El catolicismo es, supuestamente, una religión
monoteísta. Pero, al considerar el enorme número de santos, vírgenes y
reliquias a los cuales se les rinde culto en esta religión, es pertinente
preguntar si estamos en presencia de una religión monoteísta o politeísta. Hay,
es verdad, dos grandes bloques de católicos: por una parte, la jerarquía
eclesiástica, la cual no es muy dada al culto a reliquias y cosas por el
estilo; por otra parte, el catolicismo popular en el cual abunda el culto a
vírgenes, santos y reliquias. Pero, sea como sea, el catolicismo está muy lejos
de ser la estricta religión que rinde culto a un solo dios.
En ocasiones, hay
reportes en los que la imagen de la Virgen María aparece en manifestaciones
naturales: en el reflejo de una ventana, en las nubes, en la forma de un pan
tostado, en el vómito de algún borracho. No es necesario buscar una explicación
sobrenatural para estos fenómenos. En primer lugar, las imágenes nunca son lo
suficientemente nítidas, sino meras aproximaciones visuales que sólo con un
esfuerzo interpretativo de nuestra parte, se parecen a la Virgen María. Hasta
donde tengo conocimiento, nunca ha aparecido en las nubes o en el pan tostado,
una imagen como la Inmaculada Concepción de
Murillo. De hecho, los psicólogos conocen muy bien el fenómeno de la
pareidolia, a saber, la tendencia que tenemos a interpretar como imágenes
reconocibles, aquello que procede de estímulos muy vagos. Observad cualquier
nube, y pronto descubriréis toda suerte de figuras. Obviamente, esas nubes no
proceden de un milagro; pues bien, el pan tostado con la imagen de María
tampoco es un milagro, sino sencillamente una leve distorsión en nuestra
percepción.
Tampoco es necesario
buscar una explicación sobrenatural para las supuestas apariciones de la señora
resplandeciente que flota en el aire y solicita un santuario. Probablemente,
como en todas las experiencias místicas y religiosas, se trate de alguna
alucinación, o incluso, un fraude. Las apariciones marianas ocurren a un número
muy reducido de personas, de manera tal que no hay manera de verificar si, en
efecto, la experiencia es objetiva, o sólo procede de la imaginación de quien
la vive. Hasta ahora, la única evidencia a favor de las apariciones marianas es
el testimonio de quien supuestamente las ha vivido. Como se sabe, en casos como
éstos, el mero testimonio es claramente insuficiente: los alegatos
extraordinarios requieren evidencia extraordinaria.
La historia del catolicismo
está repleta de supuestas apariciones marianas, pero ha habido tres grandes
casos que merecen destacarse, pues anualmente atraen millones de peregrinos:
las apariciones de Guadalupe, Lourdes y Fátima.
Según la leyenda,
en diciembre de 1531, la Virgen María se apareció a un indígena de nombre Juan
Diego en Tepeyac, cerca de la actual ciudad de México. Juan Diego narró lo
sucedido al obispo, pero éste mantuvo su escepticismo. El obispo ordenó a Juan
Diego que, en caso de que la Virgen María apareciera otra vez, le pidiese algún
prodigio como prueba. En efecto, la Virgen volvió a aparecerse a Juan Diego, y
esta vez, hizo crecer flores en pleno invierno. Juan Diego las recogió, las
colocó en un manto envuelto y las llevó al obispo. Cuando Juan Diego desenvolvió
el manto, había aparecido la imagen de la Virgen. Actualmente, el manto se
exhibe en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Esta historia fue
escrita en 1649. Obviamente, un siglo es suficiente tiempo para elaborar
detalles fantasiosos que ya no pueden ser corroborados. Nunca sabremos bien qué
pasó exactamente, pero la presunción racional siempre estará a favor de que
algún artista pintó la imagen de la Virgen de Guadalupe sobre un manto, y la tradición
popular inventó una historia de milagros alrededor de esta imagen.
La aparición en
Lourdes tampoco tiene mayor credibilidad. En 1858, la joven campesina francesa
Bernadette Soubirous alegó recibir apariciones de la Virgen María en la
localidad de Lourdes. Supuestamente, la Virgen señaló a Bernadette la ubicación
de un manantial que hasta ese momento, nadie había descubierto. De nuevo, esta
historia no tiene corroboración, pues sólo la joven campesina recibió las
apariciones. Y, en cuanto al manantial, es perfectamente racional suponer que
Bernadette lo descubrió por cuenta propia, y atribuyó su hallazgo a la
aparición mariana. Años después de su muerte, el cuerpo de Bernadette fue
exhumado y se encontró incorruptible. No es necesario buscar una explicación
sobrenatural para este fenómeno: si se dan algunas condiciones naturales
(principalmente el proceso químico de saponificación, y un terreno mortuorio
frío y seco), el cuerpo puede tardar varios siglos en descomponerse. Hoy, el
cuerpo de Bernadette está exhibido por su supuesta incorruptibilidad, pero es
sabido que al cuerpo se le ha aplicado capas de cera para mantenerlo.
En el lugar de la
supuesta aparición se ha erigido un santuario al cual acuden anualmente
millones de peregrinos. Según se alega, ha habido numerosas curaciones
milagrosas ahí, pero nunca estos casos han sido sometidos al escrutinio
científico. De hecho, los supuestos milagros nunca han sido lo suficientemente
espectaculares como para convencer a personas racionales (nunca, por ejemplo, ha
habido un milagro de hacer aparecer una extremidad ausente; casi todos los
casos son curaciones de males que, o probablemente tienen un origen
psicosomático, o no fueron diagnosticados correctamente). Y, además, es
terriblemente irónico que el santuario de Lourdes ha generado más muertes que curaciones: anualmente,
el número de peregrinos fallecidos en accidentes de tráfico excede el número de
pacientes curados.
La más
controvertida de todas las apariciones marianas ocurrió en Fátima, Portugal, en
1917. Supuestamente, tres niños campesinos recibieron visitas de la Virgen
María, quien les solicitó devoción y le reveló tres secretos. Estos tres
secretos supuestamente fueron profecías de eventos posteriores, pero muy
convenientemente, estos secretos fueron proclamados después que ocurrieron los eventos que supuestamente anunciaban.
Si contempláis una
virgen en un pan tostado, observad bien: probablemente sea una mancha que
habéis interpretado erróneamente. Si alguna vez veis una imagen de una señora
resplandeciente flotando en el aire que os habla, asumid que es alguna
alucinación (y, vale advertir, las personas mentalmente sanas pueden tener
alguna vez una alucinación). Si persistentemente recibís visitas de la virgen,
entonces en vuestro propio bien, acudid a un psiquiatra: el tratamiento
psiquiátrico probablemente hará desaparecer esas visitas.