lunes, 20 de febrero de 2017

La obsesión conspiranoica con los Rothschild

            En la Edad Media, a los judíos se les trató de degradar de muchas formas. En Alemania, fueron muy populares los judensau, imágenes de cerdos amamantando judíos. La imagen buscaba ser especialmente ofensiva, pues en la religión judía, el cerdo es un animal impuro. Hoy es raro ya encontrar este tipo de cosas entre los conspiranoicos antisemitas, aunque ocasionalmente, se encuentran personas simplonas que creen que, en efecto, los judíos tienen algunos rasgos porcinos.
            En nuestra época, no obstante, persiste un estereotipo antisemita medieval muy poderoso: los judíos son avaros que controlan y manipulan las finanzas. En la Edad Media, los gremios no aceptaban a los judíos como miembros. En la sociedad feudal medieval, la actividad más prestigiosa estaba asociada a la guerra, la agricultura y la artesanía, y en ninguna de ellas, los judíos tenían representación.

            Frente a esta discriminación, los judíos tuvieron que acudir al desempeño de labores que, por motivos religiosos, los cristianos no querían hacer. Así, se desempeñaron como banqueros. La Iglesia prohibía la usura. En principio, el judaísmo también prohíbe la usura, pero los judíos medievales favorecieron una lectura flexible de sus escrituras en este aspecto, y así, terminaron desempeñándose como prestamistas y banqueros.
            Esta circunstancia histórica permitió a algunos judíos crecer en poder monetario, aunque nunca propiamente en poder político, pues en la sociedad medieval precapitalista, tener mucho dinero no era garantía de tener poder político. A medida que los judíos se hacían acreedores, y muchos cristianos sus deudores, surgió el estereotipo del judío avaro e inescrupuloso que no trabaja y no produce nada, pero que se enriquece con la especulación financiera y la explotación de la gente honesta. Hay muchos ejemplos literarios de esto, pero quizás el más famoso es el personaje Shylock, en El mercader de Venecia, de Shakespeare, un judío tan avaro que, si no le pagan su deuda, está dispuesta a cobrar así sea la propia carne del cuerpo de su deudor.
            A medida que la revolución industrial avanzaba y el capitalismo se expandía, muchos anticapitalistas en Europa dirigían su mirada crítica contra los judíos. El propio Karl Marx, quien era descendiente de judíos, escribió un famoso libro, La cuestión judía, en el cual criticaba a los judíos de ser especuladores y enriquecerse a expensas del trabajo de los demás.
            A decir verdad, los judíos nunca fueron un poder financiero dominante en Europa. En casi todas las ciudades europeas, los judíos vivían arrinconados en los guetos, sin mucha posibilidad de prosperar económicamente. Pero, sí es cierto que en el siglo XIX, una familia judía originalmente empobrecida, alcanzó niveles impresionantes de riqueza: los Rothschild. En sus teorías, los conspiranoicos se deleitan con esta familia.
            El primer Rothschild de fama fue Mayer, oriundo de un barrio empobrecido de Frankfurt. Meyer hizo amistad con un noble, el landgrave Guillermo, a quien le ofrecía servicios de contabilidad. Según los conspiranoicos, en vista de que los ejércitos de Napoleón se acercaban, Guillermo dio a Mayer toda su fortuna, a fin de que la resguardara, enviándosela a uno de sus hijos en Londres (Mayer había enviado a sus hijos a establecerse en varias capitales europeas). Esto es falso. Guillermo sólo dio a Mayer unos documentos importantes, pero sin valor económico.
            Con todo, sí es cierto que los Rothschild cultivaron una fortuna, a partir del cobro de comisiones que ganaban por la administración de los fondos de Guillermo. Según otra teoría conspiranoica muy difundida, los Rothschild hicieron su gran fortuna con una gran manipulación financiera. En Londres, habían invertido en los bonos de la guerra del ejército británico que se enfrentaba a Napoleón. Supuestamente, el propio Nathan Rothschild (hijo de Mayer) estuvo presente en la batalla de Waterloo, y al conocer su resultado, viajó a toda prisa a Londres. Ahí, antes de que llegaran las noticias oficiales de lo ocurrido en Waterloo, vendió sus bonos, con la expectativa de hacerle creer a los otros brokers de la bolsa de Londres, que esos bonos se devaluarían. En efecto, los otros brokers vendieron sus bonos a un precio muy barato, y Nathan inmediatamente los compró. Cuando llegaron las noticias de Waterloo, esos precios se revalorizaron, y así, los Rothschild consiguieron la enorme fortuna que persiste hasta hoy.
            Esta historia es una verdad a medias. La historia se remonta a un panfleto propagandístico antisemita de 1846, de muy escasa credibilidad. Es cierto que Rothschild tuvo un conocimiento anticipado del resultado de Waterloo debido a la comunicación con algún mensajero privado, y compró bonos que luego se revalorizaron tremendamente. Pero, es falso que él mismo estuviera en Waterloo; también es falso que él vendiera sus bonos para hacer creer a los otros brokers que los ejércitos británicos habían sido derrotados.
            Los conspiranoicos alegan que los Rothschild han financiado todas las guerras desde Napoleón, tanto a los perdedores como a los ganadores. La teoría es contradictoria: ¿no dicen los propios conspiranoicos que los Rothschild consiguieron su fortuna después de la batalla de Waterloo (la última de Napoleón)?
            Ciertamente, los Rothschild participaron en prácticas que hoy, sobre todo en la izquierda, mucha gente consideraría moralmente repugnantes. Pero, los Rothschild fueron apenas una entre muchas familias que, en el siglo XIX, forjaron el capitalismo, en ausencia de regulaciones estatales. Es cierto que, en algún momento, llegaron a ser la familia más rica de Europa. Pero, ya para la Primera Guerra Mundial, los Rothschild habían dejado de ser la dinastía de magnates que habían sido en décadas previas. Y, además, para mediados del siglo XX, los Rothschild ya habían dejado de ser una familia propiamente unificada, pues había cientos de descendientes dispersos en actividades laborales de muy diversa índole.
            Algunos conspiranoicos acusan a los Rothschild de haber financiado el ascenso de Hitler. Nunca queda claro qué ganarían los Rothschild con haber financiado el ascenso de un dictador que confiscó las propiedades de los propios Rothschild en Austria, y que éstos nunca lograron recuperar. En fechas más recientes, se ha dicho que el abuelo de Hitler era un Rothschild, y de ahí viene el interés de los magnates judíos en financiar al dictador. Algunos historiadores serios han planteado la posibilidad de que Hitler sí tuviera algún ancestro judío, pero no los Rothschild. El padre de Adolf Hitler, Alois, era un hijo ilegítimo. Y, en vista de que, por encima de él, no se conoce su línea genealógica, eso permite a los conspiranoicos especular sobre el supuesto parentesco con los Rothschild. No hay absolutamente ninguna evidencia que respalde este alegato.
También los conspiranoicos acusan a los Rothschild de haber financiado el sionismo y la creación del Estado de Israel. De nuevo, no hay evidencia de esto. Más bien, el propio padre fundador del sionismo, Theodor Herzl, era un socialista que no mostraba muchas simpatías por los Rothschild y sus enormes riquezas. Y, los Rothschild nunca fueron especialmente religiosos, ni tampoco eran muy celosos de su identidad étnica judía. Varios de los descendientes de los Rothschild se casaron con cristianas, y casi ninguno tuvo interés en el sionismo.
A Nathan Rotschild se le atribuye una frase que los conspiranoicos se toman muy en serio: “No me importa cuál títere se coloque en el trono de Inglaterra para gobernar el imperio donde el sol nunca se pone. Quien controle la oferta monetaria de Gran Bretaña controla el imperio británico, y yo controlo la oferta monetaria británica”. A partir de eso, los conspiranoicos alegan que los Rothschild controlan la banca internacional, y ellos son quienes realmente gobiernan el mundo tras las sombras del poder. Ellos son los que deciden las tasas de interés y el tamaño de la masa monetaria en casi todos los países del mundo, y con eso, nos controlan. Desde el siglo XIX, ha habido caricaturas de algún Rothschild (o de algún judío no especificado) como un pulpo, cuyos tentáculos cubren el globo terráqueo.
Lo cierto es que Nathan Rothschild nunca pronunció esa frase. La frase en cuestión es una distorsión malintencionada de un comentario mucho más moderado y parco que aparentemente hizo Rothschild: “dadme el control de la oferta monetaria de un país, y no me importará quién haga las leyes”. En realidad, ni siquiera es seguro que Rothschild pronunciara esa frase, pues es una cita indirecta de alguien que, supuestamente, se la escuchó decir.
Ciertamente, al considerar las proporciones, los judíos tienen más representación en el poder financiero que otros grupos étnicos o religiosos. Pero, eso está muy lejos de cómo presentan las cosas los conspiranoicos. Casi todos los países del mundo tienen bancos centrales nacionalizados, cuyas decisiones (entre ellas, el tamaño de la masa monetaria), a la larga, son tomadas por los propios gobiernos. En algunos países, los banqueros privados pueden formar parte del comité que toma decisiones respecto a los bancos centrales. Los Rothschild han participado en algunos de estos comités, pero nunca mayoritariamente.

Los Rothschild hicieron fortuna en Europa el siglo XIX. El fundador de la dinastía, Mayer, se aseguró de que sus hijos se establecieran en varias ciudades europeas. Pero, los Rothschild nunca se establecieron en EE.UU. A medida que el poder financiero internacional giró hacia EE.UU., los Rothschild fueron perdiendo poder monetario, y hoy son un clan privilegiado, pero de ningún modo están al nivel de Bill Gates o Carlos Slim.

La revista Forbes, que suele publicar listas de las personas más ricas del mundo, sólo ha incluido ocasionalmente a algún Rothschild. Como es de esperar, frente a esto, algún conspiranoico siempre saca el argumento ad hoc: los Rothschild están en componenda con Forbes para que no hagan pública su fortuna. Así, una vez más, para el conspiranoico, la ausencia de evidencia es evidencia en sí misma. Lo cierto es que, si no fuera por el hecho de que son judíos, seguramente los conspiranoicos no se fijaran en los Rothschild, pues dejaron de ser influyentes hace mucho tiempo ya. La obsesión conspiranoica con esta familia en buena medida no es más que una continuidad de los estereotipos antisemitas que se han cultivado desde la Edad Media.

3 comentarios:

  1. Hoy día hay una transposición de ese mito. El lugar de los reyes lo toman los gobernantes democráticamente elegidos y el lugar de los judíos hoy lo toman los mercados. Mientras prestan dinero todo va bien, cuando sube el interés o cierran el grifo del dinero se dice que la deuda es ilegítima o que la política está subordinada a los mercados. El estereotipo permanece.

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  2. Una pequeña acotación al respecto. Ellos si tuvieron que ver con la creación del estado de Israel mas precisamente con la declaración de Balfour, este video de Jacob desde su palacio (no soy muy partidario de compartir videos como fuentes pero es corto y es testimonio directo) lo evidencia.
    https://www.youtube.com/watch?v=pk0kPt_CB80

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