sábado, 13 de febrero de 2016

El velo en el Islam

Los apologistas suelen vociferar que el Islam presenta una gran protección a las mujeres frente a la violación: el velo (hijab). Dice el Corán: “Di a las creyentes que bajen sus ojos, oculten sus partes y no muestren sus adornos más que en lo que se ve. ¡Cubran su seno con el velo! No muestren sus adornos más que a sus esposos, o a sus padres, o a los padres de sus esposos, o a sus hijos, o a los hijos de sus esposos, o a sus hermanos, o a los hijos de sus hermanos, o a los hijos de sus hermanas, o a las mujeres, o a los esclavos que posean, o a los varones, de entre los hombres, que carezcan de instinto, o a las criaturas que desconocen las vergüenzas de las mujeres; éstas no meneen sus pies de manera que enseñen lo que, entre sus adornos, ocultan” (24:31).

Hoy, en países como Arabia Saudita e Irán, sigue siendo obligatorio para las mujeres llevar el velo en lugares públicos. La burka, impuesta por los brutales talibanes en Afganistán, no tiene realmente aval en el derecho islámico, pues se exige cubrir sus partes, pero no la cara completa.
La racionalización del velo, según los apologistas, es que los hombres, al ver a las mujeres tapadas, se contienen. Es una excusa muy burda, pues se asume que el hombre, violador incontenible, reaccionará como una bestia cuando vea el cabello de una mujer. Esto es manifiestamente falso, como queda demostrado en la enorme cantidad de países en los cuales las mujeres no llevan velo, y con todo, tienen menores índices de violación que aquellos países donde el velo sí está exigido.
Pero, en todo caso, es tremendamente paternalista (y, por ende, objetable) imponer a la fuerza una protección. Una cosa es sugerir a la mujer llevar velo para evitar la violación (y, no estaría mal que algunas chicas en Occidente tomen conciencia de que, al salir vestidas muy ligeramente a una discoteca, pueden aumentar el riesgo de violación), y otra muy distinta es imponerlo con la fuerza coercitiva del Estado, suprimiendo el derecho de la mujer a decidir por cuenta propia.
Algunos críticos de Occidente postulan que el bikini es más opresivo que el velo, pues el primero trata a la mujer como una mercancía sexual, mientras que el segundo más bien la protege en contra de esa degradación. Esto está abierto al debate, pues podría argumentarse que la exhibición del atractivo sexual es un valioso recurso de la mujer para crecer en poder (la feminista Camille Paglia así lo ha postulado), y en ese sentido, el velo más bien suprime la posibilidad femenina de empoderamiento.
Pero, al margen de esto, hay una diferencia crucial entre el bikini y el velo: el primero no es forzado, puede haber presiones de otro tipo, pero no hay un Estado occidental que imponga el bikini; en cambio, los Estados que se rigen por la ley islámica sí imponen el velo. Lo mismo debe decirse del velo de las monjas católicas, el cual es frecuentemente comparado con el hijab: sí, es tremendamente patriarcal y opresivo que los conventos impongan a las monjas sus hábitos. Pero de nuevo, las monjas eligen esa vestimenta y nadie las obliga a estar en un convento en el cual se exige ese velo, pues pueden irse cuando quieran; en cambio, una mujer en Arabia Saudita o Irán no tiene la posibilidad de elegir si ponerse o no el velo: su presencia en el espacio público debe ser siempre con el velo.
La cuestión de la libertad para elegir ponerse o no el velo es muy importante. Pues, así como merece todo nuestro reproche el derecho islámico por imponer el velo a las mujeres que no lo quieren llevar, en Occidente debemos tener mucho cuidado de no prohibir el velo a aquellas mujeres que sí lo quieran llevar. Y, según parece, muchas mujeres musulmanas sí toman orgullo en el velo.

Es razonable prohibir el velo por cuestiones de seguridad y por unidad de criterios en la aplicación de la ley a los ciudadanos (en aeropuertos, en fotos de carnets de identidad, en colegios públicos donde no se permite exhibición de símbolos religiosos, etc.). Pero, más allá de esos casos razonables, seríamos tan paternalistas como los juristas islámicos, si prohibimos el velo a personas que sí lo quieren llevar. El velo no hace daños a terceros, y en ese sentido, debemos permitir que sean las propias mujeres quienes elijan. Hay debate si las mujeres realmente eligen llevarlo, o si más bien los maridos se lo imponen. Es un asunto complejo, pues hay casos de todo tipo. Pero, podemos guiarnos por este principio general: las coerciones estatales no suelen funcionar bien. En aquellos países musulmanes que han intentado reformas laicas, una de las primeras medidas ha sido la prohibición del velo. Estas medidas no suelen ser exitosas, y más bien tienden a empeorar las cosas. En Irán, durante la época del sha, el velo estuvo prohibido. Esto alimentó la furia de los integristas musulmanes, y cuando esos trogloditas hicieron su revolución en 1979, no solamente permitieron el velo nuevamente, sino que también lo impusieron brutalmente a quien no quería llevarlo.

1 comentario:

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