sábado, 25 de febrero de 2017

La conspiranoia antisemita en Argentina

En el mundo hispano, Juan Tusquets fue quien más procuró popularizar Los protocolos de los sabios de Sion (el texto antisemita que atribuye a los judíos toda clase de perversidades políticas), pues preparó una edición en lengua castellana. Esto contribuyó a que, en España, Franco se obsesionara con la supuesta conspiración judeomasónica. Pero a decir verdad, en España nunca se ofrecieron detalles concretos sobre qué tramaban los judíos. En cambio, al otro lado del Atlántico, en Argentina, Los protocolos de los sabios de Sion sí dieron pie a una teoría conspiranoica más concreta, la del Plan Andinia.
             En 1894, la prensa francesa había acusado a un oficial judío, Alfred Dreyfus, de haber vendido secretos militares a los alemanes. Dreyfus fue procesado y encarcelado. Pero, pronto se hizo evidente que la acusación contra Dreyfus era injusta, y que sus acusadores se habían dejado atrapar por la conspiranoia antisemita. Puesto que varios intelectuales salieron en defensa de Dreyfus, en la opinión pública francesa creció aún más la conspiranoia, pues se alegaba que los judíos estaban confabulados con los progresistas para destruir a Francia. Al final, hubo un nuevo juicio en 1896, que volvió a condenar a Dreyfus, pero el presidente francés intervino y emitió un perdón oficial.

            El caso de Dreyfus generó gran conmoción en toda Europa, pues colocaba en evidencia la vulnerabilidad de los judíos. Preocupado por esta cuestión, en ese ínterin, un judío suizo, Theodor Herzl, organizó un proyecto de reubicar a los judíos del mundo en un nuevo Estado en el cual fueran mayoría. Nació así el sionismo. Los sionistas al final propusieron establecerse en Palestina, y eso eventualmente dio pie a las guerras con los árabes, en el conflicto que perdura hasta hoy.
            Pero, originalmente, Herzl había contemplado la idea de que los sionistas pudieran comprar tierras en la Patagonia, para establecer ahí comunidades agrarias, y quizás, conformar un futuro Estado judío. Si bien hubo algunas migraciones de judíos a Argentina, el proyecto de Herzl en Argentina nunca se concretó, y una vez que los sionistas se concentraron en migrar a Palestina, se abandonó la idea.
            En Argentina, no obstante, circulaba Los protocolos de los sabios de Sion, y varios gobiernos autoritarios y dictatoriales siempre coquetearon con simpatías nazis. En 1971, el conspiranoico Walter Beveraggi publicó un panfleto detallando el Plan Andinia, el supuesto complot vigente de los judíos para apoderarse de la Patagonia, y anexarla a Israel. Las dictaduras militares argentinas se obsesionaron con ese tema, y persiguieron a varios judíos argentinos por colaborar con el supuesto Plan Andinia. El periodista judío Jacobo Timerman fue sometido a sesiones de tortura, durante las cuales, se le preguntó muchas veces sobre el Plan Andinia. El plan en cuestión sólo existía en la mente conspiranoica de los torturadores.
            El antisemitismo en Argentina dio pie a otras teorías de conspiración, en las que aparece un hijo de Timerman, Héctor Timerman. En 1994, hubo un ataque terrorista en Buenos Aires, en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA); el saldo fue más de ochenta muertos y centenares de heridos. A medida que las investigaciones progresaban, todo indicaba que funcionarios iraníes estaban detrás de aquello. Desde los días de la revolución islámica, ha habido en Irán una obsesión antisemita, y el gobierno ha organizado varios ataques a objetivos judíos en el mundo.
            Aparentemente, el gobierno de Carlos Ménem había iniciado un proyecto de cooperación nuclear con Irán, pero ante la presión de EE.UU., se canceló el proyecto. Los iraníes decidieron responder, atacando un objetivo argentino, y además, judío; se mataban así dos pájaros de un tiro.
            En las investigaciones del caso hubo mucha corrupción en Argentina. Según parece, el propio Ménem fue cómplice, si no del ataque propiamente, al menos sí de la protección de algunos argentinos que participaron en el complot. De acuerdo a esta teoría, Ménem había tenido relaciones con los iraníes desde mucho antes de llegar a la presidencia, e hizo todo lo posible por protegerlos en la investigación posterior al ataque terrorista, a cambio de una cuantiosa compensación monetaria en su cuenta personal.
            Irán no cooperaba con la justicia argentina, y se negaba a entregar a los acusados. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a través de Héctor Timerman, cambió de estrategia. Kirchner buscó una conciliación con Irán, llegando al siguiente acuerdo: los investigadores argentinos irían a Irán a interrogar a los sospechosos. El acuerdo fue muy impopular en el pueblo argentino, pero se mantuvo.
            El fiscal Alberto Nisman (un judío) investigó este acuerdo, y llegó a la conclusión de que Kirchner había hecho esa maniobra, para sacar beneficios comerciales con Irán y estrechar una nueva alianza política con ese país, traicionando a los familiares de las víctimas del ataque a la AMIA. El acuerdo, según Nisman, ya de antemano establecía secretamente que se exculparía a los iraníes acusados.

Nisman se proponía consignar las pruebas de su investigación, pero apareció muerto con un tiro en la cabeza el 18 de enero de 2015. Aparentemente, fue un suicidio. La propia Cristina Kirchner dijo que Nisman se había suicidado, en un remordimiento de conciencia por haber inventado una falsa teoría de conspiración. La mayoría de los argentinos piensan que la propia Kirchner ordenó su muerte.
            Pronto se hizo muy evidente que Nisman no se suicidó. En su mano no había restos de pólvora (lo que cabría esperar cuando alguien dispara un arma). Kirchner a toda prisa cambió su versión sobre la muerte de Nisman, y ahora decía que el fiscal efectivamente fue asesinado. Pero, según Kirchner, fue asesinado por los opositores a ella, para desprestigiarla. Los defensores de Kirchner dicen que los autores del asesinato de Nisman fueron la CIA y el Mossad: una alianza entre norteamericanos e israelíes para aplastar a un gobierno de izquierda.

            El caso Nisman es muy escabroso, y yo no me atrevería a dar un veredicto final, pues seguramente, con un acontecimiento tan reciente, hay muchas cosas que aún no sabemos. Pero, el historial de antisemitismo en la política argentina, el cambio de versiones de Kirchner respecto a la muerte del fiscal, y la constante intención del gobierno de Kirchner de acercarse a Irán, son fuertes indicios de que, como mínimo, deberíamos sospechar de la expresidenta argentina.

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