martes, 6 de febrero de 2018

Marx frente a Bolívar

    Desde que Hugo Chávez repentinamente proclamó que era marxista en 2009 (a decir verdad, no fue tan repentino, pues ya se le veía en sus costuras populistas), sus seguidores intelectuales trataron de hacer malabares para excusar el breve escrito de Marx, Bolívar y Ponte, en el cual el Libertador sale mal parado. Con ese texto, los chavistas, que supuestamente son bolivarianos y marxistas a la vez, están arrinconados, y tienen que decidirse por uno o por otro.
    Por lo general, al menos cuando se trata del choque entre Marx y el Libertador, eligen a Bolívar. En esto, hay mucho de política identitaria. Los chavistas no consideran propiamente los argumentos de Marx, sino que de antemano, deciden que Marx estaba equivocado sobre Bolívar, sencillamente porque entre un europeo y un americano, siempre hay que elegir al americano.  Bolívar podrá haber sido un déspota, pero es nuestro. Así opera la típica mentalidad nacionalista, y los chavistas no escapan a esto.



    Dicho esto, cabe admitir que en su escrito, Marx fue bastante injusto con Bolívar. Los chavistas, con su eterno chantaje victimista propio del Tercer Mundo, saltan a decir que Marx se dejó arrastrar por el racismo (siempre es fácil acusar a un alemán de ser racista), y ésa es la razón por la cual Marx despreciaba al venezolano. Pero, no hay nada en el escrito de Marx que sugiera una inspiración racista. En ningún momento Marx dice que los vicios y defectos de Bolívar se deban a sus características biológicas.
    De hecho, más bien en su escrito, Marx sale en defensa de los negros, y acusa a Bolívar de ser racista. Discutiendo la suerte de Santander y Padilla, Marx enuncia algo que resulta bastante obvio: Bolívar perdonó al primero pero ordenó fusilar al segundo, porque Santander era blanco y Padilla negro. Los chavistas, en vez de chantajear acusando a Marx de ser racista, deberían admitir que si bien el Libertador pudo haber sido muy cariñoso con la negra Hipólita, al final, siempre tuvo temor a la pardocracia, y se dejó arrastrar por prejuicios racistas en los fusilamientos de Padilla y Piar.
    En fin, Marx no fue racista contra Bolívar, pero sí muy injusto. En líneas generales, su breve biografía del Libertador enuncia los datos concretos de forma correcta, pero los presenta muy tendenciosamente. Marx no cambia la información histórica, pero sí la interpreta muy caprichosamente. Marx se empeña en presentar a un Bolívar sumamente cobarde (lo llama el “Napoléon de las retiradas”), traicionero, vanidoso, y enfermo de poder.
    La acusación de cobardía no ha lugar. Todos cuanto le conocieron, unánimemente admitieron la valentía de Bolívar. La audacia de atacar Bogotá cruzando los Andes desde los llanos venezolanos, fue propia de un suicida militar. Pero, tal operación rindió frutos. Bolívar fue un hombre con muchos defectos, pero ciertamente la cobardía no fue uno de ellos. Marx acusa a Bolívar de haber perdido Puerto Cabello por su cobardía, pero en realidad, no fue así.: un soldado traidor colaboró con los prisioneros realistas para que éstos salieran y se amotinaran, y viendo perdida la plaza, Bolívar tuvo que huir.
    Pero, francamente, la valentía suele ser una cualidad sobrevaluada en muchos personajes históricos. ¿De qué sirve un hombre valiente, al servicio de la injuria y la destrucción? Muchos en la oposición venezolana acusan a Chávez de haber sido cobarde, porque supuestamente, estuvo escondido en la retaguardia el 4 de febrero de 1992, mientras los jovencitos soldados morían en el frente como carne de cañón. No sabemos si eso fue realmente así, pero en todo caso, aun si Chávez hubiese estado al frente en aquella intentona golpista, ¿eso lo habría absuelto frente al tribunal de la Historia? De ningún modo. Aun si hubiera sido un hombre muy valiente, Chávez merece todo nuestro reproche, por haber destruido a Venezuela.
    En fin, las acusaciones de traición y vanidad en contra de Bolívar sí tienen más sustento. Marx menciona la forma en que Bolívar entregó Miranda a Monteverde. En efecto, este episodio arroja una gran sombra sobre las virtudes de Bolívar. Tampoco se puede negar el carácter vanidoso de Bolívar, y su gusto por las pompas (como la entrada triunfal a Caracas en 1812, la cual Marx cita como evidencia de la vanidad del Libertador).
    Y, seguramente el alegato más justo de Marx en contra de Bolívar, es reprocharle su ambición y ansias de poder. En efecto, tal como Marx se lo reprocha, Bolívar escribió una constitución tremendamente autoritaria para Bolivia, la cual quiso imponer en Colombia, pero que afortunadamente, los partidarios de Santander no se lo permitieron.
    Con todo, Marx no dejó de ser hipócrita en este aspecto. Pues, fue él mismo quien se entusiasmó por la dictadura del proletariado. Si bien no podemos reprochar a Marx los abusos de las brutales dictaduras de Lenin, Stalin, Mao o Fidel, no deja de ser cierto que el filósofo alemán, en su empeño de destruir los regímenes liberales europeos, sí sentó las bases para los regímenes totalitarios del siglo XX. Marx nunca propuso explícitamente suprimir libertades civiles básicas, pero sí propuso abolir la propiedad privada. ¿Cómo puede lograrse tal acometido, si no es convirtiendo al Estado en un monstruo?
    En fin, es curioso que Marx, un tipo que destacó por su capacidad analítica, se limitó en su escrito a criticar a Bolívar concentrándose en aspectos puntuales de sus acciones militares, pero no desarrolló una crítica de las ideas del Libertador. Pues, Bolívar era un típico representante del liberalismo económico que Marx tanto repudiaba.


    Los chavistas quieren presentar a Bolívar como una suerte de proto-socialista que defiende el socialismo agrario y las restricciones al comercio; nada más lejos de la realidad. Como todos los otros criollos que se unieron a su rebelión, Bolívar inició su gesta, no tanto por motivos de nacionalismo (aunque, cabe admitir, hubo algo de eso), sino porque España no permitía el libre comercio de las colonias entre sí, y con Inglaterra. Bolívar, fiel seguidor de Montesquieu en lo económico (no tanto en lo político, pues como he mencionado, coqueteó mucho con tendencias autoritarias), depositaba su confianza en el libre comercio con aranceles y regulaciones económicas muy reducidas. Más aún, si bien tomó pasos hacia el igualitarismo (aboliendo la esclavitud y derogando el tributo de los indios), habría quedado horrorizado con un sistema que pretende abolir las clases sociales e imponer la igualdad a rajatabla.
    Al final, las ideas liberales de Bolívar han resultado ser mucho más benevolentes y productivas que las ideas comunistas de Marx. Pero, eso no impide que en sus reproches al venezolano, el alemán tuviera razón en algunas cosas. Con todo, la crítica de Marx es bastante decepcionante, pues en su escrito, no menciona el aspecto más sombrío de toda la vida de Bolívar: su Decreto de guerra a muerte, y la decisión de ejecutar a más de dos mil prisioneros españoles (la mayoría civiles que no habían participado en la contienda militar) en La Guaira, en febrero de 1814. Bolívar no fue cobarde, pero sí fue un criminal de guerra. Marx lo debió haber juzgado así; lamentablemente, no lo hizo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario