viernes, 16 de marzo de 2012

¡Descolonízate!


Esta imagen es muy elocuente, y recapitula la vieja tesis de Dorfman y Matterlart en su ya clásico Para leer al Pato Donald. Mickey Mouse es el representante de Occidente. La colonización ya no se hace por medio de conquistas armadas, sino por medio de invasiones comerciales. Los países del Primer Mundo nos inundan de sus productos, estimulan el consumo, y así, se aseguran de que se mantenga el status quo de la división internacional del trabajo: el Sur aporta materias primas, el Norte aporte productos manufacturados; el Sur se hace pobre, el Norte se hace rico. El diseñador gráfico de esta imagen ha logrado, como señala el viejo adagio, que su imagen valga mil palabras.

Pero, hay otras mil palabras en esta imagen que, seguramente, han pasado desapercibidas. El mismo diseñador propone que el medio de liberación de la colonización en América Latina sea el rechazo a Occidente. Para eso, hay que matar a Mickey (el representante de la colonización) en un sacrificio ritual azteca. Y, como corolario, propone que, en vez de asimilar a Mickey, asimilemos a Itzli, el dios azteca de los sacrificios, o a cualquier otra figura precolombina.

La imagen es emblemática de los absurdos a los que muchas veces llega la obsesión anticolonialista. Sería insensato negar que Mickey, y todo lo que él representa, ha hecho mucho daño a los pueblos del Tercer Mundo. Pero, es sencillamente descabellado suponer que es preferible el sacrificio humano azteca al colonialismo europeo.

Por supuesto, se objetará que la imagen es meramente metafórica, que su intención no es estimular las matanzas rituales, sino sencillamente expresar un rechazo a la colonización, e incentivar un rescate de las raíces precolombinas. Pero, es urgente caer en cuenta que fue precisamente la colonización europea la que puso fin a los sacrificios humanos precolombinos, y que si no fuera por la llegada de los colonizadores, seguramente imágenes como éstas no serían meras metáforas, sino que seguirían representando sacrificios humanos literalmente. Y, así, aun si Mickey y la colonización han causado mucho daño, fueron una mejora considerable respecto a las condiciones de vida que predominaban entre los pueblos precolombinos que, valga agregar, también practicaban una forma de imperialismo militarista.

La imagen nos invita a rechazar a Occidente, y abrazar a las culturas indígenas. Cuando sacrificamos en un altar todo lo que Occidente representa, no sólo estamos ejecutando al consumismo y la alienación (representadas en Mickey). También sacrificamos la enorme cantidad de valores e instituciones estimables que Occidente ha aportado (la ciencia, la democracia, la medicina, la tecnología, el igualitarismo, la secularización, la racionalidad instrumental, etc.). Y, a la par, abrazamos un conjunto de instituciones culturales indígenas que impiden el progreso (encantamiento de la naturaleza, sistemas jurídicos inhumanos, misticismo, etc.).

Es urgente descolonizarse del dominio político y económico que imponen las grandes potencias. Pero, precisamente, para lograr esa descolonización, es urgente abrazar a plenitud el colonialismo cultural que permite impregnarnos de los valores e instituciones que el Occidente moderno ha expandido. Los procesos de descolonización más exitosos han sido aquellos en los cuales los súbitos se han asimilado a las instituciones culturales occidentales, y han usado estas instituciones en contra de las mismas potencias occidentales. Pretender un rescate de los modos de vida indígenas y un rechazo a la asimilación cultural de Occidente es una medida torpe en la lucha por la descolonización política y económica, pues esos modos culturales indígenas no ofrecen gran oportunidad para revertir el dominio político y económico. Para matar a Mickey Mouse, debemos asimilar muchos de los valores culturales que el mismo colonizador trajo consigo, y asimismo, rechazar buena parte del legado cultural de los pueblos que habitaban este continente antes de la llegada de los colonizadores.

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