martes, 9 de febrero de 2016

¿Está el Corán libre de contradicciones?

            Si el Corán tiene la perfección que los musulmanes le atribuyen, no cabría esperar en él contradicciones. Lamentablemente, hay muchísimas. Por ejemplo, se dice que cuando a María se le anunció que daría a luz a Jesús, se le apareció un ángel (19:16-19); pero, en otro recuento de esa misma historia (estas repeticiones son muy comunes en el Corán), son varios los ángeles que comunican a María la noticia (3:42; 3:45).
            La creencia musulmana convencional es que Adán fue el primer musulmán; pero, el Corán dice que el primer musulmán fue Moisés (7:143), y aún en otro lugar se dice que fue Mahoma (39:12). En la historia de Moisés, se narra que el faraón murió ahogado (17: 102-103; 28:40), pero en otro lugar, se dice que el faraón se salvó por mediación divina (10:90-92).

            Insólitamente, el mismo Mahoma pareció darse cuenta de algunas de esas contradicciones. Y, entonces, recitó el siguiente verso: “¿No abrogamos un verso o lo hacemos olvidar sin dar otro mejor o igual? ¿No sabes que Dios es todopoderoso sobre toda cosa?” (2:106). Según este verso, Dios envía nuevos versos, y con ellos abroga aquellos que contradigan a los nuevos. Presumiblemente, ese mismo verso abroga éstos, que implican que los versos no pueden ser abrogados, pues las palabras de Dios son eternas e inmodificables (¡para completar el enredo!): “¡Cúmplanse las palabras de tu señor en verdad y en justicia! No hay quien altere sus palabras” (6: 115); “… no hay quien cambie las palabras de Dios” (6:34); “… las órdenes de Dios no se alterarán” (10:64).
            La doctrina de la abrogación es muy importante en el Islam. Buena parte de la teología islámica y de los comentarios coránicos consisten en especificar cuáles versos abrogan, y cuáles versos son abrogados. Entre los comentaristas y teólogos, hay el consenso de que, naturalmente, los versos que vinieron después abrogan a los que vinieron antes. No hay en el Corán una cronología clara de los versos, pero se sabe al menos que algunos capítulos vinieron del período de Mahoma en La Meca, y otros vinieron de su período en Medina; puesto que el período de Medina es posterior, la doctrina de la abrogación privilegia a los versos de Medina.
            Así, por ejemplo, algún lector se sorprenderá al enterarse de que el Corán sí pareciera permitir la ingesta de bebidas alcohólicas: “Obtenéis bebidas fermentadas y un buen alimento de los frutos de la palmera y de las vides. En eso hay un verso para unas gentes que razonan” (16:67). Pero, en otro lugar, el Corán lo considera un pecado: “¡Oh los que creéis! Ciertamente el vino, el juego, los ídolos y las flechas son abominaciones procedentes de la actividad de Satanás. ¡Evitadla! Tal vez seáis bienaventurados” (5:90). La prohibición procede de un período posterior, y por ende, abroga al verso que permite el vino.

            La doctrina de la abrogación es conceptualmente muy problemática. ¿Cómo Dios, siendo perfecto y omnisciente, necesita corregirse a sí mismo? Un gran crítico del Islam, Ibn Warraq, señala con mucha contundencia: “La doctrina de las anulaciones también pone en ridículo el dogma musulmán de que el Corán es una reproducción fidedigna e inalterada de las escrituras originales que se conservan en los cielos. Si las palabras de Dios son eternas, es decir, sin principio ni fin, y de significación universal, ¿cómo puede hablarse de palabras de Dios anuladas y obsoletas? ¿Algunas palabras de Dios son mejores que otras? Al parecer, sí”.

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