domingo, 31 de julio de 2016

Héroes y villanos de "The People vs. O.J. Simpson"

            En el cine y la televisión, ¿se cuenta mejor una historia real, dramatizándola, o a través de un documental? Generalmente, en estos casos, me he inclinado más por el documental. Y, respecto a la historia de O.J. Simpson y su juicio, un reciente documental, O.J. Simpson: Made in America (lo reseño acá), es magistral. Pero, a la vez que salió en la televisión norteamericana ese documental, se transmitió una serie de diez episodios, The People vs. O.J. Simpson. Debo decir ahora que he quedado indeciso respecto a cuál es mejor. Ambos son geniales.
            The People vs. O.J. Simpson basada en el libro The Run of His Life, de Jeffrey Toobin, narra en detalle los acontecimientos del juicio a Simpson. Para quienes seguimos en vivo aquellos acontecimientos, la serie evoca recuerdos muy vívidos, pues la forma en que recrea las cosas es muy apegada a la veracidad. Los escenarios son muy fieles, lo mismo que las actuaciones. Esta serie contó con grandes nombres consagrados del cine y la televisión en EE.UU. Hay, es verdad, actores más próximos que otros a sus personajes. Quizás el actor que menos se acercó al personaje fue el simpático Cuba Gooding Jr., quien interpreta al propio Simpson. Pero, las interpretaciones de Marcia Clark, Johnny Cochran y Chris Darden, a cargo de Sarah Paulson, Courtney Vance, y Sterling Brown, respectivamente, son geniales.

            El espectador se lleva la impresión de que el gran monstruo de la serie, es Robert Shapiro, interpretado por John Travolta. En la serie, Shapiro jamás está convencido de la inocencia de Simpson. Y, en varias ocasiones, intenta convencer a sus colegas de que Simpson se declare culpable, para llegar a un acuerdo con la fiscalía. Esto es muy distinto, por ejemplo, de la actitud de Robert Kardashan (interpretado por David Schwimmer), quien aun si no está convencido de la inocencia de Simpson, decide acompañarlo hasta el final, no sin quedar atormentado por ello.
La serie tiene muchas escenas privadas, de forma tal que no sabemos si en realidad las cosas ocurrieron así a puertas cerradas. Pero, la forma en que Travolta (quien tiene alguna facilidad para hacer roles de villanos) interpreta a Shapiro hace que éste aparezca como un personaje sumamente despreciable. El juicio de O.J. Simpson se hizo infame por la forma tan manipuladora y chantajista en que la defensa introdujo el elemento racial. Al final del caso, Shapiro denunció a su colega, Johnny Cochran, por haber exacerbado los ánimos raciales para sacar provecho a su situación. No obstante, en la serie se presenta inequívocamente que el artífice de la idea de usar el chantaje racial, fue desde un inicio el propio Shapiro. Cuando yo seguí en vivo el juicio en 1995, Shapiro no me resultaba despreciable; si he de guiarme por la serie, en cambio, Shapiro es de la peor calaña.
Por otra parte, el personaje que en 1995 sí me pareció un monstruo, aparece en la serie bajo una luz mucho más amigable. Se trata de Cochran. Él fue el encargado de manipular y chantajear, apelando a su supuesta vocación de defensor de los derechos de los negros, para en realidad, favorecer sus propios intereses políticos y monetarios. La serie presenta muchos de los momentos en los que Cochran acude al chantaje racial: cuando compara a Mark Fuhrman (el detective que encontró la mayor parte de la evidencia incriminatoria) con Hitler, cuando dice que sugerir que los negros norteamericanos hablan con un acento particular es racista, etc. En la serie también se muestra cómo, insólitamente, Cochran sugirió que el asesinato de Nicole Brown y Ron Goldman estuvo a cargo de pandillas colombianas (algo para lo cual no había ninguna prueba); este hombre estaba muy dispuesto a defender a minorías étnicas cuando se trataba de los negros norteamericanos, pero no escatimaba en estigmatizar a otras minorías (en este caso, inmigrantes colombianos), con tal de salvar el pellejo de su cliente.
La serie también muestra el lado más misógino de Cochran, cuando humilla a Marcia Clark y sus dificultades para cuidar a sus hijos, así como su doble vida matrimonial. Pero, a pesar de todo esto, la serie se esmera en presentar a Cochran como un héroe que, aun con sus fallas, merece elogios. Courtney Vance, con gran habilidad actoral, se encarga de hacer de Cochran un líder negro carismático, alguien así como Martin Luther King. A mí no me convence. En aquel entonces pensaba, y hoy lo sigo haciendo, que Cochran es emblemático de la tragedia negra norteamericana. Sí, en EE.UU. hubo racismo, y hoy lo sigue habiendo; pero a la vez, hay pillos que se aprovechan del racismo para chantajear. Está en sus intereses que siga habiendo segregación, pues si los negros se terminaran integrando satisfactoriamente al resto de la sociedad, se les acabaría el negocio. Cochran era uno de esos pillos.
Sorprendentemente, la gran heroína de la serie es Marcia Clark. En 1995, recuerdo, la percepción del pueblo norteamericano es que se trataba de una mujer estirada, amargada y arrogante. A los negros, no le agradaba, precisamente porque representaba al rígido sistema norteamericano que tanto los ha aplastado. Y, si bien los blancos la toleraban un poco más, al final, la terminaron odiando, pues le echaron la culpa de haber llevado mal el caso, y haber permitido que Simpson saliera libre.
Pero, la serie se esmera en presentarla como una mujer muy capaz, de gran temple, carismática en el ámbito privado, y que debe enfrentar muchos ataques misóginos, pero que al final, mantiene su compostura. La serie sugiere que Marcia Clark cometió un solo error: haber permitido a Mark Fuhrman testificar en contra de Simpson. Su colega (en la serie, se sugiere un posible romance que nunca se concreta), el negro Chris Darden, le advierte que no utilice a Fuhrman como testigo, porque su pasado racista puede afectar las facultades deliberativas del jurado, mayoritariamente negro. Pero Clark se empeña en convocar a Fuhrman como testigo, confiando en que el jurado será racional, que considerará la evidencia, y que no se dejará llevar por el arraigo emocional del posible racismo de un policía.

La serie muestra cómo Chris Darden, en cambio, en tanto negro, conocía mejor cómo responderían los jurados de su propio grupo étnico. En una discusión en el juicio, Darden solicita al juez Ito que no permita que el jurado escuche testimonios sobre el uso de la palabra nigger (muy despectiva) por parte de Fuhrman, porque eso activará tanta emocionalidad en el jurado, que no le permitirá considerar racionalmente la evidencia. Cochran se opone, diciendo que es racista asumir que los negros no tienen capacidades racionales.

Al contemplar esa escena, yo habría dado la razón a Cochran: los negros son tan racionales como cualquier otro grupo étnico. Y, en principio, no habría culpado a Marcia Clark por confiar en el raciocinio de los jurados negros. Pero, creo que, lamentablemente, al final, los acontecimientos dieron la razón a Darden. El jurado mayoritariamente negro, aun con una montaña de evidencia inculpando a Simpson, optó por liberarlo, dejándose llevar por la emocionalidad racial que Cochran supo explotar. No hay diferencias significativas entre los cerebros de los negros y los cerebros de los blancos; ambos grupos tienen la misma capacidad biológica para la racionalidad. Pero, sí me temo que la experiencia histórica de racismo EE.UU., así como el chantaje racial de tipejos como Cochran, hacen que, en casos como el de O.J. Simpson, los negros son más vulnerables a la emocionalidad y el entendimiento nublado. Marcia Clark, en parte queriendo evitar que la acusaran de racista, terminó pagando caro su error. Debió haber escuchado al negro Darden.

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