sábado, 4 de marzo de 2017

Lyndon Larouche, la corona británica, y el narcotráfico

Los conspiranoicos suelen dirigir su atención a los británicos, y el más obsesionado con ellos, es el político norteamericano Lyndon Larouche. Se ha lanzado varias veces como candidato presidencial, pero nunca ha sido un contendiente serio. Con todo, Larouche ha logrado conformar un movimiento de seguidores que, según confiesan algunos exmiembros, utiliza tácticas de intimidación y chantaje para asegurarse de que no haya desertores.
Inicialmente, Larouche fue un estudiante interesado en la filosofía y tuvo algún talento para ella, pero al final, empezó a ver todo a través del prisma de la conspiranoia, incluyendo la propia historia de la filosofía. Según Larouche y su movimiento, hay una gran conspiración mundial que empezó en la filosofía griega. Platón defendía valores humanistas de rectitud moral; Aristóteles, en cambio, al negar la teoría platónica de las formas, incitó el relativismo y la corrupción. Los británicos, con su forma utilitarista de pensar las cosas, abrazaron la filosofía de Aristóteles, y con su imperio se encargaron de difundir por el mundo la degradación del pensamiento, exportando hedonismo y perdición.

En el esquema de Larouche y sus seguidores, Bertrand Russell y H.G. Wells, ambos británicos, formaban parte de esa conspiración filosófica británica para dominar el mundo. La filosofía de Russell (a quien Larouche considera el “hombre más malvado del siglo XX”) contiene una serie de formalismos matemáticos que una persona común tiene dificultad en seguir, y a juicio de Larouche, eso es un plan para mantener a las masas alejadas de la filosofía, de forma tal que no se ilustren. H.G. Wells, por su parte, propuso el establecimiento de una tecnocracia (de nuevo, encabezada por los británicos) para que una selecta élite de científicos dominara el mundo. Si, al leer un libro del afable Bertrand Russell, alguien ve un complot para dominar el mundo, ¡ciertamente esa persona necesita atención psiquiátrica!
Pero, los grandes ogros en las teorías de Larouche son los miembros de la realeza británica. Larouche acusa a la reina Isabel II de conspirar para dominar el mundo, y establecer el Nuevo Orden Mundial. Para lograr su objetivo, dice Larouche, Isabel II se vale del narcotráfico. Es un hecho indiscutible que, en el siglo XIX, los británicos hicieron grandes fortunas con el opio: se cultivaba en India (en aquel entonces parte del imperio británico), y se comerciaba en China. Las autoridades chinas, preocupadas por el enorme problema de adicción que enfrentaban, trataron de prohibir el opio en su país, y Gran Bretaña organizó dos guerras contra China, de las cuales salió victoriosa.
Larouche, sin embargo, no cree que Isabel II sea una narcotraficante para enriquecerse. El plan de la reina es más perverso: ella quiere adormecer a las masas, para que nadie se le oponga en su dominación del mundo. En la visión conspiranoica de Larouche, el mundo está dividido en tres tipos de personas: los oligarcas, que tratan de conquistar el mundo; los humanistas que tratan de impedirlo y denuncian conspiraciones; y los subhumanos, los borregos que se dejan arrastrar. Las drogas son un instrumento del cual se valen los oligarcas para adormecer a los subhumanos.
Y, más aún, Isabel II encargó a sus servicios de inteligencia diseñar productos culturales pop, que alentara a los subhumanos a consumir drogas, y aniquilar cualquier intento de reflexión crítica. Así, en la imaginación conspiranoica de Larouche, los Beatles son un invento del MI6 (la agencia británica de espionaje) para distraer a la juventud norteamericana, mientras los británicos se apoderan del mundo.
De hecho, siempre ha habido el rumor conspiranoico de que Lucy in the Sky with Diamonds, la famosa canción de los Beatles, es una invitación a consumir drogas. LSD es una droga, y son también las iniciales de la canción. Los Beatles efectivamente consumían droga, pero el compositor de la canción, John Lennon, siempre negó que Lucy in the Sky with Diamonds buscara alentar el consumo de drogas. Los conspiranoicos tienen dificultad en relajarse y disfrutar una bella canción.
En fin, a la familia real británica se le puede acusar de muchas cosas (su vanidad, su desconexión con el pueblo, su maltrato a la princesa Diana, etc.), pero decir que Isabel II controla el tráfico de drogas en el mundo, es una idiotez. No hay absolutamente ninguna evidencia de ello.
Uno de los aspectos más desafortunados de las teorías conspiranoicas absurdas (como ésta de Larocuhe), es que desvían la atención de algunas teorías de conspiración que sí tienen bastante probabilidad de ser verdaderas. Y, en torno a las drogas, hay varias de ellas.
Varios gobiernos en el mundo están infiltrados por carteles de narcotráfico. No se trata de un cartel mundial (como sugiere Larouche al atribuírselo a Isabel II), pero sí es un hecho indiscutible que en países como México o Colombia, el narcotráfico llega a altas esferas del poder. Algunos ejércitos guerrilleros marxistas, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, sin ninguna vergüenza admiten su participación en el narcotráfico; ellos alegan que los consumidores de droga son los burgueses de los países imperialistas, precisamente el enemigo que se quiere destruir.
Hay fuertes sospechas de que Fidel Castro estuvo involucrado en el narcotráfico, a través de la agencia Moneda convertible en Cuba. Muchos teóricos de la conspiración sugieren que, cuando la DEA (la agencia antidrogas de EE.UU.) empezó a sospechar que, en efecto, Castro estaba involucrado en este negocio, el dictador cubano mandó a detener a uno de sus más fieles y brillantes generales, Arnaldo Ochoa. Para lavarse las manos, Castro usó a Ochoa como chivo expiatorio, y en unos infames juicios televisados, se acusó al general de ser cabecilla de un cartel de drogas. Ochoa fue ejecutado por el régimen cubano en 1989.
El gobierno de EE.UU. también ha tenido negocios turbios con el narcotráfico. Se sabe, por ejemplo, que en la década de 1980, la CIA allanó el camino para que los narcotraficantes nicaragüenses operaran en ciudades norteamericanas, y con las ganancias de esas transacciones, se financiara la campaña militar de los contra, que trataban de derrocar al gobierno sandinista de Daniel Ortega.
Algunos conspiranoicos creen erróneamente, en una teoría parecida a las de Larouche, que el gobierno norteamericano deliberadamente distribuyó drogas en los barrios de varias ciudades norteamericanas, para mantener a los negros adormecidos y que no se rebelaran contra el sistema. No hay evidencia de eso. Ése es uno de los principales problemas de las teorías conspiranoicas: al hablar sobre complots inexistentes que supuestamente buscan drogar a la población para adormecerla, se deja de hablar sobre en una conspiración que sí fue muy real: el narcotráfico como forma de recaudar fondos para financiar a los contras nicaragüenses.

Hay algunos indicios también, que permiten pensar que hubo una conspiración para criminalizar la marihuana, con el objetivo de satisfacer a algunos intereses particulares. Si bien la marihuana puede causar daños, el consenso entre médicos es que no es tan dañina como, por ejemplo, el alcohol o el tabaco, dos sustancias que sí son permitidas en casi todos los países del mundo. Según algunos teóricos de la conspiración, la marihuana está hoy ilegalizada, porque en la primera mitad del siglo XX, el industrial William Randolph Hearst la vio como una amenaza a sus negocios. La hoja de la marihuana podría servir en la manufactura de libros y periódicos, y podría competir con el papel. Hearst, que tenía varias inversiones en la industria del papel, hizo lobby para que los políticos prohibiesen el cultivo de marihuana, y desde entonces, la prohibición norteamericana se ha extendido a otros países.

4 comentarios:

  1. Hola.Quizás le interese este estudio:

    http://rebdo.org/post/156081962466/un-an%C3%A1lisis-de-10000-estudios-sobre-la-marihuana

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  2. Tu dices "no hay evidencia" y con eso ya te respondes a ti mismo... Pero si investigaras y leyeras a LaRouche sabrías que, por lo menos, documenta bastante bien lo que afirma.

    Sobre las drogas y el Imperio Británico ha escrito mucho, y en los años 80 tenía una revista (War on drugs).

    Si te interesa documentarte busca el libro Narcotráfico S.A. La Nueva Guerra del Opio (es de 1985,creo, la edición en español, la original es de 1978). Con ese libro, LaRouche denunció el mundo del narcotráfico, la influencia e historia de la corona británica y su relación, y comenzó a luchar para acabar con ello.

    A LaRouche le han acusado de muchas cosas, por ejemplo, de ser ultraderechista, intentaron meterlo en la cárcel, etc. O de defender a la iglesia Católica. Se trata sin duda de un personaje interesante por muchos errores que pueda haber cometido, y que merece ser mas conocido y estudiado.

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  3. Otra cosa. No creas que toda la información está en Internet. Hay información que desaparece. Y afirmar esto no es conspiranoia. Simplemente existen intereses, y cuando algo va en contra de los intereses de alguien con poder se hace desaparecer la información conprometedora.

    Es igual que cuando una persona con dinero (o empresa) quiere "limpiar su reputación" en Internet. Paga a algunos especialistas para que se encarguen de hacer desaparecer aquellas informaciones que le puedan comprometer, así de sencillo.

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