lunes, 8 de febrero de 2016

¿Hay en el Corán influencias foráneas?

Aun suponiendo que nuestro actual Corán es el mismo que recitó Mahoma, caben también muchas dudas de que fue dictado directamente por Dios. Hay una historia curiosísima que, si bien es disputada por los apologistas y por algunos historiadores, amerita considerar. Abdalá Ibn Saad Ibn Abi Sarh, era un hermano de leche de Osman. Después de que Mahoma se estableció en Medina, Abdalá emigró desde La Meca, y se convirtió en musulmán. En Medina, Abdalá se convirtió en uno de los secretarios de Mahoma, y apuntaba las revelaciones que el profeta recibía.
En una ocasión, Mahoma recitó el verso que ahora está en el Corán 23:14: “Luego transformamos el esperma en un coágulo de sangre, transformamos el coágulo en un bolo; transformamos el bolo en huesos y revestimos los huesos de carne. A continuación, instituimos otra creación”. Abdalá, cautivado por el verso, exclamó: “¡Bendito sea Dios, el mejor de los creadores!”. Mahoma, a su vez cautivado por lo que Abdalá añadió, le indicó a su secretario que también incluyera esa exclamación como continuación del verso, y así consta en el Corán. Abdalá se dio cuenta de que Mahoma no podía ser un verdadero profeta que oía las palabras de Dios, si ingenuamente permitía que sus secretarios añadieran versos que no venían de Dios. Abdalá, entonces, decidió renunciar al Islam, y se regresó a La Meca.

Los apologistas reconocen que, en algún momento, Abdalá sí renunció al Islam (por motivos que no conocemos), pero añaden que luego volvió a la religión. Es una cuestión abierta al debate. Pero, sea legendaria o no, la historia invita a preguntarse: ¿podemos estar absolutamente seguros de que Mahoma no era susceptible de las sugerencias de sus audiencias, y así modificaba las recitaciones?
Hay aún otra tradición sobre una historia similar. Mahoma estaba recitando un verso sobre la guerra santa, y en ese verso, decía que los combatientes tienen más valor que los no combatientes. Pero, un tal Abdalá Ibn Umm Kamktum, objetó que él era ciego, y que eso le impedía combatir. Entonces Mahoma, al escuchar esta queja, recitó el verso de esta manera: “No son iguales, en los creyentes, los no combatientes (excepción hecha a los dañados) y los combatientes en la senda de Dios con sus bienes y personas” (Corán 4:95). Está muy bien hacer excepciones con los discapacitados, y también está muy bien oír las quejas de los demás. Pero, lo importante acá es que, si esta historia es verdadera, el Corán no consta meramente de las palabras que dictaba Dios a Mahoma; había también añadidos que el profeta incorporaba tras algunas contingencias.
Si el Corán es de verdad no creado, y fue dictado directamente a Mahoma por Dios (como creen los musulmanes), entonces cabría esperar que no hubiera en ese libro ninguna influencia humana; el Corán no dependería de otras fuentes. Los musulmanes suelen destacar el hecho de que Mahoma era analfabeto, y que por ende, no pudo haber copiado nada.
Algunos historiadores consideran la posibilidad de que Mahoma sí sabía leer. Pero, aun en el caso de que fuera efectivamente analfabeto, eso no impide que en sus recitaciones del Corán, se basara en otras fuentes. Mahoma perfectamente pudo haber escuchado lo que judíos, cristianos y zoroastrianos le contaban, y en sus recitaciones, pudo haber repetido lo que él recordaba. De hecho, en vista de que la transmisión oral es muy imperfecta, cabría esperar que Mahoma contara erróneamente algunas de las historias que oía.
Y, de hecho, encontramos eso en el Corán. Por ejemplo, en la narración sobre la anunciación a María, la madre de Jesús, Mahoma recitaba: “¡Hermana de Aarón! Tu padre no era hombre de mal ni tu madre prostituta” (19:28). Mahoma confundía a Miriam, la hermana de Moisés y Aarón, con María la madre de Jesús.
Las influencias cristianas en el Corán son muy evidentes. Mahoma estuvo en contacto con varios maestros cristianos a los que él respetaba (es muy probable que recibiera influencia de Waraqa, el primo cristiano de Jadiya, su esposa). Curiosamente, tuvo también influencias de grupos cristianos que en aquella época (y hoy también) eran ya considerados heréticos. Arabia era una región limítrofe del imperio bizantino, el cual era muy dado a la persecución religiosa de herejes. Así pues, a Arabia iban a parar muchos grupos cristianos heréticos. Quizás esto cultivó la idea medieval cristiana de que Mahoma era un hereje.
Por ejemplo, en el Corán se narra que Jesús no murió en la cruz, sino que sólo dio esa apariencia, pues Dios lo elevó (4:157). Esta versión, muy distinta a la de los evangelios canónicos, no es original del Corán. Procede de los docetistas, un grupo de cristianos gnósticos que opinaban que, en tanto la materia es mala, Cristo no estaba hecho de materia, sino que sólo daba esa apariencia. En la crucifixión, no murió realmente Cristo. Las leyes de la probabilidad nos obligan a inferir que Mahoma escuchó esta historia de algunos docetistas, le gustó, y la recitó como parte del Corán. Al menos para ese verso, la fuente no es Dios, sino unos herejes cristianos.
También narra el Corán que Jesús prometía hacer pájaros de arcilla, insuflarlos, y convertirlos en pájaros reales (3:49), cuestión que cumplió (5:110). Esto no está en los evangelios canónicos. Pero, sí está en el Evangelio de la infancia de Tomás, un evangelio apócrifo del siglo II: en ese texto, el niño Jesús (no adulto, a diferencia de lo que deja entrever el Corán), hace ese milagro. Si bien no fue declarado propiamente herético, este evangelio siempre estuvo en los márgenes del cristianismo. Muy probablemente circuló en Arabia, y los grupos heréticos que había ahí, lo conocían. Mahoma, entonces, seguramente escuchó esta historia, y la recitó.
En la última década, el académico Christoph Lexenberg ha planteado la tesis, según la cual, la lengua del Corán no es en realidad el árabe, sino una variante del sirio-arameo. Eso explica cómo, en el Corán, aparecen muchas frases que hoy nadie sabe a qué se refieren (Luxenberg calcula que un quinto del Corán es ininteligible). El texto, en realidad, habría sido una variante de textos cristianos siríacos, compuesto para evangelizar a los árabes. Eventualmente, los árabes modificaron ese texto, y le dieron la forma actual al Corán creando una religión aparte; pero en un inicio, era un texto cristiano, y así se manifiesta en los estratos textuales más tempranos. La tesis de Luxenberg ha sido sometida a mucho escrutinio, y no es muy popular entre los académicos, pero al menos abre la puerta para considerar las posibles influencias cristianas en el Corán.
Se ha hablado también de la posibilidad de influencias judías en el Corán. Obviamente, Mahoma estuvo en contacto con tribus judías. De ellas escuchó historias de la Biblia, e incorporó algunas al Corán. Pero, se ha postulado también que, posiblemente, el Corán lleva influencia del Talmud y la Midrash, el conjunto de comentarios rabínicos que se compuso entre los siglos III y VI. Por ejemplo, el Corán narra que cuando Caín mató a Abel, Dios envió un cuervo para mostrarle cómo debía enterrar a su hermano (5:31). Este detalle no aparece en la versión bíblica de esta historia. Pero, sí aparece en un texto de la Midrash, el Pirke del Rabino Eliécer. En las historias coránicas sobre Abraham y Moisés (el episodio del becerro de oro), hay también detalles que no aparecen en la Biblia, pero sí aparecen en la Midrash.

También algunos filólogos e historiadores han sugerido alguna influencia de textos zoroastrianos en las descripciones coránicas del paraíso. En la Biblia las descripciones de la ultratumba son muy parcas, y si acaso, hay más descripciones del infierno que del cielo. En el Corán, en cambio, las descripciones son bastante elaboradas. Es viable pensar que estas descripciones han sido influidas por textos zoroastrianos, pues éstos son también bastante elaborados respecto al cielo.

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