domingo, 14 de febrero de 2016

La homosexualidad, la danza y la música en el Islam


            En Occidente, los grupos conservadores que hacen muchísimo énfasis sobre la necesidad de preservar la familia, suelen atacar a la homosexualidad. Esto se hace bajo la falsa premisa de que la homosexualidad es una amenaza a la estabilidad familiar. El porcentaje de homosexuales en el mundo es muy reducido (entre 1 % y 5% de la población mundial), de forma tal que la tolerancia de la homosexualidad no representa ninguna amenaza a la fertilidad, ni a la crianza de los hijos, ni a la fortaleza de la familia en general.
            Pues bien, esta animadversión hacia la homosexualidad también está muy presente en el Islam. En la mayoría de las escuelas jurídicas islámicas, la homosexualidad está criminalizada, y merece un castigo severo (por lo general, los mismos azotes que se prescriben para el adulterio). Y, en buena parte del mundo musulmán, la homosexualidad es efectivamente un delito contemplado en los códigos penales.

            Esto es un poco extraño, porque si bien en el jadiz sí hay condenas de la homosexualidad (aunque, como suele ocurrir con el jadiz, siempre se discuten cuáles son los auténticos), en el Corán no hay una condena verdaderamente explícita de la homosexualidad. El Corán sólo habla de las faltas de la gente que acosó a Lot (7:80; 27:54; 29:28; 33:30; 65:1), pero no especifica cuáles eran esas faltas. Según se cuenta en la Biblia (Génesis 19), Lot fue acosado sexualmente por los habitantes de Sodoma, y Dios castigó su pecado destruyendo esa ciudad. Pero, incluso el mismo texto bíblico usa eufemismos, y si bien entre los comentaristas bíblicos hay consenso de que esto es una referencia a conductas homosexuales, queda aún abierto al debate si los sodomitas eran realmente homosexuales.
            En todo caso, como ha solido ocurrir con cualquier legislación que pretende criminalizar algo tan común y natural como la homosexualidad, en la historia del Islam muchas veces se hizo caso omiso a eso. Hace algunos años, el iraní Mahmoud Ahmadinejad pronunció otro de sus épicos disparates: en Irán no hay homosexuales, porque eso es un “vicio” típico de la decadencia occidental. Lo cierto es que en la historia del Islam ha habido homosexuales de alto perfil (posiblemente el andalusí Abderramán III era uno de ellos), y al menos bajo su influencia, la homofobia ha sido moderada.
            La criminalización de la homosexualidad es típica de sistemas jurídicos iliberales que castiga acciones que no hacen daño a nadie. En el derecho musulmán, hay muchas otras acciones criminalizadas que, en países con una tradición liberal, ni por asomo estarían ilegalizadas. El Islam, lamentablemente, tiene una valoración muy débil de la libertad, y tiende a favorecer más bien concepciones autoritarias de un Estado que prohíbe hasta las cosas más insignificantes.
            Por ejemplo, la actitud del Islam respecto a la danza y la música es muy ambigua. Algunos juristas han estimado necesario prohibir la danza y la música. En el Corán no hay una condena explícita de esta actividad artística. Pero, sí está este verso: “No recorras la Tierra con insolencia” (17:37), y a partir de esto, algunos ulemas interpretan que a Dios no le agradan los bailes. Dice también el Corán: “¡Modera tu paso! ¡Baja tu voz!” (31:19), y basándose en esto, en algunas regiones del mundo musulmán con la interpretación más dura de la shariah, se ha prohibido la música y la danza (en Arabia Saudita sí está permitida, pero en las zonas de Afganistán controladas por los talibanes, no lo está). Lo único permitido es la recitación melódica del Corán (la cual, dicho sea de paso, no deja de ser muy bella), si acaso acompañada sólo por un tamborcillo.
            Hay, por supuesto, grandes producciones musicales en los países musulmanes (el propio Estado Islámico del Levante e Irak recluta jovencitos haciendo videos musicales). En el sufismo (el movimiento místico del Islam), hay grandes derviches danzantes, así como hermosísimas interpretaciones musicales. Pero, si bien no todas las escuelas jurídicas coinciden en la necesidad de la prohibición, al menos sí hay consenso en que tanto la música como la danza son actividades riesgosas que hay que asumir con mucha cautela; en algunas escuelas, si bien no se prohíbe el cantar y bailar, al menos se desaconseja.

1 comentario:

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