domingo, 4 de agosto de 2013

El mercadeo del ateísmo



            En el siglo XXI, el proselitismo religioso depende cada vez menos de la apologética, y cada vez más del mercadeo. Las iglesias no se llenan tanto porque los feligreses hayan leído detenidamente el Nuevo testamento y tras un proceso deductivo han llegado a la conclusión de que Jesús es Dios encarnado, o porque los feligreses hayan vivido un momento de iluminación espiritual. Se llenan más porque las iglesias ofrecen la experiencia religiosa como una mercancía industrializada que hace sentir bien al feligrés. Pesa más lo pegajoso de la música cristiana o la espectacularidad del juego de luces en un evento, que la coherencia de las doctrinas o, incluso, el trabajo de asistencia social de cada congregación.
 
            La religión se ha adaptado al capitalismo en la salvación de las almas. Y, así, ha tenido que industrializarse para sobrevivir la feroz competencia. Pues, como nunca antes, la globalización ha propiciado un supermercado de religiones, y la competencia puede ser fiera.  La religión vende un producto más, y para llegar a las masas, debe seguir la misma estrategia de McDonalds, Nike o Macintosh. La clave está en el mercadeo. El adolescente que compra unos zapatos Nike lo hace, no propiamente por la calidad del calzado, sino porque el logo de la mercancía le permite desarrollar una identidad, un sentido de pertenencia con el grupo de consumidores que, como él, compra zapatillas de esa marca, y no otra.
            Pues bien, cada vez más, el mercadeo religioso instrumenta este principio. Se trata de vender la fe, no tanto presentando los típicos argumentos apologéticos de cada religión, sino más bien apelando al sentido de identidad y pertenencia de cada religión. Y, para potenciar este sentido de identidad, la religión debe hacer algo parecido a las grandes corporaciones capitalistas: promover mercancías complementarias que sirvan como complemento de la identidad. El Real Madrid, por ejemplo, ha dejado de ser un mero equipo de fútbol, y se ha convertido en una marca que vende toda suerte de mercancías con su logo, y además, promueve espectáculos que no son estrictamente partidos de fútbol. Pues bien, la religión se ve en la necesidad de hacer algo parecido: continuamente produce mercancías que incentiven la identidad religiosa.
            Por mucho tiempo, el catolicismo fue rey en este mercadeo religioso, con su culto a las reliquias. Pero, desde mediados del siglo XX, el capitalismo impuso el concepto de lo ‘hip’ y lo ‘cool’, los cuales tienen una íntima conexión con el hedonismo, o al menos, con el sentirse bien. El catolicismo no ha sido muy exitoso en hacer sentir bien a la gente y ser ‘cool’, y en ese sentido, las mercancías religiosas han tenido que ajustarse a los tiempos capitalistas. Las religiones deben ahora mercadear productos estéticamente alineados con la estética capitalista.
            Las iglesias evangélicas son las nuevas maestras en esto. Originalmente en EE.UU. (pero ahora en expansión en América Latina y Asia), hacia finales del siglo XX surgieron las llamadas ‘mega-iglesias’, edificios más parecidos a centros comerciales que a iglesias, las cuales organizan eventos más parecidos a conciertos de rock que servicios religiosos. Los evangélicos han exhibido un tremendo genio publicitario al infiltrar la cultura pop, sus medios de comunicación y sus técnicas de mercadeo, para hacer proselitismo religioso.
            Algunos evangélicos más conservadores han quedado preocupados por la posibilidad de que este mercadeo masivo persiga cantidad, pero no calidad. Cristo encomendó la gran misión de divulgar su palabra por el mundo entero, pero, ¿a qué costo? Las mega-iglesias presentan una versión muy light del cristianismo (rara vez se habla de doctrinas complejas en estos eventos), y si bien el mercadeo de efectos especiales, música pegajosa y calcomanías con eslóganes chistosos puede atraer a las masas, los más conservadores dudan de que ésta haya sido la intención original de Cristo. De hecho, muchos líderes evangélicos consideran que el materialismo incentivado por el mercadeo capitalista es incompatible con el mensaje espiritual cristiano, y que en ese sentido, las estrategias de proselitismo al estilo de las “mega-iglesias” son más bien perjudiciales a la causa cristiana.
            Pues bien, me parece que los ateos y agnósticos enfrentamos el mismo problema. Después de todo, el ateísmo (y el agnosticismo) es una marca más en el supermercado de las religiones, y está sujeto a la misma competencia que el catolicismo o el Islam. Hasta la década de los 2000, el ateísmo fue fundamentalmente una doctrina de élite intelectual, especialmente tras el fracaso soviético de intentar imponerla por la fuerza a las masas. Gracias a la labor de autores como Daniel Dennett y Sam Harris, el ateísmo recobró cierta fuerza. Y, Richard Dawkins y sus aliados, comprendieron que el capitalismo es mucho más eficiente que el comunismo estatal en la promoción de ideas a la sociedad de masas. Así, optaron por divulgar masivamente el ateísmo mediante estrategias de mercadeo.
            Dawkins ideó la campaña de “salir del clóset”, y para ello, acudió a los viejos trucos publicitarios de diseñar un logo, hacerlo lucir “cool” en camisas, promover publicidad atea con eslóganes pegajosos y astutos (varios de los cuales circulan en avisos sobre autobuses en ciudades europeas), etc.
            Este tipo de estrategias puede resultar contraproducente. Dawkins es un campeón de la racionalidad. Pero, al incentivar el ateísmo mediante estrategias de mercadeo, se puede estar invitando a la gente a dejar de aceptar la existencia de Dios, más por lo ‘cool’ del bigote de Nietzsche o la camiseta con la “A” de “ateísmo”, que por la improbabilidad de que exista un creador omnipotente del universo. Si al final, el ateísmo depende demasiado de las estrategias de mercadeo, habrá apelado más a la manipulación de las emociones, que al rigor lógico de sus argumentos.
 
            En la competencia propiciada por el mercado de las religiones, no se puede renunciar a los trucos sucios, pues en ese caso, la batalla estará perdida. Si los evangélicos desarrollan “mega-iglesias”, los ateos y agnósticos tendremos que intentar presentar una alternativa igualmente “cool”. Pero, no debemos perder de vista que, la intención del movimiento ateo y agnóstico no es hacer sentir bien a la gente, sino hacerlas pensar críticamente.

12 comentarios:

  1. Pero la actividad de Dawkins y en general de los escépticos es fundamentalmente pedagógica. Nunca se han apartado de ella, por mucho marketing que hayan podido emplear (necesario, en todo caso, si se quiere llegar a un público que no sea previamente escéptico).

    Por otro lado, yo creo que sí puede formar parte del cometido del escepticismo hacer sentir bien a la gente, aunque NO A TODA, y es en este punto yo donde en mi opinión se equivoca Dawkins, quien al menos en las conferencias y documentales que he visto y en los libros que he leído parece convencido de que no creer en Dios puede resultar maravilloso a cualquier persona, sea cual sea su situación vital. Quiero decir: los que disponemos de abundante comida, aire acondicionado, televisor, dos ordenadores, automóvil y mucho tiempo libre podemos permitirnos el lujo de buscar un consuelo en el intelecto, porque ya esta vida nos depara una felicidad moderada o al menos bienestar, pero veo muy difícil que un paria de Calcuta o un siervo del Medievo no se vea obligado a abrazar desesperadamente cualquier fe con tal de darle un poco de solaz a su alma.

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    1. Exactamente. Yo admiro mucho a Dawkins, pero como tú, creo que se equivoca en negar la función social de la religión a la hora de ofrecer consuelo.

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  2. ¿Rigor lógico en Dawkins?, Mmm...
    Rebobinemos un poco, en la Antigüedad, en el hermoso y simétrico universo de Aristóteles, todo tenía su lugar: los elementos pesados, en el centro (la Tierra); los más ligeros, progresivamente hacia fuera, y, por encima de la Luna, el éter, puro, sin mezcla de otros elementos y por eso inmutable, que se extendía hasta la esfera de las estrellas.
    ¿Qué había más allá? Aristóteles, que por algo es el padre de la lógica, entendía muy bien las paradojas del infinito, y las evitó audazmente postulando que la respuesta es nada: ni siquiera espacio.
    ¿Dónde estaba Dios entonces? En otro plano diferente. Dios era el motor inmóvil, necesario para evitar otro infinito: el de la regresión inacabable de las causas. Tiene que haber una causa última, incausada: Dios. Pero esta causa no es material.
    Podemos entender mejor la solución de Aristóteles si la comparamos con la solución similar que dio al problema del alma. Para algunos filósofos griegos, el alma era algo material. Los atomistas, por ejemplo, la creían formada por unos átomos especiales, singularmente sutiles. Aristóteles, sin embargo, entendió que lo que define a los seres no es sólo su materia, sino cómo se organiza ésta. A este principio organizativo lo llamó forma. Todos los seres son compuestos de forma y materia, pero la forma no es parte del universo material. El alma es una forma, y ese plano no material de las formas es también el propio de Dios.
    No todo el mundo tenía la sofisticación filosófica de Aristóteles, y durante toda la Edad Media fue corriente situar a Dios en un lugar físico, más allá de la esfera de las estrellas. Cuando Copérnico, Kepler y Galileo hicieron saltar en pedazos las esferas, ese Dios ingenuo perdió su hogar y hubo algún desconcierto. Pero afortunadamente, bastaba con volverse a Aristóteles para que todo quedara claro.
    Lo que resulta curioso es que Aristóteles, tan cuidadoso en evitar los infinitos en el espacio y en las cadenas de causas y razonamientos, no viera un problema en el tiempo: su cosmos es eterno. Quizá la diferencia está en que experimentamos el tiempo de manera muy diferente al espacio. Podemos viajar en el espacio, y por eso su infinito es más dañino, es un infinito “actual”. No podemos viajar en el tiempo, por eso su infinito no tiene efectos prácticos, es sólo “potencial”. O quizá, en el caso del tiempo, a la repulsión por el infinito la vencía otro principio aún más básico: que de la nada nada se hace. Por eso el cosmos de Aristóteles no ha sido creado y sólo puede ser eterno. Dios se limita a mantenerlo.
    El caso es que cuando el cristianismo concibió un universo creado, y por tanto el tiempo dejó de ser una línea (infinita) para convertirse en un segmento (con un comienzo y un final), surgió la posibilidad de ubicar a Dios fuera de ese segmento. En la Edad Media, se le ponía antes del comienzo temporal (creación) y también después del final (juicio final). Pero esto, que resulta tan natural, no deja de ser la misma ingenuidad que le ponía fuera de los límites espaciales, en un cielo por encima de las esferas.
    Si Aristóteles hubiera considerado un tiempo finito, sin duda hubiera propuesto la misma solución que propuso para los límites espaciales: que antes del comienzo y después del final no hay nada, ni siquiera tiempo. Esta es precisamente la visión de la cosmología contemporánea, para la que no hay tiempo antes del Big Bang. De modo que no cabe situar a Dios antes del comienzo temporal, creándolo todo en t = 0. Igual que estaba fuera del espacio, tiene que estar fuera del tiempo. Fuera del espacio-tiempo, diríamos hoy: en otro plano, manteniendo al mundo.
    Desgraciadamente, no fue así, y cuando la revolución científica rompió las esferas y se abandonó la visión ingenua medieval sobre la posición espacial de Dios, se mantuvo la visión ingenua en cuanto a la posición temporal.
    Ese Dios ingenuo, que ya Aristóteles habría rechazado, es el que ahora, como una gran novedad, viene a refutar Dawkins: cosas que pasan cuando no se lee.


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    1. No entiendo cuál es tu objeción a Dawkins.

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    2. En que, según lo que yo entendí (tal vez me equivoque), Dawkins quiere desmontar una visión de Dios muy pobre e ingenua de Dios (que por cierto y para su beneficio, es la que tienen una considerable parte de los creyentes), al menos para los entendidos en la materia (teólogos, aunque tengo que admitir que algunos son bien lelos), y gracias a eso se la esta dando de intelectual, según lo que yo veo, su postura aparte de derribar la religión, derriba también el 95% de la filosofía, por mi parte, no veo que se arme mucho escándalo (ni por parte de Dawkins ni por parte de nadie) sobre las cosas (falsas y, hasta cierto punto, ridículas) que la gente promedio cree sobre la ciencia, que el núcleo del átomo está diferenciado en protones y neutrones (solo existen fuera del núcleo), que tiene electrones girando alrededor de ellos y otras cosas mas.

      Repito, es una apreciación personal, de todas maneras la posición de Dawkins me parece muy extremista, conozco a ateos mas afables que él y que no ven a los creyentes como sub-humanos que hay que... adoctrinar para sacarlos de su ignorancia, perdón, pero creo que eso ya lo escuche.

      Ahora bien, lo siguiente es una apreciación también personal, no la pongo como argumento porque seria algo como una falacia de autoridad, pero me llama mucho la atención el hecho de que la gran mayoría de gente que ponen a la Ciencia como argumento contra la Religión (y cosas parecidas) sea gente que precisamente... ¡no son científicos!, o no se dedican al área, es cierto que también los hay, un ejemplo evidente es Dawkins, pero en general son una minoría (dentro la gran minoría que son los científicos), y los que son ateos viven tranquilos sin el deseo (implícito) de tumbar catedrales:

      http://www.fayerwayer.com/2012/12/peter-higgs-critica-a-richard-dawkins-por-su-postura-ante-el-fundamentalismo-religioso/

      Y eso que queda aun Freeman Dyson, H. Allen Orr (este último es biólogo) y otros mas, pero como dije, es una curiosidad mía, me pregunto porque sera...

      PD: Me gusto mucho el post sobre la existencia de Jesús y los de la política en Venezuela, a pesar de esta discrepancia (con Dawkins) yo sufro del socialismo bananero, vivo en Bolivia y aquí se lo justifica con indigenismo, es mas, hace poco el vicepresidente de aquí dijo que el mestizaje no es una identidad cultural y... bueh, no lo voy a molestar con mis penas, saludos.

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  3. Otra cosa que llama mi atención, y tiene ya algo que ver con el post, es una campaña de Dawkins con buses en Europa, si bien es un poco vieja la noticia:

    http://www.telegraph.co.uk/news/religion/3229106/Prof-Richard-Dawkins-drives-support-for-Londons-first-atheist-bus-advert.html

    hay algunas observaciones muy interesantes respecto a aquella campaña de Dawkins:

    1) El enunciado de la campaña sugiere que no creer en Dios nos hará más felices (There's probably no God. Now stop worrying and enjoy your life). Eso, aparte de ser empíricamente falso (recuerdo varias encuestas que demuestran lo contrario) es un contrasentido desde los propios presupuestos “racionalistas” de la campaña. Si la religión existe, según ese planteamiento, es porque es un consuelo ante la incertidumbre y el sufrimiento. Entonces, ¿por qué privarnos de ese consuelo nos va a permitir disfrutar más de la vida? Aquí parece haber un cortocircuito con otra argumentación antirreligiosa, la que se basa en “lo malos que son los curas, siempre prohibiendo todo lo que da placer”. Esto demuestra una confusión conceptual considerable.

    2) En el fondo, esa confusión es afín a otra, la que mantiene el gurú de la campaña, Richard Dawkins. Para un biólogo evolutivo no tiene ningún sentido hacer campaña contra un rasgo que obviamente tiene un valor adaptativo, puesto que virtualmente todas las culturas creen en algún tipo de dios (en realidad, para alguien con las ideas extremas que tiene Dawkins no debería tener sentido hacer ninguna campaña de ningún tipo, porque no hay ninguna instancia superior en nombre de la que hacerla: la única filosofía coherente para él sería una especie de Nietzscheanismo biológico). Ya sé que en El espejismo de Dios mantiene que ahora la religión no tiene valor adaptativo, pero la verdad, no entiendo por qué.

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    1. No veo dónde está la confusión conceptual en postular que la religión es motivo de ansiedad, y que se puede vivir más tranquilamente sin religión.
      Dawkins alega que la religión es un resultado colateral de otras adapatciones, pero no es una adapatción en sí misma. No veo dónde está lo objetable en su postura.

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  4. Lo último, Dawkins reduce al absurdo el argumento del diseño de esta manera:

    (a) Lo complejo es más improbable que lo simple
    (b) Dios sería infinitamente complejo
    (c) Por tanto, Dios es infinitamente improbable.

    Esto sería una refutación del argumento del diseño porque el punto (a) es una reformulación de su principio básico de que la complejidad no puede ser espontánea, sino sólo diseñada y (b) sería una reformulación de la consecuencia fundamental de ese principio: que debe haber un diseñador, y un diseñador del diseñador, etc, cada vez más complejos, por lo que en el límite Dios es infinitamente complejo.

    Ahora me permito aplicar su método al Big Bang:

    (a) Los estados de baja entropía son más improbables que los de alta entropía
    (b) El Big Bang es un estado de entropía infinitamente baja
    (c) Por tanto, el Big Bang es infinitamente improbable

    Por si alguien lo duda, las premisas (a) y (b) son ciertas. Que la conclusión (c) vaya en contra de la opinión de la inmensa mayoría de los cosmólogos actuales, sólo demuestra su obcecación irracional. [ironía on]Voy a escribir un libro que se va a titular The Big Bang Delusion y me voy a forrar[ironía off].

    Como la estructura formal es idéntica, si el segundo razonamiento es inválido, el primero también lo es (esto no demuestra que el enunciado (c) sea falso; sólo que no es válido obtenerlo como conclusión de (a) y (b), y es eso lo que estoy discutiendo aquí). Esto es lógica formal: no entro en los contenidos, hablo de las estructuras del razonamiento.

    Si entramos en los contenidos, peor para el argumento de Dawkins: mientras que yo parto de unas premisas enunciadas con precisión y universalmente aceptadas, él parte de afirmaciones confusas y discutibles.

    De hecho, cualquier argumento filosófico que se base en probabilidades es muy sospechoso, porque la probabilidad es uno de los conceptos más difíciles filosóficamente. ¿Qué concepto de probabilidad tiene Dawkins? ¿La axiomática de Kolmogorov, la empírica de von Mises, la objetiva de Popper, la bayesiana de Jaynes?¿sabe acaso que existen todas estas escuelas, cada una con una interpretación totalmente distinta? Lo dudo.

    En conclusión: con un argumento formalmente idéntico al de Dawkins se llega a una conclusión que sabemos (por otras evidencias) que es muy poco razonable. ¿Cómo es posible que la conclusión de Dawkins parezca entonces muy razonable a tanta gente, a pesar de que se llega a ella por un argumento formalmente idéntico? Pues porque ya creían en ella por otro tipo de evidencias. Como la conclusión les parece razonable, no cuestionan el argumento. Pero precisamente que el mismo argumento lleve, en el caso del Big Bang, a una conclusión (casi seguramente) falsa, demuestra que el argumento es (casi seguramente) inválido. Que es lo que quería demostrar.

    En fin, me gustaría recomendarle el libro "Razón, fe y evolución" de Terry Eagleton, aquí puede ver una pequeña reseña:

    http://pseudopodo.wordpress.com/2012/04/30/50-libros-10-razon-fe-y-revolucion-de-terry-eagleton/

    Personalmente lo halle un libro muy interesante, me gustaría saber su opinión respecto a él.

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    1. No he leído ese libro de Eagleton, le echaré un vistazo

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  5. Aquí respondo a tu artículo. Tarde, pero llega la respuesta: http://de-avanzada.blogspot.com/2014/08/ateos-moda.html

    Un saludo, Gabriel

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    1. No está mal, pero yo francamente prefiero calidad a cantidad. A mí me preocupa, por ejemplo, que muchos jóvenes ateos sientan fascinación por Nietzsche, pero no les interesen los argumentos de Bertrand Russell. Obviamente, la fascinación por Nietzsche está mucho más en lo cool de su bigote, o en su aire de rebeldía contracultural. Russell, en cambio, es un matemático, el típico nerd; nadie va a conseguir muchachas con un afiche de Russell.

      Nietzsche fue ateo, pero rara vez se sentó a analizar racionalmente su postura, y además, defendió cosas ridículas (se acercó mucho al relativismo). Yo prefiero un ateísmo que analice argumentos, más afines a los ateos de la Ilustración que a los ateos de "la muerte de Dios". Esto no es incompatible con ser "ateo por moda", pero me temo que las campañas publicitarias explotan más el bigote cool de Nietzsche, que la discusión racional de Russell.

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