miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Podemos juzgar el pasado con la moral del presente?

La historia está llena de atrocidades. Y, naturalmente, estas atrocidades generan vergüenza entre aquellos que tratan de enaltecer a quienes las cometieron. Alejandro Magno, Julio César, Urbano II, Genghis Khan, Mahoma, Napoleón, Hernán Cortés, Moctezuma, y tantos otros, fácilmente serían calificados hoy como “criminales de guerra”. Pero, los entusiastas de la cultura helénica, romana, católica, mongola, islámica, francesa, española y azteca, respectivamente, se empeñan en sostener que estas figuras fueron sólo “hombres de su tiempo”, y que, en concordancia con el viejo cliché, “no podemos juzgar al pasado con los ojos del presente”.
 
Esto apesta al más rancio relativismo moral. Ciertamente, en tiempos de Mahoma, no existía la Convención de Ginebra, y en ese sentido, no estaba formalizada la prohibición de atacar deliberadamente a no combatientes. Pero, si asumimos (como creo que debe hacerse), que en las leyes hay un sustrato de derecho natural, los ojos morales de hoy son los mismos ojos morales de hace veinte siglos. Hay ciertas prohibiciones que valen para todas las épocas (precisamente aquellas que se violan cuando se cometen atrocidades); en función de ello, no es lícito acudir al cliché de que no podemos juzgar a épocas pasadas con nuestros patrones morales actuales.
Una de las lecciones que nos dejaron los juicios de Nuremberg tras la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente que no es admisible como excusa intentar refugiarse en la legalidad para cometer atrocidades. El mero hecho de que una acción sea legal en un contexto jurídico específico no implica que esté libre de reproche (y que, incluso, quien la acarree esté libre de pena). Del mismo modo, el mero hecho de que el Zeitgeist (el conjunto de ideas morales de una época) permita una acción hoy considerada inmoral, no implica que quien la haya cometido está libre de reproches. Si vamos a ceder al chantaje relativista de que cada época tiene su código moral, y no tenemos autoridad para juzgar al pasado con los patrones del presente, entonces, excusemos a Hitler y el nazismo, pues ciertamente ellos operaron bajo un patrón moral distinto al nuestro. Yo, personalmente, no estoy dispuesto a cometer semejante barbaridad.
Hay, por supuesto, ciertas acciones que sí admiten una contextualización a la hora de elaborar juicios morales. Un médico que hoy decida aplicar una sangría, y como consecuencia, su paciente muera, es moralmente reprochable. Un médico que matara a un paciente aplicándole sangrías en el siglo III, no sería moralmente reprochable. Pues, el médico de hoy cuenta con la suficiente información científica como para saber que la sangría es peligrosa, y no tiene ningún beneficio, un privilegio que el médico del siglo III no tenía.
Podemos excusar moralmente a las acciones que dependen de la acumulación de conocimientos. Pero, la mayoría de las acciones inmorales que pretenden ser excusadas con el alegato relativista de que no podemos juzgar al pasado con los patrones del futuro, no dependen de la acumulación del conocimiento. La prohibición de esas acciones proceden del derecho natural, y así, cualquier persona con facultades racionales en funcionamiento, puede (y debe) llegar a la conclusión de que esas acciones no son admisibles.
También puede intentarse encontrar alguna excusa para actos inmorales pasados, alegando que, en aquellas circunstancias, había más presión social (o al menos, permisividad) para que el individuo cometiera esta o aquella atrocidad. Ciertamente puede ser un atenuante. Es más fácil para un noruego de clase media en el siglo XXI rehusarse a violar y matar, que para un soldado reclutado por Hitler (aún si en este caso no hubiera coerción directa para cometer atrocidades). Y, en este sentido, la ausencia de formalidad en las leyes que censuran atrocidades, puede entenderse como una forma de presión social para que, en el pasado, se cometieran más atrocidades.
Pero, refugiarse en la masa no es suficiente excusa. Que la mayoría haga algo objetable en un contexto, no invalida el reproche moral. Quizás estas circunstancias puedan servir como atenuante. Mahoma masacró a las tribus judías de La Meca, porque aquella era la costumbre tribal en ese contexto tan hostil. Pero, insisto, no son suficientes para inhibir el juicio moral, y en todo caso, es necesario hacer una revisión detallada para evaluar el alcance de la inhibición.
Los casos deben ser estudiados con mayor detalle para conocer bien las circunstancias de las acciones que hoy nos resultan atroces. Pero, asumir de antemano el dogma de que “no podemos mirar al pasado con los ojos del presente”, es una postura irresponsable y peligrosa.

5 comentarios:

  1. Uno de los temas más interesantes que se pueden plantear, sobre todo para el historiador y el filólogo, pero también para el antropólogo, político y el ciudadano en general. Estoy de acuerdo en todo lo que dices, pero, en línea con la reseña que haré de tu libro sobre el posmodernismo, NO porque las conductas hoy reprobables lo sean en sí por una suerte de derecho natural sancionado como verdad, sino porque estoy convencido de que esas conductas también fueron reprobables en épocas pretéritas, por mucho que los torturadores, los inquisidores y los genocidas quisieran escudarse en una moral ad hoc. Puedo ponerte, entre otros, el ejemplo de Tucídides, historiador y además general del ejército ateniense, quien califica la matanza de Micaleso (un contingente tracio dio muerte a todos los civiles que se encontró por el camino, incluidos niños de una escuela) como "un desastre tan digno de ser llorado como cualquier otro de la guerra" (VII, 30). Seguramente aquellos tracios, a la manera sofística y posmoderna, habrían defendido su actuación, pero tanto Tucídides como tú y yo sabemos que ellos, según la ética siempre imperante, actuaron mal, y sabemos que ellos lo sabían.

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    1. Hola Jose, efectivamente, si uno revisa textos de la Antigüedad, y en muchos contextos culturales, hay prohibiciones de atrocidades. Incluso el mimso Deuteronomio, a pesar de todas sus ordenanzas genocidias, cínicamente exhorta a los israelitas a no erosionar árboles cuando ataquen una ciudad. Ahora bien, si tanto tú como yo estamos de acuerdo en que todas esas atrocidades, sean en el momento que sean, son objetables, ¿de dónde viene esa objeción? Yo postulo que debe venir de alguna forma de derecho natural. ¿Qué otra cosa propones?

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    2. Bueno, puesto que no soy experto en derecho o filosofía, no sé qué es exactamente el derecho natural, pero si es lo que supongo, humildemente creo que no es necesario recurrir a él para explicar nuestros comportamientos morales. Si Darwin ha sido tan importante en la historia de la filosofía (y yo creo que nadie lo ha sido tanto), es precisamente porque la evolución da cuenta de todo. En este caso, cometer atrocidades podría ser actualmente (quiero decir en los último milenios) una de estas tres cosas: o una atrocidad o una virtud o una conducta neutra. Si actualmente fuese considerado una virtud, ya no estaríamos aquí: la comisión diaria de atrocidades por parte de cada individuo ya habría conducido a la extinción de nuestra especie. Si fuese considerada una conducta neutra, no punible (como masticar chicle), los que se decidieran a seguirla llevarían a la extinción de los demás y finalmente a la de ellos mismos. Pero si es considerada, casualmente, una atrocidad, y por tanto castigada, la sociedad y la especie siguen intactas y podemos contarlo. Y si es castigada, es también reprobable, inmoral.

      No creo, por tanto, que sea necesario recurrir a ninguna fuente de derecho que no sea ese mero hecho: lo que no se sostiene se extingue y lo que se sostiene permanece y puede contarlo. Contemplar la extraordinaria biodiversidad de nuestro planeta suele conducirnos a la falsa impresión de que hay en él un orden natural cuasi divino, y al comprobar cómo la atmósfera, a pesar de la contaminación, sigue contribuyendo a su preservación y a nuestra seguridad, se refuerza esa impresión: somos los elegidos. Pero simplemente sucede que podemos contarlo: si esa atmósfera hubiera fallado al principio, no estaríamos para consideranos unos elegidos.

      Del mismo modo, disfrutar, como disfrutamos, de un orden social basado en una moral más o menos común (siempre enteramente común cuando se trata de la mera supervivencia) nos puede llevar a la conclusión de que ese orden es bueno o contribuye a la felicidad, cuando lo que yo constanto es sólo un hecho: todo funciona más o menos, todo sigue en pie precisamente porque lo que no funcionaba terminó desapareciendo. Yo sospecho que si los nazis hubieran ganado la guerra, habrían acabado devorándose a sí mismos, y creo que tarde o temprano terminan perdiendo porque sus conductas (muy ancestrales, seguramente) son vistas por la especie como una amenaza. Dicho con otras palabras: estaba cantado que los Aliados ganarían la guerra.

      El mismo razonamiento podríamos extender a otras conductas como la monogamia, la institución familiar, el lenguaje, la escritura, etc., aunque sé que en estos casos no siempre hay universalidad.

      Creo que todo esto ya lo ves tú, y puede que lo que digo quede englobado dentro de la definición de derecho natural, y por tanto estaríamos en el fondo de acuerdo, pero insisto en que yo no entro en la verdad de lo que DEBE SER, sino de lo que ES, asunto que tratas en tu libro de forma muy clarificadora, dejando clara tu posición, minoritaria entre los filósofos, según decías.

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    3. Hola Jose, has dicho cosas muy interesantes
      1. Yo supongo que, entre los iusnaturalistas, habrá darwinistas que, en efecto, consideran que el derecho natural es precisamente esa moral innata que nos viene de las condiciones de la evolución de la especie. Los que hablaron de derecho natural por primera vez (Locke, Tomás de Aquino, etc.) no tenían esto en mente, pero no veo ningún impedimento en vincular el darwinismo con el iusnaturalismo.
      2. Si yo tuviera que reescribir mi libro sobre el posmodernismo, quizás modificaría un poco lo que dije sobre la moral. En ese momento, yo quedé muy seducido por la postura de Sam Harris, y su idea de que sí se puede hacer una ciencia de la moral, y que la distinición entre "ser" y "deber ser" no es muy firme. Pero, en estos últimos meses, he cambiado un poco de opinión. A veces contemplo la posibilidad de que la teoría de la evolución no es suficiente para explicar nuestro sentido moral. Hay varias situaciones en las que el ser inmoral puede ser ventajoso desd eun punto de vista evolucionista, pero con todo, reprochamos esas conductas. Piensa, por ejemplo, en el infanticidio (de niños que no son mis hijos) o la violación. Esas acciones dan gran ventaja para difundir mis genes, pero con todo, las reprochamos. Quizás sea necesario algo más para explicar de dónde viene la moral, y más aún, por qué debemos ser morales. Te confieso que, de todos los argumentos a favor de la existencia de Dios, el asunto moral es el que más me persuade a aceptar que Dios existe, a pesar de que aún no llego a ese nivel. El asunto moral es la barrera que me impide ser definitivamente ateo, y por ahora, tendré que conformarme con ser agnóstico.
      3. Tu punto sobre el nazismo es muy interesante. Yo siempre he pensado como tú: una sociedad con semejante nivel de inmoralidad, eventualmente tiene que colapsar. Pero, vuelvo acá con un punto que destaqué antes: puedo pensar en sociedades que, si bien no fueron tan inmorales como la nazi, aún así violaron muchos derechos, y con todo, se sostuvieron. EE.UU. tortura gente en Guantánamo y comete muchas otras atrocidades ahí, pero no creo que la sociedad norteamericana vaya a colapsar por ello. Ciertamente, una mínima dosis de moral es necesaria para sostener el orden social, pero, también me temo que una sociedad puede sostenerse, aún con un alto grado de inmoralidad. Y, de nuevo, eso me inclina a pensar que el mandato moral no puede venir sólo de la ventajava adaptativa. Como verás, es un tema por el cual aún no me decido.

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  2. Pero es que esas conductas reprobadas, como el infanticidio o la violación, probablemente no contribuyen a la supervivencia de la especie, por mucho que beneficien a los genes de los que las perpetran. E incluso si contribuyeran a ella, terminarían imponiéndose otras conductas de más peso para la supervivencia de la especie, como la punición de los infanticidas y los violadores.

    Lo mismo cabe decir de la pervivencia de conductas inmorales: claro que las hay, y muchas, pero ¿qué "le importa" a la especie que hurtemos chucherías en un supermercado, seamos infieles a nuestras parejas mientras sigamos trayendo comida a casa o torturemos selectivamente a unos cuantos disidentes "chiflados"? De nuevo creo que se impone el mayor peso de aquellas conductas conducentes a la preservación de la especie, y entre ellas yo incluiría la propia quema de herejes, por poner un ejemplo, porque, como te dije en otro sitio, una sociedad con aspiraciones de perdurabilidad necesita de un pensamiento homogéneo, de un alto grado de lealtad y, por tanto, de unas normas severas. Me encanta el ejemplo de los griegos antiguos: eran tan denodadamente diversos, abiertos y anárquicos, que como pueblo desaparecieron por completo de la faz de la Tierra (su legado nos llegó a través de Roma, que sí perduró durante muchos siglos bajo diversas formas).

    En cuanto al argumento moral, no te entiendo, a menos que hayas evolucionado en tu pensamiento desde que hiciste aquel vídeo (http://youtu.be/RomM9FGd9AU), dado que hay serias objeciones para creer en Dios precisamente en base a ese argumento, como defiendes en él. Y teniendo en cuenta que dices "AÚN no llego a ese nivel", te veo incluso proclive a abrazar la conversión. Yo desde luego, cada día que pasa, tanto por lo que aprendo de las bofetadas que nos dan las ciencias como de la propia observación de la vida diaria, estoy más irremisiblemente convencido de que vivimos en un mundo inerte, carente de significado y en gran medida producto de la ilusión de esa máquina tan chapucera: el cerebro.

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