viernes, 15 de julio de 2011

La vinotinto y la universidad




A un grupo de venezolanos se les ha encomendado una misión: ganar la Copa América de fútbol. Hace unos veinte años, ésa era una misión imposible; hoy, consideramos seriamente esa posibilidad. Para lograrlo, se han seleccionado a veintidós jóvenes talentosos. Ellos han sido sometidos a una rigurosa preparación y una ardua disciplina, y se espera de ellos que cumplan las expectativas del país. Precisamente por la magnitud de este reto, se espera que el entrenador venezolano utilice sus mejores recursos para ganar.

Buena parte de los jóvenes venezolanos tienen el sueño de representar a Venezuela en la Copa América. Pero, sólo veintidós pueden hacerlo. Al final, una combinación de talento, disciplina, rigurosidad, entrenamiento y, por supuesto, suerte, determina quiénes serán los veintidós elegidos.

A otro grupo de venezolanos se le ha encomendado otra misión: garantizar la salud de treinta millones de venezolanos. Para esta misión, no se necesitan veintidós personas, sino alrededor de unos quince mil. Pues, son cerca de quince mil los cupos que se ofrecen en las facultades de medicina. Ahora bien, ¿quién debería ocupar esos cupos?

Antaño, la concepción liberal meritocrática postulaba que esos quince mil cupos debían ser ocupados sencillamente por los mejores quince mil; a saber, los quince mil venezolanos que mejor preparados estuvieran para ser médicos. Pero, la propagación de una variante del virus izquierdista ha hecho cambiar las cosas: hoy, se estima que esos cupos no deben ser ocupados por los quince mil más aptos, pues eso reproduciría las condiciones de exclusión de los oprimidos, el y privilegio de las clases acomodadas. Así, algún porcentaje de esos quince mil debe ser ocupado por personas procedentes de sectores marginados, independientemente de sus capacidades y méritos.

El argumento frecuentemente invocado para justificar esa decisión es el siguiente: no todos los bachilleres tienen las mismas oportunidades para desarrollar sus potencialidades. Un joven que ha estudiado en un colegio privado en una zona privilegiada tiene más oportunidades para estudiar medicina, que un joven que proceda de un barrio en condiciones precarias. Dada esta desigualdad, el Estado debe emparejar las condiciones, a fin de devolver al joven excluido las oportunidades que no tuvo.

Sería insensato negar que, en efecto, el joven del colegio privado ha tenido mejores oportunidades para estudiar medicina. Pero, el remedio a esta situación no es, como pretenden algunos sectores de la izquierda, intervenir para asegurar cupos a los sectores excluidos en detrimento de las habilidades y la preparación de los pupilos. La solución radica en mejorar las condiciones en que los jóvenes de los barrios son educados. No entregar quince mil cupos de medicina a los mejores quince mil estudiantes es colocar en riesgo la salud de los venezolanos.

No deja de sorprender que, cuando se trata de la vinotinto, nadie reclama que la selección esté conformada por los veintidós mejores futbolistas del país. El seleccionador tiene pocas contemplaciones por la procedencia socio-económica o étnica de sus futbolistas. Su objetivo es ganar la Copa América, y para ello, quiere asegurarse de llevar a los mejores jugadores. Hay muchos jóvenes que, sencillamente, están en desventaja a la hora de competir para alcanzar un cupo en la vinotinto. Muchos de esos jóvenes proceden de barrios donde no hay canchas deportivas, o quizás sus padres están inmersos en la pobreza, y ni siquiera pudieron comprarles unos zapatos deportivos.

Pero, dadas estas injusticias, ¿debe forzarse al entrenador nacional a incluir en su selección a, supongamos, un 50% de jóvenes procedentes de los estratos D y E? La abrumadora mayoría de nosotros responderíamos que no: queremos que Venezuela gane la Copa América, y para ello, queremos que nos representen los mejores futbolistas, sin importar su procedencia socio-económica. Podemos convenir en que el Estado debe construir más canchas deportivas en los barrios, y surtir más zapatos a los desamparados. Pero, sería ir demasiado lejos querer intervenir en la distribución de cupos en la selección nacional de fútbol.

Pues bien, ¿qué impide que apliquemos este mismo argumento a las universidades? Todos queremos que nos garanticen buena salud. Para ello, debemos incluir en las facultades de medicina a los mejores aspirantes. Francamente, no veo por qué debe diferir la política de ingreso a la vinotinto de la política de ingreso a las universidades. De hecho, el mismo gobierno aplica criterios meritocráticos (o, al menos, eso alega) en el ingreso a las fuerzas policiales, las fuerzas armadas, PDVSA, etc. ¿Por qué no pueden las universidades incluir a sus mejores aspirantes?

Ciertamente, a la hora de competir para alcanzar posiciones en una sociedad, hay desventajas. Pero, la solución no es emparejar esas desventajas en las últimas fases de la competencia. La solución es asegurarse de que, desde las primeras etapas, los excluidos puedan desarrollar sus competencias y talentos. En la misma Copa América, hay desventajas. Al principio, todos los equipos tienen la misma oportunidad de ganar el torneo. Pero, al mismo tiempo, sabemos que, por ejemplo, Brasil tiene más ventajas que Venezuela, pues Brasil cuenta con más patrocinio, una población mayor, más tradición futbolística, etc. Ahora bien, ¿debe la CONMEBOL tener en cuenta esta desventaja, e intentar favorecer a Venezuela en el arbitraje? Por supuesto que no. La solución es, acaso, incentivar más el fútbol en Venezuela. Pero, llegada la Copa América, sencillamente debe resultar campeón el equipo que mejor jugó.

Pues bien, del mismo modo, la solución a la injusticia en el acceso a la universidad es mejorar las condiciones de los aspirantes en desventajas socio-económicas, pero en el entretiempo, deben seguir ocupando los cupos estudiantiles quienes más capacitados estén.

Llevado a su extremo lógico, el comunismo termina por conducir a la postulación de condiciones absolutas de igualdad. Si todos debemos ser iguales, no debe haber ganadores y perdedores. Se acabarían las competencias, no habría más olimpíadas, ni Copas Américas. Irónicamente, países como la URSS, Cuba y, ahora, Venezuela, han sido potencias deportivas. Pero, obviamente, para lograrlo, sus autoridades deportivas han dejado de lado su ideología comunista, y han asumido una mentalidad meritocrática basada en el liberalismo. Es por ello que las autoridades deportivas de estos países se han asegurado de que, a las competencias internacionales, asistan los mejores atletas, independientemente de su procedencia socio-económica. En el deporte, nadie quiere asumir que todos debemos ser iguales. ¿Acaso debe ser la universidad distinta?

3 comentarios:

  1. El problema de mi amigo Andrade es que se empeña en "demostrar" que este gobierno y todo lo relacionado con él, dado que pretende ofensivamente ser socialista y que el comunismo tiene mucha más zonas extensamente negras que su defendido "liberalismo", se equivoca y mucho. Está bien. Ya lo entendimos. Sigue luchando y buscando más ejemplo porque parece que no entiende que ya le entendimos. El asunto no está en que en la lucha por las transformaciones ocurren y coexisten con contradicciones, que todos los actos humanos están "embarrados" de imperfeciones, que todo lo que queremos no es todo lo que tenemos ni todo con lo que contamos, que el cambio es dialéctico, que él critica el absolutismo o totalitarismos, pero sus reflexiones están siempre enmarcadas en "todo o nada", que comparar las variables que determinan el ingreso a una selección deportiva con las variables que deterniman (aquí y ahora) el ingreso a nuestras universidades públicas, es como comparar arroz con coco y suchi. Me entretienen las reflexiones, aunque siempre tomen esconden premisas odiosamente simples e incompatibles.

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  2. Hola, gracias por tu comentario. Tú dices que la analogía entre el ingreso a la vinotino y el ingreso a la universidad no es válida; yo creo que sí lo es. Yo no propongo un "todo o nada"; de hecho, creo que algunos rasgos del socialismo pueden asumirse. Sólo propongo un poco más de coherencia: si estamos dispuestos a aplicar criterios de emparejamiento social en la universidad aun en detrimento de la meritocracia, también debemos hacerlo en otras instituciones, como la selección de fútbol. Repito la pregunta del ensayo: ¿por qué debe diferir la política de ingreso a la vinotinto de la política de ingreso a las universidades?

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  3. Creo que, en función de lo que se plantee, el arroz con coco SÍ puede compararse con el sushi. Si un médico prohíbe a un paciente el consumo de almidón, no sería coherente no comer sushi, pero sí comer arroz con coco. Del mismo modo, si se recomienda dar oportunidades, no en función de la excelencia, sino en función de la procedencia social, entonces no sería coherente permitir que los mejores jugadores ingresen a la vinotinto, pero no permitir que los mejores promedios ingresen a la universidad.

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