martes, 5 de febrero de 2013

Sahlins, Obeyesekere, y la muerte del capitán Cook



            En los años noventa del siglo pasado, hubo una notoria disputa entre dos antropólogos culturales. Desde hacía varios años, el antropólogo americano Marshall Sahlins venía desarrollando su teoría de la mitopraxis. Según esta teoría, las culturas tratan de organizar el mundo en función de sus mitos y símbolos. Y, de esa manera, los mitos no son meras historias que relatan algún evento del pasado; también pueden invocarse para tratar de darle sentido a una situación que puede ser caótica. El mito, en otras palabras, se lleva a la práctica.
            Sahlins formuló la curiosa hipótesis de que, en 1779, los hawaianos hicieron precisamente eso. El capitán británico James Cook arribó a Hawaii, y su llegada coincidió con el festival religioso en honor al dios Lono. Según Sahlins, en su intento por encontrar un sentido a la llegada de Cook, los hawaianos lo identificaron con Lono. Cook partió, pero tuvo que regresar unos días después para reparar una avería de su barco. La temporada del dios Lono ya había pasado, y los hawaianos le dieron muerte. Así, la muerte del capitán Cook fue en realidad una apoteosis religiosa entre los hawaianos.
            Gananath Obeyesekere, un antropólogo de Sri Lanka, objetó esta hipótesis. Según él, existe el mito colonialista que postula que los nativos llegaron a rendir culto a los europeos como dioses. Según este mito, ya los aztecas habían identificado a Hernán Cortés con Quetzalcoatl. La hipótesis de Sahlins no sería más que la continuidad de este mito colonialista. Según Obeyesekere, es terriblemente etnocentrista llegar a creer que los hawaianos fueran tan irracionales como para creer que un capitán británico, visiblemente fatigado, fuese un dios. Obeyesekere postula que los hawaianos mataron a Cook, no por motivos religiosos, sino sencillamente como parte de una revuelta por el mal trato que los británicos daban a los hawaianos.
            Esta disputa es densa en detalles históricos, y no pretendo cubrirlos todos en este breve espacio. Pero, por mi parte, me inclino más por la hipótesis de Sahlins. En sus libros, Sahlins documenta competentemente los sucesos acaecidos, y su interpretación es muy plausible. Las objeciones de Obeyesekere, me parece, tienen poco peso.
            En primer lugar, Obeyesekere sostiene que él nunca se ha encontrado en Asia y el Pacífico con el menor indicio que permita pensar que los nativos están dispuestos a aceptar a los occidentales como dioses. Sorprende esta aseveración de Obeyesekere; parece que no ha indagado lo suficiente. En Melanesia, por ejemplo, ha sido extensamente documentado desde mediados del siglo XX, el curioso fenómeno de los ‘cultos de cargo’. En muchas islas, los nativos desean adquirir las mercancías industrializadas de los occidentales. Así, los nativos llegan a desarrollar la creencia de que esas mercancías proceden de los dioses y ancestros, y hacen varios rituales mágicos para tratar de conseguirlas.
            Es cierto que en la mayoría de estos cultos, los nativos no adoran propiamente a los occidentales como dioses, sino que más bien postulan que los occidentales han robado las mercancías originalmente concedidas por los dioses. Pero, en varios de estos cultos, sí se considera explícitamente que algunos occidentales son dioses. Por ejemplo, en Vanuatu, hay movimientos religiosos que consideran al príncipe de Edimburgo un dios, nuevamente con la expectativa de que algún día, traerá mercancías a los nativos.
            Obeyesekere parece estar más movido por razones políticas que por la búsqueda de la verdad histórica. Obeyesekere forma parte de la corriente académica postcolonialista, cuyo objetivo es someter a feroz crítica toda la experiencia histórica colonial europea. Y, en función de esto, Obeyesekere quiere denunciar como fantasías colonialistas las historias sobre nativos que creen que los occidentales son dioses, sin realmente considerar si estas historias son o no confiables. Para Obeyesekere, el hecho de que perpetúan nociones de superioridad occidental, inmediatamente las descalifica. Esto, por supuesto, es un prejuicio.
            Además, Obeyesekere opina, de forma parecida a lo que sostenían críticos como Edward Said, que sólo los no occidentales pueden opinar sobre los procesos históricos de los no occidentales, pues los occidentales siempre están condicionados por sus mitos colonialistas. Así, puesto que Obeyesekere es de Sri Lanka, él tiene más derecho a opinar sobre lo ocurrido en Hawaii, mientras que Sahlins, por ser americano, no tiene ese derecho.
            Esto, de nuevo, es otro chantaje. Como los postmodernistas, Obeyesekere termina por negar que exista la posibilidad de hacer un análisis objetivo de las cosas. Para él, siempre está de por medio el origen cultural de quien formula alguna hipótesis. Y, casi en tonalidad xenofóbica, sencillamente sostiene que los occidentales nunca deben pronunciarse sobre los no occidentales.
            Marshall Sahlins ha respondido a Obeyesekere con contundencia. Pero, me temo que su respuesta es también defectuosa. El principal argumento en la respuesta de Sahlins es que, en realidad, Obeyesekere es el etnocentrista. Según Sahlins, Obeyesekere parte de una noción occidental de la racionalidad. Pues, Obeyesekere postula que el identificar a un hombre blanco con un dios es irracional.
            Sahlins, en cambio, postula que cuando los hawaianos identificaron a Cook con Lono, practicaban un tipo de racionalidad. Quizás no era la racionalidad occidental moderna, pero no por ello su proceder fue menos racional. Tratar de sentido simbólico a una situación inesperada, a partir de mitos del pasado, es un proceder perfectamente racional, en opinión de Sahlins. Y, así, es etnocentrista pretender postular que quien identifique a un extranjero con un dios, incurre en irracionalidad. Ése es el pecado etnocentrista de Obeyesekere, según Sahlins.
            Si bien, en su respuesta, Sahlins ofrece buenos datos para respaldar la hipótesis de que efectivamente los hawaianos creían que Cook era Lono, sus teorías sobre la racionalidad son muy deficientes. Sahlins, en típica vena relativista cultural, pretende defender la idea de que las culturas son inconmensurables entre sí, y que aquello que es irracional en una cultura, no es necesariamente irracional en otra.
            Urge oponerse a esta noción de que existen varias racionalidades. La racionalidad es una sola. Básicamente la racionalidad consiste en operar bajo las leyes de la lógica y aceptar creencias sobre la base de la evidencia. Las creencias de los hawaianos sobre Cook y Lono no eran incoherentes, y pudieron servir para dotar de sentido a una situación que les resultaba extraña. No obstante, la coherencia es condición necesaria, pero no suficiente, para la racionalidad. Creer que el trueno es producido por Zeus, o que las brujas existen, puede ser coherente, pero no racional.
            Desde Aristóteles, se nos ha enseñado que todos los seres humanos somos racionales. Pero, es hora de oponerse a este dogma. Hay culturas más racionales que otras. Sólo mediante el desencanto y desmistificación del mundo, el refinamiento de las leyes de la lógica, y la indagación empírica sobre los hechos del mundo, ha podido la racionalidad humana realmente desarrollarse. Esto apenas empezó a ocurrir a partir del siglo XVII en Europa. Antes, como bien enseñaba Kant, la humanidad estaba en su infancia.
            No pretendo defender la hipótesis de Lucien Levy-Bruhl, según la cual, los no occidentales prescinden están inmersos en una mentalidad mística y prescinden por completo de las leyes de la lógica. Para realizar las operativas mentales elementales, todos los pueblos del mundo tienen suficiente competencia. Pero, sólo en el Occidente moderno se ha realizado la plena racionalización del mundo (y nunca de forma completamente satisfactoria), aquella que aplica acordemente la navaja de Occam (¿para qué invocar un dios para explicar la aparición de un marinero blanco, si no es necesario hacerlo?), y ha desmistificado el mundo, al punto de postular que lo natural y lo sobrenatural no se mezclan en la experiencia diaria.
            Así pues, Obeyesekere tiene razón cuando postula que, confundir a un capitán británico con un dios es una muestra de irracionalidad. Pero, Obeyesekere se equivoca cuando se niega a aceptar que hay pueblos capaces de abandonar la racionalidad en sus creencias, y por extensión, que los hawaianos nunca creyeron que Cook era Lono. Si por veinte siglos se ha creído que un oscuro predicador galileo es el creador del universo, o que un libro recitado en la Arabia del siglo VII ha existido desde la eternidad, o que un dios puede encarnar como un avatar incluso hoy, ¿por qué ha de sorprender que alguna gente creyera que un marinero era un dios?
            Marshall Sahlins tiene razón cuando postula que los hawaianos trataron de darle sentido a nueva experiencia, invocando sus mitos, y que así, identificaron a Cook con Lono. Sahlins podría tener parte de razón cuando sostiene que esta interpretación fue coherente. Pero, Sahlins se equivoca cuando utiliza la palabra ‘racional’ para describirla. Asumir que los dioses irrumpen en la vida cotidiana es irracional. Una mentalidad que ha abandonado el mythos, y se ha impregnado del logos, nunca aceptará el estatuto divino de algunos seres humanos. Los norcoreanos creían que Kim Il Sung tenía el poder de controlar el clima. Seguramente esta creencia les sirvió para dotar de sentido a su experiencia histórica y política. Pero, semejante disparate sigue siendo irracional.
           Al final, las posturas que frecuentemente los antropólogos toman en torno a la moralidad del canibalismo. Algunos antropólogos parten de una moralidad universal, y aceptan que el canibalismo es inmoral; pero, para no ofender a los pueblos acusados de practicar canibalismo, prefieren postular que el canibalismo nunca ha existido, antes bien, es un mito colonialista. Esto es afín a la postura negacionista de Obeyesekere.
Otros antropólogos aceptan que sí ha habido pueblos caníbales; pero nuevamente, para no ofender a los pueblos acusados, opinan que existen distintas moralidades, y que en ese sentido, el canibalismo no es un crimen. Esto es afín a la postura relativista de Sahlins.
La postura más sensata en torno al canibalismo, me parece, es admitir que sí ha existido (ha sido documentado entre los mayas, aztecas, fijianos, entre otras culturas), y que sí se trata de un crimen reprochable, independientemente del contexto cultural. Es prudente rechazar tanto el negacionismo como el relativismo. Pues bien, lo mismo, me parece, debemos hacer respecto a la muerte del capitán Cook: los hawaianos probablemente sí lo identificaron con Lono, y fueron irracionales al hacerlo.

6 comentarios:

  1. No deja de llamar la atención la excesiva simplificación que se hace de la postura de Sahlins, cuando afirmas que hay que rechazar lo postulado por Aristoteles por constituir un dogma, lo único que propones es reemplazar un dogma por otro. Hay una evidente violación a la racionalidad que dices defender, pues partes cometiendo una "petición de principio" asumes desde ya un concepto de racional que en el fondo es "positivismo duro". Por qué no empezar discutiendo el concepto de "racional", puesto que la definición que indirectamente impones es la que equipara "racional" con "lógica", y creo que un debate tan importante excede la pretensión de universalidad de cualquier diccionario. Pero, ya Morin se encargó de deshacer ello con el "pensamiento complejo". En sentido estricto debieramos reflexionar sobre el "pensamiento salvaje" de Strauss y la contundencia de la reflexión filosófica de Foucault "quien tiene el poder tiene el poder de imponer la verdad" En eso que denominas "racional" coexisten posturas racionales tanto como irracionales, la estructura o el entramado que se teje en torno a la racionalidad occidental no elimina sus incoherencias simplemente o las justifica o las soslaya. Asumir lo contrario es presuponer que la historia es lineal, serial y progresiva y no basta mucho esfuerzo para descubrirnos frente a la barbarie de Hiroshima para no encontrar justificación a nuestro supuesto "progreso racional". Creo que hay que ser más valiente y admitir que sí hay varias formas de ordenar el mundo (llamase racional, irracional, mítico, religioso o etc.) Pero de entre todos esos modos de organización nosotros creemos que uno es mejor que otro, apostamos por la "racionalidad" occidental y la defenderemos en tanto tengamos el poder para imponer la verdad que la acompaña, nuestra verdad será la verdad del mundo, no porque sea la única sino porque podemos imponerla como la mejor explicación, cuando dejemos de tener la fuerza política, científica, cultural o militar para hacerlo tendremos que someternos a quienes nos reemplacen. Mira lo que pasa en el Medio Oriente, en pleno siglo XXI las armas que usan los radicales suníes ¿no son acaso producto de la racionalidad que defiendes? ¿No es la racionalidad sirviendo a una causa irracional? Finalmente, cuando Kant escribió: Respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración? No pretendió decir que la humanidad antes de él estuviese en pañales y que con la Ilustración alcanzaría la mayoría de edad, en todo caso una interpretación así de Kant nos conduciría a reclamar ¿Dónde está la mayoría de edad qué supuestamente ya deberíamos haber alcanzado luego de más de 200 años de adolescencia? La interpretación que propongo nos empuja a rechazar la comprensión del mundo a través de periodos históricos lineales para empezar a ver la cotidianidad, así ganaremos capacidad explicativa. Pero no podemos pretender ambas cosas porque son mutuamente excluyentes. Siendo así, Kant se dirige al hombre particular a ti a mi, a nuestros conocidos, cada uno de nosotros tiene una edad mental que nos coloca en la posición de infantes aun a los 50 o en la posición de adultos aún a los 13, la diferencia radica no en el momento histórico sino en la actitud frente al conocimiento "atrévete a pensar por ti mismo" si siguieras con fidelidad a Kant empezarías preguntándote ¿Qué es la racionalidad para mi, más allá de lo que afirma Aristóteles y sus críticos? Tal vez nos regales algo original en ello.

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    1. Hola, tu postura es típicamente relativista y posmoderna, y la encuentro reprochable. Me acusas de cometer la falacia de petición de principio, pero en realidad, tú eres quien comete esa falacia, al asumir de antemano que el positivismo duro es objetable. Yo sí asumo el positivismo, y no veo ningún problema en ello. Apelar a Morin no ayuda mucho a tu causa, pues me parece un autor muy oscuro. Tampoco Levi Strauss (no "Strauss", como tú lo llamas), o Foucault, son pensadores que tengan mis simpatías; los he criticado bastante en este blog, y en mi libro "El posmodernismo ¡vaya timo!". Me pides definir "racionalidad", y así lo haré: racionalidad es guiar el pensamiento y la acción con los principios de la lógica, y tomando en cuenta la evidencia. Si aceptamos otro criterio más laxo, terminaremos aceptando que la astrología, la alquimia, la homeopatía, los relatos de abducciones extraterrestres, y tantas otras cosas, son "racionales", y eso es inaceptable. Decir, como tú sugieres, que la fuerza de las armas y el poder es loq ue decide qué es racional y qué no es racional es una postura sumamente lamentable. Ningún poder político hará que "2+2=4" no sea racional. Puedo admitir que nuestra marcha histórica hacia la racionalidad no ha sido constante, pero sí creo que hoy, tenemos una racionalidad más desarrollada que hace 200 años.

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  2. Bueno tus "lamentos" y "reproches" conviértelos en argumentos, de lo contrario terminarás siendo como yo que en lugar de defender certezas enarbolo solo opiniones. Envidió sí el tono concluyente de tus afirmaciones, pero no me impresionan y cuando me ha tocado defender posturas "inobjetables", como el positivismo lógico, debo confesar tampoco me han alcanzado tus razones (que son harto conocidas porque precisamente no son originales). Ahora bien, cuando uno renuncia a colocarse en el lugar de otro y adentrarse en la construcción argumentativa del otro, termina siempre por caricaturizar lo que el otro dice, por ello es comprensible tu mención a la alquimia y demás. Ratifico todas y cada una de mis palabras. Pero, me dejan tranquilo dos cosas: la primera, que admitas abiertamente un "soy positivista y no le veo ningún reproche a ello" a confesión de parte... relevo de pruebas; y la segunda, que pese a la orfandad de comentarios sobre tus publicaciones no dejes de publicar. Caí de casualidad en tu blog y he quedado satisfecho porque aun hay gente que se esfuerza por difundir conocimiento y exacerbar la crítica. Saludos.

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    1. Hijo, dime dónde está lo objetable en el positivismo, y podremos seguir en este debate. Tú asumes como si fuese un axioma que el ser positivista es problemático, pero no ofreces absolutamente ninguna justificación para ello. Sólo te conformas con citar a Foucault, Morin y Levi-Strauss (personajes muy cuestionables). En todo caso, sugiero que leas mi libro "El posmodernismo ¡vaya timo!", y ahí refuto muchas de las posturas posmodernas y relativistas con las cuales pareces simpatizar.

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    2. Mi mención a la alquimia no es ninguna caricatura. Si empleamos el criterio tan amplio de racionalidad que defiende Morin, Levi-Strauss y otros relativistas, al final terminaremos aceptando que la alquimia y otras pseudociencias son tan racionales como cualquier otra disciplina científica legítima. ¿Consideras tú que la astrología es racional? En caso de que sí lo sea, ¿estás dispuesto a guiar tus decisiones por un horóscopo? En caso de que no consideres a la astrología racional, dime por favor bajo qué criterio, entonces, una disciplina deja de ser racional, y dónde estás dispuesto a trazar la raya. El problema de relativistas como tú, me parece, es que están dispuestos a elogiar otras supuestas racionalidades, pero cuando se aplican casos concretos, no sostienen sus propias posturas.

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