sábado, 16 de enero de 2016

Henry Louis Gates en Cuba

            Henry Louis Gates es un intelectual norteamericano muy comprometido con la causa de los negros en su país. Pero, Gates no es el típico demagogo victimista que denuncia racismo donde realmente no lo hay (aunque eso no impidió, por ejemplo, que en 2009, se presentara como víctima de opresión racial, como consecuencia de un procedimiento policial que, francamente, no tenía nada de racista). Asimismo, Gates ha hecho frente a demagogos negros norteamericanos que quieren obviar que la trata de esclavos estuvo primero auspiciada por comerciantes negros en África; Gates también ha hecho frente a quienes acusan a los judíos blancos de haber sido los principales participantes en la trata de esclavos en Norteamérica.

Con todo, Gates asume posturas que yo no comparto. Y, esto me ha quedado muy claro al ver sus documentales sobre la gente negra en América Latina, en especial, el episodio dedicado a Cuba. Este documental, Cuba: la próxima revolución, producido por la prestigiosa televisora PBS, explora la historia de los negros en la isla.
El documental, no cabe negarlo, está muy bien logrado. Gates narra cómo, en las guerras que antecedieron la ruptura definitiva con España en 1898, hubo en las filas de los rebeldes cubanos, muchos negros que, recién liberados de la esclavitud, alcanzaron altas posiciones de mando en la estructura militar.
Destaca, por ejemplo, el caso de Antonio Maceo, un general negro que participó en las rebeliones, y fue luego elevado como héroe nacional. Pero, cuando Cuba era ya independiente (sólo nominalmente, pues seguía bajo la influencia norteamericana), se trató de “blanquear” a Maceo. Se exhumó su cuerpo, se hicieron supuestos estudios para identificarlo como blanco en vez de negro, y se le empezó a representar con un aspecto más europeo.
Gates narra también cómo, tras la independencia, en Cuba se impuso un sistema de segregación racial, similar al que imperaba en EE.UU. con las leyes de Jim Crow. La cultura africana fue reprimida (se prohibió que los músicos tocaran son, por ejemplo). Eventualmente, algunos gobiernos (incluido el de Batista) se interesaron un poco más en la cultura africana, pero no buscaron erradicar la segregación.
Cuando llegó Fidel en 1959, se propuso acabar con el sistema de segregación racial. Y, en efecto, garantizó igualdad de todos los cubanos ante la ley. Desde entonces, no ha habido en Cuba leyes racistas, y la discriminación está prohibida.
Pero, para Gates, esto no es suficiente. Pues, si bien él reconoce que la posición de los negros cubanos mejoró mucho con Fidel, a través de sus programas de educación, Gates opina que el racismo persiste hoy en Cuba, y que es necesario hacer algo al respecto. Y, aquí es donde yo tengo mis reservas con Gates.
En primer lugar, ¿en qué se basa Gates para decir que en Cuba hay racismo? Se basa, solamente, en señalar que en Cuba, las mejores posiciones son ocupadas por los blancos, y los negros siguen estando en la base piramidal (demás está decir que Cuba no es ninguna sociedad sin clases). Esto es indiscutible. Pero, ¿de qué forma esto es racismo? ¿Quién impide a los negros ocupar posiciones altas? ¿Hay algún obstáculo real para que un negro llegue a una alta posición de poder? Gates no lo precisa. Él se limita a presumir que hay racismo, pero no muestra ninguna evidencia clara de ello. De hecho, en el documental Gates conversa con varios cubanos negros, y casi ninguno se queja de ser víctima de discriminación. Muchos de los entrevistados se quejan de que en Cuba, los negros no ocupan una posición alta, pero insisto, ninguno se queja de haber sido víctima de discriminación.
Para Gates, aparentemente, si un grupo étnico no alcanza posiciones de poder en una sociedad (aun sin evidencia explícita de discriminación), eso es señal de racismo. Yo, en cambio, no estoy tan seguro de que esto sea así: creo perfectamente posible que un grupo étnico ocupe posiciones superiores, y otro posiciones inferiores, sin que esto sea evidencia de racismo. Los negros norteamericanos, por ejemplo, dominan el baloncesto. Casi no hay jugadores blancos estrellas. ¿Se debe esto a un racismo intrínseco contra los blancos? No lo creo. No hay ningún obstáculo real para que un jugador blanco se convierta en una estrella del baloncesto. Es, sencillamente, que por distintos motivos (no necesariamente biológicos), los negros juegan mejor baloncesto. ¿Por qué no ha de aplicar este mismo razonamiento a la distribución de posiciones de poder en Cuba?
Gates dice que las cosas tienen que cambiar en Cuba, él está a la espera de una “próxima revolución” (de ahí el título del documental). Presumiblemente, él quiere que los negros ocupen más posiciones de poder en la isla. Muy bien. ¿Cómo pretende Gates que se logre esto? Él no lo menciona explícitamente en el documental, pero en vista de su activismo en EE.UU., él pareciera proponer como alternativa, un programa de acción afirmativa en Cuba: asegurar a los negros cuotas en posiciones de poder.
Esto, por diversos motivos (que explico acá), no suele funcionar bien. Una sociedad no opera bien cuando, en nombre de la justicia social y mayor balance étnico, se reparten puestos burocráticos en función de quién es el más oprimido. Si los puestos son ocupados, no en función de cuán competente se es, sino en función de cuál es el color de piel, la sociedad empieza a funcionar mal, pues no se asignan a los más capaces en sus respectivas funciones. Lo que sí se puede hacer es tratar de repartir mejor la riqueza, como la revolución supuestamente lo ha intentado en sus casi sesenta años. Bajo este criterio, el Estado asignaría asistencia a los más necesitados, pero bajo un criterio socio-económico, no bajo un criterio racial.

Gates destaca que la diferencia entre blancos y negros cubanos se ha pronunciado más en los últimos años, pues los primeros reciben más remesas de sus familiares en EE.UU., que los segundos. Vale. Esta creciente desigualdad podría combatirse con programas de redistribución de la riqueza. Pero, insisto, esto es distinto a un programa de acción afirmativa (como el que Gates defiende en EE.UU.), que no pretende propiamente redistribuir la riqueza, sino asegurar cuotas raciales de poder, en detrimento de la meritocracia. La vieja consigna de Marx, “de cada quien según su capacidad”, es irreconciliable con la acción afirmativa, pues ésta busca algo así como “de cada quien, según su color de piel”.
En fin, el documental de Gates me ha servido para hacer una revaloración más positiva de la revolución cubana. Cuba es reprochable por muchas cosas (por ejemplo, Gates muestra en el documental cómo las autoridades prohíben a un artista negro cantar canciones de hip hop sobre el racismo en Cuba). Pero, al menos, veo con aprobación que, contrariamente a líderes negros como Gates en EE.UU., Fidel nunca se propuso cosas como la acción afirmativa, y si buscó la igualdad entre los hombres, no lo hizo privilegiando a algunos meramente por su color de piel.

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