martes, 23 de septiembre de 2014

¿Inventó Pablo a un Cristo enteramente celestial?



Las referencias más tempranas a Jesús proceden de las cartas del apóstol Pablo, la primera de ellas escrita hacia el año 52 (I Tesalonicenses). Por complejos motivos que ahora no abordaré, los estudiosos están de acuerdo en que sólo siete cartas son auténticas (Romanos, Gálatas, I y II Corintios, Filipenses, Filemón, I Tesalonicenses); el resto, fueron seguramente compuestas por seguidores de Pablo que escribieron en su nombre.

Quienes niegan la existencia de Jesús hacen énfasis en que, en estos documentos (las cartas auténticas), no hay referencias a un Jesús terrenal. La imagen de Jesús que aparece en esos textos, es más afín a una figura celestial. Y, sigue el razonamiento, esto debe ser evidencia de que Jesús no existió. Pues, en la tradición más temprana, Jesús es una figura mitológica celestial, y sólo después, ya con la redacción de los evangelios a partir del año 70, se empiezan a inventar detalles sobre su supuesta vida terrenal.
En las cartas de Pablo no hay mención del nacimiento virginal, de sus parábolas, sus disputas con los fariseos, o los milagros. Sólo hay referencias a su muerte y su resurrección, y los efectos teológicos que esto tiene. Y, la forma en que se hace referencia a su muerte y resurrección, es más afín a un drama cósmico, que a un evento propiamente terrenal. Así pues, bajo estas teorías, el personaje de Jesús habría sido inventado por Pablo. Y, eventualmente, gente influida por su invención original, habría expandido el mito, añadiendo detalles sobre su vida terrenal.
Es cierto que Pablo deja sin mencionar la abrumadora mayoría de los detalles de la vida de Jesús. Pero, de nuevo, apelar al silencio como evidencia de inexistencia es problemático. Debe tenerse en cuenta que Pablo escribió cartas a distintas comunidades para resolver problemas muy puntuales. Y, no esperaríamos que, en esta correspondencia epistolar, salgan a relucir todos los detalles de la vida de Jesús.
No es cierto, además, que Pablo no haga ninguna referencia a Jesús como personaje terrenal. Pablo dice, en primer lugar, que Jesús nació de una mujer y bajo el sometimiento de la Ley (Gálatas 4:4). Dice también que Jesús era descendiente de David (Romanos 1:3), obviamente en cumplimiento de las profecías mesiánicas. Nos dice que Jesús tenía hermanos (I Corintios 9:5), y narra que él mismo personalmente tuvo un encuentro con Santiago, hermano de Jesús (Gálatas 1:19). Esto no parece tratarse de un etéreo personaje celestial. Además, Pablo también hace referencia a los doce discípulos (I Corintios 15:5); de nuevo, un detalle sobre la vida terrenal de Jesús.
Además, si bien Pablo muchas veces discute la muerte de Jesús en términos cargadamente teológicos (a saber, como un sacrificio para expiar los pecados de la humanidad), y no hace referencia ni siquiera a Poncio Pilato (una figura que, con toda seguridad, sí es histórica), en alguna ocasión Pablo sí menciona un aspecto terrenal de la vida de Jesús; a saber, que los judíos le dieron muerte (I Tesalonicenses 2:15). Es muy poco probable que los judíos fueran responsables de haber ejecutado a Jesús (o, en todo caso, no más responsables que los romanos). Quizás este sesgo empezó con el propio Pablo. Pero, al margen de esto, parece bastante evidente que, para Pablo, Jesús no es un personaje enteramente celestial, pues tuvo una muerte terrenal, propiciado por enemigos muy puntuales.
Hay quien postula que ese pasaje de I Tesalonicenses es una interpolación, por complejos motivos. Sigue siendo asunto discutido. Pero, en todos los manuscritos que tenemos, está incluido el pesaje, de forma tal que no es contundente el alegato de que se trata de una interpolación.
Hay aún otro pasaje en el que Pablo se refiere a la muerte de Jesús en términos bastante terrenales: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria” (I Corintios 2: 8). Si bien el pasaje en cuestión tiene cierta semblanza a una referencia celestial, el hecho de que diga que Cristo (el Señor de gloria) fue crucificado por los “príncipes de este siglo”, le da un carácter más terrenal. Pues, se refiere a las autoridades mundanas que, en efecto, buscaron su muerte.
En todo caso, al transmitir algunas exhortaciones, Pablo apela al mensaje de Jesús para discutir asuntos muy terrenales. Por ejemplo, exhorta a los esposos a no divorciarse, e insiste que esa exhortación no es original de él, sino de Jesús (I Corintios 7:10). En efecto, el mismo Jesús en los evangelios enseña la indisolubilidad del matrimonio (Marcos 10:11-12). Esto, de nuevo, es señal de que Pablo transmite las enseñanzas, no de una figura celestial, sino de un predicador terrenal que da consejos muy puntuales.    
    
 No deja de ser cierto que, al transmitir alguna enseñanza puntual, Pablo pudo haber citado a Jesús como refuerzo, y con todo, no lo hizo. Por ejemplo, al exhortar a bendecir a quienes nos persiguen (Romanos 12:14), Pablo no cita la enseñanza de Jesús de que debemos amar a los enemigos (Mateo 5:44). Pero, de nuevo, esto es apelar al silencio, y eso no resulta muy contundente. Quizás el contexto epistolar de Pablo no propició que, en ocasiones como éstas, se citara directamente a Jesús. O, incluso, cabe admitir que, en tanto Pablo nunca conoció a Jesús, hubo varios aspectos de sus enseñanzas que ignoraba. Pero, de nuevo, Pablo sí hace referencia a varios aspectos terrenales de la vida de Jesús, lo suficiente como para suponer que sí se trata de un personaje histórico.

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