y, quienes quieren hacer de Sabino un mártir, ocultan (es decir, mienten por omisión) que, en 2009, hubo un altercado violento entre dos grupos indígenas, en el cual hubo varios muertos (todos indígenas), y las familias de las víctimas acusaron a Sabino de ser el asesino. No sabemos aún quién mató a Sabino, pero con estos antecedentes, no deberíamos descartar que no fueron los terratenientes, sino las propias familias de las víctimas de aquel altercado, quienes ordenaron su asesinato. El derecho consuetudinario de los yukpa, como tantos otros códigos jurídicos indígenas de América, está basado en la venganza; ¿sorprende, acaso, que se haya cobrado la sangre derramada con su propia sangre?
Con todo, los indigenistas prefieren fabricar mentiras. Menchú alegó que, en su adolescencia, su familia sufrió mucho por un pleito de tierras con terratenientes criollos, cuando en realidad, ese pleito era con otros aldeanos indígenas. Es mucho más conveniente para los indigenistas decir que los pleitos son entre blancos victimarios e indígenas víctimas, que admitir que entre los propios indígenas hay también matanzas. Pues bien, lo mismo podría estar ocurriendo con Sabino: la mayoría de los indigenistas prefieren hacerse la vista gorda frente al hecho de que existe la posibilidad de que la muerte del cacique yukpa sea parte de un pleito que él tenía con otros yukpas. A estos indigenistas no les interesa tanto la verdad; ellos prefieren seguir con el chantaje de los quinientos años de colonialismo, y presentar la imagen de blancos malos e indios buenos, sin importar si hay que decir alguna mentirilla



6 comentarios:

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  2. Un caso más del eterno e intocable mito del buen salvaje.

    Últimamente, por cierto, he estado aprendiendo lo extendidos que estaban los sacrificios humanos entre los pueblos precolombinos, y al parecer como un medio de persuasión conscientemente empleado por la clase dirigente (cuantos más muertos, más se afianza la conciencia de pertenecer al grupo).

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    1. Sí, en efecto, puedes ver eso en la película de Mel Gibson, "Apocalypto".

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  3. Puede que haya habido mentiras. Pero es una cretinada gigantesca que quieras aminorar o negar las barbaridades de la guerra civil. Pues el 95% de las atrocidades las cometió el ejercito y los grupos paramilitares (además si se puede decir que durante la guerra civil (o en algun momento de esta) hubo genocidio contra los pueblos indigenas de allí)
    Y todo eso no es invento mio. Lo dice la ONU, la CIDH y el informe Guatemala nunca más, del arzobispo Galteri (quien fue asesinado por su labor)

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    1. 1. Te advierto: vuelves a insultar usando la palabra "cretinada", y bloquearé cualquier comentario tuyo.
      2. Yo no he aminorado o negado las barbaridades de la guerra civil guatemalteca. Sólo he destacado las mentiras que dijo Manchú. El cretino eres tú por atribuirme posturas que no son las mías.

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