miércoles, 10 de febrero de 2016

El terrorífico infierno musulmán

En el cristianismo, ha habido más imaginación respecto al infierno que al cielo. Lo mismo sucede en el Islam. Las descripciones coránicas del infierno son aterradoras. “Realmente, a quienes no creen en nuestros versos, les quemaremos en un fuego, y cada vez que su piel se queme, le cambiaremos la piel por otra nueva, para que paladeen el castigo” (4:56). Sadismo puro. Son recitaciones propias de un resentido que tiene fantasías de vengarse de sus enemigos, si no en esta vida, entonces en la próxima.

Otras igualmente espantosas, siempre alusivas al fuego: “El fuego quemará su rostro, y en él permanecerán sombríos” (23:104); “¡Quia! Los infieles desmienten la hora. Para quienes desmienten la hora, prepararemos un hogar. Cuando éste desde un lugar lejano lo vea, oirán su enfurecimiento y chisporroteo. Cuando se les eche entrelazados en un lugar angosto, dentro de él, allí mismo, pedirán la aniquilación” (25:11-13); “Los culpables verán el fuego y creerán que van a caer en él, pero no encontrarán escape” (18:53). La lista de versos que describen los castigos infernales es muy extensa.
Como en el cristianismo, algunos exegetas musulmanes modernos insisten en que todo eso es una metáfora, que si bien el infierno existe como un lugar para el castigo de los pecadores, estas imágenes en verdad describen la desesperación psicológica a la que conduce el pecado. Vale. El problema, conviene insistir, es que la abrumadora mayoría de musulmanes asumen que el Corán es la palabra literal de Dios, y esas descripciones infernales no son meramente metáforas para describir la angustia y la desesperación psicológica (algo así habría hecho Jean Paul Sartre en sus alusiones infernales), sino que se refieren a un lugar real con fuego y demás torturas.
La doctrina del infierno, por lo demás, tiene muchos problemas que, ni la teología cristiana, ni la musulmana, ha resuelto adecuadamente. Ciertamente, en muchas situaciones, los castigos son necesarios, y tienen justificación moral. Pero, si no se ofrece una segunda oportunidad, ¿qué sentido tienen? Las descripciones coránicas del infierno son, además, brutalmente desproporcionadas con las faltas que pretenden castigar.
Y, la objeción fundamental a la doctrina del infierno es: ¿cómo puede castigarse una falta temporal, con un castigo eterno? Algunos musulmanes han expresado la opinión de que el castigo infernal no será eterno, basándose en el propio Corán: “El infierno estará cruzado por caminos reales, será el refugio de los rebeldes, en él permanecerán siglos” (78:21-23). Si bien el castigo por siglos es desproporcionado, al menos se reconoce que no será eterno, y se resuelve el problema (bajo esta doctrina, el infierno en realidad es algo así como el purgatorio según los católicos, dada su naturaleza temporal). Pero, la mayoría de los musulmanes opina que el castigo sí será eterno, también basándose en el Corán: “A quienes no creen y son injustos, Dios no les perdona ni les conduce por buen camino, sino que los conduce por el camino del infierno: eternamente vivirán en él” (4:168-169). Como hemos visto, el Corán no es un libro que se destaque por su coherencia y ausencia de contradicciones.
De acuerdo al Islam, es Dios mismo quien administra los castigos infernales; un Dios sádico, como muchas veces es el Dios del Islam, no delegaría en un ayudante el deleite de torturar a los malvados. En el Corán, el diablo es apenas un pelele que incita al pecado suspirando en hombres (114:4-6), tal como hizo con Adán (7:20-22). Satanás era originalmente un ángel, que se rebeló contra Dios; contrariamente a lo que muchas veces se cree, esta historia no está explícitamente delineada en la Biblia (salvo en una ambigua referencia en II Pedro 2:4), pero sí en el apócrifo libro de Enoc. Quizás Mahoma escuchó estas historias de cristianos o judíos, y las incorporó en sus recitaciones.
En la versión coránica, Satanás se rebela contra Dios porque se le exige postrarse ante Adán, pero se niega a hacerlo: “Entonces dijimos a los ángeles: ‘Postraos ante Adán’, y se postraron, excepto Iblis [Satanás], que rehusó, se enorgulleció, y fue uno de los rebeldes” (2:34). Esta historia no tiene paralelismo en la Biblia. Pero, sí está en otro texto apócrifo judío, La vida de Adán y Eva. Se hace más fácil comprender por qué las tribus judías de Medina no veían a Mahoma como un auténtico profeta, en tanto además de confundir los detalles de las historias de los libros canónicos de la Biblia, recitaba versos basándose en los libros apócrifos.
En el Islam, la figura del diablo no ha tenido la preponderancia que sí tiene en el cristianismo. Parte del peregrinaje a La Meca consiste en simbólicamente arrojarle piedras. Pero, nunca hubo en el Islam la grotesca persecución de brujas que sí hubo en la Europa del siglo XVII, bajo la delirante idea de que las brujas conseguían maleficios haciendo pactos con el diablo. Es cierto que, mientras que hoy ya ningún país occidental castiga a nadie por brujería, en Arabia Saudita, Pakistán y otros países con una versión muy estricta del Islam, sí se tipifica a la brujería como delito (la creencia en el “mal de ojo” tiene bastante respaldo en el jadiz), y se ejecutan a los acusados. No obstante, si bien en el Islam hay varias supersticiones (algún jadiz recomienda beber orina de camello, usar alas de moscas como remedios, etc.,), la obsesión con el diablo no ha sido tradicionalmente habitual.

Con todo, a medida que ha habido un avivamiento del integrismo musulmán en las últimas décadas, la figura de Satanás nuevamente cobra prominencia. Y, como cabría esperar, también se ha hecho un uso político de ella. En la confrontación entre civilizaciones, los integristas hacen lo que solían hacer los fanáticos cristianos de épocas anteriores (y algunos lo siguen haciendo hoy): satanizar al enemigo. Así, desde la revolución islámica de Irán en 1979, en un creciente sector del mundo musulmán, a EE.UU. y Occidente en general, vino a llamársele el “Gran Satán”. Ojalá Occidente evite caer en ese juego; si hay que criticar algo al Islam, hagámoslo, pero no identifiquemos a toda una civilización, con una figura mitológica que representa el mal absoluto.

3 comentarios:

  1. Pregunto ¿tendrá alguna relación este infierno cristiano y musulman con el Hades de los griegos?
    es interesante notar que en el viejo testamento se habla muy poco de el infierno y Satanás, solo en el nuevo testamento comienza a darcele importancia a ambos, ¿cultura griega?...

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    1. El infierno musulmán viene en parte del infierno cristiano, pues Mahoma etsuvo en contacto con cristianos árabes y sirios. A su vez, el infierno cristiano tomó algo del Hades griego, pero en realidad sólo el nombre (en el Nuevo Testamento se utiliza en alguna ocasión la palabra "hades" como infierno). La concepción de un inframundo frío y moralmente neutral (como lo es el Hades), es muy ajena al cristianismo y el Islam. Mucha más influencia tuvieron las ideas escatológicas zoroastrianas sobre la noción cristiana e islámica del infierno.

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