miércoles, 10 de febrero de 2016

La escatología islámica y sus usos políticos

El Islam  comparte con el cristianismo y el judaísmo la doctrina del Juicio Final. Si bien esta doctrina está presente en esas otras dos religiones, el Islam la enfatiza muchísimo más, al punto de que posiblemente sea el tema principal del Corán (aunque, cabe admitir, en un libro tan desordenado como el Corán, es difícil precisar algún tema principal).
            El principal motivo por el cual los Coraix se volvieron contra Mahoma, fue debido a sus recitaciones y prédicas amenazantes sobre la inminente llegada del Juicio Final. El Corán postula que nadie sabe cuándo llegará ese día, pero será muy pronto: “Se acerca el momento de rendir cuenta los hombres, pero éstos en descuido, están alejados” (21:1). Mahoma no fue el primero, ni tampoco será el último, de los predicadores apocalípticos. Todos esos predicadores se han equivocado en sus anuncios de inminencia, pues acá estamos, aún esperando que ocurra lo que no termina de ocurrir.

            A pesar de que, al menos en el caso musulmán, llevamos ya más de catorce siglos en espera del momento que supuestamente se acerca, los musulmanes siguen pretendiendo que estemos en expectativa, pues como señala el Corán, puede llegar en cualquier momento: “A Dios pertenece lo desconocido de los cielos y de la Tierra. La orden de la hora del juicio final será como un guiño o más breve” (16:77); “Quienes traten de mentira el encuentro de Dios saldrán con pérdida en cuanto les venga de imprevisto la hora del juicio” (6:31).
            Cuando ya el momento llegue repentinamente, habrá anuncios: “El día en que se sople el cuerno vendrán a bandadas; se abrirá el cielo y será todo puertas; en ese día los montes se pondrán en marcha y será espejismo” (78:18-20); “cuando el sol se oscurezca, cuando los astros se empeñen, cuando los montes se pongan en marcha, cuando las camellas de diez meses sean abandonadas, cuando las fieras sean reunidas, cuando los mares entren en ebullición” (81:1-6). Como en el cristianismo, hay en el Islam diversos movimientos que tienen gran expectativa respecto a estos acontecimientos, y diariamente buscan en los noticieros fenómenos que coincidan con estos anuncios.
            En el Corán no se hace mención de la aparición de personajes que, con todo, tienen mucha relevancia en la imaginación islámica respecto al final de los tiempos. La creencia musulmana convencional es que aparecerá Al Dajjal, una suerte de anticristo que traerá consigo grandes catástrofes. La mención de este personaje es prominente en el jadiz. El anticristo será de piel rojiza, tuerto, con cabello enrulado, y piernas cambetas. En fin, será una caricatura de los minusválidos, imaginada por los árabes del siglo VII.
            Luego vendrá Cristo, y se enfrentará al anticristo. Esto no se dice ni en el Corán ni en el jadiz, pero es una creencia musulmana convencional. Y, junto a Cristo, vendrá una misteriosa figura, el Mahdi. Este personaje, que no aparece en el Corán, pero sí en el jadiz, supuestamente será descendiente de Mahoma, y a diferencia del anticristo, será alto, esbelto, y de color de piel similar a la de los árabes.
            La expectativa en torno al Mahdi tiene grandes componentes políticos en el Islam. En las guerras intestinas tras la muerte de Mahoma, el partido de Ali (que eventualmente dio pie a la rama que hoy constituyen los chiitas), tras sufrir varias derrotas militares, empezó a proclamar que, en un futuro no lejano, vendría el Mahdi. Una de las extrañas creencias de los chiitas es que el último de sus líderes (no se ponen de acuerdo respecto a quién fue ese líder, y eso ha dado pie a divisiones dentro de su rama) misteriosamente desapareció, y hasta el día de hoy, sigue oculto. Ese imam (líder) oculto, en la doctrina chiita, es el Mahdi.
En vista de que los chiitas le dieron mucha preponderancia a la venida del Mahdi, y trataron de vincularlo con su imam oculto, los sunitas (la rama mayoritaria en el Islam) han tratado de restarle importancia al personaje. Pero, aun entre sunitas, hay bastante expectativa respecto a su llegada (aunque no lo identifican con el imam oculto). Y, en la historia de la rama sunita del Islam, no han faltado personajes mentalmente desequilibrados que se han llegado a proclamar el Mahdi, y han lanzado rebeliones violentas, con la expectativa de que se anticipe el final de los tiempos y llegue el juicio final. La lista de estos personajes es larga, pero vale destacar a Muhammad Ahmad, quien organizó una violenta revuelta contra los imperialistas británicos en Sudán en el siglo XIX, pero que al final fue suprimida.
En fechas más recientes, en 1979 unos fanáticos tomaron el control de la principal mezquita de La Meca, y proclamaron como Mahdi a uno de los suyos, Muhammad Bin Abdallah Al Qahtani. Lo mismo que el Mahdi sudanés del siglo XIX, el movimiento falló; en esta ocasión, las autoridades saudíes intervinieron para suprimir violentamente aquella revuelta.
            En el mundo chiita, la expectativa en torno al Mahdi, y sus implicaciones políticas, es aún mayor. El gobierno de Irán (el único país abrumadoramente chiita) tiene una secretaría gubernamental, cuyo objetivo es la preparación para la llegada del Mahdi. Incluso, jurídicamente, está estipulado que el líder supremo de la revolución iraní, gobierne como sustituto del imam oculto, hasta que regrese. Esta expectativa siempre ha estado presente en el gobierno revolucionario que llegó en 1979, pero Mahmoud Ahmadinejad fue quien con mayor ímpetu la proclamó.

Irán tiene un doble enfrentamiento: contra los infieles de Occidente y EE.UU., y contra Arabia Saudita como líder de la rama sunita. Esos enfrentamientos obedecen a causas geopolíticas de diversa índole, pero en Irán, hay una fuerte tendencia a presentarlos en términos apocalípticos, como anticipación a la llegada del Mahdi y la posterior sucesión de eventos escatológicos. Contrariamente a lo que algunos neoconservadores occidentales opinan, a mí me parece muy positivo que EE.UU. y las potencias occidentales se acerquen a Irán y negocien un acuerdo que le permita desarrollar energía nuclear. Pero, no se debería perder de vista la fantasía apocalíptica de los líderes revolucionarios, pues siempre es posible que algún fanático se cuele en el gobierno iraní, y quiera acelerar la llegada del Mahdi, lanzando una bomba nuclear.

3 comentarios:

  1. Yo no me fio ni un pelo de lo que los iraníes puedan llegar a hacer en un futuro próximo, cuando ya tengan energía nuclear suficiente para su consumo industrial o civíl. Nunca han sido de fiar los musulmanes, especialistas en el doble juego y muy despreciativos con los valores de Occidente. Recordemos el detallito de la cena que nunca fue, en Francia. Ellos impusieron sus normas y los franceses, en su casa a tragar.
    - Europa está llena de políticos idiotas. También cabe pensar en lo de Itália y sus obras de arte. Luego estos politicastros se quejaran si surgen movimientos de extrema derecha e incluso neo-nazis.

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    1. Yo tampoco me fío. Pero, sí me fío más de Obama. Y, si él asegura que, bajo su tratado, Irán estará sometido a inspecciones, creo que podemos estar más o menos tranquilos. A la larga, creo que es la mejor estrategia, pues levantando las sanciones, se inserta a Irán en el mercado internacional, y su población joven (que es bastante culta y curiosa con Occidente), puede empezar a presionar para más cambios, viendo que en Occidente se vive mejor.

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