martes, 12 de noviembre de 2013

Los disparates de C.G. Jung



            En mis años de estudiante, C.G. Jung me generó muchísimo interés. Frente a los relativistas y posmodernos que enfatizan las diferencias culturales entre los pueblos, yo me veía más atraído por aquellos autores que señalaran las tendencias universales de la especie humana. Y, descubrí en Jung a uno de ellos.

            Jung me fascinaba especialmente por sus estudios del poder universal de los símbolos en mitos y religiones. ¿Por qué aparece tanto la serpiente en los mitos? ¿Por qué se narra una y otra vez la historia de un héroe que viaja para cumplir una misión y rescatar a una princesa de las garras de un monstruo? ¿Por qué la madrastra siempre es malvada en los cuentos? ¿Por qué se narra tanto la historia de un diluvio?
            El concepto de ‘arquetipo’ me resultaba muy atractivo. Independientemente de nuestro color de piel, nuestra lengua, o nuestra historia como pueblo, parecemos compartir con los otros miembros de la especie humana ciertas disposiciones mentales que podemos englobar como ‘arquetipos’.
            Pero, a la hora de explicar cuál es el mecanismo que rige la aparición de estos arquetipos, Jung no tardó en decepcionarme. Frente a un rasgo universal de la especie humana, me parece, sólo caben dos explicaciones: la difusión cultural y la predeterminación genética. Un grupo humano puede adquirir un rasgo, y al entrar en contacto con otros grupos humanos, éstos pueden asimilar el rasgo en cuestión, al punto de que se universaliza. El antropólogo Franz Boas fue célebre por señalar cómo ocurre esto.
            También puede haber pueblos que jamás han estado en contacto entre sí, pero que, con todo, comparten ciertos rasgos culturales. Si esos rasgos no se han universalizado por difusión, entonces la única explicación viable es la predeterminación genética. Seguramente tenemos codificado en nuestros genes el privilegio de algunas imágenes, que reflejan las ventajas adaptativas de nuestros ancestros homínidos en la sabana africana. La psicología evolucionista ve en Jung un importante aliado. Los psicólogos evolucionistas han explorado las bases biológicas de muchas conductas humanas, pero hasta ahora, no han dedicado mucha atención al predominio de ciertas imágenes universales en mitos y símbolos, los cuales Jung sí documentó con mayor extensión.
            El problema, no obstante, es que Jung explicó los arquetipos a partir de teorías disparatadas. Jung postuló la existencia de un “inconsciente colectivo”. A simple vista, este concepto es aceptable: todos los seres humanos tenemos una inclinación a favorecer un conjunto de imágenes, muchas veces sin saber por qué lo hacemos. Pero, Jung no postuló que esta tendencia universal viene de la difusión cultural o de la genética. Antes bien, según Jung, el inconsciente colectivo procede de una suerte de unión telepática en la cual todas las mentes humanas están conectadas. Así pues, Jung está más cercano a la parapsicología, que a la psicología evolucionista o a la antropología cultural difusionista.
            En opinión de Jung, las mentes humanas desarrollan una ‘sincronicidad’. Cuando una persona se forma una imagen en su mente, otra también lo hace en algún lugar remoto, a pesar de que estas personas no tengan ningún medio físico de comunicación. Incluso, esto no sólo ocurre entre seres humanos, también puede darse con los animales. En una famosa descripción, Jung narra que, en una ocasión, un paciente le contaba un sueño sobre un escarabajo, y en ese momento, apareció un escarabajo en la habitación. Esto, pensaba Jung, evocaba también el poder simbólico de este animal en el Antiguo Egipto. Nada fue coincidencia: el paciente, los antiguos egipcios y el animal, estaban sincronizados, y todos participaban de un mismo inconsciente colectivo.
            Esto será risible, pero lamentablemente, mucha gente dentro y fuera de la academia, se toma muy en serio los alegatos de Jung. Y, peor aún, Jung se está convirtiendo en el caballito de batalla de muchos místicos del New Age, quienes intentan presentar sus extravagancias, con un barniz de seriedad académica. Después de todo, Jung no sólo fue excéntrico en sus ideas sobre los arquetipos: también desarrolló ciertas inclinaciones por el ocultismo nazi, la ideología aria, y su curiosa creencia de que él era la reencarnación de un dios con cabeza de león. Como con muchos otros autores, las ideas de Jung debe tomarse con pinzas.

4 comentarios:

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  2. Gracias por la información. Siempre me había preguntado hasta dónde llegaba el esoterismo de Jung y ahora me queda claro que hasta el final. Cuando leí en "El hombre y sus símbolos" la anécdota de un cuadro que se caía al mismo tiempo que sucedía otra cosa relacionada, tuve que releerme el párrafo varias veces en un vano intento de encontrar una lógica, y hasta acudí a los diccionarios. Y el inconsciente colectivo quería yo interpretarlo como una especie de predisposición universal a crear imágenes, pero ya veo que no. Arrojado a la papelera de la literatura magufa.

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    1. Hola Jose, a los que nos gustan los mitos, como a ti y a mi, siempre Jung resultará atractivo. Pero, joder, cuando uno profundiza un poco, se da cuenta de los disparates. Yo también quería interpretar el inconsciente colectivo como tú lo haces, pero leyendo un poco más a fondo, me di cuenta de que la idea de Jung está mucho más cerca de la parapsicología que de cualquier otra cosa. En todo caso, yo privilegiaría más un concepto como las "estructuras", de Levi-Strauss, para explicar los temas comunes entre tantos mitos.

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  3. La interpretación estructuralista es tan insuficiente para interpretar la mitología como las restantes (alegorismo, evemerismo, racionalismo, etc.). No sé si lo has leído. Si no es así, te pondré ejemplos extraídos de Rose y de Kirk.

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