lunes, 11 de diciembre de 2017

El nacionalismo hindú frente a la ciencia



            Hace unos años visité la India, y quedé impresionado con el potencial de ese país. Como bien dicen muchos analistas, la India es un gigante que empieza a despertar. Sus avances tecnológicos poco a poco atrapan a Occidente. Pero por supuesto, es seguramente el país con más contrastes en el mundo. En Delhi, es habitual encontrarse con un grupo de jóvenes ingenieros discutiendo detalles de ingeniería, y justo al lado, cientos de indigentes zaparrastrosos pidiendo dinero.
            En los últimos meses, en algún lugar del Caribe he compartido experiencias académicas con un grupo de indios que trabajan en el sector de la medicina. Mi encuentro con estas personas confirma muchas de las impresiones iniciales que tuve cuando fui a la India: los indios, con sus enormes talentos para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, se están haciendo respetar en Occidente. Ellos parecen ser un vivo testimonio de las maravillas que puede lograr la modernización.

            Pero al mismo tiempo, he venido a comprender que la modernización de la India es más superficial de lo que parece. La modernización implica cosmopolitanismo, apertura a conocer el resto del mundo. No es el caso de los indios con los cuales interactúo. A pesar de que muchos vienen de grandes ciudades (Bombay, Nueva Delhi, etc.), siguen siendo personas muy provinciales. Viven en el Caribe, pero no tienen ningún interés en conocer algo de una cultura que no sea la de ellos. A lo sumo, pueden tener algún interés en la vida norteamericana, pues son grandes consumidores del mito del sueño americano. Pero, su sueño es más bien trasladar la cultura india a Nueva York, no asimilarse propiamente.
            Y, cuando se trata de la ciencia y la tecnología, los indios tienen ideas muy extrañas. Ciertamente, en detalles técnicos de ciencia y tecnología, han asimilado muy bien la modernidad. Pero, en las últimas dos décadas, ha habido en la India un despertar de nacionalismo e integrismo hindú, encarnado en el partido político BJP (Bharatiya Janata Party), que ha promovido una peculiar resistencia a Occidente.
Este nacionalismo hindú ha comprendido que el futuro de la India depende de una apertura a la tecnología occidental. Los nacionalistas hindúes pueden tener a Gandhi como referente, pero ellos comprenden muy bien que su poderío estará en diseñar teléfonos y otras maravillas tecnológicas, no en tejer con hilanderas. Pero al mismo tiempo, los nacionalistas hindúes se niegan a aceptar que la ciencia y la tecnología que ellos abrazan, es en buena medida oriunda de Occidente. Y así, para defender su entusiasmo por la tecnología, pero a la vez mantener en alto el orgullo nacionalista, han inventado el mito de que las grandes tecnologías del presente, ya fueron inventadas por la civilización hindú hace miles de años. Para ellos, India, y sólo India, es la civilización madre de la ciencia.
En una ocasión, una de las médicos indias con las cuales he compartido experiencias académicas, me decía que ya se habla de la inseminación artificial en el Mahabharat (uno de los libros sagrados del hinduismo). Me decía también que hace miles de años, en la India ya había televisión, aviones, e incluso armas nucleares. Todo eso ya aparece referenciado en los Vedas y otras escrituras sagradas. Yo trataba de contener la risa al escuchar estas excentricidades, pero pronto me di cuenta de que todos los colegas indios creen estas cosas.
De hecho, el propio primer ministro de la India, Narendra Modi, se ha encargado de promover públicamente semejantes desfachateces. Modi ha dicho, por ejemplo, que los antiguos indios inventaron la cirugía plástica, pues, ¿cómo explicar que el dios Ganesh tenía cuerpo de hombre y cabeza de elefante?
Esta tendencia preocupa mucho a los propios intelectuales indios que son críticos con las irracionalidades del nacionalismo hindú. Por ejemplo, Meera Nanda, ha escrito Science in Saffron (La ciencia en azafrán), un libro que denuncia el constante intento de los fanáticos por proyectar en la antigua literatura hindú, las tecnologías del presente. Leyendo su libro, recordé un curioso cómic que me encontré en Delhi, donde se representaba a Krishna usando armas de rayos láser. En aquella ocasión, pensé que era sencillamente una representación artística, pero ahora, comprendo que buena parte de los hindúes cree literalmente que sus dioses usaban tecnologías modernísimas.
En su libro, Nanda pacientemente desmonta cada uno de esos absurdos alegatos, y recuerda a los indios que la revolución científica empezó en la Europa del siglo XVII. Incluso el cero, que muchas veces se asume como una invención de la India, tiene otros orígenes. Un aspecto muy puntual que Nanda enfatiza, es que la ciencia tardó en aparecer en la India, debido a la prevalencia del sistema de castas. Una característica de la revolución científica de Occidente fue que los científicos prestaron menos atención al filosofar, y se dedicaron más a hacer experimentos con sus propias manos. Los filósofos hindúes, en cambio, conservaban el prejuicio religioso de que las actividades manuales son contaminantes, y por temor a no perder su casta, no se molestaron en hacer experimentos.
Cuando estuve en India, no alcancé a ver manifestaciones vivas del sistema de castas. Y ahora que interactúo con colegas indios, tampoco las veo explícitamente. Pero, sí alcanzo a ver que, sutilmente, el sistema sigue siendo un eje para la vida diaria de muchos indios. Por ejemplo, unos colegas me dicen que sus parientes están organizando su matrimonio, y para ello, están a la espera de que sus familiares les seleccionen una esposa, en función de dos criterios: la astrología y la pertenencia a la casta. Otra colega, (la más entusiasta respecto a las supuestas maravillas tecnológicas de la antigua India), se declara firmemente simpatizante del BJP, y a la vez siente mucho orgullo en ser de la casta de los brahmanes, pero al mismo tiempo, niega que su afiliación política tenga algo que ver con su pertenencia de casta. Por supuesto, no le creo: es como si un simpatizante furibundo de Trump negara que sus simpatías políticas tienen que ver con su color de piel…
Lo más triste de todo, tal como lo analiza Nanda, es que esta extraña forma de nacionalismo hindú se ampara en nociones posmodernas que, como cabría esperar, vienen de modas intelectuales occidentales. Cuando a los nacionalistas hindúes se les confronta, y se les dice que la astrología o la medicina ayurvédica no cumplen los requisitos de la actividad científica, inmediatamente se amparan en filósofos como Kuhn y Feyerabend para decir que la ciencia no es objetiva, y que cada cultura tiene su propio estándar de ciencia. Así pues, los nacionalistas hindúes no son relativistas (sobre todo cuando se vuelven muy agresivos en contra del legado islámico en la India), pero cuando se ven acorralados, optan por decir que cada cultura es relativa, y que debe ser entendida a partir de sus propios criterios.
Igualmente, en nombre de la lucha en contra del colonialismo, los nacionalistas hindúes continuamente saltan a decir que es necesario descolonizar la ciencia, y eso implica aceptar como igualmente válidas las manifestaciones de cada cultura. Negarse a aceptar la legitimidad de la astrología o la medicina ayurvédica es, según ellos, doblegarse ante el colonialismo. Y así, quien quiera difundir una mentalidad científica en la India (como la propia Meera Nanda), es inmediatamente acusada de ser una traidora a su país, una entreguista a los británicos. Les suelen llamar hijos de Macaulay (Macaulay era un administrador colonial británico en la India).
En esto, los nacionalistas hindúes me recuerdan muchísimo a la izquierda poscolonial latinoamericana (autores tan lamentables como Enrique Dussel, Walter Mignolo o Boaventura de Sousa Santos), que en vez de apreciar a Galileo, Newton o Darwin como grandes héroes, ven en ellos a agentes coloniales cuya forma de pensar destruyó la vida idílica de los precolombinos.


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