miércoles, 8 de febrero de 2017

"Operación avalancha": conspiranoia entre el cachondeo y la seriedad

En El péndulo de Foucault, la gran novela de Umberto Eco, los protagonistas inventan una teoría de la conspiración, por pura diversión. Al final, les sale mal la jugada, pues se vuelven locos y la terminan creyendo, y la novela es en buena medida una advertencia sobre los peligros de la conspiranoia. Pero, Eco precisamente empieza por admitir que las teorías conspiranoicas pueden ser divertidas. Nuestro cerebro está programado para gozar con ellas.
            Matt Johnson, el director del film Operación avalancha, es uno de ésos que se deleitan con teorías conspiranoicas. Él mismo acepta que el hombre sí llegó a la luna. Pero, como los personajes de Eco, se divierte abandonando su lado racional, y especulando cómo se habría dado la conspiración lunar. Los filmes conspiranoicos hechos por gente que cree en sus propias teorías, son muy malos. Pero, Johnson ha demostrado que, en plan de cachondeo, se puede hacer una buena película conspiranoica. Johnson aprovecha la ocasión para, medio en broma, medio en serio, alertar sobre algunas conspiraciones que sí estuvieron planteadas durante la Guerra Fría.

            Operación avalancha mezcla los géneros del falso documental con escenas dramáticas, para contar la historia de dos jóvenes aspirantes a cineastas, que son reclutados por la CIA en 1968. Su misión es posar como directores de un documental sobre la NASA, para en verdad tratar de detectar a un espía ruso en la agencia espacial. En el trascurso de sus investigaciones, al espiar conversaciones privadas, descubren que la NASA tiene la capacidad de orbitar la luna, pero no tiene la capacidad de hacer llegar la nave espacial a la superficie lunar. A los muchachos se les ocurre plantear a sus superiores, usar sus talentos cinematográficos para grabar un film de astronautas llegando a la luna.
            Tienen algunas dificultades en detalles cinematográficos. Pero, para resolverlos, acuden a Stanley Kubrick (quien aparece en el film, con la misma técnica de efectos especiales que se usó para plasmar a personajes famosos en Forrest Gump) a través de un engaño, y aprendiendo de sus técnicas en su set de grabación, logran grabar la escena de la llegada a la luna. Al final la CIA transmite la grabación, pero para guardar el secreto, mata a uno de los muchachos; el otro logra escapar.
            La película está nutrida en detalles de las teorías conspiranoicas sobre la falsa llegada del hombre a la luna. Pero, a diferencia de muchas de estas teorías, la película hace un buen esfuerzo en tratar de llenar los vacíos explicativos. Por ejemplo, en el folklore conspiranoico, siempre ha corrido el rumor de que Kubrick (un tipo muy misterioso, que por aquella época, rodaba una película sobre astronautas, 2001 Odisea espacial), fue el director de la película. Pero queda el vacío explicativo: ¿por qué la CIA no acabó con él? El film resuelve este asunto alegando que Kubrick participó en la conspiración, pero sin que él mismo lo supiera.
            Otro gran vacío explicativo común en estas teorías conspiranoicas es: ¿cómo explicar que, ante semejante conspiración que involucró a miles y miles de personas, nadie nunca dijo nada? La película alega que, en realidad, en la conspiración sólo participó un puñado de gente. Los propios ingenieros y técnicos creían que los astronautas habían llegado a la luna, pues cuando la nave espacial estaba del lado oscuro de la luna, no tenían posibilidad de rastrearla; los únicos que sabían de la conspiración eran los dos jóvenes cineastas (y uno de ellos murió), algunos agentes de la CIA, y los astronautas.
            En medio de todo este cachondeo, Johnson introduce algunas cosas más serias. Antes de ir a su misión de espionaje en la NASA, los dos protagonistas tenían la misión de investigar si Kubrick era un comunista. En la Guerra Fría, esto no fue ninguna fantasía: desde los días del infame MacCarthy, el gobierno de EE.UU. había investigado a sus ciudadanos por el temor al comunismo. Hoy, si bien el enemigo comunista no existe, las filtraciones de Snowden revelan que el gobierno norteamericano espía a sus ciudadanos como nunca antes.
            En la película también se menciona una tal operación Northwood por parte del gobierno norteamericano, la cual se planteaba hacer operaciones de bandera falsa, para culpar a Cuba de terrorismo, y así tener un motivo para invadir la isla. Como corolario, la operación Dirty Trick (truco sucio) se planteaba culpar a Cuba si la nave espacial del astronauta John Glenn se estrellaba. En Operación avalancha, un agente de la CIA advierte que si los jóvenes fracasan en la realización de su película, derrumbarían la nave del Apollo 11, y culparían a los soviéticos. De nuevo, en plan de cachondeo, Johnson aprovecha para dirigir su atención a conspiraciones reales que estuvieron planteadas, pero que nunca se concretaron.
            Operación avalancha es una película inteligente, en buena medida porque se burla de todos por igual. El aspecto bufón de la película es una burla a los conspiranoicos que no alcanzan a ver lo ridículas que son sus teorías. Pero, al mismo tiempo, es una burla a aquellos ingenuos que por el mero hecho de que haya conspiranoicos diciendo estupideces, asumen que se pueden confiar ciegamente en los gobiernos y los medios de comunicación.

sábado, 4 de febrero de 2017

Los orígenes de la masonería

      1793 fue un año que conmocionó a Europa. Tres años y medio antes, una turba había asaltado la prisión de la Bastilla, en París. Empezaba así la revolución francesa. Al principio, no se sabía muy bien cómo acabaría aquello. Quizás, pudiera haber reformas que condujeran a Francia hacia una monarquía constitucional, más o menos como se había hecho en Inglaterra. Pero, las cosas se fueron dando de forma muy distinta. El rey Luis XVI, en vez de cooperar con los revolucionarios y estar dispuesto a ceder parte de su poder, se empeñó en mantener su absolutismo y enfrentarse a toda costa a la revolución, y lo terminó por pagar caro. El 21 de enero de 1793, Luis fue llevado a la guillotina.
            No era la primera vez que un rey europeo era ejecutado. Ya los ingleses lo habían hecho con Carlos I en 1649. Pero, la ejecución de Luis causó mucho más conmoción, porque daba inicio a lo que luego vino a llamarse el reinado de terror, un período de la revolución francesa cuando se ejecutaba cotidianamente a disidentes. Y, como suele ocurrir, ante las catástrofes, la mente humana busca explicaciones que den significado a las cosas. Así es como surgen las teorías conspiranoicas. Ante el trauma generado por el reinado de terror, empezaron a proliferar rumores sobre quién estaba detrás del caos que se estaba apoderando de Francia.

            Cuenta una leyenda posterior que, ese 21 de enero de 1793, con la cabeza guillotinada de Luis XVI en la mano del verdugo, alguien en la turba gritó: “Jacques de Molay, tu muerte ha sido vengada”. Según otra leyenda, en la hoguera, Jacques de Molay (el último maestre de los templarios) había maldecido a Felipe IV y Clemente V, y en el contexto de la revolución francesa, mucha gente empezaba a interpretar que aquella maldición se extendía a los reyes franceses. Así pues, la ejecución de Luis XVI habría sido la vindicación de Jacques de Molay.
            El rumor creció. Y, se empezó a decir que los templarios habían sobrevivido la purga de Felipe IV, se habían transformado en una nueva sociedad secreta, y habían instigado la revolución francesa, con el puro afán de generar caos y destrucción. Ya incluso desde antes de la ejecución de Luis XVI, circulaba esta teoría conspiranoica. En 1792, un tal Cadet de Gassicourt publicó La tumba de Jacques de Molay, un libro que exponía cómo, supuestamente, en sus años de prisión, el propio Jacques de Molay planificó la revolución que azotaría a Francia cuatro siglos después. Según este libro, los templarios se convirtieron en los masones, y éstos eran los artífices secretos de la revolución.
            Más influyente aún fue el abad Augustin de Barruel, un jesuita francés exiliado en Inglaterra, que en 1798 publicó Memorias para servir la historia del jacobinismo. Bien podríamos considerar este libro el primer tratado moderno de conspiranoia. En medio de ataques a Voltaire y otros filósofos de la Ilustración, el abad Barruel repetía la acusación: los templarios lograron sobrevivir, y se convirtieron en los masones. Barruel daba crédito a todas las acusaciones arrojadas originalmente contra los templarios, y las repetía contra los masones. A su juicio, esta sociedad constaba de blasfemos insolentes que, al final, habían logrado el propósito que se habían planteado desde un inicio: destruir a la monarquía francesa y a la Iglesia Católica. Desde entonces, en muchos países ha habido una obsesión paranoica con los masones, y sus supuestas tramas para dominar el mundo.
            ¿Quiénes son los masones? Originalmente, los masones eran gremios de albañiles refinados que trabajan en la construcción de catedrales medievales en Europa. En la albañilería, hay trabajos refinados que requieren más destreza. Para proteger sus sueldos y cobrar más que los albañiles rudimentarios, estos albañiles refinados se conformaron en torno a organizaciones laborales que les garantizaban mejores condiciones de trabajo y salario. Pero, en vista de que en la Edad Media no había nada parecido a cartillas de identidad, estos albañiles empezaron a formular códigos secretos (señas, gestos, saludos con la mano, etc.), a fin de que ningún foráneo pudiese usurpar el gremio y gozar sus beneficios.
            Con un grupo cerrado, además, los albañiles podían comunicarse entre sí conocimientos geométricos y secretos respecto a las artes de la albañilería y la construcción. Ese privilegiado acceso a esos secretos los protegía frente a albañiles de menor rango, y así, podían asegurar mejores contratos laborales.
            Eventualmente, estos gremios desaparecieron a medida que cesaba la construcción de las grandes catedrales. Pero, en el siglo XVIII, resurgieron, no ya como un gremio de albañiles, sino como pensadores que se reunían en grupo para actividades intelectuales y de filantropía, y asumían el simbolismo original de la albañilería refinada. El XVIII fue el siglo de la Ilustración. A lo largo y ancho de Europa, los intelectuales se reunían en salones y cafés a discutir temas relacionados con el iluminismo.
En este contexto, surgieron asociaciones para reunirse a hacer cosas parecidas. Pero, estas nuevas asociaciones asimilaban los códigos y el simbolismo de los gremios medievales de albañilería, y así, se conformaban como sociedades secretas. Surgió así la llamada masonería especulativa  que se dedicaba, ya no a la albañilería, sino al cultivo del intelecto y a las obras de filantropía, pero con el decoro simbólico de los antiguos masones operarios. Estos nuevos masones utilizaban ritos y símbolos asociados con la albañilería, para dar lecciones morales a los neófitos iniciados en su sociedad.
En 1717, varias de estas asociaciones alojadas en Inglaterra se unieron bajo la Gran Logia de Londres. Así, ya no se trataba meramente de pequeños grupos dispersos, sino que se intentaba dársele una organización centralizada. Para este propósito, un ministro presbiteriano inglés, James Anderson, compuso Las constituciones de los masones, un texto que codificaría las normas de conducta de los masones. Básicamente prescribe buena conducta por parte de sus miembros, prohíbe la entrada a las mujeres, y exige que profesen la creencia en Dios, sin necesidad de especificar detalles religiosos. Pero, más allá de esa profesión de fe, este documento (y, desde entonces ha quedado establecido así en la masonería, excepto en la vertiente francesa) también requería a los masones no hablar de política o religión en las logias. Los masones buscan la armonía y la fraternidad entre sus miembros, y saben muy bien que esos dos temas son explosivos, y pueden estropear una placentera reunión social.

Por aquella época, se empezaba a hacer común entre los filósofos europeos el deísmo, la creencia en un Dios creador del universo, pero que no interviene en los asuntos humanos. En concordancia con esta idea, la masonería estipulaba que sus miembros creyesen en un poder divino que ellos vinieron a llamar el Gran Arquitecto del Universo, un título con bastantes resonancias deístas. Pero, en el fondo, los masones tenían una actitud muy tolerante respecto a los credos religiosos. Con tal de que se reconociese la existencia de ese Gran Arquitecto, se permitía al masón profesar cualquier fe religiosa. De hecho, en la formulación de rituales de iniciación, se incluye en la sala algún texto sagrado, sea la Biblia, el Corán, textos hindúes, etc.

Los templarios y el manto de Turín

A los templarios  se los ha relacionado con la sábana santa de Turín. Según los creyentes más tradicionalistas (vale destacar que el Vaticano nunca ha respaldado oficialmente esta hipótesis), esa sábana es el manto con el cual se cubrió el cadáver de Jesús tras su crucifixión. La sábana tiene una estampa de un hombre aparentemente torturado, supuestamente el propio Jesús con todos los detalles forenses de su suplicio.
Junto a otros cruzados, los templarios participaron en el saqueo de Constantinopla en 1204. Las crónicas de aquel suceso narran que, aparentemente, los francos (entre ésos estarían los templarios) se llevaron una sábana cuya descripción parece encajar con la sábana de Turín. Y así, se ha especulado que, por varios siglos, los templarios estuvieron en posesión de ese objeto sagrado.

            Pero, por varios motivos que Félix Ares expone en su libro La sábana santa ¡vaya timo!, la sábana de Turín no es auténtica. El alegato más contundente en su contra es la prueba de carbono 14 que se ha hecho, la cual revela que, en realidad, la sábana se remonta al siglo XIV. De forma tal que los templarios no pudieron apoderarse de la sábana de Turín en 1204, sencillamente porque, en ese momento, tal objeto no existía.
Algunos conspiranoicos aceptan eso, pero insisten en que, de algún modo, la sábana de Turín tiene algo que ver con los templarios. Sabemos con bastante seguridad que la primera exhibición pública de esa supuesta reliquia, fue en 1357, y en eso estuvo a cargo una tal Juana de Vergy, la viuda de un tal Godofredo de Charney. Este Godofredo era sobrino de un templario del mismo nombre, que murió en la hoguera junto a Jacques de Molay. Y así, se ha especulado que Godofredo (el esposo de Juana) había recibido de su tío la sábana, y que los templarios la tuvieron por algún tiempo. No es disparatado.
Algunos han sugerido que la cabeza que los templarios supuestamente adoraban, era en realidad la imagen de Cristo en el manto de Turín. Ya esto es un poco más aventurado, pero de nuevo, no es disparatado. Son conjeturas un tanto forzadas, pero dentro de lo razonable.
Lo que sí es disparatado, no obstante, es el alegato, hecho por los autores Christopher Knight y Robert Lomas, según el cual, el hombre de la imagen en la sábana de Turín es el propio Jacques de Molay. De acuerdo a esta teoría, lo mismo que Jesús, el maestre de los templarios habría sido torturado antes de su ejecución, y se usó el manto para cubrirlo cuando aún estaba vivo, ya torturado pero antes de ser quemado en la hoguera.

Semejante teoría no tiene ningún asidero. No hay ninguna prueba de que Jacques de Molay sufrió las mismas torturas de Jesús antes de ser quemado. Si de verdad ese manto se usó para cubrir a un cuerpo humano (sea el de Jesús o el de Jacques de Molay), habría quedado una estampa distorsionada por los pliegues de la tela, y no la imagen proporcional que vemos en la sábana. Además, en la estampa hay ciertos errores anatómicos que hacen suponer que nadie fue cubierto con ella. Quienes han estudiado en detalle la sábana, concluyen que se trata, o bien de una tela frotada sobre un bajorrelieve, o una pintura con una primitiva técnica fotográfica que produjo la imagen en negativo. Sea como sea, no hubo ninguna víctima de tortura en este fraude.

Mitos sobre los templarios: el Arca de la Alianza

Como parte del tesoro de los templarios, algunos conspiranoicos dicen que los caballeros tuvieron en su poder el Arca de la Alianza. Por las descripciones de la Biblia, sabemos que este artefacto es real. Según la historia tradicional bíblica, Dios dio a Moisés las tablas de la Ley, y Moisés las guardó en el Arca de la Alianza. Esta historia es muy dudosa, pues ni siquiera podemos estar seguros de que Moisés existió. Pero, los historiadores y arqueólogos sí aceptan que, al menos para el siglo VI antes de nuestra era en el reino de Judá, el Arca sí existía. Se ubicaba en el Templo de Jerusalén, en una habitación llamada el Santísimo; según la creencia judía, el lugar más sagrado de la Tierra, donde se hacía conexión con lo divino.

            Los hebreos atribuían al arca poderes mágicos. En especial, lo consideraban un talismán para la guerra. Es por ello que los conspiranoicos presumen que los templarios tenían un especial interés en este objeto, pues vale recordar, los templarios eran ante todo una orden militar. La Biblia narra que, el año 586 antes de nuestra era, el imperio babilónico asedió Jerusalén. Los babilonios saquearon el templo, y cabe presumir que el arca estaba entre los objetos robados. No tenemos más noticias sobre el asunto. Podemos conjeturar que los babilonios se llevaron el arca, y que, eventualmente, desapareció. II Macabeos, un libro muy posterior que sólo está incluido en la Biblia católica, narra que, en vista del acecho de los babilonios, el profeta Jeremías se llevó el arca y lo escondió en una gruta en las afueras de Jerusalén. Pero, esta historia se escribió varios siglos después de los supuestos hechos que narra, y no es de confiar.
            Con todo, algunos autores han asumido que, ante el asedio babilónico, los sacerdotes judíos tomaron las previsiones, y guardaron el Arca de la Alianza en algún sótano del Templo. Según una teoría, cuando los templarios llegaron a Jerusalén, pasaron varios años excavando en las adyacencias del Templo. Y, se dice, encontraron el Arca de la Alianza. Los conspiranoicos especulan que, en su fuga, los templarios se llevaron el arca, de forma tal que podría estar escondido en Escocia o en América. De nuevo, los conspiranoicos hacen alegatos, pero no presentan ningún tipo de evidencia.
            Hay aún otras teorías respecto al paradero del Arca de la Alianza. La Iglesia de Etiopía ha alegado desde hace varios siglos que ellos son los guardianes del arca. Supuestamente, se encuentra en una iglesia en la ciudad de Aksum. ¿Cómo llegó allá? Según una leyenda narrada en el Kebra Nagast, una epopeya nacional etíope escrita en el siglo XIV, el rey Salomón y la reina de Saba (la misma que, según la Biblia, visitó al rey en una célebre expedición) tuvieron un hijo, Menelik. La reina volvió a su país de origen y Menelik creció sin conocer a su padre, pero años después, Menelik volvió a Jerusalén. Robó el Arca de la Alianza, y en su lugar, dejó una réplica. Menelik se llevó el arca original a Etiopía, donde le sirvió como talismán en campañas militares, y hoy reposa en una iglesia en Akum.
            La historia es muy dudosa. Además de que se compuso veinticuatro siglos después de los hechos que supuestamente narra, el Kebra Nagast tenía claras intenciones políticas. En el siglo XIV, había en Etiopía una disputa entre dos dinastías pretendientes al trono. Como en muchas otras monarquías, una de las dinastías en disputa (los aksumitas) pretendía legitimarse alegando linaje de alta estirpe, y así, se inventó la historia de Salomón y Melenik para hacer creer que los miembros de esa dinastía eran descendientes de Salomón. Naturalmente, la historia narrada en el Kebra Nagast no es de confiar, y si bien en la iglesia de Aksum seguramente reposa un arca (nadie la ha podido examinar, pues está custodiada por guardias asignados por la Iglesia de Etiopía), es altamente probable que ese arca no sea el original que se remonta a los tiempos de Salomón.
            Hay algunos etíopes que admiten que el Arca de la Alianza no está en Aksum. Pero, según ellos, sí estuvo hasta hace algunas décadas. Según esta teoría conspiranoica, cuando el ejército israelí intervino militarmente en Etiopía en 1985 para rescatar a los Bene Israel (los judíos etíopes) y llevarlos a Israel, aprovechó la ocasión para robar el arca en Aksum y llevárselo. ¿Por qué la Iglesia de Etiopía no reclamó esto? La mente conspiranoica, para intentar resolver estos vacíos explicativos, termina por argumentar que todo se trata de una gigantesca conspiración. Y así, en este caso, algunos han dicho que, por motivos desconocidos, la Iglesia de Etiopía también fue cómplice de ese saqueo (aunque algunos sugieren que hubo un soborno).
            Los conspiranoicos tienen un talento particular para unir cosas inconexas. Y así, no faltan autores que han intentado unir la historia de los templarios, con la historia del Arca de la Alianza en Etiopía. Según una teoría adelantada por Graham Hancock (un tipo que también tiene teorías aventuradas sobre civilizaciones perdidas), los sacerdotes judíos llevaron el Arca de la Alianza a la isla de Elefantina, en Egipto, durante el reinado de Manasés en Judá (según la Biblia, un rey impío, precisamente el motivo por el cual los sacerdotes tomaron la decisión de sacar el arca). En Elefantina, el Arca de la Alianza estuvo dos siglos, hasta que finalmente lo montaron en una embarcación por el Nilo, y llegó a Etiopía.

Hancock alega que los templarios se enteraron de que el arca estaba en Etiopía, y así, organizaron una expedición para recuperarla. La Iglesia de Etiopía, temerosa de que esta orden militar se apoderase de tan fantástico amuleto para la guerra, envió una delegación al Papa Clemente V, explicando la situación. El Papa también se asustó ante la idea de que los templarios aumentasen su poder adquiriendo el arca, y así, decidió ordenar el arresto masivo de los templarios el fatídico 13 de octubre de 1307. Otra teoría fantástica sin la menor rigurosidad de pruebas.

Mitos sobre los templarios: viajes a Escocia y América

Una teoría conspiranoica fue la responsable de la desaparición de los templarios. Pero, esto fue apenas la punta del iceberg. Pues, después de la ejecución de Jacques de Molay, los conspiranoicos han seguido inventando tonterías sobre la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón. Los conspiranoicos no desean aceptar que los templarios ya no existen pues, entonces, ¿a quién culparían de estar tramando nuevas conspiraciones?
            Así pues, el mayor mito en torno a los templarios es que esta orden sigue existiendo, pero de forma mucho más secreta. Ciertamente, la purga del 13 de octubre de 1307 no acabó definitivamente con los templarios. La orden de arresto que emitió Felipe IV sólo tuvo efecto en Francia. Pero, había templarios en otros lugares de Europa. Por ejemplo, en Portugal, en el siglo XII la reina Teresa les concedió tierras a cambio de servicio militar en su lucha contra los moros. Cuando la orden fue suprimida por Clemente V, el rey Dionisio I de Portugal investigó el asunto, y tras corroborar que los templarios eran inocentes de lo que se les acusaba, sencillamente hizo que los templarios portugueses se unieran a una nueva orden, la Orden de Cristo. Algo parecido ocurrió en España: los templarios eran un valioso recurso militar en la Reconquista, y el rey Jaime II de Aragón, asimiló a los templarios españoles a la Orden de Montesa.

            Pero, los conspiranoicos alegan más. Según una teoría, los templarios ya tenían noticia de que Felipe ordenaría su detención, y así, se anticiparon a mudarse, llevándose consigo sus riquezas. En los interrogatorios a los templarios, uno llegó a decir que un tal Gerard de Villiers, logró escapar con cincuenta caballos y dieciocho barcos. Es muy dudoso que esto haya ocurrido. Felipe orquestó muy bien la purga, y si bien algún templario pudo haber escapado solitariamente, no es plausible que se pudiera haber organizado una fuga masiva de templarios, con tantos barcos y cabellos.
Supuestamente, estos templarios llegaron a Escocia, llevándose consigo los tesoros que tenían acumulados en Francia. Según una teoría difundida, pero sin ninguna base histórica, los templarios participaron en la batalla de Bannockburn en 1314 (el mismo año que murió Jacques de Molay). En esta batalla, el rey escocés Roberto I venció a los ingleses, y aseguró la independencia escocesa. Supuestamente, quinientos aguerridos templarios aparecieron para decidir la batalla a favor de los escoceses; en agradecimiento, Roberto les ofreció protección, y así, Escocia se convirtió en un bastión templario después de su desaparición formal en Francia.
Como en todas estas teorías alternativas, la evidencia que se presenta a favor de estas hipótesis son muy escuetas, y constan de vagos paralelismos entre símbolos, que pretenden atar cabos sueltos. En Escocia, cerca de Edimburgo, hay una capilla, la de Rosslyn, que supuestamente fue construida por los templarios, y conserva toda clase de símbolos templarios. La cronología no favorece mucho a los conspiranoicos, pues esta iglesia fue construida en 1446, más de un siglo después de la muerte de Jacques de Molay.
Pero, más allá de eso, la vinculación de esa capilla con símbolos templarios es muy débil, y sólo la mente conspiranoica puede atar cabos tan sueltos. En esa capilla hay un caballero enterrado, Henri Sinclair (en realidad hubo varios Henri Sinclair, y no sabemos cuál, precisamente, es el que está enterrado ahí), y se alega que él era templario, a pesar de que no hay indicios de esto. Es cierto que en la capilla hay misteriosas inscripciones talladas sobre las paredes, pero es un error asumir gratuitamente que esas inscripciones son símbolos templarios; pueden tratarse de muchos otros símbolos extraños, como tantos abundan en la arquitectura medieval europea.
Los conspiranoicos dicen también que la capilla de Rosslyn tiene unas columnas huecas y unos sótanos que, supuestamente, esconden los tesoros que los templarios se llevaron a Escocia. Ciertamente esos sótanos existen, pero son criptas funerarias. Ahí no hay tesoros, sólo cadáveres sepultados, como era costumbre en muchísimas otras iglesias europeas.
Es verdad que, tras la detención de los templarios, el rey Felipe entró en la ciudadela de los templarios en París, y dijo haberse sorprendido al no encontrar riquezas. En realidad, la mayor parte de las riquezas templarias eran tierras, y no propiamente liquidez monetaria. Con todo, los templarios sí tenían algún tesoro en metal. ¿A dónde fue a parar, entonces? Lo más probable es que Felipe se lo hubiese apropiado, y fiel a su carácter ruin, dijera que no encontró nada, para evadir las sospechas de la opinión pública.
¿Cómo acumularon tantas riquezas los templarios? A decir verdad, no hay nada misterioso en esto. En una época de expansión económica y militar en Europa, los templarios aprovecharon la ocasión para inventar la letra de cambio. Su buena organización le ganó la confianza de muchos nobles, y así, recibieron muchas donaciones.
Pero, para el conspiranoico, esto no es suficiente; tiene que haber explicaciones alternativas de su riqueza. Una teoría conspiranoica es que los templarios viajaron a América, ahí explotaron las minas de plata, y con eso, acumularon tesoros. Para asegurar su monopolio de aquellas minas, mantuvieron esos viajes en secreto. ¿En qué se basan los conspiranoicos para hacer semejantes alegatos? Como siempre, en evidencia muy débil y en cabos atados muy forzadamente.
En la mitología azteca se habla de un dios blanco que venía del Este. Los conspiranoicos asumen que se trataba de un templario. Pero, por supuesto, asumen eso sin base. Ese mito, que posiblemente esté vinculado con la leyenda del regreso del dios Quetzalcóatl, es más antiguo que la aparición de la orden templaria.
En la capilla de Rosslyn hay unas tallas de piedra que, dicen los conspiranoicos, representan mazorcas de maíz. El maíz es oriundo de América, y supuestamente, eso es señal de que los templarios estuvieron en América y construyeron esa capilla. Pero, de nuevo, todo esto es halado por los pelos. Esas tallas de piedra podrían parecer mazorcas de maíz, pero también podrían ser flores o espigas de otro tipo. Una vez más, los conspiranoicos ven lo que quieren ver, y ajustan la evidencia a sus ideas preconcebidas.
Se ha hablado mucho de una torre con forma redonda, ubicada en el estado de Rhode Island, en EE.UU. Según los conspiranoicos, esa torre forma parte de las ruinas de una iglesia de estilo arquitectónico medieval, del tipo que construían los templarios. Pero, de nuevo, todo esto consiste en tener una idea preconcebida en la mente, y ver lo que se quiere ver. En realidad, la torre es un molino de viento, construida en 1675, por el primer gobernador de Rhode Island.
Y, en la localidad de Westford, en el estado de Massachusetts, hay una piedra que, supuestamente, representa a un caballero templario. La imagen ciertamente es antigua, pero parece tratarse de una formación natural que, más recientemente, ha sido retocada por algún artista, precisamente para dar la impresión de que se trata de un caballero.
Quizás el dato más curioso respecto a una conexión de los templarios con América es el hecho de que los templarios operaban en el puerto de La Rochelle, en la costa atlántica francesa. Si su procedencia era Jerusalén, y habían hecho conexiones en el Mediterráneo, ¿por qué tendrían una base en la costa atlántica? ¿Servía ese puerto como punto de embarque hacia América? No necesariamente. Los templarios sí tenían barcos, pero ninguno con capacidad trasatlántica. Operaban en el puerto de La Rochelle, sencillamente porque tenían negocios a lo largo de la costa atlántica francesa. Su principal puerto siempre fue Marsella, en el Mediterráneo.
Los templarios, vale decir, no son los únicos protagonistas de teorías disparatadas sobre contactos entre europeos y americanos antes de Colón. Desde el propio momento en que llegaron los españoles al Nuevo Mundo, se tuvo la idea de que los indígenas eran alguna tribu perdida de Israel. Los mormones dicen que una tribu judía escapó al exilio babilónico y llegó a poblar América, en el siglo VI antes de nuestra era.
En clave más conspiranoica, hay quien dice que otros pueblos, mucho más avanzados que los europeos, llegaron a América primero que Colón, pero que la malvada civilización occidental esconde esta información. Así, por ejemplo, los afrocentristas dicen que los egipcios son los ancestros de los olmecas. Los nacionalistas chinos dicen que el navegante Zheng He llegó a América en 1421, y Enrique Dussel, un filósofo mexicano obsesionado con reducir la importancia de Europa en la historia de la humanidad, se ha encargado de promover esta teoría en el mundo hispano. Como cabría esperar, nada de esto tiene respaldo empírico.

Todas esas teorías aventuradas tienen un trasfondo religioso o político que hace dudar mucho de su veracidad. La única teoría plausible, libre de sesgos religiosos o políticos, es aquella que postula que el vikingo Leif Erikson pudo haber llegado a América en el siglo XI, y al respecto, aún sigue habiendo debate. En el entretiempo, es más seguro seguir postulando que Colón fue el primer europeo en llegar al Nuevo Mundo.

La historia de los templarios

En el contexto de la Primera Cruzada surgió una orden monástica de caballeros, los templarios (la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón). En 1119, ya conquistada la Tierra Santa, Hugo de Payns y ocho caballeros franceses más, se dirigieron al rey Balduino II de Jerusalén, solicitándole la creación de una orden monástica para proteger a los peregrinos cristianos que se dirigían a la ciudad santa. Si bien los reinos cristianos estaban ya establecidos, no tenían total control, y así, los reyes necesitaban de milicias que ofrecieran protección. Por ello, el rey accedió a la petición.

Balduino ofreció a la orden las inmediaciones del antiguo Templo de Salomón en Jerusalén como su sede, y así, esta orden asumió el nombre de los caballeros templarios. A decir verdad, no estamos seguros si, en efecto, la sede de los templarios era el propio Templo de Salomón. Sabemos que los babilonios destruyeron el Templo de Jerusalén el año 586 antes de nuestra era. Pero, no podemos estar seguros de que ese templo destruido en realidad se remonte hasta los tiempos del mismísimo Salomón. Los arqueólogos más competentes nos advierten que, muy probablemente, la Biblia exagera muchísimo el resplandor del reino salomónico y que quizás en tiempos del rey, el templo aún no estaba construido. En todo caso, tras el exilio babilónico, los judíos volvieron a construir un templo el año 516 antes de nuestra era. La tradición asume que ese segundo templo fue construido en el mismo lugar del primero, pero de nuevo, no podemos estar absolutamente seguros de ello. Cuando los judíos volvieron a Jerusalén, habían pasado ya varias décadas, y hay espacio para dudar de que la nueva construcción estuviese en la misma ubicación que la anterior.
Los romanos destruyeron ese segundo templo el año 70 de nuestra era. Sí podemos estar seguros de que lo que queda de aquel templo, el muro de los lamentos, es el mismo al cual hoy acuden los devotos en Jerusalén. Y, también podemos estar seguros de que ahí estaba la sede de los templarios. Pero, vale insistir, no podemos asegurar que esa sede sea el mismo lugar donde estaba el templo de Salomón.
 En un inicio, los templarios fueron una orden monástica con votos de pobreza. Su símbolo principal eran dos caballeros montando un solo caballo, señal de sus limitados recursos. No obstante, muy pronto hicieron renombre con su efectividad y coraje militar, y crecieron en popularidad. Hugo de Payns hizo lo que llamaríamos lobbying a muchos nobles europeos, y así, empezó a conseguir cuantiosas donaciones. Los templarios se anotaron otro triunfo cuando, a partir de 1128, Bernardo de Clairvaux aupó su causa ante el papado. En 1139, el Papa Inocencio II emitió una bula papal que ofrecía a la orden el privilegio de sólo estar sometida al Papa, sin el deber de rendir tributo o lealtad a las autoridades locales.
Los templarios pronto dejaron de ser una mera orden militar, y se convirtieron en la primera corporación bancaria internacional de la historia. Inventaron un ingenioso sistema de créditos: recibían propiedades de peregrinos en alguna de sus oficinas en Europa, emitían documentos de propiedad, y en sus oficinas en Jerusalén (o cualquier otra de sus oficinas), restituían riquezas en función de los documentos. Así, los peregrinos podían viajar sin necesidad de llevar sus propiedades y ser víctimas de robo, pero una vez que llegaban a su destino, podían disfrutar de las riquezas de las cuales los documentos los hacían acreedores. Como ha de suponerse, en este sistema eficiente había un cobro de comisión, y los templarios fueron aumentando sus riquezas.
Compraron castillos y tierras, y durante un período, fueron incluso los propietarios de la isla de Chipre. Financiaron y cooperaron en la construcción de varias catedrales en Europa; en buena medida fueron los pioneros del estilo gótico. Tenían sedes en varios lugares de Europa, pero su bastión era Francia. Hacían notables fiestas con mucha ingesta de alcohol. Su fama de pobres ya no encajaba. Eran guardianes de grandes tesoros. Corría el rumor de que, además de sus actividades bancarias, se dedicaban a otros negocios que no concordaban muy bien con su ideal de pobreza. Por ejemplo, en 1204, apareció en Damasco una estatua de la virgen que derramaba leche; los peregrinos querían ir a beberla, pero no lo hacían por temor a los bandoleros de caminos; los templarios enviaron sus hombres a recoger la leche y traerla a Jerusalén, vendiéndola a un precio inflado, y por supuesto, sacando una cuantiosa comisión.
A partir del siglo XIII, los templarios empezaron a sufrir un declive militar en buena medida debido a la efectiva reorganización de los ejércitos musulmanes. Los templarios cometieron varios errores tácticos en batallas cruciales, y en vista de su ineficacia militar, ya no gozaban del mismo apoyo como en épocas pasadas. En vista de su declive militar, en 1305 el papa Clemente V planteó la posibilidad de fusionar la orden de los hospitalarios con la de los templarios.
En realidad, este Papa era un títere de un infame rey francés, Felipe IV el Hermoso. Felipe había tenido problemas con un Papa anterior, Bonifacio VIII, porque el rey pretendía cobrar un alto impuesto a las propiedades de la Iglesia. A lo bestia, Felipe envió a sus hombres a intimidar al Papa, quienes le dieron una paliza, y poco tiempo después, este Papa murió a causa de las heridas. Le sucedió un Papa (Benedicto XI) que sólo duró un año, y en la siguiente elección, Felipe se aseguró de llenar el cónclave con cardenales franceses fieles a él, para elegir a un Papa que pudiera controlar. El nuevo Papa, Clemente V, resultó ser muy impopular en Roma (la gente sabía que era un títere francés), y en vista de eso, decidió mudar el papado a Avignon.
Además de estas actividades, Felipe estaba metido en una guerra contra Inglaterra, y para financiarla, se endeudó masivamente. Los templarios fueron unos de sus acreedores. En una ocasión, Felipe devaluó la moneda para aumentar su patrimonio, y eso generó una revuelta en el pueblo. Para protegerse de la turba, Felipe buscó refugio en una la ciudadela de los templarios en París. Se ha sospechado que, estando ahí, Felipe vio personalmente el enorme tesoro de los templarios. Y, a partir de eso, concibió un plan para destruir a los templarios, y sacar doble provecho de ello: cancelaría sus deudas con ellos, y además, se apropiaría de su tesoro.
Felipe aprovechó que un ex templario había alegado que la orden cometía todo tipo de abominaciones. Felipe envió cartas selladas a sus comandantes en varias localidades francesas, ordenando que el viernes 13 de octubre de 1307, se arrestara a todos los templarios. El mandato se cumplió con total eficiencia ese día (de ahí procede la superstición en torno a los viernes 13).
Para legitimar los arrestos, Felipe hizo acusaciones contra la orden. Se alegó que los templarios tenían rituales secretos en los cuales se escupía sobre la cruz, se cometían actos homosexuales, se besaba el ano de los superiores, y se rendía culto a una misteriosa cabeza. La mayoría de los templarios arrestados fueron sometidos a torturas, y muchos confesaron haber hecho estas cosas. Pero, tiempo después, muchos otros se retractaron de esas confesiones.
Hay mucha especulación sobre cuán veraces pudieron ser estas acusaciones, pero todo parece indicar que fueron inventadas por Felipe, un hombre sin escrúpulos. El símbolo templario de dos caballeros montados sobre un mismo caballo, pudo haber facilitado la acusación de homosexualidad. Obviamente, como en cualquier sociedad, siempre hay un número de homosexuales, de forma tal que es imposible negar que algún templario fuera homosexual. Pero, es muy dudoso que, en sus ceremonias, se realizaran actos homosexuales. Lo de besar el ano de los superiores fue también otra acusación sensacionalista para lo cual jamás se presentó evidencia, excepto las confesiones extraídas con tortura, y probablemente con preguntas inducidas por los torturadores.
Quizás, la acusación de que los templarios escupían sobre la cruz en sus ceremonias secretas, sí pueda tener más asidero. Pero, no se trataba propiamente de actos blasfemos. Durante sus enfrentamientos con los musulmanes, las autoridades islámicas probablemente torturaban psicológicamente a los devotos templarios obligándolos a escupir crucifijos. Es posible que, en sus ceremonias de iniciación, los templarios obligaban a los neófitos a cometer esos actos, no propiamente como blasfemia, sino más  bien para someterlos a una difícil prueba, a fin de consolidar su lealtad y fortaleza. Naturalmente, esto se habría prestado a una mala interpretación por algún observador que no entendiera bien aquello, y así, se terminó por acusarlos de blasfemia.
Respecto al culto a la cabeza, hay también mucha especulación. Algunos alegaron que se trataba de la cabeza de Juan el Bautista, o del propio Cristo (¿cómo un cristiano podía creer que unos herejes adoraban la cabeza de Cristo, si éste supuestamente había resucitado?). Otros decían que los templarios adoraban una cabeza de gato, como parte de un macabro culto satánico.
Aún otros decían que, en realidad, esa cabeza era un ídolo musulmán, un tal Bafomet.  Este nombre habría sido una derivación de Mahomet, el nombre con el cual se denotaba a Mahoma en la Edad Media. Los templarios habían tenido su sede en Jerusalén. En el imaginario del populacho, en la distante Jerusalén había el riesgo de estar en contacto con los musulmanes, e impregnarse de sus doctrinas y rituales abominables. Es un hecho cierto que los templarios, a pesar de haberse enfrentado a los ejércitos musulmanes, en varios momentos llegaron a tener buenas relaciones con gente musulmana, y naturalmente, a ojos de la opinión pública europea, esto los hacía cómplices de aquellos infieles. En la Europa medieval había la creencia de que los musulmanes rendían culto a Mahoma, y así, fue fácil postular que los templarios hacían algo parecido, pero en vez de adorar a Mahoma, adorarían al tal Bafomet.
Es muy probable que todo eso sea falso. Pero, si acaso los templarios adoraban a una cabeza, de nuevo, se habría debido más a una confusión que a un hecho real. En la Edad Media, era muy común el culto a las reliquias, algo perfectamente autorizado por el Papa. Es posible que los templarios tuvieran sus propios relicarios, pero que lamentablemente, algún malintencionado hubiera dicho que esos relicarios eran en realidad cabezas de gato o Bafomet.
En fin, Clemente V se vio presionado a acceder a la iniciativa de Felipe, y la orden de los templarios fue desmantelada en el resto de los países. El Papa llevó a cabo una investigación privada del asunto, y gracias a un pergamino que se descubrió en 2001 (el pergamino de Chinon), sabemos que el Papa exoneró a los templarios de aquellas acusaciones. Pero, en tanto estaba intimidado por Felipe, Clemente no se atrevió a hacerlo público, y así, se procedió hasta el final con la persecución de los templarios.

Tras varios años de encarcelamiento, y en espera de que pasase la conmoción en la opinión pública, finalmente Felipe dio la orden de ejecutar a Jacques de Molay, el gran maestre de los templarios. Jacques de Molay enfrentó dignamente su ejecución en la hoguera 1314, y según la leyenda, en la hoguera, maldijo a Felipe y a Clemente, advirtiéndoles que pronto se encontrarían con él en el Juicio Final. El Papa murió un mes después, y Felipe murió en un accidente ese mismo año.

viernes, 3 de febrero de 2017

10 Surprising Facts About Simon Bolívar

Known as the “Liberator” in Venezuela, Colombia, Panama, Ecuador, Peru and Bolivia, Simon Bolivar is often considered the “George Washington of South America”. He liberated all those countries from the Spanish Empire, and formulated a project of national integration amongst the former Spanish colonies in the Americas. Both as a statesman and a politician, Bolivar was a larger-than-life character. Although he has been admired in the United States (to the point that some illustrious soldiers were named after him, such as Simon Bolivar Buckner), the details of his life are little known. Following is a list of some surprising facts about his life. 


1 He was breastfed by a black slave
            Simon Bolivar was born in Caracas on July 24, 1783, to a noble criollo family (whites born in the American continent). The Bolivars had come to Venezuela from the Basque region in Spain, in the 16th Century (LINK 1). They were land tenants of large property states, and immensely rich. However, one of Bolivar’s ancestors was denied an aristocratic distinction by the Spanish crown because he could not prove the “purity” of his blood. Thus, there has always been the suspicion that Bolivar may have had either an African or Native American ancestor.
            The Bolivars had numerous black slaves, as was typical of criollo families in Caracas. Young Simon was breastfed by a black slave, Hipolita (LINK 2). He grew to be fond of her. An orphan by age nine, Bolivar considered her a close relative. Many years later, in 1813, at a triumphal military procession in Caracas, he spotted her in the crowd; Bolivar came down from his horse, and immediately went to hug her. Although he always feared a Haiti-like massacre of whites in Spanish America, Bolivar was never a racist, and he did his best to emancipate the slaves.

2 He was a widower at age 19
            As was usual for young noble criollos in the Spanish colonies, Bolivar traveled to Spain at age 16 as part of an educational voyage. While there, he met Maria Teresa del Toro, a young Spaniard of Venezuelan origins. He fell in love and proposed to her. They got married in Madrid in, 1801, and headed back to Venezuela. The couple was very happy in Caracas, but then, after only nine months, tragedy struck: Maria Teresa died of yellow fever (LINK 3). Bolivar loved Maria Teresa intensely, and was deeply affected. He swore never to marry again, and he kept his promise.
            Years later, he reflected that, had he not been a widower, his life would have been very different, and he would have never become the Liberator. Bolivar went on to have many lovers throughout his life. The one who seemed to have captured his heart above all others, was Manuela Sáenz, a native from Quito, and married to an English businessman (LINK 4). Manuela abandoned her husband and joined Bolivar in his military and political life. She was crucial in saving his life from an assassination attempt in Bogota, in 1828. For this heroic deed, Bolivar called her the “liberator of the Liberator”. 

3 His first military assignment ended in defeat
            On a second trip to Europe in 1804, Bolivar was witness to Napoleon’s coronation ceremony in Paris. While in Rome, in the company of some friends, he scaled Monte Sacro and pledged to liberate Spanish colonies from the Spanish empire. For some years, he kept quiet about this pledge. But, given Napoleon’s invasion of Spain in 1807, the Caracas city council declared independence from Spain in 1811, and Venezuela’s First Republic was established (LINK 5).
            Bolivar volunteered to go on a diplomatic mission to London, in order to seek international recognition for the Venezuelan republic. He was only partially successful. Upon his return to Venezuela, he realized that not everyone was happy with the political state of affairs, and soon, a civil war ensued. Royalists loyal to the King of Spain took arms, and initiated a campaign to depose the Republican government.
            In 1812 (LINK 6), Bolivar was assigned military command of the Puerto Cabello garrison, where royalist prisoners were held. However, he could not contain a mutiny, and prisoners took control of the garrison. Bolivar asked for reinforcements, but never received them. He fled Puerto Cabello in defeat.

4 He betrayed his precursor, Francisco de Miranda
            The loss of Puerto Cabello was a pivotal moment for royalist forces, and it ultimately led to the fall of the First Republic in Venezuela. Bolivar was deeply anxious about his role in this catastrophic event, but he seems to have blamed General Francisco de Miranda. Miranda had been a revolutionary who, in 1806, attempted to launch a liberation movement in Venezuela (LINK 7). It ended in failure, and Miranda exiled in London. When Bolivar visited London, he proposed Miranda to return to Venezuela and take command of the armed forces. However, very soon, relations between both soldiers deteriorated, and the fall of Puerto Cabello further drove them apart.
            In 1812, as royalist forces approached Caracas, Miranda judged that there was no point in prolonging the war. He thus made arrangements to surrender, board a ship, and abandon Venezuela, in order to prepare a new revolutionary movement. However, Bolivar quickly moved and, with the help of other conspirators, arrested Miranda and handed him to royalist commander Domingo Monteverde, as he entered Caracas. Monteverde sent Miranda to a prison in Cadiz, where he died in 1816. This particular event cast a long shadow over Bolivar’s reputation. He always tried to excuse himself by arguing that Miranda was a traitor to the Venezuelan Republican cause. Yet, to this day, many historians wonder whether the real traitor was Bolivar.

5 He decreed war to the death to Spaniards
            Bolivar marched to exile in 1812. Yet, by 1813, he was in New Granada (modern-day Colombia), once again as a military commander, engaging in combat against Spanish forces. He was nominally under command of the Cartagena government. But, without his superiors’ consent, he crossed the Venezuelan border and began a march to Caracas.
            This campaign, known as “La campaña admirable” (the admirable campaign) gave Bolivar many military triumphs. When his forces entered Caracas in 1813, he was enthusiastically greeted by the locals, and given the title of “Liberator” (LINK 8).
            By now, the war had become particularly vicious. There were reports of atrocities on the Spanish side, and Bolivar decided to retaliate. On June 5th, 1813, in the town of Trujillo (at the start of his campaign on his way to Caracas), Bolívar signed the decree of war to the death. He warned that any Spaniard, who refused to serve under his command for the liberation of Venezuela, would be summarily executed (LINK 9). The decree had more of a psychological impact, as few executions took place. However, out of frustration for a failed prisoner exchange with the Spanish, and fearing a prisoner uprising, Bolivar ordered the execution of 900 prisoners of war held in La Guaira (LINK 10).
            The viciousness of the war eventually allowed for the rise of an even more ruthless warlord on the royalist side, Jose Tomas Boves. His private army, known as the “legions of hell”, devastated the Venezuelan countryside, and entered Caracas in 1814, once again sending Bolivar into exile.

6 He proclaimed freedom for slaves, to no effect
            After his second exile, Bolivar settled first in Jamaica, and then in Haiti, where he was welcomed by president Alexandre Petion. Haiti was then a republic governed by former black slaves who had rebelled and killed their white masters. President Pieton offered Bolivar economic and logistical help in his attempt to, once again, invade Venezuela. But, he specifically asked Bolivar to decree the emancipation of the slaves in all those territories he would liberate from the Spanish empire (LINK 11).
            At first, Bolivar did not seem to be fond of the idea, but perhaps out of pragmatism, he acceded to Pieton’s petition. However, Bolivar soon came to understand that he needed the support of blacks and pardos (mixed race people). Boves had been able to overthrow Bolivar’s government because he enlisted blacks and pardos by offering booty and promises of freedom to whomever joined his ranks.
            As Bolivar again invaded Venezuela in 1816, he proclaimed the abolition of slavery, and he personally freed his own slaves. However, his proclamations were to no effect. Bolivar was not in a real position of power to ensure abolition. And, when he did finally accede to power once Spanish forces were finally expelled from South America, he had to do political maneuvers to stay in power, and this prevented him from abolishing slavery altogether.
 
7 He crossed the Andes with his army
            Having invaded Venezuela in 1816, Bolivar could not make great advances. Caracas was still in the power of royalist forces, and he was in no position to attack. He thus established his headquarters in Angostura, on the banks of the Orinoco River. He began to receive British mercenaries (LINK 12), and he managed to bring under his command the llanero (Venezuelan cowboys) forces under the leadership of José Antonio Páez. Bolivar’s combined forces achieved some military victories over the Spaniards in the Venezuelan plains, but he still lacked the military capacity to strike the well-garrisoned Caracas.
            He then came up with a hugely ambitious plan. Instead of attacking Caracas, he would take his army through the Venezuelan plains, up the Andes Mountains, and descend into Bogota, coming from an unprotected side, as Spanish commanders would never think the enemy could take such a seemingly impossible route.
            Without telling his forces what route they were taking, Bolivar and his army of 2000 crossed the plains and then the Andes, in a move comparable to Hannibal’s crossing of the Alps. Crossing the plains, water was up to their waist, and in the mountains, they were only able to eat raw meat, as there was no wood. Nearly half his army perished along the way, before even the first military engagement. But, finally, his troops defeated the Spaniards at Boyaca in 1819, and then took control of Bogota (LINK 13).

8 He proposed a Constitution with a president for life
After his audacious crossing of the Andes, Bolivar found one military success after another. By 1821, the whole of Venezuela and New Granada were already freed from Spanish control. This time, however, Bolivar had learned the lessons from the past. And, he wanted to ensure that his victory would be long lasting. Therefore, once the Spanish authorities were expelled, Bolivar set out to organize a strong government that would protect independence. He proposed to unite Venezuela, New Granada and the province of Quito into one single nation, which he called “Colombia” (ironically, the name was originally proposed by his nemesis, Miranda).
            He then traveled to Peru, to take control of military forces there, to push for the final victory against the Spanish Empire in South America. He sent a loyal general, Antonio Jose de Sucre, to lead the campaign in Upper Peru (modern day Bolivia). Once liberated from Spanish control, Bolivar wrote a Constitution for the new nation of Bolivia. Given the weakened state of the emerging nations (and the threat of reconquest by Europe’s Holy Alliance), the Constitution had a strong centralist bent. But, perhaps the most controversial aspect was its provision for a president for life, as many people feared that Bolivar was en route to becoming a dictator (LINK 14).
            Upon his return to Bogota, Bolivar tried to convene Congress to accept this Constitution (or at least, one similar to it). But, given that the Congress did not accept it, Bolivar abolished Congress and declared himself dictator of Colombia.

9 He died very poor
            By 1828, Bolivar was deeply hated by adversaries who resented his dictatorial powers. A conspiracy to assassinate him was organized, but it ended in failure (LINK 15). Although formally a dictators, his retribution was not draconian, and he pardoned his main rival and suspected conspirator, Francisco de Paula Santander (nevertheless, some other participants in the conspiracy were executed). However, Bolivar tightened his grip on adversaries, hoping to find a consensus solution to the political crisis.
            By 1830, Bolivar realized that he would not be able to find consensus. He thus decided to step down, and take exile in Europe. He had become increasingly sick with tuberculosis. On his way to Europe, he died in Santa Marta, on Dec 17th, 1830. He had been abandoned by most friends, and his fortune was already gone. On his deathbed, he had to borrow a shirt from a Spanish sympathizer, because he could not even afford one.

10 He was a Freemason

            Although the extent of Masonic influence has been exaggerated by conspiracy theories, it is true that many leaders from the South American revolutionary wars of independence were Freemasons. Miranda, Jose de San Martin, Bernardo O’Higgins, and Simon Bolivar, were all members of Lautaro, a South American Masonic lodge (LINK 16). In 1820, Bolivar had signed an armistice with royalist general Pablo Morillo, and it has been speculated that he, too, was a Freemason, and for that reason, the armistice talks went smoothly.