viernes, 11 de diciembre de 2015

El asalto del Congreso venezolano en 1848: ¿y 2016?

            La reciente victoria aplastante de la oposición en las elecciones legislativas debería hacernos reconsiderar un aspecto de nuestro pasado histórico, a fin de aprender sus lecciones, y prepararnos para el futuro.
            Una de las figuras históricas venezolanas que Hugo Chávez (y ahora Nicolás Maduro) más degradó fue José Antonio Páez. Antaño, la cara de Páez estaba en algunos de nuestros billetes, pero Chávez se aseguró de erradicar su memoria. En el adoctrinamiento chavista, Páez es el gran Satán.

            A Páez se le acusa de muchas cosas. Su mayor pecado, supuestamente, fue haber traicionado a Bolívar en 1830. A decir verdad, en aquel contexto, las acciones de Páez fueron muy comprensibles. Bolívar estaba empeñado en conformar un país muy extenso, gobernado desde una lejana capital, imponiendo sistemas de reclutamiento forzoso, y un gobierno con dictadura vitalicia. Páez sensatamente optó por la secesión venezolana, del mismo modo en que cualquier movimiento secesionista legítimo habría hecho (como los patriotas durante la guerra de independencia).
            Chávez también acusaba a Páez de ser un conservador durante sus mandatos como presidente, como si eso fuese un crimen imperdonable. Sí, es cierto, Páez frenó un poco las transformaciones revolucionarias y mantuvo muchas estructuras coloniales. Pero, en un país devastado por la guerra, y conociendo el estado caótico en que Venezuela se encontraba, el juicio de Páez demostró ser el correcto. Para mantener un poco de orden y cordura en una época convulsa y plagada de rencillas caudillistas, el conservadurismo de Páez (la mayor parte del tiempo apegado al constitucionalismo), fue ventajoso.
            Uno de los grandes enemigos de Páez fue José Tadeo Monagas. Este nefasto caudillo empezó formando parte del ala conservadora, pero eventualmente rompió con los conservadores. En 1835, José María Vargas, un conservador, fue electo presidente. Monagas encabezó una rebelión que triunfó temporalmente, pero Páez eficientemente restableció el orden constitucional y derrotó a Monagas. Luego, Monagas fue electo presidente en 1847. El Congreso (de mayoría conservadora), no obstante, no lo apoyaba. Monagas no estaba dispuesto a gobernar con los límites que le imponía el poder legislativo, y el 24 de enero de 1848, instó a hordas de sus simpatizantes a entrar en el edificio del Congreso. Las hordas lincharon a varios congresistas (entre ellos el eminente Santos Michelena), y por la vía de las armas, Monagas disolvió el Congreso.
            Mientras que en Europa, en 1848, había revoluciones a favor de la libertad, en Venezuela, las hordas al servicio de Monagas cometían aquel acto de barbarie. Ante semejante gorilismo, Páez promovió una rebelión para hacer frente a Monagas, pero su rebelión no tuvo éxito, pues fue capturado en Macapo Abajo.
            El 6 de diciembre de 2015, la oposición ganó dos tercios de la Asamblea Nacional. Nicolás Maduro ha reconocido el triunfo muy a regañadientes, y hasta ahora, hay incertidumbre respecto a cuán dispuesto estará a respetar el juego democrático. Maduro es sucesor de Chávez, pero en cierto sentido, Maduro (lo mismo que Chávez) es descendiente político de Monagas. Ese caudillo alentó la toma del Congreso, inspirando en sus hordas el odio a los “godos”, los descendientes de españoles que comulgaban con la ideología conservadora. Bajo consignas populistas, las hordas de Monagas trataron de autojustificarse alegando que el pueblo no puede tolerar un Congreso conservador que ponga freno a gobiernos revolucionarios.
            Los tiempos han cambiado, pero no mucho. Desde el mismo día en que el chavismo sufrió la humillante derrota electoral, aparecieron los colectivos bolivarianos (que Chávez procuró armar desde el inicio) amenazando a los vencedores, y dando señas de que, no estaba descartado irrumpir violentamente para impedir que la oposición materialice su victoria electoral, y si hay que matar a algunos “godos” (“escuálidos”, como son llamados ahora), pues que así sea.

            Con todo, dudo de que Maduro cometa la barbaridad de Monagas. Pero, hay formas más sutiles de lograr el mismo objetivo. Chávez, siempre un paso más adelantado en su astucia, previó que algún día, podría perder el control de la Asamblea. Frente a eso, preparó el llamado “poder comunal”: muchas competencias gubernamentales serían traspasadas a comunas (dominadas por los propios chavistas, por supuesto), en caso de que sus contrincantes ganaran elecciones; lo mismo que hizo Monagas, en caso de un derrota electoral, se valdría de las hordas para seguir gobernando. Yo no descartaría ese escenario: no habría una abolición directa del poder legislativo, pero sí podría disimularse a través del traspaso de competencias al poder comunal.

            La oposición venezolana enfrenta un gran reto, no sólo por el desastre económico que Chávez dejó como legado. El gran obstáculo a la gestión pública es la cultura política gangsteril que nos viene ya desde la época de Monagas. Los problemas económicos tienen soluciones relativamente sencillas y se permiten soluciones a corto plazo. Las deficiencias culturales no.

4 comentarios:

  1. el desconocimiento de nuestra historia nos puede hacer caer en los mismos errores del pasado y convertirse en historia ciclica donde los eventos se repiten y en nuestra epoca con artificios modernos por eso es muy importante ir atras en la historia y tener reseñas de estos eventos para no repetirlos y avanzar hacia un mejor destino y asi comprender hacia donde vamos..

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    1. Efectivamente. Por fortuna, Ramos Allup ha recordado varias veces la barbaridad que hizo Monagas en 1848, a fin de advertirnos sobre el peligro de que, ahora, a los chavistas se les ocurra hacer algo parecido.

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  2. Respuestas
    1. Sí, aunque en realidad, no era necesario ser Nostradamus para adivinar que las hordas iban a atacar el Palacio tarde o temprano... Lo único que ningún profeta podría haber adivinado, es que esas hordas llevaran la bandera gay.

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