miércoles, 17 de mayo de 2017

La mamarrachada de Liborio Guarulla



 Venezuela atraviesa por una gran crisis económica, pero el daño que Chávez hizo a ese país no fue solamente material. Quizás aún más relevante es el daño intelectual que hizo a los treinta millones de venezolanos, con sus indiscutibles dotes comunicacionales. Chávez continuamente chantajeó con dos mitos que se complementan mutuamente: la leyenda negra y el buen salvaje.
            Según estos mitos (vale decir, ya existían desde mucho antes de Chávez), los indígenas vivían en un paraíso terrenal, y la conquista y colonización Española acabó con aquella época dorada, sólo para traer desgracias. No cabe negar que, en efecto, en la conquista hubo toda clase de abusos. Hernán Cortés no es ningún héroe. Pero, tampoco lo es Moctezuma: las condiciones de las sociedades prehispánicas eran tremendamente opresivas, y es sensato admitir que, junto a las armas y los gérmenes, los conquistadores tuvieron la ventaja de contar con el apoyo de grupos indígenas oprimidos por los propios imperios y sistemas despóticos que predominaban en la región.

            Caben admitir todos los abusos de la conquista, pero es igualmente sensato reconocer el aporte civilizatorio de España. Las bases del pensamiento científico estaban en Europa, no en América, y gracias a la llegada de los españoles, se trajeron a este continente. Hoy disfrutamos de ese aporte, cada vez que curamos una enfermedad con antibióticos, o utilizamos tecnologías que hacen nuestras vidas más placenteras.
            No obstante, en nombre de la lucha contra el colonialismo, gente como Chávez ha querido vendernos la idea de que la ciencia no merece un privilegio. En esto, se hacen eco de los defensores del relativismo cultural (que lamentablemente abundan en las escuelas de antropología), quienes dicen que todo vale, que no hay culturas mejores que otras. Según esta narrativa, cuando un científico le dice a un chamán indígena que está equivocado al decir que las enfermedades no son causadas por espíritus, sino por gérmenes, eso es un acto de “violencia epistemológica”, como si educar científicamente a la gente fuese afín a matar indios, como si Galileo o Newton fueran personajes tan detestables como Cortés o Pizarro.
            Para aquellos de nosotros que no caemos en este chantaje, esto siempre debió ser suficiente motivo para rechazar a Chávez y su demagogia indigenista. Pero, insólitamente, la oposición a Maduro quiere ahora vencer al chavismo en su propio juego, y para ello, exacerba aún más el indigenismo.
            Liborio Guarulla, el gobernador de Amazonas, ha sido inhabilitado políticamente por quince años. Esa medida es claramente injusta, una burda técnica de atropello político que Chávez perfeccionó, y que ahora Maduro le da continuidad. Pero, en vez de protestar contra ella señalándola como una burda táctica que Chávez empleó con mucha otra gente (incluyendo a Leopoldo López, y ahora a Henrique Capriles), Guarulla prefiere acudir al chantaje indigenista: en su interpretación de los hechos, él está siendo inhabilitado, porque es indio. Al chavismo se le puede acusar de muchas cosas, pero no de racismo contra los indios, pues precisamente, el chavismo siempre se dio a la tarea de enaltecer irracionalmente a los indígenas por encima de otros grupos étnicos. Los líderes chavistas siempre fueron muy hábiles en el chantaje indigenista (promoviendo la idea de que, a toda costa, los indios siempre tienen la razón), y siempre tuvieron una gran disposición a acusar a sus adversarios de ser racistas. Guarulla ahora pretende ganarles la partida con esa misma táctica.
            Peor aún, Guarulla lleve ahora a un nivel más extremo la irracionalidad indigenista, al invocar públicamente espíritus y maldiciones pronunciadas por chamanes. Incluso, ha convocado una marcha de chamanes para colectivamente pronunciar la maldición del Dabucurí, la cual, supuestamente, hará que la oligarquía chavista sufra infortunios. Cada quien es libre de creer lo que quiera, pero en una república supuestamente laica, no cabría esperar que un funcionario público haga uso de los medios de comunicación para promover creencias religiosas y visiones mágicas del mundo.
            En Europa, la izquierda pondría el grito en el cielo si un político católico convocara públicamente un auto de fe, y organizara una marcha de exorcistas en contra de algún gobierno. Justamente, esos izquierdistas europeos considerarían que esa marcha sería un remanente de una rancia mentalidad medieval. En América, los izquierdistas también tendrían esa reacción, pero sólo si se trata de prácticas cristianas. Los indígenas tienen un trato preferencial: con ellos, no hay problema si mantienen su mentalidad medieval y la llevan a la esfera pública.
            Esta inconsistencia de la izquierda frente al laicismo y la secularización, ha hecho que mucha, muchísima gente se desencante de los supuestos progres. En parte, eso explica el ascenso de políticos como Marine Le Pen y Geert Wilders, quienes aun siendo representantes de la extrema derecha, defienden más robustamente el laicismo que la izquierda que es muy dura con la religión cristiana, pero muy suave con todas las demás.
            Pero, lamentablemente, la derecha venezolana, en vez de aprovechar esa oportunidad para reafirmar su compromiso laico, pretende ser más indigenista que la propia izquierda. Y así, en vez de tratar de desvincularse de la payasada de Guarulla, la celebra, invocando los mismos típicos argumentos relativistas e indigenistas con los cuales Chávez quiso chantajearnos por tanto tiempo.
            Aún están a tiempo de corregir. De hecho, si la derecha decide participar en la Asamblea Constituyente que Maduro ha convocado (y, duele admitir, es inmoral pero no ilegal, precisamente porque la Constitución anterior la permite, y ésa es una falla que se debería corregir en la hipotética nueva constitución), entonces habría aún una nueva oportunidad para hacer las debidas correcciones. Pues, en la actual constitución, hay una serie de privilegios especiales dados a los indígenas, que promueven el tipo de mamarrachadas que protagoniza Guarulla. A fin de poner término a los chantajes indigenistas, una prioridad de los constituyentes de la oposición debería ser eliminar esos privilegios.

2 comentarios:

  1. Saludos, Gabriel. Estoy de acuerdo contigo en lo que expresas en el grueso del artículo. Solo discrepo en dos puntos específicos. Primero, ¿a quiénes te refieres con "derecha venezolana? Se me hace extraño que comentes eso después de haber expresado el daño intelectual que ha hecho el chavismo con sus dotes comunicacionales; uno de esos daños es la ignorancia política que tenemos hoy día en términos políticos y esa dicotomía de que toda la oposición es derechista y la izquierda es del gobierno, lo cual es falso, la mayoría de partidos opositores son de izquierda.

    Y segundo, estoy en desacuerdo en que la ANC es legal. Lo fuera si se llevará a cabo como establece la Constitución, el artículo 347 dice que es el pueblo quien la debe convocar, el 348 le permite al presidente tener solo la iniciativa. Y creo que la única manera en que el pueblo la puede convocar es a través de un referendo.

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    1. Eduard, estoy de acuerdo contigo en el primer punto, pero no en el segundo. Ciertamente, en la oposición hay gente valiosa de izquierda.
      Ahora bien, discrepo sobre la legalidad de la AN. El 347 dice que el pueblo la puede convocar, pero no dice que la única forma de convocarla sea a través de un referéndum. Eso es una interpretación que estás añadiendo tú. Tal como está redactada, esa Constitución permite perfectamente que el Presidente la promueva (348) sin que haya referéndum. Se podría interpretar que, el tanto el pueblo eligió al Presidente, éste está facultado para, en nombre del pueblo, convocar la AN. La Constitución del 99 es una basura, precisamente porque permite abusos como éstos. En vista de eso, yo creo que la oposición debería ir a esa constituyente, y asegurarse de redactar una constitución que corrija todos esos errores.

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