jueves, 13 de junio de 2013

El libro de Rut frente al nacionalismo de sangre



            La Biblia consta de pasajes aburridísimos, pero también tiene historias muy entretenidas. La historia contenida en el libro de Rut está a medio camino. No es el bodrio de las leyes del Levítico, pero tampoco es una historia llena de intrigas, como suele ser el ciclo de los patriarcas en el Génesis. Pero, más allá de sus méritos o desméritos literarios, el libro de Rut resulta muy interesante por su representación de temas nacionalistas y cosmopolitas.
 
            Rut narra la historia del israelita Elimelec, quien en vista de una hambruna, viaja a la tierra de Moab con su esposa y dos hijos. Allí, Elimelec muere, y sus hijos se casan con dos mujeres moabitas. Después, los hijos también mueren. Noemí, la esposa de Elimelec, insta a sus nueras a regresar con sus familias en Moab. Una de esas nueras, Orfa, regresa; pero la otra, Rut, prefiere seguir a Noemí y asentarse en Belén, una ciudad de los israelitas. En Belén, el israelita Booz accede a casarse con Rut para dar cumplimiento a la ley del levirato (según la cual, al morir un israelita sin dejar descendencia, el pariente más cercano debe casarse e impregnar a la viuda).
            Hubo en el antiguo Israel una tensión religiosa que se representa a lo largo de la Biblia hebrea: ¿es Yahvé sólo el Dios de los israelitas, o del universo entero? Todo parece indicar que, en las fases iniciales de la religión israelita, Yahvé era apenas un dios tribal que exigía culto exclusivo a su pueblo, pero no se negaba la existencia de otros dioses. No obstante, eventualmente el monoteísmo se impuso, y así, Yahvé dejó de ser un mero dios tribal, y se constituyó como amo y señor del universo. No sólo los judíos, sino todos los pueblos del mundo han de rendirle culto.
            Esto tuvo una correspondencia con la ideología política. A lo largo de la Biblia hebrea hay textos agresivamente nacionalistas, los cuales representan a los vecinos de Israel en los peores términos; éstos son los textos que corresponden más con la noción de Yahvé como dios tribal. Pero, hay también en la Biblia hebrea textos más universalistas, en los cuales sí hay la disposición para extender el mensaje religioso a los gentiles; estos textos tienen más correspondencia con la noción de Yahvé como amo y señor del universo.
            Rut forma parte de los textos más inclinados hacia el universalismo. Los israelitas y los moabitas estuvieron en guerra continuamente. Pero, Rut se esfuerza en presentar a una mujer moabita virtuosa, fiel a su suegra aún en tiempos difíciles. En el siglo XX, los nazis trataron de representar a los judíos como una raza con atributos biológicos especiales. Bajo esta ideología, un judío, aun si se convirtiera al cristianismo, no podría de ser judío, pues su identidad estaría definida por sus rasgos biológicos; y presumiblemente, lo inverso también sería cierto: un no judío no podría convertirse en judío aún si acepta la religión, pues el ser judío es una identidad racial, no religiosa.
En el siglo XIX apareció la idea racista de que los rasgos culturales corresponden con los rasgos biológicos: bajo esta noción, un niño negro criado en Londres nunca podría ser un gentleman, porque tiene un impedimento biológico. Pero, en el siglo XXI, muchos de los supuestos activistas contra el racismo también participan de esta ideología: para ellos, la gente de color debe conservar las costumbres culturales de sus ancestros, pues de lo contrario, estarían traicionando a su raza, con lo cual se asume que, de nuevo, unos rasgos biológicos deben coincidir con unos rasgos culturales.
Los antiguos israelitas nunca se concibieron de esa forma, y Rut precisamente hace énfasis en la idea de que cualquier persona, sin importar sus rasgos biológicos, tiene la capacidad de asimilarse a este o aquel grupo. Rut ofrece una lección cosmopolita. Lo relevante en la identidad no es la sangre o las características esencialistas de una persona, sino sus costumbres. El pueblo de Israel da la bienvenida a aquellos que se quieran incorporar, y no hay ningún impedimento biológico para ello.
Desafortunadamente, la lección del libro de Rut no siempre ha sido bien asimilada por los mismos judíos. Cuando los judíos regresaron del exilio de Babilonia, Esdras prohibió enfáticamente a los judíos casarse con mujeres extranjeras, y así, dio impulso nuevamente al agresivo nacionalismo que venía menguando con la asimilación del monoteísmo. Allí donde el libro de Rut celebra el matrimonio entre israelitas y extranjeros, el libro de Esdras lo censura. Y, lamentablemente, hoy persiste en la comunidad judía el sectarismo que presiona a sus miembros a casarse sólo con judíos.
            Parece, entonces, que el libro de Rut no les resulta tan relevante a estos nacionalistas judíos. Con todo, estos nacionalistas podrán alegar que, siempre y cuando la persona no judía se convierta, el matrimonio es aceptable. Rut eventualmente se asimiló al pueblo de Israel, pero tuvo una suerte de conversión. Lo mismo, entonces, aplica a los no judíos: no hay un impedimento biológico para que los no judíos se casen y se incorporen al pueblo de Israel, pero deben abandonar su antigua religión y convertirse en judíos.
            Este argumento podría ser más aceptable. Pero, con todo, sigue exhibiendo un tufo nacionalista. ¿Por qué ha de consumarse el matrimonio sólo entre miembros de una misma religión o nación? El principal temor de los judíos que se oponen al matrimonio inter-religioso es la asimilación y la pérdida de la identidad judía, pero, ¿acaso no perdió Rut su identidad moabita al seguir a Noemí? ¿Dónde está el gran daño de la asimilación, en abandonar una identidad para asumir otra? Es profundamente opresivo reprimir el amor de una pareja por el puro afán de mantener la pureza cultural y evitar la asimilación.
            Y, en todo caso, es igualmente preocupante la forma en que muchos grupos tratan de responder a la pregunta “¿quién es judío?”. Si bien es un asunto debatido entre los propios judíos, la respuesta convencional que persiste hoy es que el hijo de madre judía sigue siendo judío, sin importar si continúa o no las prácticas religiosas o incluso la identidad étnica. Esto asume, como hicieron las leyes de Nuremberg, que el ser judío está constituido por una sustancia biológica que se transmite de madre a hijo, y que independientemente de los rasgos culturales de una persona, sus rasgos biológicos lo definen como tal. El holocausto en buena medida fue propiciado por la idea de que los judíos son una raza. Ya desde el libro de Rut se ha perfilado la idea de que la identidad israelita no estaba constituida biológicamente. Pero, al pretender definir a la identidad judía con un criterio biológico (“hijo de madre judía, es judío”), los rabinos contemporáneos irónicamente se alejan del libro de Rut, y se acercan al criterio nazi.

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