sábado, 4 de febrero de 2017

Mitos sobre los templarios: viajes a Escocia y América

Una teoría conspiranoica fue la responsable de la desaparición de los templarios. Pero, esto fue apenas la punta del iceberg. Pues, después de la ejecución de Jacques de Molay, los conspiranoicos han seguido inventando tonterías sobre la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón. Los conspiranoicos no desean aceptar que los templarios ya no existen pues, entonces, ¿a quién culparían de estar tramando nuevas conspiraciones?
            Así pues, el mayor mito en torno a los templarios es que esta orden sigue existiendo, pero de forma mucho más secreta. Ciertamente, la purga del 13 de octubre de 1307 no acabó definitivamente con los templarios. La orden de arresto que emitió Felipe IV sólo tuvo efecto en Francia. Pero, había templarios en otros lugares de Europa. Por ejemplo, en Portugal, en el siglo XII la reina Teresa les concedió tierras a cambio de servicio militar en su lucha contra los moros. Cuando la orden fue suprimida por Clemente V, el rey Dionisio I de Portugal investigó el asunto, y tras corroborar que los templarios eran inocentes de lo que se les acusaba, sencillamente hizo que los templarios portugueses se unieran a una nueva orden, la Orden de Cristo. Algo parecido ocurrió en España: los templarios eran un valioso recurso militar en la Reconquista, y el rey Jaime II de Aragón, asimiló a los templarios españoles a la Orden de Montesa.

            Pero, los conspiranoicos alegan más. Según una teoría, los templarios ya tenían noticia de que Felipe ordenaría su detención, y así, se anticiparon a mudarse, llevándose consigo sus riquezas. En los interrogatorios a los templarios, uno llegó a decir que un tal Gerard de Villiers, logró escapar con cincuenta caballos y dieciocho barcos. Es muy dudoso que esto haya ocurrido. Felipe orquestó muy bien la purga, y si bien algún templario pudo haber escapado solitariamente, no es plausible que se pudiera haber organizado una fuga masiva de templarios, con tantos barcos y cabellos.
Supuestamente, estos templarios llegaron a Escocia, llevándose consigo los tesoros que tenían acumulados en Francia. Según una teoría difundida, pero sin ninguna base histórica, los templarios participaron en la batalla de Bannockburn en 1314 (el mismo año que murió Jacques de Molay). En esta batalla, el rey escocés Roberto I venció a los ingleses, y aseguró la independencia escocesa. Supuestamente, quinientos aguerridos templarios aparecieron para decidir la batalla a favor de los escoceses; en agradecimiento, Roberto les ofreció protección, y así, Escocia se convirtió en un bastión templario después de su desaparición formal en Francia.
Como en todas estas teorías alternativas, la evidencia que se presenta a favor de estas hipótesis son muy escuetas, y constan de vagos paralelismos entre símbolos, que pretenden atar cabos sueltos. En Escocia, cerca de Edimburgo, hay una capilla, la de Rosslyn, que supuestamente fue construida por los templarios, y conserva toda clase de símbolos templarios. La cronología no favorece mucho a los conspiranoicos, pues esta iglesia fue construida en 1446, más de un siglo después de la muerte de Jacques de Molay.
Pero, más allá de eso, la vinculación de esa capilla con símbolos templarios es muy débil, y sólo la mente conspiranoica puede atar cabos tan sueltos. En esa capilla hay un caballero enterrado, Henri Sinclair (en realidad hubo varios Henri Sinclair, y no sabemos cuál, precisamente, es el que está enterrado ahí), y se alega que él era templario, a pesar de que no hay indicios de esto. Es cierto que en la capilla hay misteriosas inscripciones talladas sobre las paredes, pero es un error asumir gratuitamente que esas inscripciones son símbolos templarios; pueden tratarse de muchos otros símbolos extraños, como tantos abundan en la arquitectura medieval europea.
Los conspiranoicos dicen también que la capilla de Rosslyn tiene unas columnas huecas y unos sótanos que, supuestamente, esconden los tesoros que los templarios se llevaron a Escocia. Ciertamente esos sótanos existen, pero son criptas funerarias. Ahí no hay tesoros, sólo cadáveres sepultados, como era costumbre en muchísimas otras iglesias europeas.
Es verdad que, tras la detención de los templarios, el rey Felipe entró en la ciudadela de los templarios en París, y dijo haberse sorprendido al no encontrar riquezas. En realidad, la mayor parte de las riquezas templarias eran tierras, y no propiamente liquidez monetaria. Con todo, los templarios sí tenían algún tesoro en metal. ¿A dónde fue a parar, entonces? Lo más probable es que Felipe se lo hubiese apropiado, y fiel a su carácter ruin, dijera que no encontró nada, para evadir las sospechas de la opinión pública.
¿Cómo acumularon tantas riquezas los templarios? A decir verdad, no hay nada misterioso en esto. En una época de expansión económica y militar en Europa, los templarios aprovecharon la ocasión para inventar la letra de cambio. Su buena organización le ganó la confianza de muchos nobles, y así, recibieron muchas donaciones.
Pero, para el conspiranoico, esto no es suficiente; tiene que haber explicaciones alternativas de su riqueza. Una teoría conspiranoica es que los templarios viajaron a América, ahí explotaron las minas de plata, y con eso, acumularon tesoros. Para asegurar su monopolio de aquellas minas, mantuvieron esos viajes en secreto. ¿En qué se basan los conspiranoicos para hacer semejantes alegatos? Como siempre, en evidencia muy débil y en cabos atados muy forzadamente.
En la mitología azteca se habla de un dios blanco que venía del Este. Los conspiranoicos asumen que se trataba de un templario. Pero, por supuesto, asumen eso sin base. Ese mito, que posiblemente esté vinculado con la leyenda del regreso del dios Quetzalcóatl, es más antiguo que la aparición de la orden templaria.
En la capilla de Rosslyn hay unas tallas de piedra que, dicen los conspiranoicos, representan mazorcas de maíz. El maíz es oriundo de América, y supuestamente, eso es señal de que los templarios estuvieron en América y construyeron esa capilla. Pero, de nuevo, todo esto es halado por los pelos. Esas tallas de piedra podrían parecer mazorcas de maíz, pero también podrían ser flores o espigas de otro tipo. Una vez más, los conspiranoicos ven lo que quieren ver, y ajustan la evidencia a sus ideas preconcebidas.
Se ha hablado mucho de una torre con forma redonda, ubicada en el estado de Rhode Island, en EE.UU. Según los conspiranoicos, esa torre forma parte de las ruinas de una iglesia de estilo arquitectónico medieval, del tipo que construían los templarios. Pero, de nuevo, todo esto consiste en tener una idea preconcebida en la mente, y ver lo que se quiere ver. En realidad, la torre es un molino de viento, construida en 1675, por el primer gobernador de Rhode Island.
Y, en la localidad de Westford, en el estado de Massachusetts, hay una piedra que, supuestamente, representa a un caballero templario. La imagen ciertamente es antigua, pero parece tratarse de una formación natural que, más recientemente, ha sido retocada por algún artista, precisamente para dar la impresión de que se trata de un caballero.
Quizás el dato más curioso respecto a una conexión de los templarios con América es el hecho de que los templarios operaban en el puerto de La Rochelle, en la costa atlántica francesa. Si su procedencia era Jerusalén, y habían hecho conexiones en el Mediterráneo, ¿por qué tendrían una base en la costa atlántica? ¿Servía ese puerto como punto de embarque hacia América? No necesariamente. Los templarios sí tenían barcos, pero ninguno con capacidad trasatlántica. Operaban en el puerto de La Rochelle, sencillamente porque tenían negocios a lo largo de la costa atlántica francesa. Su principal puerto siempre fue Marsella, en el Mediterráneo.
Los templarios, vale decir, no son los únicos protagonistas de teorías disparatadas sobre contactos entre europeos y americanos antes de Colón. Desde el propio momento en que llegaron los españoles al Nuevo Mundo, se tuvo la idea de que los indígenas eran alguna tribu perdida de Israel. Los mormones dicen que una tribu judía escapó al exilio babilónico y llegó a poblar América, en el siglo VI antes de nuestra era.
En clave más conspiranoica, hay quien dice que otros pueblos, mucho más avanzados que los europeos, llegaron a América primero que Colón, pero que la malvada civilización occidental esconde esta información. Así, por ejemplo, los afrocentristas dicen que los egipcios son los ancestros de los olmecas. Los nacionalistas chinos dicen que el navegante Zheng He llegó a América en 1421, y Enrique Dussel, un filósofo mexicano obsesionado con reducir la importancia de Europa en la historia de la humanidad, se ha encargado de promover esta teoría en el mundo hispano. Como cabría esperar, nada de esto tiene respaldo empírico.

Todas esas teorías aventuradas tienen un trasfondo religioso o político que hace dudar mucho de su veracidad. La única teoría plausible, libre de sesgos religiosos o políticos, es aquella que postula que el vikingo Leif Erikson pudo haber llegado a América en el siglo XI, y al respecto, aún sigue habiendo debate. En el entretiempo, es más seguro seguir postulando que Colón fue el primer europeo en llegar al Nuevo Mundo.

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