domingo, 29 de octubre de 2017

Los zombis de "La serpiente y el arcoíris"

            Me cuesta entender a las personas que disfrutan sintiendo miedo. Estoy seguro de que los neurocientíficos tienen buenas teorías para explicar cómo el placer y el temor están asociados, pero en mi caso, yo prefiero obviar la explosión de adrenalina. Por eso, nunca me he interesado en las películas de terror. Pero, en vista de que hay que probar todo en la vida, decidí ver La serpiente y el arcoíris, de Wes Craven.
            Narra la historia de un antropólogo norteamericano que viaja a Haití, tras recibir rumores de que unos sacerdotes locales (los bokor) tienen polvos para convertir a las personas en zombis. En Haití, el antropólogo se debe enfrentar a policías corruptos que usan el vudú para su propia ventaja. Al final, y tras una larga de serie de imágenes sobrenaturales perturbadoras típicas del cine de terror y de Wes Craven, el antropólogo vence a sus adversarios. Como siempre, el bien prevalece sobre el mal.

            Las viejas películas de Hollywood, fascinadas con el vudú tras la ocupación militar norteamericana de Haití a principios del siglo XX, presentaban una visión muy caricaturesca de la religión en Haití. La serpiente y el arco iris trata lo más que puede de evitar esto, y se esfuerza en recrear una atmósfera propia de la nación caribeña. No creo que los haitianos se hayan ofendido con esta película.
            Pero, yo seguiría prefiriendo una versión cinematográfica más leal al libro original de Wade Davis, en el cual supuestamente se basa esta película. En ese libro, Davis cuenta la historia de Clairvius Narcisse, un hombre que fue declarado muerto y enterrado, y dieciocho años después, apareció deambulando en su aldea en Haití. Según Davis, algún bokor administró una poción con tetorodotoxina, un químico que se encuentra en el pez globo (el mismo que se usa para preparar el arriesgado plato que mata a varios japoneses al año). Ese químico hizo que Narcisse diera la apariencia de estar muerto; luego fue desenterrado, se le dieron drogas para que se recuperara, pero en tanto ya el daño cerebral estaba hecho, se convirtió en un zombi que trabaja como esclavo para el sacerdote que le dio la poción.

Si bien Davis, como casi todos los antropólogos, escribió este libro con un tono relativista (demasiado relativista, en realidad), respetando las creencias locales, siempre conservó su racionalismo y nunca se atrevió a admitir que la brujería realmente existe. La película de Craven, en cambio, asume el propio misticismo haitiano, e incorpora al film imágenes que dan crédito a las creencias sobrenaturales. Supongo que tengo un prejuicio racionalista, pero yo sigo prefiriendo películas que prescinden de lo sobrenatural.

2 comentarios:

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  2. Un grato saludo profesor. A propósito de su comentario, también podemos resaltar la visión que cada director desea dar a sus películas. Le sugiero ver el hombre duplicado, basado en el libro de Saramago.
    Otra cosa que deseo agregar, que a pesar de las irracionalidades de casi todas las películas de terror, a mí en particular son unas de mis géneros preferidos desde pequeño.
    Feliz día.

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