viernes, 18 de marzo de 2016

Visvanathan y la "justicia cognitiva"

            Ulpiano célebremente definió la justicia como la “continua y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde”. En el último siglo, ha habido teóricos y reformadores que, en nombre de la justicia, han pedido mayor igualdad, y así, han proclamado la necesidad de defender la “justicia social”.
            Friederich Von Hayek, el famoso economista, protestó en contra de esto. Según él, la justicia es justicia a secas, sin apellidos. El mundo, o es justo, o no lo es; lo “social” es un añadido innecesario. Un mundo en el cual todos seamos iguales no es necesariamente justo, pues no se estaría dando a cada quien lo que le corresponde. En ese mundo, a quien le corresponde más, se le estaría dando menos de lo justo; y a quien le corresponde menos, se le estaría dando más de lo justo.

            La postura de Hayek ha sido criticada, y ciertamente, sus escritos a veces rayan en un darwinismo social que yo no estoy dispuesto a defender. Pero, en algo sí tiene razón Hayek: si bien un mundo en el cual hay muchas desigualdades puede ser muy injusto, un mundo en el cual hay total igualdad, es también injusto. Es un hecho natural que a unos corresponde más que a otros, y esto implica que, para hacer cumplir la justicia, hay que tolerar la desigualdad.
            Al menos en el plano de la “justicia social”, estas cosas pueden estar abiertas al debate, y es sano que así ocurra. Pero, lamentablemente, hay gente que quiere llevar este debate a niveles absurdos. Desde la izquierda, hay personas que asumen que ese entendimiento de la justicia no sólo debe cubrir las condiciones sociales, sino también los pronunciamientos sobre el mundo. Debe haber, opinan ellos, una “justicia cognitiva”.
            Este concepto de “justicia cognitiva” ha sido defendido por Shiv Visvanathan, un intelectual indio muy querido por la izquierda poscolonial. Visvanathan opina que el colonialismo europeo se conformó oprimiendo a los pueblos colonizados. No le falta razón, y no está mal plantearnos que se corrijan las injusticias del pasado colonialista. Pero, Visvanathan va más lejos. Él opina que el colonialismo degradó las formas no europeas de conocimiento. Y, si de verdad queremos hacer justicia, debemos empezar por aquello que él llama la “justicia cognitiva”: reconocer que no hay sistemas de conocimiento mejores que otros, y que los conocimientos del colonizado son tan válidos como los conocimientos del colonizador.
            Volvamos a la definición de “justicia” ofrecida por Ulpiano: dar a cada quien lo que le corresponde. Y así, preguntémonos: ¿a quién corresponde más, al médico o al chamán? ¿Quién logra curar más? ¿A quién acudiremos cuando tengamos una enfermedad seria (no meras quejas que fácilmente se resuelven con un placebo)? ¿Quién es más riguroso en su método a la hora de indagar cómo funciona el mundo?
            La “justicia cognitiva” a la cual aspira Visvanathan es la misma basura relativista de Paul Feyerabend: todo vale. La implicación del concepto de Visvanathan es que, para que nadie se sienta ofendido y acomplejado, es mejor evitar decir que hay teorías verdaderas y teorías falsas, prácticas efectivas y prácticas inefectivas, ciencia y pseudociencia.
            Yo no estoy dispuesto a ceder a este chantaje. Si de verdad buscamos justicia, hemos de reconocer que la teoría científica sobre la reproducción humana (la fertilización se logra con un espermatozoide y un óvulo) es la correcta y aquella que debe ser promovida; y la teoría de los indios barí de Venezuela (varios espermatozoides contribuyen a la fertilización) es incorrecta, y debe ser erradicada. Si el barí se ofende y se acompleja, y siente que se está cometiendo una gran injusticia por el mero hecho de que se anuncia que él está equivocado, pues tanto peor para él. Pero, la justicia es dar a cada quien lo que corresponde, sin importar quién se ofenda.
            El error de Visvanathan es típico de la mayoría de intelectuales poscoloniales con tufos de relativismo (Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, y tantos otros). Ellos correctamente denuncian la explotación del colonialismo, y promueven una defensa de los pueblos colonizados. Pero, cometen el grave error de creer que, para defender a alguien frente a la explotación, deben también defenderse sus creencias.
Esto es evidentemente falso. Para luchar por los derechos de los niños, no es necesario creer en Santa Claus, el Ratón Pérez, y otros cuentos infantiles. Es perfectamente posible defender a los niños frente a los abusos, y a la vez admitir que las creencias infantiles son erróneas. Del mismo modo, es perfectamente posible luchar por los derechos de los pueblos colonizados, y a la vez admitir que muchas de sus creencias son falsas, y que la ciencia ofrece un mejor camino para conocer el mundo. ¿Está dispuesto Visnavathan a admitir que hay una tremenda “injusticia cognitiva” por el mero hecho de que nosotros los adultos no aceptamos que el 25 de diciembre bajará un barrigón vestido de rojo por la chimenea? Lo trágico acá es que, cuanto más nos preocupamos de injusticias que en realidad no existen, más desatendemos injusticias que sí son muy reales.

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