lunes, 16 de junio de 2014

¿Era Pablo homosexual?



            Entre los cristianos de tiempos posmodernos, hay una tendencia a querer abrazar causas progresistas, sin necesidad de abandonar el cristianismo. Respecto a la homosexualidad, esto es muy común. Es notoria la historia homofóbica de la Iglesia, pero hay quien, quijóticamente, quiere reformarla a favor de una actitud abierta hacia los gays y lesbianas.

            Y, así, se han hecho toda clase de malabares interpretativos para argumentar que los textos, si bien tienen apariencia homofóbica, en realidad no lo son. O, en todo caso, que incluso los propios fundadores del cristianismo, pudieron tener encuentros homosexuales. Morton Smith, por ejemplo, célebremente alegó que él descubrió el Evangelio secreto de Marcos (en realidad, alegó haber descubierto un documento de Clemente de Alejandría que atestaba la existencia de ese evangelio). Según parece, ese evangelio sugería que Jesús tenía encuentros homosexuales como parte de ritos de magia; el problema, no obstante, es que Smith nunca presentó evidencia de ese documento.
            También se ha sugerido que Pablo pudo haber sido homosexual. El más entusiasta defensor de esta teoría es el obispo episcopaliano John Shelby Spong (el filósofo ateo Michel Onfray, con mucho menos rigor, se aventuró con una teoría singular, a saber, que Pablo era impotente). ¿En qué se basa Spong para hacer semejante alegato? Hay a lo largo de las epístolas paulinas (y vale destacar que, a juicio de los entendidos, sólo siete son auténticas) varios pasajes de gran rigurosidad sexual. Pablo es, a todas luces, un reprimido.
No se opone propiamente al matrimonio, pero prácticamente lo plantea como una suerte de mal menor frente a la fornicación, mejor “casarse que quemarse”, como célebremente postula en I Corintios 7: 9. Pero, en el mejor de los casos, es mejor que un hombre no toque a una mujer (I Corintios 7: 1). Y, por supuesto, cuando se trataba de la homosexualidad, no se mostró tolerante. Muestra desdén por la homosexualidad en Romanos 1: 27, y advierte claramente que los homosexuales no entrarán en el reino de Dios (I Corintios 6: 9).
            Es archiconocida la teoría psicoanalítica según la cual la homofobia obedece a una homosexualidad reprimida. Y Spong parece hacerse eco de ella: Pablo hubo de ser un homosexual reprimido, pues si no, no se explica cómo pudo ser tan vehemente en su odio a los gays, y además, en su rigor de abstinencia. Pablo dice en una de sus cartas que siente que le ha sido clavado en la carne un aguijón, “verdadero delegado de Satanás” (II Corintios 12: 7).
            Esto, opina Spong, resuena con el lenguaje de los homosexuales reprimidos que buscan luchar contra sus tendencias sexuales, quieren alejarlas, pero no logran controlarlas. Además, Pablo parece sufrir alguna enfermedad (Gálatas 4: 13), y muchos comentaristas suscriben la opinión de que esa enfermedad es el mismo agujón al cual hace referencia en la otra epístola (independientemente de si se trata de su condición homosexual o no). A juicio de Spong, esta misteriosa enfermedad es en realidad su homosexualidad, pues Pablo la siente como un mal tentador (un “delegado de Satanás”), frente al cual lucha con toda su voluntad.
            Es fácil y entretenido jugar con estas especulaciones, pero yo recomiendo mucha cautela. A los psicoanalistas les encanta ofrecer sus servicios sin que nadie se los pida, y hacer diagnósticos de homosexualidad reprimida en cinco minutos. Freud, por ejemplo, trató de hacer esto con Leonardo Da Vinci en un infame texto, Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci. Supuestamente, el gran renacentista había escrito en su diario el recuerdo de que, cuando él era un niño, había tenido el sueño en el cual un buitre había frotado su cola sobre la boca de Da Vinci. Así pues, parece que a Da Vinci le gustaba ser receptor de buitres depredadores, y eso, por supuesto, ¡tiene toda una connotación sexual!
Luego, como adulto, pintó La virgen y el niño con santa Ana, en la cual supuestamente se esboza una figura de pájaro (yo en realidad no la veo en la pintura), y ¡voilá!, con eso ya Freud pensaba que Da Vinci era homosexual (esta manía de ver figuras ocultas en las pinturas de Da Vinci luego fue recapitulada en la también infame novela de Dan Brown, el Código Da Vinci).
Todo este ejercicio psicoanalítico de Freud fue un bochorno, no solamente por lo aventurado que resultaba postular que un pintor del siglo XV era homosexual, sobre la base de unas escuetas referencias, sino también porque el texto original en el cual Da Vinci narraba su sueño había sido mal traducido, y ¡nunca utilizó la palabra “buitre”, sino que hacía referencia a un pájaro menos agresivo!

Deberíamos aprender la lección de este lamentable episodio, y tomar cautela antes de aventurarnos a sostener que Pablo era homosexual. Sí, ciertamente tenía una actitud antagónica contra la sexualidad. Pero, también la tenían los esenios, sus contemporáneos. ¿Eran todos los esenios homosexuales reprimidos? Lo dudo. Yo más bien opino que este ascetismo y desdén por la sexualidad debe explicarse en función de la expectativa apocalíptica que tanto Pablo como los esenios compartían.
Bajo esta visión, el fin del mundo está muy próximo, y es mejor prepararse. Para evitar caer en conductas pecaminosas (y vale admitir que, en el contexto de la Epístola a los corintios, aquella en la cual Pablo muestra su desdén por el sexo, la comunidad cristiana corintia tenía una vida sexual bastante desordenada) y así evadir el castigo eterno, conviene alejarse del sexo. La actividad sexual y la reproducción ya no tendrá sentido, pues lo mundano pronto llegará a su fin con la irrupción de Dios para vencer al pecado.
Así pues, el “aguijón en la carne” al cual hace referencia Pablo pudo o no haber sido la homosexualidad. Yo me inclino a pensar que se refiere más bien a pecados de toda índole, frente a los cuales Pablo siente gran preocupación porque el fin del mundo es inminente. O, incluso, sin necesidad de complicar más las cosas con malabares interpretativos, ese aguijón en la carne, lo mismo que la enfermedad a la cual hace referencia, pudo haber sido una dolencia de la vista, pues señala que, para resolver su enfermedad, los gálatas se “habrían sacado los ojos” para dárselos a él (Gálatas 4: 15), y luego dice que escribe letras grandes (Gálatas 6: 11); la presunción, de nuevo, es que tuvo algún problema en la vista, y por eso necesitaba escribir letras grandes.

8 comentarios:

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    1. Hola Cornelio (vaya, como el centurión romano que se convirtió al cristianismo, el primer converso gentil, jeje), gracias!

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  2. Creo que caes en eso de pensar que porque se rechaza algo se le teme o se le odia. Homofobia significa netamente "temor a la homosexualidad". Pero que uno rechace algo o no esté de acuerdo con ello no significa en sí temor. Yo me baño porque rechazo la suciedad no porque la tema, y lo mismo las dolencias o las incomodidades.

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    1. Gracias por el comentario. Su aclaración es oportuna. No obstante, yo diría que las analogía no es adecuada. Pues, la forma en que se rechaza a la homosexualidad sí es con temor y odio. La gente que rechaza la homosexualidad en su vida personal (como es mi caso), no pretende imponerle esa preferencia a los demás. En cambio, me parece, Pablo y la Iglesia, sí pretende imponerle irracionalmente a los demás, la preferencia heterosexual. Además, evitar la suciedad es perfectamente racional, porque las bacterias hacen daño. Pero, ¿por qué ha de evitarse la homosexualidad? ¿A quién perjudica la homosexualidad?

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  3. Saludos Gabriel: interesante articulo... como siempre.

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    1. Hola Leo, gracias, y espero que unos cuantos curas maracuchos salgan del clóset, jejeje.

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  4. Llevas razón, Gabriel. Esas hipótesis son plausibles pero sólo como juegos especulativos.

    Esta lectura me hace echar de menos la lectura de tus libros. ¿Hay ya alguno nuevo a la venta? ¿El del Diablo, tal vez?

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    1. Hola Jose, el del diablo saldrá por la editorial Nowtiuls en octubre. Yo me aseguraré de enviarte un ejemplar.

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