lunes, 8 de febrero de 2016

¿Es el Corán un libro prefecto?

            Si el Corán fue dictado directamente por Dios, cabría esperar que tuviera un carácter extraordinario. Si Dios es perfecto, cabe esperar que sus palabras también lo sean. En el mismo Corán, con gran pedantería, se dice que ningún ser humano podría igualar lo que se recita en el Corán (10:37-38). Los musulmanes muchas veces asumen esto con bastante seriedad.
            La verdad es que el Corán no es nada del otro mundo. Thomas Carlyle, el célebre historiador inglés, describió el Corán como “una estupidez insoportable… nada pero un sentido del deber podría llevar a un europeo a través del Corán”. En tanto el Corán tiene rítmica y rima, mucho se pierde cuando se traduce. Pero, por lo general, la buena literatura es aquella que sale fortalecida aún en las traducciones. Lamentablemente, no es el caso del Corán.

            La Biblia podrá decir muchas tonterías, y si bien tiene varios libros aburridísimos, por lo general, los autores bíblicos fueron muy hábiles en contar historias. Si la Biblia, como la mitología griega, ha dado pie a tantas películas, ha de ser porque sus autores eran buenos narradores. No así el Corán. El Corán, es un conjunto de recitaciones que Mahoma dio a lo largo de su vida, en muy distintos contextos. Y, la forma de compilar esas recitaciones fue bastante desordenada.
El resultado, pues, es un libro sin cronología, tremendamente repetitivo, incoherente, compuesto en un estilo exclamativo muchas veces difícil de captar, e inmerso en un contexto que el texto no procura explicar (en vista de lo cual, es sumamente difícil entender a qué se refiere cada verso; para intentar hacerlo, es necesario acudir a las fuentes complementarias, como el jadiz y las biografías de Mahoma). Si hemos de utilizar a alguna pieza literaria para intentar probar que Dios existe, Cervantes o Shakespeare son mucho más oportunos que el Corán.
            Algún relativista podrá saltar a decir que el Corán no es defectuoso, sino que sencillamente no se ajusta a los gustos occidentales, acostumbrados a la coherencia, el orden narrativo, el crescendo en la trama, etc. No convence este argumento, pues las Mil y una noches es un gran texto que los propios musulmanes saben apreciar, y que tiene muchísimo más valor literario que el Corán. Pero, por ahora, asumamos que, en cuestiones estéticas, es difícil juzgar, y aceptemos que, el hecho de que a nosotros el Corán nos parezca aburridísimo, no invalida el alegato musulmán de que se trata de una creación divina perfecta sin mediación humana.
            Con todo, en el Corán hay muchísimas imperfecciones que no cabría esperar, si de verdad fuese obra directa de Dios. Por ejemplo, en tanto se supone que el Corán viene directamente de Dios, la mayoría de sus versos están recitados como si fuese el mismo Dios quien habla. Esto es consistente con la idea de que, Mahoma es apenas el mensajero que recita, pero el verdadero locutor es el propio Dios. Pero, hay varios pasajes en los cuales, claramente, no es Dios quien habla. Esto ya hace el texto bastante imperfecto.
            Veamos algunos de estos versos. El Corán empieza así: “En el nombre de Dios, el clemente, el misericordioso. La alabanza a Dios, señor del los mundos. El clemente, el misericordioso [¿no se había dicho esto ya hace apenas un verso?]. Dueño del día del juicio. A ti te adoramos y a ti te pedimos ayuda” (1:1-5). ¿Dios se auto-adora y se pide ayuda a sí mismo?
            He acá otro: “¿Desearé, prescindiendo de Dios, a otro juez, si él es quien os hizo descender el libro en detalle? Aquellos a quienes les dimos el libro saben que él ha descendido procedente de tu señor con la verdad. ¡No estéis entre los escépticos!” (6:114). Claramente, quien recita habla sobre Dios; no es Dios mismo hablando. Mahoma, por lo visto, muchas veces confundía aquellas recitaciones en las cuales él personalmente postulaba algo, y aquellas en las cuales asumía el papel de Dios.

            Además de estas incoherencias respecto a quién es el que dicta los versos, muchos filólogos han detectado errores gramaticales en el Corán. En un libro como divulgativo como el presente, no viene al caso ofrecer los detalles técnicos (de una lengua que, admito, no domino). Pero, podemos confiar en investigadores como Theodor Nöldeke, quienes han ofrecido análisis de cómo el Corán no cumple las reglas gramaticales del árabe clásico: incurre en incoherencias sintácticas y numéricas, uso erróneo de casos acusativos, entre otros.

1 comentario:

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