sábado, 20 de febrero de 2016

¿Es el Islam el problema?

Los Hermanos Musulmanes, una de las organizaciones integristas musulmanas más activas hoy, tienen un lema: “El Islam es la solución”. Según ellos, la religión islámica es la solución para todos los problemas de la humanidad: ambientales, económicos, políticos, militares, delincuenciales, medicinales, etc. Demás está decir que esto es una colosal tontería.
            Pero, si el Islam no es la solución, ¿es el problema? En las últimas tres décadas, ha habido mucha violencia en el mundo. ¿Podemos encontrar un factor común en buena parte de esta violencia? Pensemos en varios de los grandes conflictos de los últimos años: palestinos musulmanes contra judíos israelíes; chechenos musulmanes contra cristianos rusos; musulmanes pakistaníes contra hindúes indios en Cachemira; norteños musulmanes contra sureños cristianos y animistas en Sudán; norteños musulmanes contra sureños cristianos en Nigeria; bosnios musulmanes contra serbios cristianos. El Islam parece ser el problema.

            Esto invita a pensar: ¿hay algo intrínseco en el Islam que incite a la violencia? ¿Era Osama Bin Laden un degenerado que desvirtuó su religión, o sencillamente, estaba actuando acorde a los parámetros del Islam? Evidentemente, la abrumadora mayoría de los musulmanes del mundo son personas pacíficas. Es cierto que en la opinión pública de los países musulmanes, hay más apoyo a las acciones terroristas. Pero, es un despropósito suponer que los más de mil millones de musulmanes en el mundo están dispuestos a matar en nombre de su religión. Con todo, vale preguntarse: independientemente de que sean o no sean pacíficos, ¿qué les dice su religión sobre la violencia?
            Como en casi todas las discusiones sobre el Islam, el punto de partida debe ser el Corán. Por supuesto, lo mismo que los videojuegos y los cómics, en principio, ningún libro tiene el suficiente poder como para hechizar a sus lectores y conducirlos a cometer barbaridades. Pero, la devoción que los musulmanes le tienen al Corán, no es como la que los cristianos le pueden tener a la Biblia, los nazis a Mi lucha, o los hindúes al Baghavad Gita. El Corán es la palabra literal, eterna e increada de Dios. Lo que se diga en ese libro sobre la violencia, ciertamente no será determinante, pero ejercerá alguna influencia considerable.
            Y, es fácil ver cómo los musulmanes que hacen el bien y aborrecen la violencia (y seguramente son la mayoría), pueden basarse en el Corán. Pues, en el Corán hay muchos pasajes que exhortan a la paz, a la tolerancia, y a la convivencia. Veamos algunos.
            En el sermón de la montaña, Jesús exhorta a un pacifismo incondicional: “No resistáis al mal; antes bien, al que abofetee en la mejilla, ofrécele la otra” (Mateo 5:39). En mi libro Jesucristo ¡vaya timo!, he sometido a crítica esta exhortación. Tenemos el derecho a la defensa propia, y sería suicida entregar la otra mejilla a quien quiere destruirnos. Supongo que los musulmanes opinarán que esa parte del evangelio fue corrompida, pues el Corán no habla en ningún momento de ofrecer la otra mejilla. El Corán admite la violencia, en defensa propia, pero haciendo énfasis en que no se debe ser el agresor: “Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Dios no ama a los agresores” (2:190). A mi juicio, se trata de un mensaje bastante positivo.
            Hay dos versos que son muy frecuentemente invocados por quienes quieren defender el carácter pacífico del Islam. “¡No hay compulsión en la religión! Quien es infiel a Tagut y cree en Dios, ha cogido el asa más fuerte, sin grieta. Dios es oyente, omnisciente” (2:256). Contrariamente a lo que muchas veces se dice, éste no es un verso de pluralismo religioso. Claramente muestra desprecio por el culto a Tagut, y en el próximo verso (2:257), se condena al infierno a quien no crea en Dios. Pero, al menos, se está diciendo que, en esta vida, no debe haber compulsión en la religión. Cada quien es libre de creer lo que quiera.
            El otro verso que frecuentemente se invoca, es aún más abierto y tolerante: “Tenéis vuestra religión. Yo tengo mi religión” (109:6). La implicación es que, cada quien puede creer en lo que quiera, y no hay necesidad de estarnos matando los unos a los otros por eso. Ojalá la humanidad entendiera esto.
            Así pues, si el Corán enseña estas cosas tan lindas, ¿en qué se basan los terroristas islámicos para justificar sus barbaridades? Se basan, lamentablemente, en el mismo Corán. La cantidad de versos que sí incitan a matar infieles y a no tolerar otras religiones, es abrumadoramente superior a la cantidad de versos pacíficos. El Corán, me temo, es algo así como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En una página se pueden decir cosas que diría Gandhi, y en otra, se pueden encontrar cosas que diría un psicópata. Pero, en la clásica novela de Robert Louis Stevenson, había un balance entre la bondad del Dr. Jekyll y la maldad del Mr. Hyde. En el Corán, lamentablemente, es más preponderante la violencia.
            Veamos algunos de estos versos. “Los hipócritas querrían que apostataseis como ellos han apostatado y que fueseis sus iguales. No toméis jefes de entre ellos hasta que se alejen por la senda de Dios que conduce al combate: si vuelven la espalda, cogedlos, matadlos dondequiera que los encontréis” (4:89).
Más violencia: “La recompensa de quienes combaten a Dios y a su enviado y se esfuerzan por difundir por la Tierra la corrupción, consistirá en ser matados o crucificados, o en el corte de sus manos y pies opuestos, o en la expulsión de la tierra que habitan. Esto será su recompensa en este mundo” (4:118). “Dios ha comprado a los creyentes sus almas y sus riquezas, porque les pertenece el paraíso: combaten en la senda de Dios y matan y son matados” (9:111).
Seguramente el verso más escalofriante de todo el Corán, es aquel que ha venido a ser conocido como “el verso de la espada”, y es el que con más frecuencia citan los terroristas islámicos para justificar sus actos. Dice así: “Cuando terminen los meses sagrados, matad a los idólatras donde los encontréis. ¡Cogedlos! ¡Sitiadlos! ¡Preparadles toda clase de emboscadas! Si se arrepienten [es decir, si abandonan su religión y se convierten al Islam], cumplen la plegaria y dan limosna, dejad libre su senda: Dios es indulgente, misericordioso” (9:5).
Frente a éste, y otros versos igualmente violentos, los apologistas del Islam que quieren presentar a la religión en una faceta pacífica, suelen decir que es necesario ubicar estos pasajes en contexto. Cuando Mahoma recitaba estos versos, se encontraba en situaciones defensivas (aunque no es del todo cierto que Mahoma hizo campañas militares exclusivamente defensivas; en muchas ocasiones, él mismo fue el agresor), y de eso se deriva que esas exhortaciones sólo atañen a esas situaciones en la Arabia del siglo VII.
Es difícil comprender esto. Si, como creen la mayoría de los musulmanes, el Corán es la palabra literal e increada de Dios, ¿cómo puede entonces ser sometido a las limitaciones de un contexto histórico temporal? Si el Corán es increado, ha existido desde siempre, y en un sentido, está fuera del tiempo; entonces su mensaje no está reservado para las situaciones de la Arabia del siglo VII, sino para todas las épocas.
De hecho, tradicionalmente, varios comentaristas del Corán, en quienes los propios musulmanes se basan muchas veces para interpretar su libro sagrado, han postulado que la exhortación del “verso de la espada”, así como la de los otros versos violentos, tienen validez universal. Por ejemplo, en el siglo XIV, el teólogo Ibn Kathir (posiblemente el comentarista del Corán más respetado por los musulmanes) sostenía que ese verso seguía teniendo validez en su época, y debía aplicarse como tal (a pesar de que Ibn Kathir vivió siete siglos después de Mahoma).  Así, hay una obligación constante de asediar a los infieles, hasta que acepten el Islam.
Todo esto, al final, parece ser algo así como un test de Rorschach: se ve lo que se quiere ver. El que tenga predisposición a la violencia, se basará en los versos violentos e intolerantes. Y, el que tenga predisposición a la paz, se basará en los versos tolerantes. Al parecer, sencillamente, es cuestión de seleccionar aquello que nos sirva para vivir tranquilamente, y eso lo permite el Islam. Bajo este argumento, podríamos decir, sí, los terroristas (una ínfima minoría) se basan en el Corán. Pero, también se basan el Corán los pacíficos (la abrumadora mayoría), y eso es suficiente como para juzgar que el Islam no es el problema.
No obstante, este argumento tiene dificultades. Pues, en el Islam es muy importante la doctrina de la abrogación. El propio Mahoma pareció caer en cuenta de que recitaba versos contradictorios, y así, recitó un verso en el cual, aparentemente, se autorizaban nuevos versos contradictorios con los anteriores. Así, ha quedado estipulado que, si hay una contradicción entre versos, los recitados posteriormente abrogan los recitados anteriormente.
Si bien el estudio de la abrogación ha sido muy extenso entre los teólogos musulmanes, no hay un catálogo definitivo de versos abrogantes y versos abrogados, que sea aceptado por todos los musulmanes. Con todo, en líneas generales, los versos más pacíficos proceden del período durante el cual Mahoma estaba en La Meca. Es natural; el Profeta no tenía aún ejércitos como para hacer recitaciones altaneras. En cambio, los versos que fueron recitados por Mahoma en Medina, suelen ser los versos más agresivos, pues ya Mahoma estaba en una posición como caudillo militar. El capítulo 9 del Corán es probablemente el último en orden cronológico, y es uno de los que contiene más exhortaciones violentas. De hecho, allí donde todos los otros capítulos inician con la proclama, “En el nombre de Dios, el clemente, el misericordioso”, en el capítulo 9, esa proclama está ausente. Presumiblemente, en la etapa más madura de su vida, ya Mahoma no pensaba que Dios era misericordioso, pues autorizaba acciones violentas contra los infieles.
Si seguimos el principio general de que los versos posteriores abrogan a los versos anteriores, entonces, los versos violentos abrogan a los versos pacíficos. Así pues, aún si la interpretación de los terroristas es la menos común, sí está más acorde a los principios del propio Islam. En este sentido, el Islam sí es el problema.
Por supuesto, en tanto no hay un catálogo definitivo de abrogaciones en la jurisprudencia del Islam, siempre queda la posibilidad para los reformistas, de sugerir que, en realidad, tal verso no abroga a tal verso. Por ejemplo, muchos comentaristas tradicionales (de nuevo, el principal es Ibn Kathir) han dicho que el “verso de la espada” abroga el verso que dice: “Tenéis vuestra religión. Yo tengo mi religión”. Un reformista podría decir que, en realidad, esa abrogación no está definitivamente establecida, y en ese sentido, el verso pacífico que dice que cada quien tiene su religión, sigue en vigencia, y en vista de eso, Dios no autoriza iniciar la agresión contra los infieles.
 No obstante, en vista de que las reglas de la abrogación son relativamente sencillas (el verso posterior abroga al verso anterior), habría que hacer muchos esfuerzos interpretativos para llegar a otra conclusión. Con todo, algunos reformistas lo intentan, y podemos apreciar esto con optimismo.
Por ejemplo, bajo una interpretación defendida por algunos comentaristas modernos, en el Corán no se abrogan textos recitados del propio Corán, sino las revelaciones entregadas previamente a judíos y cristianos. Esto permitiría que los versos pacíficos y tolerantes mantuvieran su vigencia. Por supuesto, esto dejaría aún sin explicar por qué en la interpretación deben favorecerse los versos pacíficos por encima de los violentos, pero al menos, permite a los reformistas alegar que sus exhortaciones pacíficas tienen tanta autoridad como las exhortaciones violentas de los integristas. El problema, no obstante, es que esta interpretación de la doctrina de la abrogación es muy heterodoxa en el Islam, prácticamente herética.
Herética fue también considerada otra interpretación similar, la del teólogo sudanés Mahmoud Mohammed Taha. Taha vino a defender aquello que él llamó el “segundo mensaje del Islam”. A su juicio, los versos recitados en Medina obedecen al contexto de la vida del Profeta, y se refieren a situaciones derivadas de circunstancias muy puntuales. En cambio, los versos recitados en La Meca, esbozan un mensaje ético universal. Los versos de Medina estaban dirigidos a la audiencia de aquel momento, en aquel contexto, y es por eso que tratan en su mayoría sobre asuntos prácticos muy propios de la Arabia del siglo VII. En cambio, los versos de La Meca están dirigidos a todas las épocas, dada la amplitud de su mensaje. Ese mensaje universalista fue, a juicio de Taha, el “segundo mensaje del Islam”.
Bajo esta interpretación, los versos realmente relevantes son aquellos que proceden de La Meca, los más pacíficos. Y así, cuando un terrorista invoca el verso de la espada, se equivoca, pues está guiándose por versos que son ya irrelevantes. Taha trató de convencer a los sudaneses de esta interpretación, y exhortó al gobierno sudanés a conformar un gobierno islámico, pero no basándose en los crueles principios derivados de los versos de Medina, sino en los amables versos de La Meca. La iniciativa de reformadores como Taha es prueba de que el Islam no está condenado a la barbarie.

Pero, del mismo modo en que podemos entusiasmarnos con gente como Taha, inmediatamente nos desilusionamos al saber que Taha fue apresado por el gobierno sudanés (que había impuesto la shariah), y ejecutado en 1985. El motivo de su arresto fue, sencillamente, la distribución de panfletos que expresaban sus ideas. Las autoridades interpretaron que Taha era un apóstata, debido a sus posturas, y el castigo para la apostasía, es la muerte. Parece que, cada vez que hay un intento de reforma y moderación en el Islam, siempre se imponen las voces más radicales. Posiblemente, los moderados son la mayoría; aunque, algunas estadísticas de opinión pública en el mundo musulmán revelan que, en algunos temas (como el laicismo y el castigo a la apostasía), los moderados no son mayoría. Pero, aun si lo fuesen, lamentablemente, son la mayoría silenciosa, y siempre terminan por hacer mucho más ruido quienes celebran actos de barbarie en nombre del Islam, que quienes lo condenan en nombre de esa religión. 

Valga advertir: en el Islam, no hay un Papa que dicte doctrina. Hay discusiones entre juristas y teólogos, y éstos pueden formar un consenso, pero no hay una autoridad centralizada que selle las discusiones con su dictamen. Eso le da al Islam una flexibilidad que no tiene, por ejemplo, el catolicismo. De ese modo, no es un hecho definitivo que el Corán deba inspirar violencia. Pero, mientras se siga creyendo que el Corán es la palabra literal e increada de Dios, y que los versos posteriores abrogan a los anteriores, entonces los integristas que quieren justificar su barbarie, sí estarán siendo más coherentes con su religión, que los musulmanes pacíficos que tratan de fundamentar su tolerancia en el Corán.

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