martes, 9 de junio de 2015

La gesta de Bolívar y el derrocamiento de dictadores árabes



            Durante la Guerra Fría, prevaleció en las relaciones internacionales aquello que yo suelo llamar “fundamentalismo sobernaista”: se aceptaba la idea, procedente del tratado de Westphalia en el siglo XVII, de que cada país es soberano, y ninguno puede entrometerse en los asuntos de otro.
Esto empezó a cambiar con los grandes genocidios y limpiezas étnicas de finales del siglo XX, especialmente las tragedias de Rwanda y Bosnia. El consenso internacional empezó a comprender que es tremendamente irresponsable abandonar a cada país a su propia suerte. Y, poco a poco, los políticos empezaron a aceptar la idea de que, en casos de extrema urgencia, puede intervenirse militarmente en los asuntos internos de otros países. Si un dictador se dispone a masacrar a su propio pueblo, quizás si haya justificación para organizar una intervención militar y derrocar a ese dictador.

Con todo, se mantuvo mucha cautela. Se insistió en la necesidad de calcular bien las consecuencias de cada intervención militar. Pues, una intervención militar podría empeorar las cosas. Ciertamente hay dictadores sanguinarios; pero estos dictadores a veces son hábiles en mantener el orden, y su derrocamiento puede causar estragos aún peores. Si se va a derrocar a un dictador para evitar una matanza que se dispone a hacer, pero luego, resulta ser que esa intervención militar deja más muertos aún, o el derrocamiento del dictador crea más violencia de la que se pretendió evitar, entonces es mejor no intervenir.
Así, mucha gente está de acuerdo en que Saddam Hussein y Muamar Gadaffi fueron dictadores brutales. Pero, se alega, tanto en Irak como en Libia, estos dictadores ofrecían estabilidad. Y, a la larga, su derrocamiento por parte de potencias occidentales, empeoró las cosas. Ambos países ahora son terreno fértil para grupos yijadistas que, claramente, son peores que lo que había antes. Y, deberíamos tener esto presente a la hora de considerar el caso de Siria: aun si Bashar Al Assad sigue utilizando armas químicas, conviene no derrocarlo, pues la alternativa es peor. En palabras de un comentarista español que recientemente escuché: “es irresponsable la forma en que Occidente dio una patada al avispero”.
Este tipo de argumentos es frecuentemente invocado por la izquierda latinoamericana. Yo simpatizo con estos argumentos. Pero, si hemos de ser consistentes, este tipo de argumentos también deberían aplicarse para reprochar a Bolívar y los próceres de la independencia, que tantas veces son idolatrados por los izquierdistas latinoamericanos. De hecho, sirve para reprochar a la abrumadora mayoría de los procesos de liberación colonial en América y África.
El imperio español era, como las dictaduras de Libia, Irak, y Siria, un régimen atroz. Bolívar instigó el levantamiento en armas para combatir la tiranía. Pero, en tanto imperio, España ya tenía montada una estructura administrativa, y aun con su tiranía, mantenía orden. Bolívar logró la expulsión del poder imperial español, pero aquello fue también una patada a un avispero. Pues, una revisión sensata a nuestra historia revela que, el siglo que siguió a la independencia, fue peor que los siglos previos de dominio colonial.
Del mismo modo en que distintas facciones hoy se disputan el poder en Irak tras la caída de Saddam, cuando España se retiró de sus colonias, empezó una feroz lucha entre caudillos criollos que condujeron a varios países hispanoamericanos a un estado continuo de guerras. Venezuela vivió varias de estas guerras, bastante cruentas, y no fue sino hasta el ascenso de un dictador fuerte, Gómez, cuando finalmente cesó el caos del caudillismo. En otros países hispanoamericanos, la historia fue bastante similar.

Alguna gente trata de exculpar a Bolívar alegando que el caudillismo se desarrolló después de su gesta, y que por eso, no podemos atribuirle responsabilidad. Pero, lo mismo vale para Bush: el Estado Islámico en Irak surgió después de la invasión norteamericana, cuando ya Bush no era presidente. Pero, un mínimo de sensatez debería conducirnos a admitir que Bush es responsable, en tanto debió haber previsto con mayor cuidado cuál sería la consecuencia de su decisión. Pues bien, del mismo modo, Bolívar debió haber previsto que, al derrumbarse el imperio español, habría una lucha encarnizada para suplantar ese vacío, y que eso dejaría las cosas aún peor.
En realidad, yo no estoy tan dispuesto a criticar a Bolívar en esto, y creo que su gesta fue meritoria. Pero, insisto, si estamos dispuestos a hacer esto, entonces debemos abrirnos a la posibilidad de que las intervenciones militares que derrocan dictadores, y luego se convierten en pesadillas, no son tan reprochables. Sí, es cierto que, si Bashar Al Assad cae, seguramente Siria se volverá mucho peor de lo que ya es. Pero, ¿implica eso que deben dejarse las cosas tal como están, incluso si el dictador sirio sigue usando armas químicas? Yo no estoy tan dispuesto a aceptar eso. Algunas acciones militares, aun si dejan las cosas peor, pueden ser moralmente aceptables.

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