lunes, 8 de febrero de 2016

¿Está el Corán libre de errores?

            Maurice Bucaille se empeñó en destacar los supuestos conocimientos científicos del Corán (lo refuto acá). Pero, quiso colocar debajo de la alfombra los errores científicos e históricos que hay en ese libro. Bucaille trató de conciliar el Islam con la ciencia, haciendo decir al Corán cosas que, en realidad, no dice. Pero, en el mundo musulmán, hay otra corriente que prefiere una lectura mucho más literal del Corán, y en vez de buscar una conciliación con la ciencia, prefiere estar del lado del Corán. Si eso implica una confrontación con la ciencia, pues que así sea. Para ellos, el Corán es la palabra literal de Dios, y en ese sentido, no puede contener errores de ningún tipo.
            La lista de errores científicos en el Corán es vastísima. Veamos algunos de los más sobresalientes. El Corán postula que el sol gira alrededor de la Tierra: “¡Gloria a quien ha creado todas las especies que hace brotar de la Tierra, las proceden del trabajo de los mismos hombres, y las que no conocen; tienen una aleya en la noche, de la que separamos el día, entonces los humanos están en las tinieblas. El sol corre hacia un domicilio que le pertenece. Ése es el decreto del poderoso, del omnisciente” (36:36-38). Como complemento, se dice que la Tierra es extendida (lo cual implica que es plana): “¿No ven los impíos a los camellos, cómo se han creado; al cielo, cómo se han levantado, a los montes, cómo se han plantado, y a la Tierra, cómo se ha extendido? (88:17-20).

            De vez en cuando, surgen en el mundo musulmán clérigos que afirman la planicie de la Tierra, así como el modelo geocéntrico del universo. Entre los cristianos también hay estos especímenes, pues también en la Biblia se pueden encontrar pasajes que sugieren estas teorías. Pero, vale insistir: son mucho más comunes en el Islam. Ningún defensor cristiano del geocentrismo tiene posiciones de poder. En cambio, en los países musulmanes, sí logran acceso a altos cargos. Por ejemplo, el clérigo saudí Ibn Baz ejerció muchísima influencia en su país, y a lo largo de su vida, defendió la idea de la planicie de la Tierra y su centralidad en el universo. De nuevo, en el cristianismo, el literalismo bíblico es minoritario. En el Islam, el literalismo coránico es habitual.
            Sorprende saber que en EE.UU., la mitad de la población no acepta la teoría darwinista de la evolución. Pero, al menos en ese país, hay una disputa entre creacionistas y evolucionistas, y las autoridades han hecho un notable esfuerzo por neutralizar a los fundamentalistas que quieren impedir que se enseñe la teoría darwinista en los colegios. En cambio, en los países musulmanes, no se enseña el darwinismo. La creencia de la mayoría de la población, asumida por los gobiernos (incluso aquellos que se proclaman laicos, como Turquía), es que el hombre fue creado directamente por Dios, tal como lo enseña el Corán: “Hemos creado al hombre de barro, de arcilla moldeable” (15:26).
            Hay más errores básicos de biología. Sabemos que el esperma es producido en los testículos, pero el Corán se los atribuye a otro lugar: “Ha sido creado del agua eyaculada, que sale de entre los riñones y el mediastino” (86:6-7). Sabemos que en el desarrollo del feto, los músculos y los huesos se forman simultáneamente, pero el Corán postula otra cosa: “… luego transformamos la esperma en un coágulo de sangre; transformamos el coágulo en un bolo; transformamos el bolo en huesos y revestimos los huesos de carne” (23:14).
            Una imagen estereotípica del pensamiento religioso arcaico, es aquella que atribuye los truenos a la acción de un dios. Era la función de Zeus, Thor, y tantos otros. Pues bien, en el Corán, Dios hace lo mismo, a través de un ángel: “El trueno y los ángeles, por su temor, cantan su alabanza. Envía sus rayos y alcanza con ellos a quien quiere, mientras los hombres discuten acerca de Dios. Él es terrible en el poderío” (13:13).
            En fin, históricamente, podemos excusar a Mahoma por todos estos errores en sus recitaciones, pues no pidamos a un analfabeta árabe del siglo VII, el tener nociones básicas de astronomía, geología y biología (pero, insisto, no perdamos de vista que, según los musulmanes, el autor del Corán no es Mahoma, sino el mismo Dios). Pero, en sus recitaciones, Mahoma cometió también errores que, de haber indagado un poco más, pudo haber evitado.
            El Corán postula, por ejemplo, que los cristianos adoran a María como parte de la Trinidad: “Acordaos de cuando Dios dijo: ‘Jesús, hijo de María, ¿has dicho acaso a los hombres: Tomadme junto a mi madre, como dos dioses, prescindiendo de Dios?’” (5:116). Esto es falso. El dogma cristiano postula la existencia de un Dios en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. María no tiene nada que ver. Algunos apologistas han querido disimular el asunto, alegando que Mahoma en realidad se estaba refiriendo a los coliridianos, una secta cristiana herética que rendía culto a María como una diosa. Me parece un recurso demasiado tomado por los pelos. No sabemos bien si esta secta llegó a Arabia, ni tampoco si Mahoma estuvo en contacto con ella.
            En sus recitaciones sobre personajes bíblicos, Mahoma también cometía errores básicos. Hay en el Corán una confusión de María la madre de Jesús, con Miriam la hermana de Moisés (19:28). En la Biblia, Éxodo 2:10 narra que la hija del faraón adoptó a Moisés, pero en el Corán, se dice que fue más bien la esposa del faraón: “La mujer del faraón dijo: ‘¡Oh consuelo de nuestros ojos! ¡No lo matéis! Es posible que nos sea de utilidad o lo adoptemos por hijos’. Ellos no lo sabían” (28:9). Asimismo, al contar la historia del becerro de oro, dice el Corán que este ídolo fue construido por un samaritano (20:85-97). La versión bíblica de esta historia no hace ninguna mención de los samaritanos; en realidad, los samaritanos vinieron a existir tras la deportación de las tribus israelitas del norte por el imperio asirio, más de tres siglos después de Moisés (si acaso existió).

            Los apologistas musulmanes tratan de salir de estos aprietos, recordando que la Biblia fue corrompida por los judíos y cristianos. Así, según ellos, la Biblia originalmente contenía las historias tal como se narran en el Corán, y si hay una divergencia entre la versión coránica y la actual versión bíblica, es debido a la corrupción. De nuevo, es una excusa tiradísima por los pelos. Los musulmanes nunca han precisado cómo, cuándo, y dónde ocurrió esa supuesta corrupción. Pero, en todo caso, vale preguntarse: ¿cuál de estas dos opciones es más probable?: 1) que los judíos y cristianos corrompieron sus libros;  2) que un comerciante árabe analfabeta del siglo VII, al escuchar historias contadas por judíos y cristianos, quedase confundido, y cuando él mismo las recitaba, cambiaba inadvertidamente el contenido; y cuando los judíos le señalaban sus errores, inventó que los judíos habían corrompido sus escrituras, para así excusarse. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario