martes, 9 de febrero de 2016

El Corán, la predestinación y el libre albedrío

         Una de las más grandes contradicciones en el Corán, es aquella que opone la predestinación al libre albedrío. El Corán parece afirmar nuestra libertad: “Di: ‘La verdad procede de vuestro señor, quien quiere, cree, y quien quiere, no cree’” (18:29). En vista de que una de las doctrinas centrales del Islam es la del Juicio Final, varios teólogos musulmanes han concluido que Dios debe permitir nuestro libre albedrío, pues no sería justo castigar con el infierno a alguien que no ha tenido la libertad de elegir el pecado.
Así razonaron los mutazilíes, aquellos teólogos que, en el siglo IX, también defendían la idea de que el Corán había sido creado, y que muchos de sus pasajes debían interpretarse alegóricamente. Pero, al final, los mutazalíes fueron suprimidos, y se impuso la doctrina de sus rivales, los asharitas. Si bien en la disputa entre estas dos escuelas teológicas, el tema central era la eternidad del Corán, la cuestión de la predestinación también fue importante.

Y, así como los mutazilíes se valían de algún pasaje coránico para afirmar nuestra libertad, los asharitas invocaban otros versos para negarla, pues ya Dios ha decretado todo: “… Dios guía a quien quiere, y extravía a quien quiere” (14:4); “Creador de los cielos y la Tierra. Cuando decreta algo, basta que diga ‘Sé’, y es” (2:117); “Di: No nos acaecerá más que lo que Dios nos tenga prescrito. Él es nuestro dueño” (9:51).
Entre los musulmanes, aún no está claro si somos libres o no. Pero, la balanza se inclina mucho más hacia la idea de que no lo somos. En siglos anteriores, los europeos frecuentemente acusaban al Islam de ser una religión marcadamente fatalista. Los musulmanes, se decía, se creían presos de los designios divinos, y asumían esa actitud fatalista que postula que, ante las adversidades, nada se puede hacer, porque es sencillamente como Dios quiere que sucedan las cosas. Cuando los musulmanes se refieren a eventos futuros, suelen emplear la frase “si Dios quiere” (inshallah), y eso coloca en evidencia que ellos no se sienten en control de sus vidas. Difícilmente un pueblo puede progresar con semejante mentalidad.
Pero, a decir verdad, esta acusación es bastante injusta. Pues, la oposición entre libre albedrío y predestinación de ningún modo es exclusiva del Islam. Cualquier religión que postule la existencia de un Dios omnisciente (como el judaísmo y el cristianismo), enfrenta este problema. Si Dios, en su omnisciencia, tiene conocimiento de los eventos futuros, entonces él ya sabe lo que nosotros haremos, y nosotros no podemos hacer algo distinto a lo que él ya conoce.
En el cristianismo, uno de los puntos centrales de la reforma protestante fue precisamente el del libre albedrío. Erasmo de Rotterdam empezó apoyando la labor reformista de Lutero, pero eventualmente, se enemistaron. El punto de la discordia estaba, precisamente, en la cuestión del libre albedrío. Erasmo conservó su catolicismo y defendió el libre albedrío; Lutero rompió decididamente con el catolicismo, y negó nuestra libertad. A juicio de Lutero, Dios es el amo y señor del universo, y su soberanía es incompatible con nuestra libertad.
Calvino, el otro gran reformador protestante, llevó esta doctrina aún más lejos, y en sus escritos, hizo mucho énfasis en la predestinación divina de la condena o la salvación. No hay nada que nosotros mismos podamos hacer para salvarnos. Dios está al mando de todo. En unos célebres estudios sociológicos, Max Weber argumentó que estas creencias calvinistas resultaron beneficiosas para el auge del capitalismo en la sociedad moderna. Si eso aplica a los calvinistas, ¿por qué no ha de aplicar también a los musulmanes?
Incluso entre ateos y agnósticos, el tema del libre albedrío no está decidido. En virtud de la universalidad de las leyes de la naturaleza, y del hecho de que no tenemos alma (es decir, que somos seres completamente materiales), los ateos y agnósticos suelen admitir que todos los eventos del mundo, incluyendo nuestras acciones, obedecen a una determinación causal. De ese modo, no podemos hacer algo distinto a lo que las causas previas han establecido que así ocurra. En función de eso, algunos opinan que no tenemos libertad. Otros opinan que el determinismo causal es compatible con la libertad, pues ésta debe entenderse como la ausencia de coerción; el filósofo Harry Frankfurt ha usado ejemplos muy ingeniosos para argumentar que el mero hecho de que no podamos hacer algo distinto a lo que está determinado a suceder, no anula nuestra libertad.
Así pues, el Islam es criticable por muchas cosas. Pero, la crítica que enfatiza su fatalismo, no es muy justa. Pues, ni los judíos, ni los cristianos, ni siquiera los ateos y agnósticos, tienen resuelto el problema del libre albedrío. Con todo, a partir de esos versos coránicos que enfatizan la soberanía divina en todos los eventos, el Islam desarrolló una idea bastante perjudicial, que está mayormente ausente en las otras religiones y sistemas de pensamiento: el ocasionalismo.
Los asharitas no se limitaban a negar nuestra libertad. Ellos también terminaron por negar la causalidad en el mundo. Si Dios está en control de las cosas, razonaban, entonces las cosas suceden, no porque sean causadas por eventos previos, sino porque Dios directamente hace que así sean. En el entendimiento neurológico convencional, yo estoy escribiendo estas líneas, porque mi cerebro envía una señal que hace mover mis dedos sobre el teclado. No es así como lo habrían entendido los asharitas: según ellos, cada vez que yo escribo una palabra en este libro, Dios interviene directamente para propiciar que así ocurra. Esta doctrina, conocido como “ocasionalismo”, tuvo algún defensor en Occidente (el filósofo Malebranche, en el siglo XVIII), pero ha tenido muchísima más influencia en el Islam.
El principal defensor del ocasionalismo en el Islam fue el asharita Al Ghazali. A mi juicio (y a juicio de muchos críticos del Islam), Al Ghazali es uno de los principales responsables del estancamiento civilizatorio que, a la larga, ha conducido al terrorismo y otros problemas del Islam en el siglo XXI. Al Ghazali no destacó especialmente por promover la guerra santa (aunque, no era contrario a la idea), pero sí por una aireada defensa del anti-intelectualismo. El título de su obra principal, La incoherencia de los filósofos, ya puede darnos una idea de su influencia. Al Ghazali habló peyorativamente del uso de la razón; para él, la fe ha de ser nuestra principal guía. Y, en su defensa del ocasionalismo, terminó por desestimular la curiosidad intelectual de la actividad científica: no tiene sentido investigar cómo operan las leyes causales del universo, si los eventos no obedecen a causas, sino sólo a la acción directa de Dios.


Hubo, por supuesto, una época dorada de la ciencia en la civilización islámica. ¿Cómo obviar los grandes matemáticos, astrónomos y médicos musulmanes de Córdoba y Bagdad? Lamentablemente, todo este esplendor fue cediendo al anti-intelectualismo, que ya tiene bases en el Corán, y que Al Ghazali (aun siendo un filósofo, y una persona bastante sofisticada) fue expandiendo. El resultado, lamentablemente, es que en el mundo musulmán, hoy queda poco del legado de Avicena, Averroes, y tantos otros. Tienen más influencia los trogloditas saudíes que se empeñan en proclamar que la Tierra es plana, y los maestros que abusivamente promueven que los niños en las madrasas, hagan vaivenes con su cuerpo para memorizar un libro que contiene toda clase de disparates y contradicciones.

2 comentarios:

  1. Hoy en día, todavía persiste en occidente la idea de que la tierra es plana. Hay un grupo que se hace llamar terraplanistas, muy activo en Internet con varios sitios dedicados a la promoción de sus argumentos en el marco del "debate racional"...

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    1. Es cierto. Pero, como digo en el blog, no verás a un ministro de un país occidental, ni siquiera a un prominente clérigo, afirmar que la Tierra es plana. En cambio, en Arabia Saudita, estos personajes tienen altas posiciones.

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