martes, 2 de octubre de 2012

Mario Bunge, el psicoanálisis, y la psicología evolucionista



           La mayoría de los filósofos latinoamericanos están estancados en el nacionalismo, y obsesionados con los temas de identidad cultural, dejan de lado las verdaderas preocupaciones universales de la filosofía. Una excepción es el genial Mario Bunge. Allí donde la mayor parte de los filósofos latinoamericanos se ha contaminado del relativismo moral y epistemológico, y se ha impregnado de la jerga postmodernista, Bunge es uno de los pocos valientes que aún defiende una diferencia objetiva entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, y no queda impresionado con verborreas como “la nada nadea”.
            Una de las contribuciones más destacadas de la obra de Bunge es su criterio de demarcación entre la ciencia y la pseudociencia. Bunge no es exactamente seguidor de Popper, pero al menos comparte con éste, y en detrimento de relativistas como Kuhn y Feyerabend, la convicción de que sí existe una diferencia objetiva entre disciplinas científicas y pseudocientíficas, y que las primeras son superiores a las segundas.
            Así, lo mismo que Popper, Bunge ha formulado criterios que nos permiten saber que disciplinas como la astrología, la frenología o el feng shui no tienen asidero científico y no son dignas de credibilidad. Salvo entre los postmodernistas que odian la ciencia, nada de esto resulta controversial. Sí es un poco más controversial, no obstante, el desdén de Bunge por la economía clásica o el marxismo, a los cuales considera igualmente pseudociencias.
            Bunge se ha ganado el odio de muchos de sus compatriotas argentinos, por su denuncia del psicoanálisis como disciplina pseudocientífica. Yo más bien lo admiro por esto. Las denuncias de Bunge respecto al psicoanálisis, tienen bastante asidero. Los psicoanalistas hacen énfasis en la sexualidad infantil, pero Bunge recuerda que el impulso sexual está dirigido desde el hipotálamo, y en los niños, esta región del cerebro no está aún desarrollada. El psicoanálisis suele asumir que la mente está desconectada del cerebro (y por eso, no hace falta administrar fármacos, pues la mera palabra cura), pero Bunge recuerda que existe una relación estrecha (si acaso no de identidad) entre los eventos mentales y los eventos cerebrales.
            Con todo, me parece que Bunge ha sido excesivo en su desdén de disciplinas que no se ajustan estrictamente a sus criterios de demarcación. Pienso en especial en su oposición a la psicología evolucionista. No es mucho lo que Bunge ha escrito sobre esta disciplina, pero en algunos comentarios dispersos en breves artículos y entrevistas, Bunge considera que la psicología evolucionista tiene el mismo calibre que el psicoanálisis. Por ejemplo, con su brutal sarcasmo, propone irónicamente crear una facultad de pseudociencias en la cual se “busque el gen de la afición al fútbol”, o se trate de “explicar la última de las 10.000 religiones registradas en los EE.UU., como una adaptación al medio ambiente en el Paleolítico”.
            Esto, por supuesto, es una falacia del hombre de paja (a saber, distorsionar las posturas de los oponentes), pues la psicología evolucionista nunca ha pretendido investigar semejantes sandeces. La pretensión de la psicología evolucionista, no obstante, es sencillamente extender el razonamiento evolucionista a los rasgos mentales de la especie humana. Así como la teoría de la evolución nos permite explicar por qué somos bípedos (presumiblemente porque los bosques africanos se fueron secando y se convirtieron en sabana), también puede explicar por qué nos gustan las mujeres con senos grandes.
Obviamente, tenemos poca observación directa para verificar estos alegatos. Pero, el mismo Bunge ha señalado su oposición al positivismo intransigente, y ha admitido que podemos inferir conclusiones a partir de premisas firmes. Y, la psicología evolucionista reposa sobre premisas firmes (las mismas premisas sobre las cuales Darwin sostuvo su teoría). Pues bien, a partir de razonamientos lógicamente válidos, la psicología evolucionista llega a conclusiones bastante razonables. No descubriremos un gen para la afición al fútbol, pero quizás sí en un futuro, por ejemplo, descubriremos algún gen para la tendencia hacia la homosexualidad. Los estudios de gemelos ciertamente apuntan hacia esa dirección.
Bunge a veces también critica a Richard Dawkins (uno de los forjadores de la sociobiología y la psicología evolucionista) porque, en sus propias palabras, es más un divulgador que un científico propiamente. No deja de ser cierto que Dawkins es un gran divulgador, pero ¿acaso eso es malo? Además, si bien Dawkins ha pasado los últimos años más haciendo filmes que estudiando fenómenos, su ya clásico El gen egoísta está ampliamente documentado.
Pero, más allá de todo esto, es irónico que el mismo Bunge, en su ataque al psicoanálisis, acuda a una tesis propia de la psicología evolucionista. En su crítica al complejo de Edipo inventado por Freud, Bunge señala que la aversión al incesto no procede de un tabú impuesto por la cultura para reprimir los impulsos incestuosos, sino que, más bien, seguramente tenemos una aversión natural a aparearnos con nuestros parientes más cercanos.
El origen del tabú del incesto efectivamente ha sido intrigante entre los estudiosos. En el siglo XIX, E.B. Tylor opinaba que, si bien tenemos una inclinación natural al incesto, la cultura lo reprime, a fin de obligar a los seres humanos a buscar parejas sexuales en otros grupos, y así establecer alianzas con otros colectivos. Claude Levi Strauss formuló una teoría similar.
Bronislaw Malinowski también compartía la opinión de que tenemos una inclinación natural al incesto, pero la cultura lo prohíbe para preservar la estructura de los roles familiares, y la estabilidad de la armonía en el núcleo familiar. Freud formuló una teoría similar.
Éstas son teorías funcionales culturales para explicar el tabú del incesto. Sólo a L.H. Morgan, en el siglo XIX, se le ocurrió explorar una teoría biológica. A juicio de Morgan, el hombre primitivo pronto comprendió que el incesto trae consigo el riesgo de malformaciones genéticas, y por eso lo prohibió. La teoría de Morgan ha sido criticada, en buena medida porque sobreestima las capacidades intelectuales de los hombres primitivos. Y, además, como el mismo Malinowski documentó, en algunos pueblos, no se conoce la relación entre el coito y el parto, pero con todo, se prohíbe el incesto.
No obstante, la teoría de que el tabú del incesto existe para prevenir malformaciones genéticas es plausible. Pero, en vez de asumir que el hombre primitivo hizo un descubrimiento, es más razonable postular que tenemos una aversión innata al incesto. En el Paleolítico, aquellos grupos humanos que tuvieran una aversión natural al incesto sobrevivieron en mayor proporción que aquellos que sí practicaban el incesto. Pues, el incesto trae malformaciones genéticas (procedentes de la acumulación de genes recesivos que sólo pueden sobrevivir bajo esta forma, pues de lo contrario ya habrían desaparecido), y así, aquellos grupos que lo practican, van desapareciendo.
El antropólogo Edward Westermarck formuló esta teoría. Según él, estamos condicionados a rechazar sexualmente a aquellos con quienes nos criamos desde niños. Y, curiosamente, Bunge cita frecuentemente a Westermarck, para refutar la pretensión psicoanalítica de que los niños desean (en vez de rechazan) sexualmente a sus parientes cercanos. De hecho, las teorías de Westermarck no tuvieron evidencia contundente a su favor en un inicio, pero recientemente, se ha verificado que, en los kibutz, las parejas conformadas por esposos no criados juntos desde la infancia son más duraderas y sexualmente activas que las parejas criadas desde la infancia. La misma tendencia se ha observado en estudios en Taiwán.
Lo irónico es que Bunge parece pasar por alto que las tesis de Westermarck son pioneras de la sociobiología, y que buena parte de la psicología evolucionista no hace más que extender el razonamiento de Westermarck para explicar otros rasgos mentales. Westermarck asumió que la aversión al incesto no es meramente un producto cultural, sino que tiene una base innata. Westermarck no habló propiamente en estos términos, pero es presumible que, si la aversión al incesto es innata, está codificada en algún filamento del ADN. En otras palabras, hay un gen para el tabú del incesto.
Así pues, Bunge debería preguntarse: si existe un gen para la aversión al incesto, ¿por qué no puede existir un gen para la creencia en Dios o el gusto por la actividad lúdica? Quizás sería ir demasiado lejos el pretender que haya, en palabras de Bunge, “un gen para la afición al fútbol”. Pero, los primatólogos nos informan que todas las especies primates incorporan alguna forma de juego. En virtud de nuestro parentesco genético con los primates, es razonable asumir que estos gustos por el juego tienen una base genética.
Me parece que Bunge debería ser más condescendiente con esta disciplina que promete mucho. Ciertamente, la psicología evolucionista tiene el riesgo de ser infalseable. Fenómenos tan dispares como las huelgas generales, las guerras atómicas, o incluso los sueños, podrían terminar explicándose como adaptaciones naturales dadas las condiciones de nuestros ancestros en el Paleolítico, y así, existe el peligro de que no sea concebible ningún contraejemplo para refutar estas tesis. Pero, a diferencia del psicoanálisis, la psicología evolucionista sí parte de premisas razonables, y sí cuenta con datos empíricos que la respaldan.
Además, en oposición a Popper, el mismo Bunge siempre ha defendido la idea de que el principal criterio de demarcación no es propiamente la capacidad de una teoría para ser falseada, sino su coherencia con otros datos firmemente establecidos. Así, por ejemplo, el psicoanálisis contradice el dato seguro de que la sexualidad infantil es prácticamente nula, pues el hipotálamo no está plenamente desarrollado. Pero, precisamente, la psicología evolucionista es coherente con datos muy firmes. Si aceptamos la teoría de la evolución, debemos llegar a la conclusión de que la selección natural no sólo ha moldeado los rasgos físicos de nuestra especie, sino también los rasgos mentales (en realidad, esta diferencia entre lo físico y lo mental no existe, en virtud de la identidad de la mente con el cerebro, pero es difícil prescindir de ella en el lenguaje ordinario). Por ello, bajo el mismo criterio de Bunge, me parece que el psicoanálisis obviamente es desechable, pero la psicología evolucionista no lo es. Ojalá el maestro Bunge considere esto.    

18 comentarios:

  1. Magnifico post Gabriel. Hace poco que he descubierto tu blog y parece que me va a ofrecer mucho. Soy un catalán de Barcelona, a punto de leer tu libro, 'la inmortalidad ¡vaya timo!' y de la misma colección me interesa el de Bunge sobre las pseudociencias. Como el año que viene seré oficialmente psicólogo, me agrada que el Sr. Bunge critique tanto el psicoanálisis, pero como tú, me sorprende su crítica al Sr. Dawkins, uno de los divulgadores que más placer y conocimiento me ha aportado en mi limitada experiencia en libros científicos. Con tu post me ha quedado más claro el alcance de la crítica. Por cierto, podrías recomendar algún libro de Bunge que te parezca adecuado para iniciarse en su pensamiento. Gracias.

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    1. Gracias, David. Felicidades por tu venidero título de psicología. El libro estándar para iniciarse con la lectura de Bunge es "La ciencia, su método y su filosofía". Es el libro más leído de él, y el más sencillo de todos. Si quieres algo un poco más elaborado y denso, yo te recomiendo su "Buscar la filosofía en las ciencias sociales".

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  2. Gracias por la recomendación, lo compraré cuando lo vuelvan a editar en España, creo que la editorial Laetoli lo está haciendo. Antes tengo que terminar tu libro.

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  3. Muy bueno tu blog Gabriel, y muy de acuerdo con lo que decìs. Te cuento que soy argentino y que estudio psicologìa, con lo cual estoy acostumbrado a vivir un ambiente en el que se respira anticientificismo, y en donde Bunge es poco apreciado, fundamentalmente por los psicoanalistas (que aùn predominan en mi paìs, obstaculizando la recepciòn y el desarrollo de psicologìas cientìficas). Yo admiro mucho la obra de Mario Bunge. Sin embargo, a veces me parece que se execede en sus crìticas, fundamentalmente con su estilo mordaz y contundente, y a veces hasta irònico. Personalmente, no estoy de acuerdo con que se enseñe psicoanàlisis en las Universidades como acontece en mi paìs (esto es, como teorìa estructurante de la formaciòn curricular del futuro psicòlogo -salvo unas pocas excepciones-), pues se trata de un marco teòrico anticuado y fràgil desde un punto de vista epistemològico. (Digamoslo asì: muy reñido en contra de los hechos, poco fèrtil para abordar nuevas problemàticas, y poco efectivo desde un punto de vista pragmàtico). Con todo, no lo equipararìa con la astrologìa, de la misma manera en que no equipararìa a las fìsicas aristotèlicas o newtonianas con visiones cosnmològicas religiosas. (Una cosa es tener fragilidades epistemològicas, y otra cosa es proceder mediante el pensamiento màgico). Con respecto a la psicologìa evolucionista es, como vos decìs, un campo muy prometedor. A mì, particularmente, me preocupa que esta nueva propuesta se asocie con los puntos de vista de divulgadores como Richard Dawkins. La verdad es que no conozco la faceta cientìfica (si es que la hay) del profesor Dawkins. Màs bien los libros que he leìdo presentan consideraciones de tipo filosòfico antes que contenidos cientìficos. Otro ha sido el impacto que me han producido las lecturas de E. O. Wilson, desgraciadamente menos divulgado (en Internet) que Dawkins, Dennett y compañìa. Siento que en los libros de Wilson se encuentra de fondo la investigaciòn cientìfica que èl mismo ha llevado a cabo, con lo cual no encuentro a sus afirmaciones como simples afirmaciones, carentes de asidero factual. Te cuento que mi interès es poder dedicarme, al menos en mi faceta investigativa, a lo relacionado con la psicologìa evolucionista. Por lo que he podido consultar, una de las crìticas que suele hacerse a algunos de sus teòricos es, precisamente, el haber adoptado una visiòn demasiado cesgada respecto de los tipos de selecciòn y variaciòn, y de los niveles en los que operan. Otro punto tiene que ver las dificultades que implica el trasladar los mètodos de la biologìa evolucionista al terreno de la psicologìa: porque, por ejemplo, el conocimiento que tenemos respecto de las condiciones evolutivas de nuestra especie es muy incompleto, lo cual dificulta el determinar si ciertos tipos de comportamientos se encuentran condicionados por nuestra informaciòn genètica, o si màs bien son el resultado de la exposiciòn ambiental. De todas formas, estoy convencido de la potencialidad de la psicologìa evolucionista, siempre que opere a partir de la crìtica, a la vez que pueda dar cuenta de los hechos descritos y predichos por otros enfoques teòricos. Saludos desde la Argentina, Camilo

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    1. Hola Camilus, gracias por tu mensaje. Dawkins sí ha hecho investigación científica; en buena medida extendió los análisis matemáticos de Hamilton al estudio del altruismo. Tienes plena razón cuando dices que Wilson merece más atención. Respecto a cuánta influencia ejercen nuestros genes, ciertamente es difícil precisarla. Pero, los estudios de gemelos ha abierto la puerta para postular la hipótesis de que, en muchos rasgos psicológicos, los genes definitivamente desempeñan un papel, sino determinante, al menos sí condicionante. Sigamos en contacto; estuve hace un mes en la UBA, en la facultad de ciencias sociales. Me lamenté de ver elogios a muchos postmodernistas anti-científicos...

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    2. Segùn tengo entendido la U.B.A. es "el" bastiòn del psicoanàlisis lacaniano en Argentina (y por ende, del posmodernismo como epstemologìa de la psicologìa). Yo estudio en San Luis, donde a partir del 4 año tenès la opciòn de elegir entre una orientaciòn psicoanalìtica, o una orientaciòn Cognitivo/Conductual. Con respecto a lo que me contàs de Dawkins, me sigue generando el mismo prejuicio: esto es, tendrìa que consultar sus investigaciones; pero de todas formas me cuesta ver el aporte de un modelo formal para el estudio del comportamiento de un organismo. Digo esto, porque en youtube encontrè un video en el que hablan Dawkins y el primatòlogo Frans de Waal, y allì encontrè que mientras que Dawkins insistìa con sus postulados teòricos, de Waal (quien de hecho a estudiado empìricamente el comportamiento social de los primates) discrepaba con algunos de sus puntos de vista; entonces Dawkins insistìa con hipòtesis ad hoc. Al menos èsa es la impresiòn que me diò el video. Por otra parte, con respecto a los niveles de variaciòn y selecciòn me refiero, precisamente, a el "locus" en el que opera la selecciòn natural (o la deriva genètica). En efecto, existen teorìas alternativas al modelo propuesto por Richard Dawkins; por ejemplo, la teorìa de la selecciòn multinivel, que sostiene que hay selecciòn a distintos niveles: "entre los fragmentos de ARN en la 'sopa primordial' durante la etapa del inicio de la vida', entre los fragmentos de ADN y entre los cromosomas dentro de las cèlulas, entre las partes de los organismos dentro de los organismos, entre los organismos dentro de poblaciones, entre poblaciones dentro de comunidades, entre especies dentro de especies de grupos de especies competidoras, y finalmente entre clados" (Manuel Soler, Evoluciòn: la base de la biologìa). Asì, desde esta perspectiva se entiende que pueda haber conflicto entre aspectos seleccionados en un nivel, pero que son desfavorecidos en otro; todo lo cual me da la impresiòn de dar mejor cuenta de la complejidad con la que uno se encuentra a la hora de realizar el estudio del comportamiento de un organismo. A mì, particularmente, me llaman atenciòn aquellos comportamientos que son "seleccionados" por el ambiente durante la vida del individuo (ontogènesis), pero por condiciones que carecen de la uniformidad necesaria como para afectar la evoluciòn de la especie (filogènesis). (v.gr: un comportamiento como la escritura). En sìntesis, lo que quiero señalar es que la psicologìa evolucionista, como modelo teòrico, no tiene por què adoptar un ùnico modelo de selecciòn natural. Màs aùn, considero que los estudios en psicologìa evolucionista, en tanto que implican el estudio de una de las poblaciones màs extendidas sobre la faz del planeta, tal vez puedan darnos un mejor conocimiento sobre la naturaleza de la selecciòn natural, y sobre los distintos tipos de selecciòn implicados en el comportamiento de una especie de organismos tan complejos como el homo sapiens. Por ùltimo, quisiera señalar que no es mi intenciòn subestimar los aportes de las ciencias formales. Simplemente, no quiero tampoco sobreestimarlos. En efecto, considero que darle el rango de estudio cientìfico sin màs, a un estudio formal, nos llevarìa nuevamente a la silogìstica aristotèlica, en desmedro del Noveum Organum de Francis Bacon, y de todo lo que se ha logrado en adelante.

      Pd: Uno de los aspectos que màs me ha gustado del blog es la crìtica a los enfoques posmodernistas. Aquì dejo el link de un escrito en el que yo mismo, con mis limitaciones, he intentado hacer lo propio: http://www.blogphilosophicus.blogspot.com.ar/2012/05/on-zaratustra.html

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    3. Gracias Camilus, voy a echarle un vistazo a tu blog. Respecto a los diferentes niveles de selección, como sabrás, es un tema muy debatido. Yo no estoy muy seguro de que la selección natural pueda operar en niveles superiores al individuo (como, por ejemplo, la selección grupal), pero E.O. Wilson y otros han documentado ejemplos donde sí funciona de esa forma.

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    4. Muy bueno su blog Andrade, me voy a pasar unos días chusmeándolo, y para Camilo, Veo que eres de mi tierra, San Luis, iré a ver tu Blog, el mío no trata de ciencias, ni filosofía, aunque desde siempre he sido un entusiasta lector de ambas disciplinas. El nuestro es www.solidaridadynegocios.blogspot.com.ar Me pondré en contacto contigo. Saludos.

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    5. Gracias. No he ido a san Luis, pero sí a la bella Buenos Aires. Un saludo...

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  4. Saludos y muy buen blog por cierto. Que Bunge se oponga a la psicologìa evolutiva es porque se basa en muchas premisas poco científicas de divulgadores como Dawkisn y ciertamente Dawkins de científico es más bien poco. De hecho, Bunge resalta su función de divulgador, que considera conveniente y muy importante, pero critica su foribundo ataque contra la religión y que sus estudios son más especulativos que científicos. Por cierto, Bunge molesta e incomoda al hablar y expresarse, porque sabe tanto que hasta intimida (tuve la suerte de ver un livestream de una de sus conferencias y créanme cuando oí sus respuestas casi tenía pánico, el miedo que tienes cuando alguien habla sobre tí una verdad muy obvia que no quiers aceptar). En todo caso, la psicología evolutiva está en pañales, lo consideraría una proto-ciencia más que pseudo-ciencia.

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    1. Gracias por tu comentario. Yo sí creo que Dawkins tiene críticas muy pertinentes a las creencias religiosas. Pero, en todo caso, como bien dices, la psicología evolucionosta aún está en pañales, y habrá que esperar y ver...

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  5. Invito a visitar el blog poniendoalsistemanervioso.blogspot.com.ar

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  6. Me parece muy convincente todo lo que dices, Gabriel. Como señalas, la evolución es un hecho, está ahí, y no podemos, aunque quisiéramos, prescindir de ella para comprender nuestra anatomía, nuestra fisiología y, como parte de ellas, nuestra mente. Supongo que el problema de verificar las tesis de la psicología evolucionista reside en la dificultad o imposibilidad de realizar experimentos sistemáticos, por ejemplo con gemelos.

    A propósito del "gen del fútbol", por cierto, humildemente opino que no sería descabellado pensar no exactamente en ello, pero sí en un gen que predisponga a vivir, observar y emular la competición, gen que podría explicar la escasa aceptación de ese deporte por parte de las mujeres, en general. Reconozco que esto es especulación, pero no pura especulación, porque incluso si esa escasa aceptación fuera un hecho cultural, ésta podría estar condicionada por la biología, como a menudo sucede (pensemos en los juguetes y los roles de los niños y las niñas al respecto).

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    1. Es cierto. Gad Saad, un psicólogo evolucionista, ha estudiado cómo en todas las culturas del mundo, los niños juegan con juguetes bélicos a ser guerreros, mientras que las niñas juegan con muñecas a ser madres. Esta universalidad permite pensar que todo esto ha de tener una base biológica.

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  7. Y yo añadiría -aunque viene a ser lo mismo- el tipo de conversaciones que mantienen entre sí los hombres, por un lado, y las mujeres, por otro: a los primeros, en general, nos encanta hablar de la táctica empleada por un equipo, de si el entrenador dispondrá dos atacantes, si reforzará la defensa, etc. (todo un trasunto de la estrategia militar); las segundas, por el contrario, prefieren conversar sobre programas del corazón. Esto lo veo claramente en mi trabajo, entre centenares de alumnos que, en contra de lo que se suele decir, siguen reproduciendo fielmente esos roles sexuales.

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  8. Me gustó tu artículo. Bunge mismo habla de que la psicología evolucionista bien puede verse como una protociencia "secuestrada" por divulgadores fantasistas (según él, como Pinker, Dennett y Dawkins), y es por eso que este proyecto estaría "en riesgo".

    Otro autor igual de interesante, que también está bien metido en el problema de demarcación, pero que también lanza críticas a la psicología evolucionista porque sus afirmaciones parecen ser demasiado especulativas e infalsables, es Massimo Pigliucci. Te recomendaría leer, pero creo que ya lo habrá leído alguna vez, así que más que otra cosa, me gustaría saber tu opinión sobre los argumentos de Pigliucci.

    Saludos desde Jalisco.

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    1. Yo opino que Bunge debe reconsiderar su oposición a la psicología evolunista. Pero, sí entiendo que hay un peligro de abusar de esta disciplina. Por ejemplo, en una ocasión, una psicólogo dijo que a los niños varones les gusta el azul, porque en el Paleolítico los hombres necesitaban ver el cielo para saber cuándo ir a cazar; a las niñas hembras les gusta el rosado, porque en el Paleolítico, buscaban fruta fresca para darle a las crías. Hoy sabemos que, antes del siglo XIX, el rosado era un color masculino y el azul un color femenino, de forma tal que esta tesis es claramente errónea. Esto es un ejemplo de cómo es fácil abusar de esto, y hacer de la psicología evolucionista una teoría no falseable, compuesta por "just so stories", e hipótesis ad hoc.
      Sí sé quién es Massimo Pigliucci, pero no he leído gran cosa de él. Espero hacerlo pronto.
      Gracias, estuve en Guadalajara hace unos años, me gustó mucho.

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  9. hola gabriel andrade muy interesante tu articulo . te quería decir que en la universidad mas prestigiosa de mi país (la universidad nacional de Colombia) en psicología en el curriculum se dan sendos cursos de teoría psicoanaltica... que piensas de otras trolas como la sexologia y otras psicologías populares que a mi en verdad me dejan extrañado.

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