domingo, 9 de agosto de 2015

¿Está el parentesco basado en la biología?



            El altruismo fue por mucho tiempo uno de los grandes enigmas en el darwinismo. Si en la evolución hay una lucha por la existencia, ¿cómo pudieron sobrevivir los altruistas? Después de varios intentos medianamente fallidos para resolver este enigma, la solución estándar fue ofrecida por el biólogo William Hamilton. El altruismo es ventajoso en la evolución, siempre y cuando esté dirigido a parientes. El individuo altruista puede perjudicarse a sí mismo con su acción, pero favorece a parientes que llevan una mayor proporción de sus genes. Al favorecer a esos individuos, el altruista contribuye a divulgar sus genes, incluido el gen que codifica el altruismo.
 
            Así pues, Hamilton concluyó que, cuanto más genéticamente cercano es un pariente, más altruismo habrá hacia ese pariente. Y, en ese sentido, la base de las relaciones de parentesco es biológica. Discriminamos entre primos y hermanos, hijos y sobrinos, primos cercanos y primos lejanos, etc., y en función de esa discriminación, administramos nuestros altruismo.
La lógica darwinista de esta tesis es impecable. Pero, vale preguntarse, ¿realmente el parentesco está basado en la biología? ¿No hay relaciones que sean como las del parentesco, pero en la cual los individuos participantes no tengan vínculos biológicos?
En un inicio, a partir de mediados del siglo XX, hubo antropólogos que trataron de defender la tesis de que el parentesco no tiene nada que ver con la biología. El principal defensor de esta idea fue David Schneider. Según él, nosotros los occidentales tratamos de construir sistemas de parentesco basados en la biología. Pero, sería un error etnocentrista creer que la humanidad entera opera así, e incluso, no es del todo cierto que nuestros sistemas de parentesco en Occidente reposen sobre la biología.
El principal argumento de antropólogos como Schneider se basaba en el desconocimiento de la propia gente sobre asuntos biológicos. Por ejemplo, Schneider había trabajado con los nativos de la isla de Yap en el Pacífico, y descubrió que, como muchos otros melanesios, la gente en Yap no concebía la relación entre el coito y el parto. Si los padres no conocen ese hecho biológico tan elemental, se preguntaba Schneider, ¿cómo pueden actuar basándose en cálculos sobre la cercanía genética de los parientes?
Otro antropólogo, Marshall Sahlins, sostenía un argumento parecido. En muchas tribus, decía Sahlins, sólo se puede contar hasta tres, y no existen las fracciones. ¿Cómo puede un individuo calcular que comparte ½ de genes con su hijo, ¼ con su nieto, 1/12 con sus sobrinos, etc., si no cuenta con un sistema numérico para hacerlo?
Estos argumentos tienen una falla elemental. Asumen que el nepotismo en el parentesco es un proceso consciente. Pero, por supuesto, Hamilton jamás postuló eso. Las personas son más cercanas con sus hijos que con sus sobrinos, no por un cálculo predeterminado, sino sencillamente, porque sienten un impulso interno a hacerlo, sin necesidad de explicarlo teóricamente o procesarlo por la conciencia. La araña es muy eficaz en construir telarañas, ¡pero no necesita un conocimiento teórico de trigonometría!
Es también muy ingenuo asumir, como han hecho algunos antropólogos, que el parentesco no tiene bases biológicas, sencillamente porque algunos informantes así lo dicen. El mero hecho de que un nativo de Yap diga que no hay relación entre el coito y el parto no implica que, inconscientemente, este nativo actúe como si, en efecto, asumiese que no hubiese relación entre coito y parto. Puede ser que el conocimiento teórico de este hecho biológico no sea universal, pero los celos del hombre (y en menor medida de la mujer) sí es una constante universal. El hombre se siente celoso, a pesar de que no pueda razonar que, si su mujer se acuesta con otro, los hijos que él críe no llevarán sus genes.
Con todo, en algunas regiones del mundo, hay ciertas cosas que la gente hace (no meramente lo que dice), que parecieran ir en contra de la idea de que el parentesco se basa en la biología. Por ejemplo, Sahlins destaca cómo, en muchas tribus, hay sistemas de residencia patrilocal. Esto significa que, cuando una mujer se casa, se va a vivir en la aldea del esposo. Esto hace que un hombre aún no casado trabaje para los primos lejanos en su aldea, con quienes tiene un grado de cercanía genética menor que con sus propios sobrinos (los hijos de su hermana), quienes están en otra aldea, y a quienes probablemente no extenderá su altruismo.
También en Occidente pareciera haber casos que hacen dudar de la base biológica del parentesco. Por ejemplo, ¿por qué se adoptan niños, si precisamente, los niños no tienen cercanía genética con sus padres adoptivos? No obstante, aun en casos como ésos, las tesis de Hamilton son relevantes. Por ejemplo, Martin Daly y Margon Wilson hicieron un famoso estudio en el cual se documentaba que los niños tienen muchísimo más riesgo de ser abusados por padres adoptivos o padrastros, que por padres biológicos.
Los estudiosos que favorecen la tesis de Hamilton sobre el parentesco, presentan mucha evidencia confirmatoria sobre cómo favorecemos más a los individuos con quienes tenemos más cercanía genética. Pero, el problema que yo suelo ver en estos estudios, es que no son lo suficientemente transculturales. Casi todos esos estudios se hacen en sociedades modernas occidentales. Esto permite la posibilidad de que, como decía Schneider, proyectemos a la especie entera, una especificidad cultural propia de Occidente.
El sentido común nos informa que el parentesco sí está basado en la biología. La lógica darwinista respalda esta idea. Y, la observación del comportamiento de la gente en las sociedades modernas occidentales, ofrece aún más respaldo. Pero, me temo que son todavía necesarios más estudios transculturales para poder confirmar esta hipótesis.

5 comentarios:

  1. - Esta basado en la biología.Y más concretamente en la genética. La genética de poblaciones lo demuestra.

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    1. El problema, Lluís, es que hay algunos datos antropológicos que hacen dudar. Por ejemplo, tú puedes sentirte más como pariente cercano a la gente que lleva el apellido Valera, que a algún primo hermano tuyo que no lleve ese apellido. Quizás eso no ocurra tanto en España i Hispanoamérica, pero en otras culturas, sí hay más estrechez de relación enytre miembros de un mismo clan, que entre primos que, aun si son biológicamente más cercanos, pertenecen a otro clan.

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  2. Creo que en todo esto se simplifica demasiado. Es indudable que siempre hay una interacción entre lo genético y lo ambiental. Una afinidad genética puede establecer vínculos emocionales, pero sin esa afinidad pueden darse aún más fuertes si hay roce. Y al contrario: la Historia nos ofrece un rico surtido de atrocidades cometidas por padres hacia hijos biológicos y por éstos hacia aquéllos, entre hermanos, entre cuñados, para todos los gustos, y no sólo en el seno de dinastías y familias poderosas. No es necesario recurrir al mito.

    Humildemente, creo que se deberían tener más en cuenta las circunstancias particulares que llevan a las acciones altruistas o destructivas.

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    1. Es cierto que hay variantes culturales y circunstancias sociales. Pero, con todo, estadísticamente, los padrastros (y en menor medida, los padres adoptivos), tienen mucha más probabilidad de matar a sus hijos, que los padres biológicos.

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