jueves, 1 de febrero de 2018

La leyenda negra sobre Simón Bolívar


Es indiscutible que en Colombia y Venezuela hay un culto a Bolívar, y que eso resulta muy perjudicial para ambas naciones. Una de las grandes reformas culturales que nuestros pueblos necesitan es, precisamente, bajar del pedestal a Bolívar.
Pero, para bajar del pedestal a Bolívar, es necesario hacerlo con sentido crítico. Pintar un cuadro en el que se representa a Bolívar como un transexual que se masturba con la silla del caballo (así consta en la infame obra del pintor chileno Juan Dávila), puede ser gracioso e iconoclasta, pero no refleja al Bolívar real.
Del mismo modo, presentar a Bolívar como un monstruo que se enfrenta a unos heroicos españoles, no contribuye positivamente al fin del culto a Bolívar. Este tipo de representación es propia de los nacionalistas españoles (no casualmente asociados al franquismo y al Partido Popular) que ven en Bolívar a un traidor. Una representación como ésa por parte de los derechistas españoles (no quisiera llamarlos fachas) no hace más que exacerbar el patrioterismo de los colombianos y venezolanos, quienes se aferran a la imagen de Bolívar ante lo que ellos perciben como insolencia neocolonial española.

Una muestra de esta distorsión es un reciente programa en la televisión española, moderado por José Javier Esparza y con Pol Victoria como invitado. En el programa, Esparza y Victoria comentan lo que ya es sabido: en Venezuela y Colombia hay un culto a Bolívar, y la guerra de independencia no fue tanto un conflicto entre colonizados y colonizadores, sino más bien una guerra civil entre partidarios de la continuidad y partidarios de la secesión. Esos datos son indiscutibles.
Pero, al insistir en que se trataba de una guerra civil, Esparza y Victoria empiezan a contar medias verdades. Dicen que los territorios en América eran provincias de España. Eso es falso. Con las reformas borbónicas, los territorios de América pasaban a ser colonias de España (con la dinastía de los Austria eran reinos), con prohibición de comercio libre (se imponía el sistema mercantilista que sólo permitía el comercio con la metrópolis), e incluso, con prohibición de que los nacidos en América pudieran ocupar altos cargos en la administración pública de los propios territorios americanos.
Esparza dice también que en la guerra todos eran españoles, porque la Constitución de Cádiz no distinguía entre españoles de ambos hemisferios. Lo que Esparza no menciona es que las mismas Cortes de Cádiz impusieron el criterio según el cual los americanos con sangre africana no tendrían la misma proporción de representatividad en las Cortes, y en ese sentido, a pesar de tener mucha más población que España, América tenía menos representantes en las Cortes. Precisamente por esto Bolívar y los otros próceres se negaron a llegar a un acuerdo con las Cortes, pues si bien suponía una mejora respecto al absolutismo y el típico colonialismo, seguía presentando a los americanos como ciudadanos de segunda. Y en todo caso, infamemente, el propio Fernando VII derogó la propia Constitución de Cádiz en su regreso al trono, bajo los gritos populares de ¡Vivan las cadenas!
Luego Esparza y Victoria se extienden sobre el Decreto de Guerra a Muerte y los crímenes de guerra cometidos por Bolívar. Y con eso, cargan las tintas. Es indiscutible que Bolívar cometió atrocidades, pero no es cierto que, como sugiere Esparza, le dio pleno cumplimiento a la amenaza contenida en el Decreto de Guerra a Muerte. Ni Esparza ni Victoria comentan que, ante las atrocidades de parte y parte durante la contienda (Monteverde y Boves, ambos españoles, habían sido mucho más crueles que Bolívar), el Libertador procuró llegar a un acuerdo de humanización de la guerra con Morillo. Dicho sea de paso, Morillo nunca dejó de admirar a Bolívar.
Victoria se esfuerza en presentar a Morillo como un general que fue “forzado a ejecutar prisioneros”, pero nunca extrajudicialmente. Esto es falso. Si bien Morillo no fue el sanguinario que sí fueron Monteverde y Boves, aun así cometió atrocidades ejecutando a civiles a mansalva, como por ejemplo, durante el asedio a Cartagena. Y en todo caso, es difícil entender cómo Morillo “se vio obligado” a matar gente, pero Bolívar lo hizo por gusto. Victoria señala que Morillo llegó ofreciendo reconciliación de parte del rey de España. Esto es extremadamente difícil de creer. Fernando VII fue infame por sus brutales persecuciones a liberales en la propia Península Ibérica; mucho menos iba a estar dispuesto a perdonar a los rebeldes de la lejana América. Con todo, sí es cierto que, en Maragarita, Morillo amnistió al independentista Arismendi, y la jugada le salió cara, pues una vez que Morillo abandonó la isla, Arismendi ejecutó a los soldados españoles que quedaban en Margarita. Precisamente por esta mala experiencia, Morillo no tendría ya compasión en su empresa militar, y no ofrecería perdón a nadie.
Victoria dice también que la mano inglesa estuvo metida en la gesta independentista de Bolívar, y en ese sentido, deja entrever que era algo así como un títere del imperialismo británico. De nuevo, esto es cargar las tintas. Es cierto que hubo una legión británica de mercenarios, y que en la Carta de Jamaica, Bolívar ofreció Nicaragua a Inglaterra. Pero, suponer que no hubo motivos legítimos para alzarse contra la opresión colonial española (como parecen hacer Esparza y Victoria), es un despropósito. En todo caso, el aporte inglés a la gesta independentista no fue muy significativo. Sin el descontento popular producto del mal gobierno español, y sin el efectivo liderazgo de próceres como Bolívar, la independencia nunca se hubiera logrado. 
Victoria alega que los indios y negros no participaron en la contienda contra España, y que de hecho, más bien militaron en los ejércitos del Rey. Nuevamente, esto es una media verdad. Es cierto que al principio, fue una revuelta exclusivamente criolla. Y precisamente por la exclusión a los indios y negros en el nuevo gobierno criollo, caudillos realistas como Boves lograron unirlos a sus filas. Pero, Bolívar alcanzó a ver esto, y hábilmente incorporó a indios y negros en sus ejércitos, ofreciéndoles incluso la abolición de la esclavitud. No cumplió del todo esa promesa, pero sí tomó los primeros pasos. Sin la incorporación de negros e indios a sus ejércitos, jamás pudiera haber vencido a los ejércitos realistas.
Victoria acusa a Bolívar de ser un resentido porque sus ancestros no consiguieron títulos nobiliarios. Es cierto que a la familia de Bolívar se les negó esos títulos, porque no pudieron demostrar su pureza de sangre. Esto es indicativo de lo racista y opresivo que era el sistema colonial español. Pero, Victoria especula muy irresponsablemente al pretender conocer las motivaciones psicológicas de Bolívar. No estamos en posición de saber si Bolívar tenía o no oculto un resentimiento. El asunto de los títulos nobiliarios nunca aparece en sus cartas personales, y no pareció ser un tema relevante en su vida. Y en todo caso, atribuir la gesta de independencia a esa única motivación, es de nuevo desconocer todas las condiciones sociales que impulsaban revueltas como la de Bolívar o San Martín.

10 comentarios:

  1. Hay un libro llamado "Al Oido del Rey" de Pablo Victoria que casi hace la misma referencia como lo expones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, conozco ese autor. Supongo que Pablo Victoria es el padre de Pol Victoria, porque ambos son colombianos, y ambos son muy criticos de Bolivar, pero de un modo exagerado, que no se corresponde adecuadamente con la verdad historica.

      Eliminar
  2. Un masón al servicio de Inglaterra para destruir España, eso es lo que fue simoncito.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Leiste los argumentos del blog, o solo aprovechaste la ocasion para dejar un comentario troll?

      Eliminar
  3. Nada de troll, no simpatizo con la causa de un criollito despreciable como lo fue simoncito, traidor a su sangre y a la Madre Patria, vendido al capital ingles y a la masoneria. El error de Chavez fue haberse aferrado a la figura de bolivar y no a la de Boves por ejemplo, su indigenismo y anti-europeismo le pudo mas lamentablemente.

    ResponderEliminar

  4. • Durante la mayor parte de su vida, Simón Bolívar fue marioneta del principal capitoste de la Inteligencia británica, el economista, escritor y filósofo utilitarista Jeremy Bentham, una figura fascinante cuyo mayor desarrollo, a pesar de ser una gran tentación, escapa a la intención de este escrito y tendrá que quedar pendiente para otro artículo más específico. Basta decir de momento que Bentham, niño-prodigio, muy viajado por Europa, Rusia y el Imperio Otomano, era el centro de una vasta red de Inteligencia, información, comercio, diplomacia y espionaje que se vengó de Francia y de España por haber apoyado la independencia de EEUU, promoviendo la revolución francesa y la emancipación de las colonias españolas, entre otras cosas. Su época coincide con la creación del Foreign Office y con la toma de control de las actividades externas de Inglaterra por parte de la Compañía Británica de las Indias Orientales, multinacional que actuaba como gobierno británico de facto allá donde estaba implantada.

    http://europasoberana.blogspot.com/2015/02/globalistan-construyendo-el.html?m=1

    ResponderEliminar
  5. Es cierto que la constitución de Cádiz no reconoció la nacionalidad a los americanos con ascendencia africana pero este grupo no superaba el 6% de la población, además las cortes de Cádiz intentaron suprimir el sistema americano de castas raciales en el Perú, abolieron el tributo indígena y la mita Y QUISIERON HACER LO MISMO con el o abolir el tráfico de esclavos. http://www.elcultural.com/revista/especial/De-Cadiz-a-America-libertad-contagiosa/30722

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es falso que los americanos con ascendencia africana eran sólo el 6% de la población. Si hubiera sido así, el balance de representación en las cortes se hubiera mantenido. Pero, no fue así. ¿Cómo, con una población mayor en América, los americanos tenían menor representación en las cortes? Obviamente, esto era debido al hecho de que el grupo excluido, no era solamente 6%.

      Eliminar
  6. Según Castro y sus seguidores (Gilman, Sicroff) la supuesta obsesión española por la limpieza de sangre provocó la exclusión de los conversos de los puestos de honor y reducidos a la miseria lo que presuntamente causaría la esclerosis de la economía y la ciencia. El problema con esta hipótesis es que ignora que los estatutos nunca consiguieron ser parte de las leyes españolas. Ningún código legal reconocía la discriminación por limpieza . Sólo un número pequeño de corporaciones privadas tenía estatutos: la Inquisición, los seis Colegios Mayores de Castilla, las Órdenes Militares, tres órdenes religiosas, una docena de catedrales y algunos gremios locales. Los conversos podían, normalmente, asistir a cualquier Universidad u ocupar cualquier puesto de gobierno, entrar en la nobleza o en la Iglesia . No afectaban, pues, a todo el mundo. Por otro lado durante el reinado de los Reyes Católicos la administración está plagada de conversos: Luis de Santángel, escribano de ración, cuya familia emparentará con los Villanueva; Gabriel Sánchez y sus descendientes serán tesoreros generales del reino; Sancho Paternoy, maestre racional; Alfonso de la Caballería, que emparentará con los Justicia de Aragón, vicecanciller; Felipe Climent, protonotario; secretarios reales, Juan de Coloma y Miguel Pérez de Almazán, señor de Maella, quien construirá una capilla en la iglesia de Santa María del Pilar. Gabriel Zaporta fue banquero de Carlos V. Por si fuera poco ya en el siglo XV Díaz de Toledo, Alonso de Cartagena, Lope Barrientos y Juan de Torquemada (tío del inquisidor) denunciaron la discriminación de los conversos. En 1599 el dominico Salucio publicó un Discurso en el que atacaba los estatutos. Contaba con el apoyo de miembros de la Inquisición y de eminentes prelados y políticos que rechazaban el racismo y antisemitismo implícito de los estatutos. Ya mucho antes la limpieza de sangre fue criticada libremente por innumerables intelectuales, teólogos y clérigos: Melchor Cano, Arias Montano, Padre Mariana, Covarrubias, Azpilcueta, Francisco de Vitoria etc. El duque de Lerma, valido Felipe III, también se opuso a los estatutos de limpieza de sangre; con Olivares y a instancia suya publicó la Inquisición en 1622 "el más extraordinario documento que jamás saldría de su seno" (Kamen), y que entre otras cosas manifestaba: "resulta pues que aviendo cessado totalmente lo que dio causa a los estatutos, será prudencia civil y política por lo menos que cesse el rigor de la execución de ellos". Este documento afirma, que los bautizados, tanto hebreos como gentiles eran miembros de la Iglesia de Cristo. Esta impresionante marea contestataria contra la limpieza de sangre obligó a la Inquisición a revisar su política antisemita con Inquisidores generales (Portocarrero , Niño de Guevara, Sandoval y Rojas Pacheco), netamente partidarios de la supresión de los estatutos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No niego que hubiera reacciones contestatarias en contra de la limpieza de sangre. Pero, precisamente, esas reacciones surgieron en contraposición de una institución que dominó a España por al menos tres siglos.

      Eliminar