miércoles, 19 de agosto de 2015

¿Hay lenguas superiores?

Los relativistas culturales repiten hasta la saciedad el dogma según el cual, no hay culturas mejores que otras. Un mínimo de sentido común, opino yo, debería conducirnos a rechazar esa tesis. Es sensato admitir que no tienen el mismo valor una choza y un rascacielos, un médico y un chamán. En palabras políticamente incorrectas (pero no por ello falsas) de William Henry III, “no es lo mismo poner a un hombre en la luna, que poner un hueso en tu nariz”. Sí hay culturas mejores que otras.
Ahora bien, ¿entran las lenguas en este renglón? Así como el rascacielos es más avanzado que la choza, y la medicina científica es superior al curanderismo indígena, ¿es el inglés más moderno que el wayuunaiki? ¿Es el francés más bello que el árabe? Yo diría que no. En esto, sí debo conceder un punto a los relativistas. No hay lenguas superiores.

Todas las lenguas del mundo son traducibles entre sí. Todas tienen la misma capacidad para representar los mismos conceptos. Ciertamente, algunas lenguas no tienen palabras para referirse a algunos conceptos ajenos a su cultura. Si la cultura es primitiva, no tendrá a su disposición palabras para referirse a conceptos modernos. Pero, eso no implica que la lengua sea intrínsecamente primitiva, ni tampoco que quien hable esa lengua no tenga capacidad de representar esos conceptos. Los wayúu han sido un pueblo de tecnología muy precaria, y por ende, no tienen palabras propias para referirse a la informática. Pero, nada impide a la lengua wayuunaiki, o bien apropiar términos informáticos del inglés (como de hecho, hacemos los hispanos con mouse, software, internet), o bien construir nuevos significados sobre informática, a partir de sus propias palabras.
Unos lingüistas, Sapir y Whorf, formularon la célebre teoría según la cual, el lenguaje condiciona el pensamiento. Bajo esta hipótesis, quien hable la lengua de un pueblo primitivo, pensará como primitivo, y no podrá ajustarse suficientemente bien a la mentalidad moderna. La hipótesis de Sapir y Whorf no ha resistido las pruebas, y hoy es poco aceptada por lingüistas y antropólogos. Sabemos, por ejemplo, que los chinos tienen una lengua neutra en género, pero no por ello, los chinos son menos machistas que, por ejemplo, los franceses (quienes sí hacen distinciones de género en su lengua). Lo mismo ocurre con lenguas de pueblos primitivos: tener al yanomami como lengua materna no impedirá a una persona ser un programador informático.
Quizás sí podamos admitir que, hipotéticamente, si podría haber lenguas superiores. Un viejo sueño de la filosofía (con Leibniz a la cabeza), ha sido crear un lenguaje artificial libre de ambigüedades y lógicamente construido. En ese caso, serían superiores aquellas lenguas que representen más nítidamente el mundo. En algunos aspectos, algunas lenguas se acercan más a ese lenguaje artificial ideal que otras. Por ejemplo, las lenguas sintéticas (aquellas que son más dadas a construir palabras a partir de morfemas) construyen palabras de forma un poco más lógica, y en ese sentido, podríamos admitir que sí son superiores. Pero, los lingüistas han documentado que ninguna lengua está libre de ambigüedades, giros ilógicos y demás, y de hecho, todas más o menos tienen el mismo nivel de consistencia lógica, pues si bien unas pueden ser más lógicas en algunos aspectos, son menos lógicas en otros.
Lo mismo puede decirse de la belleza. El francés suena más bello que el árabe porque, la radiante París es más bella que la caótica Bagdad. Proyectamos belleza sobre la lengua que se habla en la bella ciudad, y fealdad sobre la lengua que se habla en la ciudad fea. Pero, es muy dudoso que una lengua sea intrínsecamente más bella que otra. En la Edad Media, cuando París era una cloaca, y Bagdad la sede de un califato, muy probablemente el oyente común (que no hablara ni francés ni árabe) habría pensado que la lengua de Las mil y una noches es hermosísima y asociada a la poesía, mientras que la lengua del papa que convocó a la Cruzada es fea y asociada a la violencia.
Ahora bien, así como hemos de conceder que no hay lenguas superiores e inferiores, hemos también de reconocer que la producción cultural que se ha hecho en unas lenguas, sí es superior a la producción cultural que se ha hecho en otras. La lengua rusa no es superior a la zulú, pero vale preguntarse, junto al novelista Saul Bellow, ¿dónde está el Tolstoi de los zulúes? ¿Dónde está el Cervantes de los yukpa? Y, en ese sentido, sí me parece razonable que los sistemas educativos dediquen más atención a las lenguas que han contribuido más al avance civilizacional de la especie humana.
Conviene aprender inglés por encima del barí, no porque el inglés sea intrínsecamente más bello o más lógico que el barí, sino porque es la lengua de Darwin, Shakespeare y Newton, mientras que la cultura barí no ha parido ninguna figura que ni siquiera remotamente se acerque a esas grandes figuras anglófonas de las ciencias y las artes.

Si mis ancestros hablaron barí, ¿qué diablos me ata a la lengua de ellos? ¿Va acaso la lengua barí en mi sangre? Por supuesto que no. Yo ganaría mucho más aprendiendo inglés en vez de barí, precisamente porque las grandes obras que cultivarán mi intelecto, están escritas en inglés, y no en barí. Sólo si me aferro a una idea irracional propia del nacionalismo romántico del siglo XIX, de desear preservar la cultura de mis ancestros a toda costa, optaré por preferir aprender el barí. Pero, si en vez de asumir el nacionalismo romántico y su defensa del Volksgeist, asumo la idea racional de que conviene aprender lo más provechoso, comprenderé que, si bien no hay lenguas superiores a otras, sí hay culturas superiores a otras, y esto debería ser suficiente justificación para aprender más las lenguas de esas culturas superiores.

1 comentario:

  1. Gracias por tu comentario sobre las lenguas me ayudo mucho y tmb t doy la razon porq todas las lenguas son iguales ^^

    ResponderEliminar