sábado, 13 de febrero de 2016

La poligamia en el Islam

La mujer musulmana tiene una desventaja muy notoria en el matrimonio. La mujer sólo puede casarse con un hombre, pero el hombre puede tener más de un esposa, hasta cuatro. El Corán estipula que debe dárseles el mismo trato (4:3). Es difícil comprender esta estipulación, teniendo en cuenta que en el imperio otomano, por ejemplo, había sendos harenes de decenas de mujeres. Esto se esclarece cuando se toma en consideración que el Corán no impide que el hombre pueda tomar mujeres adicionales como concubinas, si éstas son esclavas que no están casadas (4:24).

Ya desde Marx y Engels en el siglo XIX, en Occidente la monogamia ha sido denunciada como una institución hipócrita y opresiva. En parte los críticos tienen razón. La monogamia impone represiones que muchas veces conducen a estados de infelicidad entre los esposos, y el porcentaje de parejas que realmente respetan la monogamia es bajo.
Pero, es un grave error suponer, como a veces se hace, que el modelo musulmán de poligamia es una alternativa más deseable. Los críticos izquierdistas de la monogamia suelen favorecer el “amor libre”, el mutuo acuerdo entre los esposos, de que se puede tener relaciones sexuales con otras personas. No hay tal cosa en el Islam. En el derecho islámico, el esposo no está tan restringido, pues se le está permitido buscar otras esposas y concubinas; pero la esposa no tiene ese privilegio. En materia de poligamia, lo mismo que en el divorcio, la mujer tiene una enorme desventaja en el derecho islámico.
Es cierto que, según los psicólogos evolucionistas, el hombre naturalmente tiene más inclinación a la promiscuidad que la mujer. Esto es debido a una razón biológica muy sencilla: la mujer no incrementa su fertilidad al aparearse con muchos hombres; una vez que es fecundada, ya no puede tener más fecundaciones. En cambio el hombre, cuantas más compañeras tenga, más incrementa su posibilidad de fecundación. Con todo, se cometería la falacia naturalista al asumir que, por el mero hecho de que el hombre tenga más inclinación a la promiscuidad, la legislación matrimonial debe conceder mayores privilegios a los hombres que a las mujeres.
Más aún, la evolución de la sexualidad humana es muy compleja, y en ella han intervenido muchos otros factores que mitigan la inclinación de los hombres a la promiscuidad. La vulnerabilidad de las crías humanas ha exigido una inclinación a la monogamia en nuestra especie, pues lo mismo que las aves, el cuidado de las crías exige la presencia de ambos padres, y esto se dificulta con la monogamia. En las especies poligámicas, hay un marcado dimorfismo sexual; en la nuestra, ese dimorfismo, si bien está presente, es muy tenue. De forma tal que, sí, entre humanos, el hombre tiene naturalmente alguna tendencia a la poligamia, pero somos una especie fundamentalmente monogámica, lo suficiente como para propiciar que las legislaciones poligámicas sean muy problemáticas.
De hecho, la poligamia es una institución que genera mucho conflicto. Estos conflictos son, naturalmente, entre las mujeres que deben compartir marido. En los harenes del imperio otomano, había toda clase de intrigas entre esposas y concubinas para buscar el favor del sultán. Y, en la propia vida de Mahoma, estos líos también ocurrían. Hafsa, una de las esposas del Profeta, tuvo un altercado con él, porque lo encontró en la cama con una concubina cristiana, cuando le correspondía pasar la noche con Hafsa.

Pero, es peor aún el conflicto entre hombres que deben buscar mujeres. La poligamia es una institución que expande las desigualdades sociales. Por cada mujer adicional que toma un hombre, otro hombre se queda sin acceso sexual. Y, para mantener a tantas mujeres, debe haber hombres muy ricos que acumulan riquezas, mientras que los hombres con menos recursos quedan sin posibilidades de reproducción. Esto genera una tremenda insatisfacción que suele manifestarse en violencia. Está ampliamente documentado que existe una alta correlación entre sociedades poligámicas y sociedades violentas. En el Islam, los terroristas suicidas suelen ser jóvenes sin nexos conyugales. La promesa de las 72 vírgenes debe resultarles muy atractiva a muchachos en edad de mucho impulso sexual que, con todo, no consiguen muchachas, porque éstas ya están controladas por hombres mayores con más dinero.

2 comentarios:

  1. Si aun no ha hecho un comentario sobre la poligamia en la iglesia mormona ( actualmente en la IFSUD) podria hacer una comparacion con el islam . Seria muy interesante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En otras entradas de este blog, he escrito sobre los mormones. Puedes revisarlos. De todas formas, es prudente informar que la iglesia mormona abandono la poligamia a finales del siglo xix

      Eliminar