miércoles, 9 de enero de 2013

La izquierda y la medicina folklórica



Izquierda Unida, uno de los partidos más radicales de España (al menos comparado con el complaciente PSOE) recientemente ha promovido públicamente la oposición a las medicinas alternativas en España (acá). Aparentemente, en ese país están proliferando toda clase de terapias sin el menor fundamento científico, muchas de ellas amparadas en el pensamiento mágico-religioso que apela a entidades sobrenaturales y principios clásicos de simpatía. Así, abunda la acupuntura, la homeopatía, la quiropráctica, etc.
            No sorprende que Izquierda Unida se oponga a la medicina alternativa. Desde el siglo XVIII, la izquierda ha promovido la secularización del mundo, no sólo porque considera que las instituciones religiosas son perjudiciales para las clases trabajadoras (la religión es el opio del pueblo), sino porque el socialismo clásico, al menos el inspirado en Marx y Engels, busca fundamentarse en principios científicos que no permiten cabida a una visión mágico-religiosa del mundo. Tradicionalmente, la derecha reza rosarios, realiza exorcismos y espera milagros; la izquierda, en cambio, coloca vacunas, disecciona cuerpos para estudiarlos, y trata de mejorar las condiciones sanitarias.
           Pero, Izquierda Unida forma parte de una izquierda que viene en decadencia, y ha sido suplantada por aquello que J.M. Mulet llama la ‘izquierda feng shui’. Al menos quedan en España partidos de izquierda tradicional. Pero, en Venezuela, ha cobrado mucho más fuerza esta izquierda feng shui que, como la derecha de antaño, se ha convertido en un gran obstáculo al progreso de la ciencia.
            Allí donde Izquierda Unida se opone a la medicina alternativa, la izquierda venezolana ha promovido la popularización de prácticas medicinales folklóricas indígenas. Supuestamente, los indígenas de América tienen ‘conocimientos ancestrales’ que deben ser incorporados a la medicina convencional. Según esta fábula, los curanderos indígenas tienen remedios muy eficientes y hierbas casi milagrosas. Los científicos deberían aprender de los antiguos curanderos.
            Esta idea tiene un gran trasfondo político. América Latina ha lucha y sigue luchando en contra del colonialismo. Colón llegó en 1492, y desde entonces, poderes extranjeros han saqueado esta región y dominado a la población local. Negar esto es, por supuesto, insensato. El problema, no obstante, aparece cuando la izquierda latinoamericana, en su lucha contra el colonialismo, no sólo rechaza las numerosas desventajas que trajeron los poderes coloniales, sino también las pocas ventajas que las grandes potencias occidentales aportaron. Y, así, lamentablemente la izquierda latinoamericana ha asumido que, para oponerse a los colonizadores y reivindicar a los colonizados, es necesario oponerse al predominio de la ciencia, y aceptar como legítimas las prácticas de los curanderos indígenas.
            Bajo este paradigma, la ciencia ha cometido el mismo pecado colonialista de Hernán Cortés: se cree superior a otras formas de conocimiento, y con su arrogancia, destruye los ‘conocimientos’ locales ancestrales. Para erradicar el colonialismo, es necesario impregnarse de humildad, y aceptar que todas las culturas hacen aportes significativos, incluyendo la medicina. Se promueve así el llamado ‘pluralismo médico’.
            Desde este punto de vista, quizás es comprensible que la izquierda española se oponga a las medicinas alternativas, pues en España nunca se ha luchado en contra del colonialismo. La lucha de la izquierda española es a favor de los obreros y sindicatos, pero no a favor de los pueblos colonizados, en buena medida porque España fue colonizadora, no colonizada. Pero, América Latina fue colonizada, y para ello, la izquierda se planeta la liberación mediante el rescate de formas ancestrales de conocimiento.
            Todo esto, me parece, son tonterías. Contrario a la opinión de estos izquierdistas post-coloniales, la ciencia es apreciable, independientemente de si es arrogante o no, o de si procede o no de la cultura del colonizador. Ciertamente el médico que estudió en Harvard Med School opina que sus conocimientos sobre el cuerpo humano son superiores a los de un curandero yanomami perdido en el Amazonas. Seguramente ese médico es arrogante. Pero, ¿y qué? Los hechos son los hechos: es indiscutible que la medicina científica combate las enfermedades muchísimo mejor que remedios basados en supersticiones. Siglos de experimentos y controles así lo testimonian.
            Quizás los curanderos indígenas conozcan hierbas o realicen óptimos procedimientos ignorados por la medicina científica En rigor, algunos procedimientos tradicionales podrían ser incorporados a la medicina científica. Pero, todos estos procedimientos deben ser filtrados por el método científico. Los científicos deben someterlos a la rigurosidad de la observación y el control. Si pasan la prueba científica, bienvenidos sean. Si no, deben quedar relegados en los anales de los quacks en la historia de la medicina, junto a las sangrías, la teoría de los humores, y tantos otros ‘conocimientos ancestrales’ que, en realidad, mataron a mucha más gente de la que salvaron.
            La ciencia debe estar siempre abierta a nuevas posibilidades. Pero, también debe saber discriminar entre buenas y malas nuevas posibilidades. Un científico no debe gastar su tiempo y esfuerzo en examinar una práctica médica folklórica que, de antemano, parece sumamente disparatada. O, a lo sumo, puede examinarla, pero si no se derivan resultados óptimos a corto plazo, no debe persistir en su examen. Hay muchísimas otras posibilidades que atender; sería irracional seguir colocando a prueba la eficiencia de las sangrías. Como bien ha señalado el folklorista Wayland Hand, es muy ilusorio creer que la medicina folklórica es fácilmente compatible con la medicina científica. El curandero casi no tiene cabida en la universidad, y debe ser excluido de ella. Los creacionistas son excluidos de las facultades de biología, los negacionistas del holocausto son excluidos de las facultades de historia; entonces, ¿por qué los curanderos indígenas no han de ser excluidos de las facultades de medicina? Lamentablemente, cada vez más la izquierda latinoamericana pretende que los brujos y curanderos sean integrados a las universidades.
            El problema, insisto, radica en desear reivindicar a los colonizados a toda costa, incluyendo los elementos retrógrados de las culturas colonizadas. Está bien proteger a quien ha sido abusado, pero no por ello debemos reivindicar automáticamente las prácticas y creencias de quienes han sufrido abusos. Una agencia de protección de niños puede hacer grandes esfuerzos por defender a los niños abusados sexualmente. Pero, eso no debe conducirlos a admitir como verdadera la creencia infantil de que Santa Claus existe, con el propósito de reivindicar a los niños abusados. Del mismo modo, los defensores de indígenas pueden reclamar las injusticias históricas, pueden exigir un reparto de tierras más justo, etc. Pero, eso no debe conducirlos a aceptar que las creencias indígenas sobre la enfermedad y la salud sean verdaderas, o que sus remedios sean efectivos. Podemos defender a los indígenas, sin necesidad de aceptar sus creencias.
            La antropología contemporánea está infestada por relativistas culturales que repiten la letanía de que no hay culturas mejores que otras, y que no existe una verdad absoluta por la cual podamos medir la veracidad de los alegatos. Bajo este credo, el conocimiento del médico científico no es ni superior ni inferior al ‘conocimiento’ del curandero: sencillamente es diferente.
            Hay, no obstante, un grupo de antropólogos de la medicina que, si bien no incurren en ese relativismo tan embrutecedor, advierte que la enfermedad es un proceso muy complejo, en la cual intervienen muchos factores culturales. Y, así, para una óptima sanación, el médico debe tratar de curar desde la propia cultura del paciente, pues con su mero conocimiento médico no será suficiente: también será necesario tener como aliado aquellos elementos culturales propios del paciente, que le permitan eficazmente combatir la enfermedad.
            Puedo aceptar esta postura. Pero, no caigamos en el error de creer que nos puede llevar muy lejos. En el caso de las enfermedades psiquiátricas, ciertamente existen algunos síndromes que parecen ser particulares de cada cultura, y quizás sería más eficiente para el psiquiatra tratar de encontrar soluciones desde la cultura del paciente, en vez de intentar occidentalizar al paciente para ejecutar las terapias psiquiátricas que funcionan mejor en Occidente. Para administrar la vacuna de la viruela a un hindú temeroso de recibir un pinchazo en el brazo, en vez de explicar la existencia de microorganismos y los procesos bioquímicos en cuestión, el médico en una aldea en la India podría más bien anunciar que esa inyección contiene un fluido mágico que le fue dado a un antiguo yogui por Shitala (la diosa de la viruela).
            Pero, insisto, esto debe manejarse con muchísima cautela. Por ejemplo, una campesina católica polaca puede estar poseída por algún demonio. Quizás, el psiquiatra de la ciudad cree más eficiente bailar al son de la cultura de esa campesina, y autoriza un exorcismo, con la esperanza de que el proceso cultural de su propio contexto facilite la cura. No desestimo por completo que el psiquiatra en cuestión pueda tener éxito en su acometido. Pero, abundan historias en las cuales, precisamente por querer bailar al son de la cultura del paciente, los exorcismos generan muchísimo más daño de lo previsto.
También es cierto que muchas enfermedades tienen un componente psicosomático. Y, en función de ello, podrían ser aliviadas con la administración de un placebo. Aun si la acupuntura o la homeopatía no demuestren resultados significativos, al menos las pruebas sí demuestran que tienen algún efecto placebo. Y, como alternativa de sugestión, el médico podría prescribirlas.
 
No obstante, el problema con estos casos en los cuales el médico se transporta a la cultura del paciente y baila a su son, con la esperanza de que intervengan factores culturales, es que implica alguna forma de engaño. Pues, el médico sabe que las sustancias que administra o los remedios que prescribe no funcionan bajo la explicación que ofrecen los mismos pacientes. La moralidad del engaño, sobre todo en asuntos médicos, es muy debatida. Por regla general, los eticistas en medicina insisten en que nunca se debe mentir; algún grupo minoritario, de forma más utilitaria, postula que si esa mentira sirve para salvar más vidas, bienvenida sea.
En el caso de la medicina alternativa, simpatizo más con quienes recomiendan no mentir. Es mucho más estimable la educación. Conviene ir erradicando conceptos erróneos de enfermedad en la población no familiarizada con la ciencia, que seguir el juego. En la medida en que los campesinos polacos entiendan que las posesiones demoníacas no existen, y comprendan mejor cuáles son las bases neurológicas de la epilepsia, o los fundamentos psiquiátricos de la psicosis, en un futuro estarán en mejor posición para enfrentar más eficazmente las enfermedades.

13 comentarios:

  1. Una vez más se mete usted en un charco hablando de lo que no sabe.
    "...Pero, Izquierda Unida forma parte de una izquierda que viene en decadencia, y ha sido suplantada por aquello que J.M. Mulet llama la ‘izquierda feng shui’. Al menos quedan en España partidos de izquierda tradicional..."
    Y dígame, ¿a qué partidos se refiere usted cuando dice eso de izquierda tradicional? Me parece que usted es de los que lee un artículo y ya de ahí saca todo tipo de conclusiones.
    En lo referente a la proposición de IU, solo decirle que es una posición de lógica, en España han proliferado toda suerte de curanderos y embaucadores que de medicina no tienen idea, pero se ayudan de las supercherías y de las creencias de incautos -normalmente personas de América Latina- para ganarse la vida estafando a los demás.
    En España se puede practicar la acupuntura y otras terapias "alternativas" sin ningún problema, siempre y cuando las personas estén debidamente formadas y lo acrediten. Es más, hay academias homologadas por el estado para formarse y titularse, pero como le digo, nuestro sistema nacional de salud no puede estructurarse en base a un nulo control de quienes pretenden ejercer la medicina sin acreditar conocimientos para ello.
    Este artículo es pues una patraña escrita por alguien que no sabe de qué habla y tiene un resquemos con los españoles increíble.

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    1. En general, cuando un artículo comienza con una falacia ad hominen(estafadores) aplicado a todos los que practican acupuntura, homeopatía o reiki,
      se desacredita a sí mismo. Si además trata sobre evidencias y confunde o mezcla términos como pensamiento analógico y lo identifica por igual que con pensamiento mágico. No da tampoco atisbo de entender bien el argumento y su exposición intenta desacreditar los trabajos en ciencias sociales más recientes después a James Frazer. Hecho esto, pues no da ninguna confianza.

      Pero cuando califica a la acupuntura de no tener el "menor fundamento científico", y enfocado a calificarla de pseudocientífica porque leyó un panfleto publicado en alguna revistucha como "elescéptico", sin mencionar que la BMJ publica una revista científica dedicada la acupuntura, entonces el resquemor es mucho peor.

      http://aim.bmj.com/

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  2. Misnoticiasdehoy: ¿un resquemor increíble con los españoles? ¿Te has leído el artículo? Si la que se queda por los suelos es la izquierda latinoamericana...

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    1. Gracias por tu defensa. Tampoco pretendo dejar "por el suelo" a la izquierda latinoamericana, pero sí deseo destacar que ha perdido su rumbo.

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    2. Lo sé, no digo que lo pretendas. Pero si ha quedado alguna mal y tengo que elegir, elijo la izquierda latinoamericana.

      De todas formas, añado lo que leí en otro blog: estarán apoyando cualquier vía alternativa a la medicina para curarse el cáncer de páncreas, pero bien que Chaves está haciendo uso de la quimioterapia occidental y malvada....

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  3. La analogía con el niño víctima del abuso que cree en Santa Claus zanja la cuestión.

    Como bien dices, Gabriel, el problema está en confundir conceptos (colonizado = bueno, -a; colonizador = malo, -a) y adoptar una postura combativa sin hacer disquisiciones serias. Es la misma actitud de los profesores que sólo ven demonios en la política de la derecha, sin detenserse a calibrar objetivamente sus posibles ventajas. Y no defiendo a la derecha en sí (nunca he votado), sino lo que de provechoso puedan tener sus políticas, que lo tienen, mal que les pese a los progres.

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    1. Vaya, pero yo te exhortaría a que sí votes. Yo soy ciudadano español, y no voto, porque es un poco complicado el proceso en el consulado. Pero, si viviera en España, sí creo que lo haría. Cuarenta años de dicttadura franquista me harían valorar el voto.

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  4. Ja ja ja... Mi actitud con respecto al sufragio tiene cierta inspiración en "El Extranjero" de Camus, personaje que siempre me pareció el paradigma perfecto del pasotismo y del absurdo. En principio no voto porque no me trago las mentiras de ningún partido y porque considero la política inmoral en sí misma (nada que ver con el anarquismo). Después, cuando finalmente me convenzo de que aun así habría que ejercer el derecho votando al menos en blanco, me entra la pereza, me quedo en casa leyendo o viendo una peli y termino diciéndome: "¿A quién le va a importar? El sistema sigue funcionando."

    A este respecto, una de mis aficiones favoritas la desarrollo en el trabajo. En las asignaturas de Cultura Clásica, Latín y Griego disfruto sembrando el desconcierto entre mis alumnos. Por ejemplo, cuando les enseño el tema de los espartanos, les hago ver sus nobles ideales del valor, el honor, la obediencia estricta a la Ley y el morir por la patria, de manera que casi terminan admirando a ese pueblo. Una vez que los tengo en esa disposición, les hago ver que Esparta estaba llena de corruptos: leemos el texto de Jenofonte sobre Esfodrias, general espartano que se salvó de una condena a muerte por traición, gracias a que el rey Agesilao influyó entre sus amigos para que votaran por su absolución (presionado, a su vez, por su hijo Arquidamo, que estaba enamorado de Cleónimo, hijo de Esfodrias, quien a su vez chantajeó emocionalmente a su amante). Cuando he logrado hacerles ver esta falla del sistema, les digo que aún está por venir lo mejor: toda la ética aristocrática, tan espartana, no es más que un medio con que los poderosos mantenían su estatus. Si mueres por tu patria, nosotros seguimos viviendo del cuento. Y remato esta enseñanza en el tema siguiente: cuando Tiberio Graco regresó triunfante a Roma por haber salvado la vida de 20.000 soldados gracias a su negociación con los numantinos, el Senado le reprobó: "¡Es mejor morir en gloriosa acción que salir corriendo con el rabo entre las piernas!" A los senadores les importaba poco las vidas de aquellos soldados, de aquellos ciudadanos. Su única preocupación era no perder ni un terrón de sus latifundios.

    Cuando terminan preguntándome cosas como "¿Entonces César era bueno o malo?", les respondo que era un político.

    Por cierto, no sabía que tuvieras doble nacionalidad.

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    1. Vaya, ¡veo que eres todo un clasicista! ¿Leíste alguna vez "Yo claudio", de Graves? Lo estuve leyendo hace años, recuerdo que me gustó mucho, aunque luego me enteré de que Graves inventó ciertas cosas...

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  5. No, pero vi la serie televisiva cuando era un niño, y me aburría, por aquello de ser niño, supongo. De Graves conozco "Los mitos griegos", bueno narrativamente pero insuficiente para un filólogo como yo. Mi favorito es "Mitología clásica" de Ruiz de Elvira, el mejor libro de mitología griega escrito hasta ahora en el mundo, según los expertos, y estoy de acuerdo (no hablo de estudios, ensayos, sino de obras expositivas).

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  7. Leer que algo no tiene el "menor fundamento científico" quiere decir que tienes claro el significado de un valor que determina claramente cuál es el valor mínimo para tener fundamento científico.

    Pero viendo que mencionas a Mulet como autoridad, lo que no me sorprende, deberías explicarme entonces el que con un click puedo encontrar información bastante sugerente de que esa personita tiene muchos hoyos donde le sale bilis cuando se enoja o monta un negocio porque parece que el I+D del gobierno dado a la universidad no le es suficiente, o lo más plausible es que una empresa de transgénicos le financie con donativos y le de publicidad. Una es defendible, dos sugerente, tres es raro, cuatro es sospechoso, y cinco es para pensar bastante.

    https://capitanpatagonia.wordpress.com/2012/05/09/carta-abierta-a-jose-miguel-mulet-salort-desde-africa/

    http://www.trebol-a.com/2012/06/19/el-sr-mulet-y-su-anti-ecologismo/

    http://hezeptikos.blogspot.com/2015/11/jose-miguel-mulet-salort-critica.html

    http://caminoagaia.blogspot.com/2016/08/pseudociencia-transgenica-desventuras.html

    http://simicar.blogs.uv.es/2013/10/25/discutiendo-epistemologia-a-140-caracteres/

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